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Una comunidad mundial de iglesias que buscan la unidad, el testimonio común y el servicio

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Documento preparatorio Nº 1: Misión y evangelización en la unidad hoy

Éste es el primero de una serie de documentos que serán publicados a intervalos irregulares, primero en la web y, después, en versión impresa para algunos. El documento “Misión y Evangelización en la Unidad hoy” fue aprobado por la Comisión de Misión Mundial y Evangelización del CMI en 2000 como un documento de estudio para ser utilizado durante la preparación de la próxima conferencia de misión mundial.

15 de mayo de 2005

Documento preparatorio Nº 1

Traducción del Inglés

Éste es el primero de una serie de documentos que serán publicados a intervalos irregulares, primero en la web y, después, en versión impresa para algunos. El documento “Misión y Evangelización en la Unidad hoy” fue aprobado por la Comisión de Misión Mundial y Evangelización del CMI en 2000 como un documento de estudio para ser utilizado durante la preparación de la próxima conferencia de misión mundial.

INTRODUCCIÓN

1. El movimiento ecuménico tiene sus orígenes en el movimiento misionero: la búsqueda contemporánea de la unidad de la Iglesia se inició en el marco de la empresa misionera. Los misioneros fueron de los primeros en buscar medios y estilos de testimonio en la unidad, reconociendo que el escándalo de la división de los cristianos y la rivalidad entre denominaciones obstaculizaban la eficacia de su mensaje.

2. La preocupación por la misión y evangelización en unidad ha estado presente permanentemente en el quehacer ecuménico, en especial a partir de 1961, cuando el Consejo Misionero Internacional se unió al Consejo Mundial de Iglesias. En este contexto, la entonces llamada Comisión de Misión Mundial y Evangelización publicó en 1982 “Misión y Evangelización: una afirmación ecuménica”. En esta declaración se resumen de manera global algunos de los aspectos y facetas más importantes de la misión, como las distintas concepciones de la misión y su base bíblica y teológica. Al aprovechar y acrecentar a una perspectiva más amplia las concepciones a que se había llegado en los debates de la década anterior, ese documento expresó las afirmaciones ecuménicas sobre misión y evangelización en el contexto del mundo de principios del decenio de 1980.

3. Las iglesias acogieron con amplia satisfacción la declaración de 1982, que fue aprobada por el Comité Central del CMI. Ha sido utilizada por instituciones misioneras, escuelas teológicas, congregaciones locales y personas cristianas; durante los últimos decenios, ha fermentado y creado nuevas ideas de misión y evangelización y, además de inspirar, provocar y fortalecer el anhelo del testimonio en la unidad, ha ido mucho más allá de las fronteras de las iglesias miembros del CMI.

4. Desde 1982 muchas realidades del mundo han cambiado, planteando a las iglesias nuevos retos en relación con la misión. Con el auspicio del CMI se han celebrado dos conferencias mundiales sobre misión, en San Antonio, EE.UU. (1989) y Salvador, Brasil (1996). También se suscitaron importantes cuestiones sobre el tema en la Séptima Asamblea de Canberra, Australia (1991). En el contexto de la nueva situación mundial y de las nuevas ideas y enseñanzas misiológicas, varias iglesias miembros del CMI solicitaron que se elabore una nueva declaración sobre misión y evangelización para ayudar a las iglesias unidas a responder con una praxis misionera correcta y significativa.

5. En respuesta a estas peticiones, el CMI decidió iniciar la elaboración de una nueva declaración que ayude a los cristianos y a las iglesias en su labor de misión y evangelización en la unidad frente al nuevo milenio. El presente documento, que fue aprobado en marzo de 2000 por la Comisión de Misión Mundial y Evangelización (CMME) del CMI como documento de estudio, se publica con la esperanza de que estimule la reflexión sobre la naturaleza, el contenido y las connotaciones del Evangelio de Jesucristo en los diversos pero interrelacionados contextos de su vida y su fiel testimonio del Evangelio, a fin de que todas las personas de todas las partes del mundo tengan la oportunidad de oír y creer.

6. El presente documento no reemplaza la declaración de 1982 ni promueve una teología de la misión distinta de la que se acordó ecuménicamente en la misma. Tiene su propia identidad. Trata de expresar nuevamente el compromiso de las iglesias con la misión y la evangelización en unidad, dentro del contexto de los retos a que deben hacer frente actualmente.

7. Uso de terminología. Algunos cristianos e iglesias perciben los términos “misión” y “evangelización” como si fueran diferentes, aunque interrelacionados, y los utilizan en consecuencia; para otros, su significado y su contenido son virtualmente idénticos. En el presente documento se hace cierta diferencia.

  • "Misión" conlleva una significación holística: la proclamación y participación de las buenas nuevas del Evangelio mediante la palabra (kerygma), la acción (diakonia), la oración y el culto (leiturgia) y el testimonio cotidiano de la vida cristiana (martyria); la enseñanza como formación y fortalecimiento de las personas en sus relaciones con Dios y los semejantes, y la curación como integridad y reconciliación en koinonia, en comunión con Dios, comunión con el prójimo y comunión con la creación como un todo.
  • "Evangelización", si bien no excluye las diferentes dimensiones de misión, se centra en la formulación explícita e intencional del Evangelio, incluyendo la invitación a la conversión personal a una nueva vida en Cristo y al discipulado.

8. La expresión “misión en unidad” se refiere a la búsqueda de medios de testimoniar juntos en la unidad y la cooperación “a pesar de distintas eclesiologías” dentro del contexto de los ardientes retos que hoy enfrentan las iglesias en todas partes “para que el mundo crea” (Juan 17:21), evitando todas las formas de rivalidad o competición confesional. Esto no supone una eclesiología irreal por encima de la iglesia, ni tampoco niega la relación intrínseca entre eclesiología y misión.

A. MISIÓN Y EVANGELIZACIÓN EN UNIDAD: UN IMPERATIVO Y UNA VOCACIÓN

9. La misión es esencial en la fe y la teología cristianas. No es una opción sino un llamado existencial y una vocación. La misión es una parte integrante y condicionante del ser mismo de la Iglesia y de todos los cristianos.

10. El Dios que revelan las escrituras no es estático sino relacional y misionero: un Dios que siempre se ha manifestado como el Señor de la historia, que conduce al pueblo de Dios hacia la plenitud de la vida mediante los pactos, la ley y los profetas que expresan la voluntad de Dios e interpretan las señales de los tiempos; un Dios que viene al mundo por intermedio del Hijo encarnado, nuestro Señor Jesucristo quien, revestido de carne, participó en nuestra condición humana y se convirtió en uno de nosotros, murió en la cruz y se elevó de entre los muertos; un Dios que, en virtud del poder del Espíritu Santo ama, cuida y sostiene la humanidad y el total de la creación, llevándolas hacia la salvación y la transfiguración.

