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Liderazgo religioso en respuesta al VIH

Intervención del pastor Dr. Olav Fykse Tveit, secretario general del Consejo Mundial de Iglesias en la Cumbre de Lideresas y Líderes Religiosos de Alto Nivel sobre Liderazgo religioso en respuesta al VIH.

23 de marzo de 2010

Personas y comunidades de fe con VIH

Liderazgo religioso en respuesta al VIH
Cumbre de Lideresas y Líderes Religiosos de Alto Nivel
Ámsterdam, 22 y 23 de marzo de 2010

Intervención del pastor Dr. Olav Fykse Tveit, secretario general del Consejo Mundial de Iglesias

Apreciables compañeras y compañeros en el viaje de la fe,

Quiero agradecer al equipo organizador de esta cumbre por su trabajo y por la invitación a esta reunión tan importante. El Consejo Mundial de Iglesias (CMI) ha estado dando una respuesta responsable al VIH desde 1986, llamando incluso entonces a las iglesias a “arrepentirse de la inactividad y del rígido moralismo” y ser “una comunidad sanadora”. Si estoy correctamente informado, el CMI es una de las organizaciones internacionales que han trabajado por más tiempo en este campo. La labor que hemos realizado ha sido apoyada firmemente por las iglesias miembros del CMI, los órganos de gobierno y muchas denominaciones que hoy están aquí representadas. Me siento humilde al representar acá ese legado y desde enero del presente año brindar liderazgo para el futuro a este trabajo, junto a dos de nuestros presidentes, Su Santidad Abune Paulos y la Rev. Dra. Ofelia Ortega, y otros líderes de las iglesias miembros del CMI.

Creo que esta actitud esencial de responsabilidad es apropiada cuando hablamos del pasado, pero es también lo que nos hará avanzar juntos, para dar calidad a la formación de culturas y a nuestras relaciones. De hecho, lo que aquí hemos venido a discutir y mejorar son las relaciones humanas – en tantas dimensiones.

Uno de mis maestros teológicos fue uno de los líderes teológicos más significativos en el movimiento contra el apartheid en Sudáfrica, el Dr. Wolfram Kistner, “Dr. K”. En sus últimos años, el sitio para ser teólogo fue su sermón semanal en el culto eucarístico junto a un grupo de mujeres con sida. Él no conocía a ningunas otras personas tan cercanas a la realidad de la vida y la muerte, al gozo auténtico y la desilusión real, como lo estaban esas mujeres. Y, por lo tanto, para ser un teólogo responsable, tenía que escuchar lo que Dios le estaba diciendo a través de ellas, no sólo lo que él debía decirles.

Ser mutuamente responsable significa que escucho a la otra persona para adquirir clarividencia y sabiduría, obtenidas de la vida dada por Dios. Es por ello que encuentros como éstos son absolutamente necesarios. Siendo lideresas y líderes religiosos, necesitamos comprender cómo usamos o no nuestro poder. Ha sido un privilegio escuchar y aprender de las personas en nuestro medio que están afectadas por el VIH. Ésta no es sólo una enfermedad, sino un asunto sobre la calidad de las relaciones y acerca de la fe.

El marco de ONUSIDA para la colaboración con organizaciones basadas en la fe, suscrito por los diez copatrocinadores, es un documento importante y se deben emprender acciones para responder a sus hallazgos. El Consejo Mundial de Iglesias está siendo parte de la implementación de las recomendaciones participando aquí en el trabajo interreligioso mutuamente responsable. Permítanme mencionar acá, en particular, nuestra propia Iniciativa Ecuménica sobre el VIH y el Sida en África (EHAIA) y el programa “El Buen Samaritano” de las Sociedades Bíblicas Unidas, que reportan una extensa colaboración entre religiones en el campo del VIH. En ambas iniciativas estamos ocupándonos de las Escrituras, los textos sagrados de autoridad para las personas de fe, tratándolas a un nivel profundo y personal, dando formación a sus vidas y comunidades. En este contexto, es importante lo que significa ser responsables cuando leemos y usamos estos textos sagrados, para beneficio de todas las personas y no sólo de nuestros propios círculos y comunidades.

Al reflexionar sobre la interpretación, tenemos que sopesar las consecuencias del uso que hemos dado a nuestras escrituras sagradas. No podemos borrar ni cambiar los textos históricos, pero hemos de decidir cómo utilizarlos y responsabilizarnos de ello.