11. La misión de Dios (missio Dei) no tiene límites ni barreras; se dirige a toda la humanidad y ha actuado dentro de toda la raza humana y de la totalidad de la creación a través de la historia. Las parábolas del Buen Samaritano y de la oveja y las cabras y el diálogo de Jesús con la mujer sirio fenicia señalan claramente esa dirección. Los apologistas de la Iglesia de los primeros tiempos, en el marco del diálogo con las personas de su época, desarrollaron más esta idea. En base a Juan 1, explicaron que el Logos (Verbo), el Hijo coeterno y consustancial, estuvo y está presente con el Padre y el Espíritu Santo en todos los actos de Dios, y que por medio del Verbo se creó el mundo: Dios habló y “y el Espíritu de Dios flotó sobre la faz de las aguas” (Gen.1:2). En el Espíritu Santo, decían, Dios habló clara y explícitamente por medio del Verbo no sólo a los profetas del Viejo Testamento, sino también (aunque de otra manera) a las personas de otras naciones y otras religiones. Cuando vino el cumplimiento del tiempo (Gá.4:4), el Verbo mismo “fue hecho carne y habitó entre nosotros” (Juan 1:14), viniendo a “lo suyo” (Juan 1:11).

12. En consecuencia, es importante el enfoque trinitario de la missio Dei. Por una parte, esto promueve una comprensión más amplia de la presencia y la obra de Dios en todo el mundo y entre todas las personas, lo que supone que las señales de la presencia de Dios pueden y deben identificarse y afirmarse, y que se debe colaborar con ellas incluso en los lugares más inesperados. Por otra parte, al afirmar claramente que el Padre y el Espíritu están siempre y en todas las circunstancias presentes y actuando conjuntamente con el Verbo, se evitará la tentación de separar la presencia de Dios o del Espíritu del Hijo de Dios, Jesucristo.

13. La misión de Dios (missio Dei) es la fuente y la base de la misión de la Iglesia, el cuerpo de Cristo. Por intermedio de Cristo en el Espíritu Santo, Dios habita la Iglesia e infunde poder y energía en sus miembros. De este modo la misión se convierte para los cristianos en la urgente compulsión interna de invitar a otros a participar en la plenitud de la vida que Jesús vino a darnos (Juan 10:10) e incluso en una poderosa prueba y un criterio de la auténtica vida en Cristo, arraigada en las profundas exigencias del amor de Cristo. En consecuencia, participar en la misión de Dios debería ser natural para todos los cristianos y todas las iglesias y no sólo para determinados individuos o grupos especializados. El Espíritu Santo transforma a los cristianos en testigos vivientes, valientes y osados (cf. Hechos 1:8). “No podemos dejar de decir de lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:20) fue la respuesta de Pedro y Juan cuando se les ordenó guardar silencio acerca de Jesús; o, en las palabras de Pablo, “Si anuncio el Evangelio no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” (1 Cor. 9:16).

14. Los cristianos son llamados por metanoia a “conocer la mente de Cristo” (1 Cor. 2:16), a ser agentes de la misión de Dios en el mundo (Mateo 28:19-20, Marcos 16:15), a identificar los signos de la presencia de Dios, afirmándolos y promoviéndolos dando testimonio de ellos y cooperando con todas las personas de buena voluntad, y a colaborar con Dios (1 Cor.4:1) en la transfiguración de toda la creación. La finalidad de la misión es así “una humanidad reconciliada y una creación renovada” y “la visión de Dios uniendo todas las cosas en Cristo es la fuerza impulsora de su vida y su participación”1. “La Iglesia es enviada al mundo para llamar a las gentes y a las naciones al arrepentimiento, para anunciar el perdón del pecado y un nuevo comienzo en las relaciones con Dios y los semejantes por medio de Jesucristo”2.

15. La misión de la Iglesia en el poder del Espíritu es llamar a las personas a la comunión con Dios, con sus semejantes y con la creación. Al hacerlo, la Iglesia debe honrar la relación intrínseca e inseparable entre misión y unidad. La Iglesia tiene la responsabilidad de expresar la unidad que Jesús rogaba para su pueblo “que todos sean uno...para que el mundo crea” (Juan 17:21). Esta convicción debe proclamarse y testimoniarse en la comunidad a que se invita a las personas.

16. La misión a la manera de Cristo es holística porque la persona íntegra y la totalidad de la vida son inseparables en el plan de salvación de Dios que se cumple en Jesucristo. Es local: “la principal responsabilidad de la misión, cuando hay una iglesia local, recae en esa iglesia en su propio sitio”. Es también universal, es decir, para todos los pueblos, por encima de todas las fronteras de raza, casta, sexo, cultura, nación, hasta “los confines de la tierra” en todos los sentidos (Cf. Hechos 1:8, Marcos 16:15, Lucas 24:27)3.

17. “Transmitir esta historia (de Jesucristo) es el privilegio específico de las iglesias en la misión global de Dios”4. La evangelización contiene la explicación del Evangelio –“teniendo buena conciencia de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15)– así como una invitación a creer en el Dios Trino, convertirse en un discípulo de Cristo y unirse a la comunidad de una Iglesia local existente. “La proclamación de Jesucristo requiere una respuesta personal. La palabra viviente de Dios no es nunca externa, no relacional, inconexa, sino que siempre llama a la conversión personal y la comunión relacional. Tal conversión es más que la apropiación de un mensaje: es un compromiso con Jesucristo, imitando su muerte y su resurrección de una manera muy visible y tangible. No obstante, lo que comienza con un compromiso personal debe conducir de inmediato a una relación con otros miembros del cuerpo de Cristo, la comunidad local que da testimonio”5.

B. CONTEXTO ACTUAL DE LA MISIÓN: TENDENCIAS CONTEMPORÁNEAS

18. Una importante faceta del contexto contemporáneo de la misión es la mundialización, un fenómeno relativamente reciente relacionado con los acontecimientos económicos, los cambios en los medios de comunicación y la consiguiente imposición de una nueva monocultura y el inherente conjunto de valores a la mayoría de las sociedades. Por supuesto, estas tendencias no son totalmente nuevas, pero los cambios políticos acaecidos a fines del decenio de 1980 les permiten ahora ejercer influencia sobre todo el mundo sin el freno de una fuerza mundial opuesta.

19. Un aspecto esencial de la mundialización es la creciente liberalización de la economía caracterizada por el ilimitado desplazamiento del capital por todo el mundo en busca del máximo provecho a corto plazo. Estas operaciones financieras tienen sus propias normas, que en su mayoría no guardan relación con la producción real de bienes o servicios económicos. Tienen efectos impredecibles, perjudican a las economías nacionales, y virtualmente evitan toda posibilidad de influencia por parte de los gobiernos o las instituciones internacionales. En ese sentido, la mundialización reta y amenaza la base misma de la sociedad humana.

20. A raíz del colapso del comunismo, el mercado libre se ha vuelto el único sistema mundial en funcionamiento. La economía se ha convertido en el principal criterio de las relaciones humanas. Todo el ámbito de las realidades sociales actuales, incluidos los propios seres humanos, se define en función de categorías económicas y financieras. En el mercado mundial las personas importan en la medida en que son consumidoras. Sólo sobreviven los más fuertes y competitivos. Quienes no tienen valor para el mercado –los pobres, los enfermos, los desempleados, los que carecen de poder– son simplemente barridos hacia los márgenes de la sociedad. La exclusión, acompañada por la violencia física, espiritual y estructural, ha alcanzado niveles intolerables en casi todas partes. El impacto de la mundialización en los llamados países y regiones en desarrollo es una cuestión de vida o muerte: hoy se destinan menos recursos que hace treinta años para satisfacer necesidades humanas fundamentales como la vivienda, la atención médica, la nutrición y la educación de los más pobres. El resultado es la creciente “migración económica” de los trabajadores y las poblaciones indígenas y rurales en busca de empleo o expulsadas de sus tierras.

21. Otra consecuencia de esta tendencia es la creciente degradación del medio ambiente. En muchas partes se explota salvajemente la naturaleza, lo que origina catástrofes y crisis ecológicas que amenazan incluso la continuidad de la vida humana en nuestro planeta.

22. Un segundo aspecto de la mundialización se relaciona con la nueva tecnología de la información y las posibilidades de la comunicación masiva, cuyo acelerado desarrollo está transformando las relaciones humanas y sociales. A primera vista parecería que el antiguo sueño de unificar el mundo estuviera finalmente a punto de convertirse en realidad. Parecería que el mundo se está empequeñeciendo. En todas partes las personas pueden beneficiarse y se benefician de los adelantos tecnológicos. La intercomunicación florece. Se pueden compartir instantáneamente en todas partes los descubrimientos médicos y científicos. Los nuevos instrumentos de comunicación electrónica pueden servir para el progreso de la humanidad, para la creación de un mundo más abierto y transparente, para difundir información sobre los crímenes de los dictadores o la violación de los derechos humanos. Ayudan a los movimientos populares y a las iglesias de todo el mundo a colaborar más eficazmente. Sin embargo, también pueden son utilizados por grupos racistas y criminales y, especialmente, por las personas capaces de desplazar millones de dólares, en segundos, adonde rindan mayor provecho. Y quienes no tienen acceso a las nuevas redes de comunicación sufren una nueva forma de exclusión.

23. Mediante los procesos de la mundialización los valores de la posmodernidad, arraigados en las culturas occidentales, se difunden rápidamente por el planeta. La propia identidad de los pueblos corre el riesgo de diluirse o debilitarse en el crisol de una monocultura muy atractiva y tentadora y de su nuevo conjunto de valores. La idea misma de nación enfrenta un grave desafío. Se prefiere el individualismo a la vida en comunidad. Se están privatizando valores tradicionales que se consideraban públicos. Incluso se trata a la religión como un asunto privado. La experiencia personal ocupa el lugar de la razón, el conocimiento y la comprensión. Se prefieren las imágenes a las palabras, y tienen mayor efecto en las personas por lo que se refiere a publicidad, promoción o transporte de “verdades” y productos. Se hace hincapié en la importancia del momento presente; el pasado y el futuro no importan verdaderamente. Se persuade a las personas a creer que son dueñas de sus propias vidas y por consiguiente libres para elegir lo que les conviene.

24. La monocultura en expansión no afecta en la misma medida a todo el mundo. Las personas que reciben mayor influencia de las nuevas tendencias culturales son las que pueden participar en el mercado, en especial las que residen en los centros de poder de cada país y región. No puede predecirse con precisión cómo interactuarán los valores de la posmodernidad con las diversas culturas humanas. En las organizaciones y comunidades de base, los pueblos indígenas, las iglesias de los pobres y las culturas arraigadas en una sólida visión religiosa crece la resistencia contra esta sutil nueva forma de imperialismo.

25. Las fuerzas centrípetas de la mundialización se acompañan de fuerzas centrífugas de fragmentación que se sienten aún más agudamente. Esta fragmentación se manifiesta a nivel personal, nacional e internacional. Se están quebrantando los modelos familiares tradicionales. Los divorcios alcanzan un índice sin precedentes y el número de familias monoparentales aumenta en muchas partes. A nivel nacional, en el vacío creado por la caída de los regímenes totalitarios de Europa Oriental y sus ramificaciones en el resto del mundo han surgido desórdenes, tensiones y fragmentación entre y dentro de las unidades estatales en cierta medida artificiales heredadas del período anterior a 1989. Se han creado nuevos estados sobre bases étnicas o tribales. Pueblos que han vivido juntos durante generaciones ya no pueden tolerarse. Las identidades étnicas y culturales se utilizan para oprimir a otras identidades. En muchas partes del mundo tienen lugar “limpiezas étnicas” y genocidios que entrañan inmensos sufrimientos y odios crecientes que preparan el escenario para nuevas violencias contra la humanidad y la creación.

26. El contexto contemporáneo de la misión también supone tendencias dentro de las iglesias. Las iglesias están creciendo rápidamente en muchas partes del mundo; esto ocurre –incluso en el caso de las llamadas iglesias históricas– en las comunidades desfavorecidas, en las iglesias pentecostales o africanas y los movimientos carismáticos de renovación, en especial pero no exclusivamente en el Sur. Incluso en los países más ricos, donde el posmodernismo influye en las actitudes y las creencias, se están experimentando nuevas formas de “ser iglesia” en cuanto al culto y la vida comunitaria. Un número cada vez mayor de vigorosos movimientos misioneros que se extienden hacia otras partes del mundo tienen su base en el Sur.

27. Algunas de estas iglesias, aunque no todas, parecen esforzarse por un testimonio holístico del Evangelio. De hecho, el entorno altamente competitivo del mercado libre refuerza la idea de misión como un esfuerzo para atraer más “clientes”, sin perder los antiguos, de muchas iglesias y paraiglesias. Presentan sus programas y doctrinas como “productos religiosos”, que deben ser llamativos y atractivos para los nuevos miembros potenciales. Evalúan el éxito de su misión en función del crecimiento, el número de conversos o de nuevos templos. Lamentablemente, con gran frecuencia sucede que sus “nuevos miembros” ya pertenecían a otras iglesias. Por consiguiente, el proselitismo (en forma de competencia o de “robo de ovejas”) es una de las graves cuestiones contemporáneas que enfrentan las iglesias.

28. Después de tantas décadas de convivencia y diálogo ecuménico, en la actualidad resurge, paradójicamente, el confesionalismo, sin duda en relación con el proceso de fragmentación. Las denominaciones son signos de la riqueza del carisma y los dones espirituales dentro de la casa de Dios cuando contribuyen positivamente a una mejor comprensión común del Evangelio y de la misión de la iglesia en el proceso encaminado a la unidad. Sin embargo, muchas iglesias parecen más preocupadas por afirmar y fortalecer sus identidades confesionales y denominacionales que por las empresas ecuménicas. Algunas prefieren realizar solas sus tareas diaconales y misioneras, en paralelo o incluso en competencia con otras, y al parecer está aumentando el número de grupos cristianos fundamentalistas y anti ecuménicos.

29. Finalmente, en todas partes proliferan nuevos movimientos de diversas clases, que reclutan a sus adherentes entre las familias tradicionalmente cristianas e incluso entre los más activos miembros de las iglesias. Con frecuencia se ataca y denuncia a las iglesias y a sus enseñanzas, mientras se promueven nuevos mensajes más atractivos.

30. Esta breve descripción supra del contexto general no puede incluir, naturalmente, las importantes variaciones e incluso actitudes opuestas que se observan en las diferentes regiones y situaciones locales. No obstante, éste es el “mundo” en que las iglesias están llamadas a dar un testimonio claro y auténtico del Evangelio y a crear alternativas viables para el futuro, que sean fieles a la misión y a la manera de Cristo6.