Esto me lleva a enfatizar el concepto de teología sólida. Creo – como teólogo cristiano – que exactamente las preguntas de qué es “sólido”, qué trae salud y sanación, comunión y justicia, son criterios pertinentes para la teología – la palabra de Dios, el creador, salvador y sanador. Y creo que muchas personas aquí tenemos importantes criterios en común para la interpretación y el uso de los textos religiosos. ¿Qué trae sanación, qué salva vidas? Estoy convencido de que cuando hay un profundo respeto por el bienestar de cada persona y tenemos la voluntad de ser mutuamente responsables, podemos llegar a entendimientos en común sobres cuestiones muy básicas para la vida y la fe. Se nos llama a usar los textos sagrados para la vida futura que tendremos juntos y juntas en este mundo, no para el pasado. Debemos discernir entre los valores de una teología sólida y los a veces inútiles o incluso inhumanos valores y normas culturales, en todas partes del mundo, en cualquier cultura, en cada generación. He apreciado particularmente las contribuciones de las personas más jóvenes que acá se encuentran. Me parece que estos aportes dan gran clarividencia y poder a nuestra reflexión.

De modo que necesitamos una interpretación tanto intercultural como intergeneracional de nuestras tradiciones. Tenemos que ser responsables y valientes en nuestras reflexiones teológicas, precisamente para beneficio de los auténticos y preciados valores en nuestras tradiciones y religiones. Maestros, maestras y profetas en nuestras diferentes religiones han actuado con honestidad y audacia. En muchos textos religiosos tenemos ejemplos claros de que estas personas han tenido la valentía de desafiar aun a líderes religiosos y comunidades de fe – cuando ello fue necesario – a fin de crear una calidad apropiada de relaciones e incluso salvar vidas. La mayoría de asuntos en el campo del VIH tiene que ver con salvar vidas – vidas físicas y espirituales; y el VIH es un tema de relaciones humanas, una cuestión de responsabilidad. El VIH se trata de lo que las personas nos hacemos unas a otras y cómo nos relacionamos unas con otras en esta vida. Al abrirnos más a las realidades de las personas que están afectadas por el VIH en nuestras comunidades, brindamos un mejor liderazgo para el futuro, salvando vidas.

Al mirar hacia los horizontes, por así decirlo, mis colegas y yo en el CMI vemos que hay dos grupos a los que probablemente deberíamos prestar más atención: uno es el de parejas en las que una persona tiene el VIH y la otra aún no ha adquirido la infección, o en las cuales ambas personas tienen el VIH; el otro grupo es el de jóvenes que nacieron con el VIH y ahora están alcanzando la madurez sexual. Hemos conversado acerca de cómo podemos examinar minuciosamente estos asuntos en nuestro trabajo y ver si podríamos ayudar a nuestras iglesias brindándoles orientaciones para que proporcionen un cuidado pastoral apropiado a estos grupos. Gustosamente colaboraremos con otros en esta área.

Sabemos que, en su gran mayoría, las personas con VIH son parte de comunidades de fe. El estigma es de por sí peligroso y una causa de enfermedades físicas, mentales y sociales. Conjuntamente, deberíamos verlo en la perspectiva más amplia del estigma contra la otra persona – ya sea alguien de otra religión, una mujer, alguien de otro grupo étnico o casta, un homosexual, cualquier persona. Cuando estigmatizamos a otra persona, negamos su dignidad humana inherente. Veo acá que una de las más importantes contribuciones de lideresas y líderes religiosos para superar el estigma es practicar la apertura y brindar un espacio abierto. De nuevo recuerdo la sabiduría del Dr. K: escucha a las personas que son vulnerables, e incluso están estigmatizadas, para aprender lo que significa la responsabilidad ante el Creador de todos los seres humanos. Por lo tanto, pediré a representantes y personal del CMI que, cuando visitemos las iglesias miembros, continuemos reuniéndonos con las personas afectadas por el VIH que aquí se encuentran.

Como lideresas y líderes religiosos tenemos conversaciones confidenciales con personas de nuestras iglesias y somos conscientes de sus problemas, por lo menos algunos de éstos. En calidad de lideresas y líderes religiosos debemos brindar un liderazgo que nutra la habilidad de vivir en la dimensión más cercana y más vulnerable de las relaciones mutuas que tenemos como seres humanos, cuidando tanto de la salud como de la justicia.

En los últimos años, muchas personas han invertido tiempo, energía y prestigio dialogando en torno a algunos asuntos de la sexualidad relacionados con la religión. Estos diálogos han sido variados – desde muy pertinentes hasta sumamente dolorosos e incluso estigmatizadores contra grupos particulares. Me pregunto, sin embargo, si todo este tiempo y energía a veces nos están impidiendo hacer frente a un gran reto – en todas las culturas del mundo: ¿Cómo hemos de fomentar las actitudes requeridas – particularmente entre personas más jóvenes – para desarrollar y nutrir relaciones sostenibles, respetables, justas, amorosas y fieles?

He aprendido mucho de todas las personas que aquí están presentes; han sido mis maestras y maestros. Que Dios nos bendiga.

Agradezco su atención.