C. PARADIGMAS DE LA MISIÓN PARA NUESTROS TIEMPOS

1. Llamados a participar en la misión de Dios para la plenitud de la vida

31. La rápida expansión de los procesos de mundialización que se expresan en la salvaje e incon­trolada economía de mercado libre y en una tecnología de avanzada que reducen el valor del total de la realidad a categorías económicas y financieras confrontan a la misión de la iglesia con el creciente fenómeno de la deshumanización. En entornos de pobreza y explotación inhumanas esto se experimenta como un combate cotidiano por las necesidades básicas más elementales e incluso por la vida misma. En otros contextos, en un marco de desesperanza, desaliento y exclusión –se experimenta como una carencia de significado del presente y de esperanza en el futuro– crece el índice de suicidios (en especial entre los jóvenes) y la apatía se ha puesto de moda. En todos los casos, la iglesia está llamada a proclamar abiertamente las buenas nuevas de Jesucristo y a participar en la misión de Dios por la plenitud de la vida. La misión de la iglesia consiste en reafirmar con valentía y persistencia el valor único y eterno de cada persona humana, creada a imagen del Dios santo, poderoso e inmortal.

32. En un contexto de reduccionismo humano y de cautiverio espiritual, se advierten signos de la búsqueda del sentido, la plenitud y la espiritualidad. Es evidente hoy un nuevo entusiasmo misionero y se están estableciendo nuevas comunidades cristianas.

33. Por otra parte, el crecimiento de nuevos movimientos religiosos y la búsqueda de experiencias religiosas, en especial por parte de los jóvenes, se está convirtiendo en una característica de nuestro tiempo. No obstante, con frecuencia esas búsquedas y sus consecuencias han conducido a dolorosos resultados, dado que el espíritu dominante del contexto actual ha marcado incluso las tentativas de alcanzar una espiritualidad plena y liberadora. Vista a través de la lente contemporánea de la realización y la experiencia individual, con frecuencia se considera a la espiritualidad como un conjunto de técnicas y métodos para lograr el crecimiento personal, la salud holística, la claridad mental y el control de los sentidos. En otras palabras, no se ve la fuente de la realización y el significado en la relación con un Dios personal a la vez trascendente e inmanente, sino en el intento de “despertar” los poderes divinos que ya están presentes, aunque latentes, en los seres humanos.

34. Frente a estos retos, la misión de la iglesia es salir al encuentro de las necesidades y las búsquedas de las personas y ayudarlas a descubrir las respuestas y las orientaciones adecuadas en base a las Escrituras y a la experiencia de la iglesia a lo largo del tiempo. Es hora de testimoniar con hechos y palabras que la fuente de vida, significado y realización es el Dios Trino plenamente revelado y manifiesto en la vida de Jesús de Nazaret. Por su muerte en la cruz fue derrotada la muerte y, mediante su resurrección, se transformó en vida en toda su plenitud el auténtico significado, el objetivo final y la vocación de la humanidad. Por consiguiente, en la vida cristiana, tomar la propia cruz –con todo el dolor que puede suponer la muerte del antiguo yo– siempre conduce a una gozosa y plena experiencia de renovación a una nueva creación (2 Cor.5:17). Por lo tanto, sobre la base de las experiencias de “tan grande nube de testigos” (Heb.12:1), es imperativo transmitir el mensaje de que la espiritualidad cristiana lleva a la salud holística, a la comunidad y a la plenitud de la vida en relación con Dios, los semejantes y la totalidad de la creación.

35. Por consiguiente, la religión como vida en Cristo y conciencia de una redescubierta identidad humana plena y auténtica no puede ser meramente un asunto privado. En realidad, modela toda nuestra perspectiva, nuestra visión y nuestra forma de relacionarnos con el prójimo. Los cristianos no pueden vivir vidas dicotómicas: la vida religiosa y la secular son una sola realidad. La vida misma debería ser una continua liturgia de relaciones amorosas con Dios, la fuente de la vida, con otras personas y con la totalidad de la creación. Por ende, todas las realidades que enfrentan los seres humanos en sus vidas cotidianas pueden ser temas de reflexión teológica. La fe toca todas las esferas de la vida –comprendidas la justicia social y económica, la política, la ética la biogenética y el medio ambiente– y permite dar respuestas y orientaciones adecuadas y proféticas desde esa perspectiva específica.

36. La iglesia también está llamada a ofrecer, en virtud de su experiencia a lo largo de los siglos, paradigmas alternativos concretos a la ideología consumista de la mundialización. Debe poner límites y utilizar su poder para decir “basta” a la tentación del dominio; oponer a la tentación de la posesión y la propiedad, la ascesis de los primeros cristianos, que se abstenían de comer y compartían su alimento y sus propiedades con los necesitados y los desposeídos; a la tentación del poder, la voz profética; a la tentación de proclamar un mensaje parcial y truncado a la medida de las preferencias y expectativas de la gente de nuestra época, el mensaje íntegro y preciso del Evangelio –“la iglesia entera [retada] a llevar el Evangelio entero al mundo entero”7.

2. Llamados a la vida en comunidad

37. Otro gran reto al que debe hacer frente la misión cristiana en nuestra época, especialmente en el Norte, es el individualismo que invade todas las esferas de la vida e influye en ellas. Al parecer, se considera que el individuo es la única norma de la realidad y la existencia. La sociedad y la comunidad están perdiendo su sentido y su valor tradicional, histórico. Esta tendencia de las relaciones humanas afecta asimismo a la idea tradicional de la relación entre los cristianos y la iglesia en el proceso de salvación. Muchos perciben la salvación como un asunto entre el individuo y Dios y no advierten la función de la comunidad de la fe, la iglesia. Pueden afirmar la fe en Dios, pero desafían gravemente, o incluso niegan, la importancia de la iglesia como un instrumento de la relación con Dios, con otras personas y con la totalidad de la creación, así como el concepto de la salvación en y a través de la comunidad.

38. Ante esta tendencia, que afecta al tejido mismo de la sociedad humana en general y la comunidad cristiana en particular, la iglesia está llamada a proclamar la voluntad y el designio de Dios para el mundo. Creados a imagen del Dios Trino –que es por definición una comunión eterna de vida y amor– los seres humanos son relacionales por naturaleza. La dimensión relacional de la vida humana es una realidad ontológica dada. Por consiguiente, toda antropología auténtica debe ser relacional y comunitaria.

39. La Trinidad, fuente e imagen de nuestra existencia, muestra la importancia de la diversidad, del otro y de las relaciones intrínsecas para la constitución de una comunidad. Los miembros de una comunidad son diferentes y poseen diferentes dones, funciones, fuerzas y debilidades (si todos los miembros fueran iguales no podría constituirse el cuerpo (1.Cor.12)). En consecuencia la comunidad exige la diversidad y la presencia del otro, que no deben ser paralelas ni opuestas sino complemen­tarias.

40. En la conferencia de Salvador se puso de relieve la importancia que el Evangelio atribuye a las distintas identidades que componen la comunidad. El Evangelio reafirma esas identidades, sean nacionales, culturales, históricas o religiosas, siempre que se orienten hacia la relación y la comunión. El mismo Evangelio niega y refuta las identidades que tratan de perseguir sus propios intereses a expensas de otros, perturbando y destruyendo la koinonía, manifiestas, por ejemplo, en la xenofobia, la limpieza étnica, la intolerancia religiosa y el fanatismo.

41. Una auténtica comunidad cristiana debe ser a la vez local y católica (de kata holon, que significa “de acuerdo a la totalidad”). La catolicidad, que es una marca de la autenticidad de cualquier comunidad cristiana, se basa de hecho en la diversidad de identidades locales en mutua comunión complementaria.

42. Estas afirmaciones teológicas tienen importantes repercusiones en la praxis misionera de la iglesia. La conferencia de Salvador por ejemplo, abordó la cuestión de la espiritualidad indígena en el marco de la relación entre el Evangelio y las culturas. Si la iglesia es una koinonía de diversidades convergentes y complementarias, es necesario buscar medios para que puedan integrarse e incorporarse en un amplio espectro las expresiones de teología, liturgia y espiritualidad cristianas distintas de las formas tradicionales e históricas.

43. En la misma perspectiva se plantea la cuestión de la comunidad de hombres y mujeres como asociados iguales y complementarios en la vida de la iglesia. El reconocimiento de la función de la mujer en la misión de la iglesia, aportando plenitud e integridad a la comunidad humana y eclesiástica, es un sine qua non. A este respecto deben señalarse los múltiples ejemplos que abundan en la historia de la iglesia de mujeres que predicaron, testimoniaron o sufrieron el martirio, así como de las santas que, a causa de su fidelidad en la proclamación del Evangelio, son veneradas como “iguales a los apóstoles”.

44. En base al reconocimiento de que la misión debe empezar por escuchar y aprender y no por predicar, enseñar y proclamar, puede ser necesario un nuevo criterio en relación con el crecimiento de la “religión implícita” en diversas sociedades. Muchas personas confiesan enérgicamente su fe en Dios pero tienen poca o ninguna relación con la iglesia. Algunos practican en su hogar su propia forma de “liturgia” y devoción. Con frecuencia la iglesia ha considerado esas prácticas como meras tradiciones, folklore o incluso supersticiones. Quizá deberían verse en cambio como una búsqueda sincera del Dios viviente y de la plenitud y el sentido de la vida, “por distintas que sean del culto de una congregación local” y ser una base sobre la cual construir para dar testimonio con amor del mensaje del Evangelio.

3. Llamados a encarnar el Evangelio dentro de cada cultura

45. “La cultura conforma la voz humana que responde a la voz de Cristo” se dijo en la conferencia mundial sobre misión de Bangkok, de 1973. Acontecimientos recientes volvieron a poner la relación inseparable entre el Evangelio y las culturas humanas en el orden del día de la misión. En la asamblea de Canberra (1991) y en otros círculos han tenido lugar acalorados debates sobre teologías de la inculturación, e intentos de articular el Evangelio en términos muy alejados de las tradiciones de algunas iglesias históricas. Las experiencias compartidas durante el Decenio Ecuménico de Iglesias en Solidaridad con las Mujeres demostraron cómo a veces se han utilizado de modo perverso las culturas para las finalidades del poder y cómo se han hecho opresoras. Durante el decenio de 1990, el mundo ha contemplado una creciente afirmación de identidades locales que con frecuencia ha conducido a violentos conflictos y persecuciones por motivos étnicos y culturales, a veces con el apoyo directo o indirecto de los cristianos o las iglesias. Este contexto hace que sea urgente una reflexión sobre la misión que permita abordar de un modo nuevo el reto de la inculturación.

46. En la conferencia de Salvador se afirmó enérgicamente que “es imposible ser humano sin pertenecer a una cultura, porque es a través de la cultura que se forma la identidad”8. La cultura se interpreta a la vez como un resultado de la gracia de Dios y una expresión de la creatividad humana. En cualquier contexto actual, debe señalarse que la cultura no es intrínsecamente mala ni buena, aunque puede ser ambas cosas y es, por lo tanto, ambigua.

47. En recientes estudios ecuménicos se interpreta la cultura en un sentido muy amplio como si abarcara todos los aspectos del esfuerzo humano. “Cada comunidad tiene una cultura, que está integrada por todo lo que constituye su vida, todo lo que es esencial para las relaciones entre sus miembros, así como para sus relaciones con Dios y con el medio natural en que vive”9. Esto significa que la religión es parte de la cultura, y con frecuencia su corazón. No se puede hablar de culturas sin incluir las creencias religiosas y los sistemas de valores de las personas.

48. La misión de Dios se ha revelado como encarnacional. Por lo tanto, la misión a la manera de Cristo sólo puede tener sus raíces en cierto contexto y abordar concretamente los retos de ese contexto específico. Por consiguiente, el Evangelio es y debe ser “traducible”. En todas las situaciones y en cada una de ellas el testimonio de las iglesias debe arraigar en la cultura local para que puedan desarrollarse comunidades de fe auténticamente inculturadas. Es evidente que todas las culturas pueden expresar el amor a Dios y que ninguna cultura tiene derecho a considerarse norma exclusiva de la relación de Dios con los seres humanos.

49. Cuando el Evangelio interactúa auténticamente con una cultura, se arraiga en esa cultura e inaugura un significado bíblico y teológico para su momento y lugar. El Evangelio afirma algunos aspectos de la cultura, en tanto que desafía, critica y transforma otros. Mediante estos procesos las culturas pueden transfigurarse y convertirse en portadoras del Evangelio. Al mismo tiempo, las culturas nutren, iluminan, enriquecen y desafían la comprensión y la expresión del Evangelio.

50. El Evangelio desafía los aspectos de las culturas que producen o perpetúan la injusticia, suprimen los derechos humanos o traban una relación sostenible con la creación. Es necesario ahora ir más allá de ciertas teologías de la inculturación. La identidad cultural y étnica es un don de Dios, pero no debe utilizarse para rechazar y oprimir otras identidades. La identidad debería definirse como complementaria de otras, y no por su oposición o competencia con otras o su temor a las mismas. “El Evangelio concilia y une a las personas de todas las identidades en una nueva comunidad en la que la identidad primaria y definitiva es la identidad en Jesucristo (Gál. 3:28)”10.

51. El debate sobre la interrelación entre el Evangelio y las culturas tiene una significación especial para los pueblos indígenas, que han padecido gravemente a causa de las empresas misioneras y la conquista colonial, durante la cual sus culturas y religiones se consideraban por lo general “paganas”, necesitadas del Evangelio y la “civilización”. Posteriormente la terminología cambió, pero se siguió considerando a los pueblos indígenas como “objetos” del testimonio de las iglesias y como “pobres” necesitados de ayuda económica o para el desarrollo. En las teologías más recientes, que afirmaban “la opción preferente de Dios por los pobres”, los pueblos marginados se consideraban portadores –es decir, sujetos– de un nuevo movimiento misionero desde la llamada periferia al centro. Pero esas teologías todavía se basaban en categorías económicas y desdeñaban el patrimonio religioso de los pueblos. Ahora los pueblos indígenas desafían a las iglesias a reconocer la riqueza de su cultura y espiritualidad, que hace hincapié en la interconexión y la reciprocidad con toda la creación. Piden a las iglesias que trabajen verdaderamente asociadas con ellos, realizando la misión como iguales, en mutua coparticipación.

52. En todas las culturas el mensaje de Cristo debe proclamarse en un lenguaje adaptado a esa cultura y con símbolos y modalidades relacionados con las experiencias vitales del pueblo de que se trate. Existen diferentes criterios con respecto a una evangelización sensible a la cultura. Para algunas personas e iglesias, esto se cumple implícitamente si las iglesias celebran regularmente la liturgia e incluyen en ella, cuando corresponde, símbolos culturales locales. Otros sugieren que “la simple presencia es una manera de entrar en contacto con las comunidades y otras culturas sin imponerse. En primer lugar, es necesario hacer un esfuerzo para llegar a conocer y comprender a las personas de esas comunidades y escucharlas atentamente y aprender de ellas. Después pueden compartirse intereses, preocupaciones, objetivos y prioridades. En el momento oportuno se podría invitar a esas personas a escuchar el relato del Evangelio”11. En algunos casos, puede transmitirse mejor el Evangelio con una solidaridad silenciosa o revelarse a través de un modo de vida profundamente espiritual. En contextos hostiles a la proclamación del Evangelio, el testimonio puede cumplirse ofreciendo “un lugar seguro en el que pueda germinar la espiritualidad, y pueda ser revelada la historia de Jesús”12. Otros reiteran que en la mayor parte de contextos es menester el testimonio explícito y que nada sustituye la predicación de la palabra, siguiendo los diversos impulsos y dinámicas del Espíritu Santo.

53. Siempre debe aplicarse un criterio holístico y equilibrado a la praxis de la misión; es menester evitar la tentación de destacar un aspecto e ignorar otros. La auténtica evangelización ha de comprender siempre el testimonio y el servicio incondicional y amoroso. Como se afirmó en San Antonio, “El Evangelio material y el Evangelio espiritual deben ser uno solo como lo fue en el ministerio de Jesús...No hay evangelización sin solidaridad, ni hay solidaridad cristiana que no implique comunicar el mensaje del reino que ha de venir”13.

54. Las interacciones dinámicas entre el Evangelio y las culturas plantean inevitablemente la cuestión del sincretismo, porque cada inculturación del Evangelio afecta a las creencias, los ritos y las estructuras de la comunidad religiosa. Las iglesias interpretan de diversas maneras el término “sincretismo”. Para algunas, la integridad del mensaje evangélico disminuye si se funde con ciertos elementos del contexto en que se introduce: consideran el sincretismo como una traición al Evangelio. Para otras, sin sincretismo no es posible en ninguna cultura una elaboración creativa de comunidades y teologías. La cuestión es, entonces, si una inculturación específica es una ayuda o un obstáculo al fiel testimonio del Evangelio en su totalidad.

55. Las diferencias de interpretación remiten a la interpretación del término “Evangelio” y de la obra del Espíritu Santo en las diversas culturas. Debe atenderse cuidadosamente a estas cuestiones porque muchas veces las acusaciones de sincretismo reflejan y refuerzan los desequilibrios de poder entre las iglesias. En la conferencia de Salvador se hizo hincapié en la necesidad de un marco para la hermenéutica intercultural (teoría de interpretación del Evangelio). También se señaló la necesidad de criterios para evaluar si determinadas expresiones contextuales del Evangelio son o no apropiadas. Entre estos criterios cabe destacar: “La fidelidad a la revelación que Dios hace de sí mismo en la totalidad de las Escrituras; el compromiso con estilos de vida y acciones que están en armonía con el reino de Dios; la apertura a la sabiduría de la comunión de los santos a través del espacio y el tiempo; la pertinencia en relación con el contexto”14.

4. Llamados al testimonio y el diálogo

56. En el siglo próximo, el fenómeno del pluralismo religioso será uno de los retos más graves a que deberá hacer frente la misión cristiana. Tradicionalmente se consideraba que el testimonio en las sociedades multirreligiosas era primariamente un problema de las iglesias y los misioneros de África, Asia, el Oriente Medio y otras partes del mundo. No obstante, en los últimos años, debido al aumento de las migraciones, el pluralismo religioso se ha convertido en una realidad mundial. En algunas partes los cristianos gozan de libertad y viven y cooperan con otros en un entorno de mutuo respeto y comprensión. No obstante, en otras partes crece la intolerancia religiosa.

57. En Europa y América del Norte (territorios tradicionalmente cristianos), la presencia creciente de personas de otras religiones en las comunidades locales constituye un grave reto a la actividad misionera de las iglesias. A lo largo de la historia, los cristianos han adquirido experiencia acerca de la manera de vivir y dar testimonio en sociedades multirreligiosas. Pero incluso ellos afrontan nuevos desafíos. ¿Cómo puede afirmarse el compromiso cristiano con la misión y la evangelización con fidelidad al Evangelio y también con amor y respeto por el otro?

58. Estos retos suscitan inevitablemente cuestiones teológicas relativas a la naturaleza del testimonio entre personas de otras convicciones religiosas, en relación con la naturaleza misma de la salvación. En el movimiento ecuménico en general no hay consenso al respecto. En las conferencias de San Antonio y Salvador se resumió la situación con las siguientes afirmaciones: “Para los cristianos el único camino de salvación es Jesucristo. Por otra parte, reconocemos que no podemos poner límites al poder redentor de Dios”15. Entre estas dos afirmaciones existe una tensión que todavía no se ha resuelto.

59. Entre las personas comprometidas con la misión existe un reconocimiento creciente (aunque no unánime) de que Dios trabaja fuera de las iglesias, aunque es imposible definir cómo actúa Dios en cualquier comunidad religiosa. Pero quienes participan en las misiones descubren efectivamente “indicios” de la presencia y la actividad de Dios entre las personas de otras tradiciones religiosas. La experiencia contemporánea se reúne con la tradición antigua: los primeros teólogos cristianos como el mártir Justino hablaban de “las semillas de la Palabra” sembradas en las culturas del mundo; otros, como San Eusebio de Cesarea utilizaron la expresión “preparación evangélica”, mencionada también en la encíclica sobre la evangelización de Pablo VI y en los textos de Salvador.

60. Una pregunta sin respuesta que exige mayor reflexión y participación de los cristianos comprometidos en la misión se refiere al discernimiento de los signos de la presencia del Espíritu entre personas de otra fe o sin fe. En la conferencia de Salvador se sugieren tales signos en relación con expresiones de amor, valores como la humildad, apertura a Dios y al prójimo, compromisos de justicia, solidaridad y medios no violentos para resolver conflictos. Como una guía idónea se citó Gálatas 5:22-23, que habla del fruto del Espíritu.

61. En la misión caben tanto la proclamación de las buenas nuevas de Jesucristo como el diálogo con personas de otras religiones. En función del carisma y la situación de los cristianos, el énfasis puede variar. No obstante, muchos sostendrán que la única forma adecuada de vivir en comunidad es dialéctica. Reafirmando el mandato evangélico de los cristianos, en la conferencia de San Antonio se destacó que “Nuestro ministerio de testimonio entre gentes de otras religiones presupone nuestra presencia entre ellas, sensibilidad para con sus más profundos compromisos y experiencias de fe, prontitud en ser sus servidores por amor de Cristo, afirmación de lo que Dios ha hecho y está haciendo entre ellas y amor por ellas... estamos llamados a ser testigos entre los demás, no sus jueces”16. Si la misión ha de realizarse a la manera de Cristo, no puede haber evangelización si no se está abierto a los demás y dispuesto a descubrir su presencia también donde no se la espera.

62. Por otra parte, no hay verdadero diálogo si no se plantean claramente la identidad religiosa y las creencias de los interlocutores. En ese sentido, puede afirmarse que el testimonio precede al diálogo. Hablar de evangelización significa hacer hincapié en la proclamación de la oferta de libertad y reconciliación de Dios, junto a la invitación a reunirse con quienes siguen a Cristo y trabajan por el reino de Dios. El diálogo es una forma de testimonio del mandamiento de Dios de amar al prójimo –incluso al propio enemigo– y puede ser, en ciertos contextos, la única forma de ser fiel a un estilo humilde, kenótico, de misión, siguiendo la vida vulnerable de Cristo en el servicio y no en la dominación.

5. Llamados a proclamar la verdad del Evangelio

63. Uno de los grandes retos de nuestro tiempo –que toca el corazón mismo del mensaje cristiano– es el fenómeno creciente del relativismo, desarrollado especialmente entre filósofos y científicos occidentales. En el pensamiento posmoderno se cuestiona abiertamente o se rechaza la idea de una verdad absoluta y universal, en la esfera política, social, económica e incluso en la religiosa. Se considera que la verdad es una cuestión de discernimiento individual que se resuelve mediante una simple elección basada en la preferencia, la experiencia y la decisión. En lugar de una “verdad” objetiva, universal y absoluta, existen y cohabitan varias “verdades” paralelas.

64. Esta interpretación y este criterio de la verdad no sólo ejercen influencia sobre gran parte de la vida cotidiana, especialmente en los países industrializados, sino que tienen importantes repercusiones en el testimonio de las iglesias y en su participación en el movimiento ecuménico en general.

65. Este criterio desafía los modelos tradicionales de la misión cristiana. Las personas que defienden esta visión del mundo solicitan una nueva interpretación de la misión, así como un estilo y una praxis de la misma más adaptados a las realidades contemporáneas. Piden que se abandone la actitud “arrogante” de sostener que el cristianismo es la única verdad que conduce a la salvación y que éste se presente más humilde y decorosamente como una de las muchas verdades que se encuentran en diversas religiones o en la creación en general. Sostienen que en teoría estas otras verdades tienen un valor y un objetivo final similares y que sólo la elección personal establece una diferencia cualitativa entre ellas.

66. En el terreno ecuménico, se cuestionan ideas como “unidad”, “consenso” y “verdad apostólica” que, para algunos, han adquirido incluso una connotación peyorativa. Una visión ecuménica más reciente comprende la búsqueda de un nuevo paradigma y una nueva imagen que puedan dar cabida a una diversidad de verdades bajo un mismo techo sin diluir ni aniquilar a ninguna en el proceso de convergencia, con el fin de llegar a una verdad apostólica común y obligatoria.

67. Se han ofrecido ciertas instrucciones y respuestas parciales a los retos planteados por el relativismo; aún se necesitan respuestas más agudas y coherentes. ¿Cuál es la relación entre la verdad del Evangelio que los cristianos están llamados a proclamar con respecto al carácter único de Jesucristo, “el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6), y la verdad del “evangelio antes del evangelio”, y cuáles pueden ser las consecuencias para la unidad de la Iglesia?

6. Llamados al testimonio en la unidad

68. En los decenios recientes, las iglesias han tomado mayor conciencia de la necesidad de comprometerse juntas en la misión, en cooperación y mutua responsabilidad; a esto se debe el establecimiento de asociaciones de misión, la transformación de algunas estructuras de misión y la iniciación de proyectos comunes. No obstante, en el mismo período en muchas partes del mundo se ha visto una escalada de las rivalidades confesionales y de la competencia en la misión. Estas realidades obligan a la familia ecuménica a reexaminar cuestiones de misión en la unidad, cooperación entre las iglesias, testimonio común y proselitismo y a encaminarse hacia unas relaciones más responsables en la misión.

69. El testimonio común es “el que las iglesias, aunque estén separadas, dan juntas, especialmente mediante sus esfuerzos comunes, manifestando los dones divinos de verdad y vida que ya viven y comparten unas con otras”17. Un auténtico testimonio común presupone respeto y comprensión para otras tradiciones y confesiones. Lo que hay que subrayar es lo que es común y puede hacerse conjuntamente, más que las barreras que dividen. Lo que une a las iglesias es más que lo que las separa. Y son los elementos unificadores los que hay que buscar al dar testimonio en la unidad.

70. La misión y la libertad religiosa, comprendida la libertad de cambiar la propia religión o creencia, están intrínsecamente relacionadas. La misión no puede imponerse a nadie por ningún medio. Por otra parte, la libertad de cada uno debe siempre respetar, afirmar y promover la libertad de los demás; no debe contravenir la regla de oro: “Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mt. 7:12).

71. Proselitismo, un término positivo utilizado en los primeros tiempos cristianos para designar a una persona de otra fe que se convertía al cristianismo, adquirió en siglos posteriores una connotación negativa debido a cambios de contexto, motivación, espíritu y métodos de “evangelización”. Ahora se utiliza en general para designar “la incitación a cristianos que se consideran miembros de una iglesia a que cambien de denominación utilizando medios que contradicen el espíritu de amor cristiano, infringen la libertad de la persona humana y menoscaban la confianza en el testimonio cristiano de la iglesia”18. El proselitismo es “una corrupción del testimonio”19.

72. El testimonio común es constructivo: enriquece, interpela, refuerza y construye relaciones y una comunidad cristiana sólida. El proselitismo es una perversión del auténtico testimonio cristiano y es, por lo tanto, un contratestimonio. No construye, sino destruye. Suscita tensiones, escándalo y división, y es un factor desestabilizador para el testimonio de la iglesia de Cristo en el mundo. Es siempre una herida en la koinonía que no propicia la fraternidad sino que crea antagonismos.

73. Como nuevos contextos reclaman nuevas iniciativas para la proclamación del evangelio en tanto se enfrentan retos comunes, las iglesias están llamadas a determinar medios para dar testimonio en la unidad, para asociarse y cooperar, y para establecer relaciones responsables en la misión. A fin de conseguir este ethos misionero mutuamente enriquecedor, las iglesias deben:

  • arrepentirse de los errores del pasado y reflexionar de manera más autocrítica sobre sus maneras de relacionarse entre sí y sus métodos de evangelización;

  • renunciar a todas las formas de competencia y rivalidad entre denominaciones religiosas y a la tentación de ejercer proselitismo sobre los miembros de otras tradiciones cristianas;

  • evitar el establecimiento de estructuras eclesiales paralelas, estimulando y ayudando a las iglesias locales y cooperando con ellas en la labor de evangelización;

  • condenar toda manipulación de la asistencia humanitaria a determinados cristianos o iglesias para inducir a las personas a cambiar de adhesión religiosa o para promover los objetivos misioneros de una iglesia a expensas de otra;

  • ayudar a las personas que se encuentren en proceso de cambio de afiliación religiosa a discernir si son válidos o no los motivos que las han inducido a ese cambio (por ejemplo la promoción social o mejores oportunidades de vida);

  • aprender a decirse unas a otras "la verdad con amor" cuando se considere que otras personas están haciendo proselitismo o prácticas de evangelización desleales;

74. Esta comunión y solidaridad cristianas no serán posibles a menos que las iglesias:

  • se escuchen recíprocamente en un diálogo genuino destinado a superar la ignorancia, los prejuicios o los malentendidos, comprendiendo sus diferencias en la perspectiva de la unidad cristiana y evitando las acusaciones injustas, las polémicas, los desacuerdos y el rechazo;

  • se esfuercen por garantizar una mejor comunicación recíproca de las informaciones sobre las actividades de misión a todos los niveles y, antes de emprender cualquier iniciativa, consulten a la iglesia de la región concernida para determinar las posibilidades de colaboración misionera y de testimonio en unidad;

  • demuestren voluntad de aprender unas de otras, por ejemplo, de su dinamismo, entusiasmo y alegría en la misión, su sentido de comunidad, su gozo en el Espíritu y su espiritualidad;

  • hagan mayores esfuerzos de renovación interna en sus propias tradiciones y contextos culturales;

  • hagan un mayor esfuerzo para sensibilizar a los fieles de sus congregaciones locales, escuelas dominicales, centros de formación y seminarios, para que respeten y amen a los miembros de otras iglesias como hermanos y hermanas en Cristo.

75. Las convicciones ecuménicas sobre misión en unidad pueden conducir a la formulación de un pacto con respecto a las relaciones en la misión. Entre las convicciones y los compromisos básicos en la misión que podrían incluirse en ese pacto figuran los siguientes:

76. Convicciones

  1. La misión comienza en el corazón del Dios Trino. El amor que une a las personas de la Santísima Trinidad desborda en un gran caudal de amor por la humanidad y por toda la creación.

  2. Dios llama a la iglesia en Jesucristo y la habilita por el Espíritu Santo a asociarse a la misión de Dios, dando testimonio del Evangelio del amor de Dios manifiesto claramente en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, e invitando a las personas a ser discípulos de Cristo.

  3. La misión cristiana supone una respuesta holística mediante la labor evangelizadora y diaconal para llegar hasta las personas en sus experiencias de exclusión, quebranto y vaciedad. La misión comprende la responsabilización, la afirmación y la renovación de las personas en su esperanza de la plenitud de vida.

  4. A todos los cristianos bautizados se les ha encargado que den testimonio del Evangelio de Cristo y todos son responsables ante el cuerpo de Cristo por su testimonio; todos necesitan encontrar un hogar en una comunidad local de culto mediante la cual ejercer su responsabilidad ante el cuerpo.

77. Compromisos20

  1. Movidos por el amor a Cristo, nos comprometemos a trabajar para garantizar que nuestros semejantes de todos los lugares, cercanos y lejanos, tengan la oportunidad de oír el Evangelio de Jesucristo y de darle respuesta.

  2. Reconocemos que la principal responsabilidad de la misión en cualquier lugar recae en la iglesia de ese lugar.

  3. Cuando nuestra iglesia envíe misioneros o fondos a un lugar donde ya hay una iglesia cristiana, lo hará mediante un arreglo negociado, respetuoso y mutuamente aceptable, con igual participación de todas las partes en el proceso de toma de decisiones.

  4. Reconocemos que, en nuestra asociación, todos los asociados tienen dones que ofrecer y necesidad de aprender de esa relación y de recibir sus dones y enriquecerse con ellos, de modo que la relación permita compartir recíprocamente los dones y las necesidades.

  5. Reconocemos que los recursos de todas las iglesias pertenecen a Dios, y que la riqueza de los ricos ha derivado con frecuencia de la explotación de otros.

  6. Nos comprometemos a hacer que las relaciones sean, en todas las direcciones, tan transparentes como sea posible en lo que concierne a las finanzas, la teología, el personal los esfuerzos los dilemas, los temores, las esperanzas, las ideas -una participación abierta que genere confianza.

  7. Reconocemos que en casi todos los encuentros interculturales se plantea una distribución desigual del poder. El dinero, las propiedades materiales, las conexiones con el estado, la historia, etc., afectan a la forma en que las iglesias se relacionan entre sí. Al iniciar una relación en la misión, nos comprometemos a protegernos contra el abuso de poder y a esforzarnos por crear relaciones justas.

  8. Reconocemos la importancia de no crear dependencia. Las asociaciones deben conducir a la interdependencia. Mediante nuestras asociaciones trataremos de fomentar auténticas respuestas culturales locales en materia de liturgias, himnos, rituales, estructuras, instituciones, formulaciones teológicas, etc.

  9. Creemos que la misión y la unidad están inseparablemente relacionadas. Por consiguiente nos comprometemos a impulsar la colaboración y la unidad estructural entre nuestras instituciones misioneras y nuestra propia iglesia, entre las instituciones misioneras y entre las instituciones misioneras y nuestras iglesias asociadas. En los casos en que existen varias iglesias en una zona determinada, nos comprometemos a promover deliberadamente un consejo de iglesias.

  10. Reconocemos que la misión y la evangelización se han realizado casi siempre en el marco de una denominación. Nos comprometemos a llevar a cabo la misión en forma ecuménica, tanto localmente como en el exterior, siempre que sea posible.

  11. Al desarrollar asociaciones internacionales en la misión, nos comprometemos a dar prioridad a la construcción de la solidaridad con las personas excluidas y las que sufren y las comunidades que luchan por la plenitud de la vida.

NOTAS

1. Cf. Signs of the SpiritOfficial Report of the Seventh Assembly, ed. Michael Kinnamon, Ginebra, CMI, 1991, pág. 100.

2. Misión y Evangelización: una afirmación ecuménica, Ginebra, CMI, 1982, pág.5.

3. Hacia un testimonio común– Llamamiento para establecer relaciones responsables en la misión y renunciar al proselitismo, CMI, Ginebra, 1997, págs. 4-5.

4. Llamados a una sola esperanza– Informes de las Secciones de la Conferencia Mundial sobre Misión y Evangelización, Salvador, Bahía, Brasil, Ginebra, CMI, 1998, pág. 37.

5. Proclaiming Christ Today, Informe de una consulta Ortodoxa.-Evangélica, Alejandría, Egipto, 1995, ed. Huibert van Beek y Georges Lemopoulos, Ginebra, CMI, 1995, pág. 13.

6. Varios miembros de la Comisión expresaron su malestar por la descripción excesivamente negativa de la mundialización en esta parte del documento.

7. “The Lausanne Covenant”, 1974, párrafo 6.

8. Informe de Salvador.

9. Informe de la Conferencia Mundial de San Antonio, 1989.

10. Informe de Salvador.

11. Informe de Salvador.

12. Ibid.

13. Informe de San Antonio.

14. Informe de Salvador.

15. Informe de Salvador, citando el Informe de San Antonio.

16. Informe de San Antonio.

17. Thomas Stransky, “Common Witness”, en el Dictionary of the Ecumenical Movement, Ginebra, CMI, 1991, citado en Hacia un testimonio común, pág.5.

18. Report of the Orthodox Consultation on “Mission and Proselytism”, Sergiev Possad, Rusia, 1995; citado en Hacia un testimonio común, pág.7.

19. “Revised Report on Christian Witness, Proselytism and Religious Liberty in the Setting of the World Council of Churches”, en Minutes and Reports of the Central Committee of the World Council of Churches, St. Andrews, Escocia, agosto de 1960, Ginebra, CMI, 1960, p.214; citado en Hacia un testimonio común, pág. 7.

20 ‘Nosotros’ se refiere a aquellas personas o comunidades que están dispuestas a hacer de tales compromisos los suyos propios. La Comisión de Misión Mundial y Evangelización ofrece el documento como un recurso valioso para el estudio y la reflexión.

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