World Council of Churches

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La alegría de la esperanza

04 de diciembre de 1998

Buscad a Dios - con la alegría de la esperanza

La alegría de la esperanza

por Kosuke Koyama

"La alegría de la esperanza". ¡Qué raro suena! ¿Cómo vamos a "comer" este mensaje (Jer 15:16)? ¡Vivimos en un mundo tan destrozado, tan quebrantado por la violencia! Todo el mundo habitado (oikumene) está lleno de personas desesperadamente pobres, de niños hambrientos, de gentes arrancadas a sus hogares, y de inocentes víctimas de la guerra y de los conflictos étnicos. La amenaza de la extinción nuclear sigue gravitando como una nube sobre nuestro horizonte, y nuestro planeta se debate entre las garras de una crisis ecológica. ¿Cómo podemos nosotros alegrarnos en la esperanza?

 La idea que en la vida ordinaria nos hacemos de la alegría y de la esperanza no nos permite comprender el misterio que rodea ese mensaje de una esperanza en la que podemos regocijarnos. Es el misterio de un Dios compasivo que abraza al mundo. Cuanto más desesperado está el mundo, tanto más entrañable y apretado se hace el vivificador abrazo de Dios. Esta es nuestra fe. Esta es nuestra posición. "Alégrense en la esperanza" nos dice ese Dios compasivo cuya voz "resuena por todo el país y llega a todos sus habitantes" (véase Lev 25:10). Y escuchamos las palabras de Dios: "Quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es" (Ex 3:5). Todo el mundo es ahora tierra santa. Y nosotros nos quitamos el calzado. La gracia camina descalza.

 Nuestros pensamientos se vuelven a Jesucristo, que precisamente no tenía hogar. "... El Hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza" (Lc 9:58, 2:7). El abrazo de Dios al mundo se ha hecho apasionado en este Hijo del Hombre sin casa ni hogar. Nadie está tan despojado de todo como Jesús crucificado. Jesús - crucificado - descalzo - el Cristo roto, desgarrado - habla a este mundo desgarrado y roto también. La cruz es la tierra más santa, en la que el mismo Dios se quita el calzado. "¡Oh, a veces me hace temblar, temblar, temblar! ¿Estaban allí ustedes cuando crucificaron a mi Señor?". En este espacio evangélico "podemos sentirnos derribados, pero no destruidos" (2 Co 4:9, J.B. Phillips). Este espacio está alimentado y mantenido por el Espíritu de Dios cuyo nombre es Compasión. Y éste es el espacio en el que, por la gracia de Dios, se encuentra la Octava Asamblea del CMI.

 La invitación a "alegrarnos en la esperanza" empieza con el "Dios celoso" (Ex 20:5, La Biblia Judía). Existe una dolorosa relación entre el mundo y este Dios que lo abraza. A través del viejo profeta Oseas, dice Dios: "Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión" (11:8, The Anchor Bible). Israel ha sido infiel. Pero Dios se niega a abandonarlo. El mundo es infiel. Pero Dios se niega a abandonarlo. Dios se encuentra ante un dilema. Dios está angustiado, con una angustia que el amor agudiza. El misterio de nuestro tema, "la alegría de la esperanza", está oculto en esta extraordinaria historia de la vida íntima de Dios.

 ¿Está la esperanza relacionada con el futuro? Sí. Pero todavía está más relacionada con el amor. La esperanza no es una historia de tiempo. Es una historia de amor. "Algún día venceremos" significa: "Venceremos con el poder de la compasión". El Evangelio se atreve a poner el amor por encima del tiempo. Todas las historias de curación que cuentan los evangelios, e incluso, en última instancia, la confesión de fe según la cual "Al tercer día resucitó de entre los muertos" (Credo de los Apóstoles) apuntan a esa asombrosa verdad. La esperanza se exalta con el amor, como cada una de las palabras de curación de Jesús. "Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa" (Mc 2:11). ¡Acuérdense! El que pronuncia esas palabras es alguien sin hogar, y encarna plenamente al Dios que en sí abraza a todo el mundo. ¡Qué exaltante es toda la situación! Si, como dice el Salmista (139:8), Dios se encontrara en el seol (en "el frigorífico"), el calor compasivo de Dios derretiría el seol. ¿No se calentó la prisión de Birmingham con el amor exaltado del Rev. Martin Luther King Jr., que fue encarcelado en ella? ¿Qué es la esperanza si no está inspirada por el amor? ¿Cuál es el ámbito del amor si no es todo el mundo habitado? La esperanza es una historia de amor ardiente.

 ¿Pero cabe esperar lo que no se ha visto? Sí. "La esperanza que se ve no es esperanza, ya que lo que alguno ve, ¿para qué esperarlo?" (Ro 8:24). "Vosotros que lo amáis sin haberlo visto..." (1P 1:8). Pero la esperanza tiene sus raíces en "lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contamplado z palparon nuestras manos"(1Jn 1:1). Pero ¿qué es el amor si permanece invisible e intangible? "El que no ama a su hermano o hermana a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto" (1Jn 4:20). Visible es la anonadante pobreza en que viven millones de niños. Visible es el racismo. Visibles son las ametralladoras. Visibles son los tugurios. Visibles son los cuerpos famélicos. Y cegadoramente visible es el foso que separa a los ricos de los pobres. Nuestra respuesta a esas realidades tiene que ser visible. La gracia no puede actuar en un mundo de invisibilidad.

 No obstante, en nuestro mundo los gobernantes tratan de hacer invisibles "al extranjero, al huérfano y a la viuda" (Jer 7:6; cf. Ex. 22:22, Sal 82:3, Mc 12:40, Stg 1:27), y "al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo y al que está en la cárcel" (Mt 25:31-46). Esto es violencia. El Evangelio insiste en la visibilidad - los cuerpos demacrados de los niños famélicos deben seguir siendo visibles para el mundo. Existe una relación entre invisibilidad y violencia. Las personas, a causa de la dignidad de la imagen de Dios que hay en ellas, tienen que permanecer visibles. Fe, Esperanza y Amor no son vitales excepto en "lo que se ve". El Movimiento Ecuménico busca la unidad visible de las iglesias. ¿No era Dios visible en Jesucristo? (Jn 1:18, 14:9). El Evangelio ve el misterio de la salvación en lo que se ve. Las religiones parecen ensalzar lo invisible y despreciar lo que se ve. Pero es el Evangelio del "oír, ver y tocar" el que puede alimentar la esperanza que no decepciona.

 El Dios uno abarca a todo un mundo que habla más de 7.000 dialectos e idiomas. Dios está abierto a todas las culturas y naciones. "Bendito sea Egipto, pueblo mío; y Asiria, obra de mis manos; e Israel, mi heredad" (Is 19:25). ¿Cuántos idiomas habla Dios? ¡Todos! Nadie puede hablar un lenguaje aislado ni tener una propia identidad exclusiva. Todos los pueblos están interrelacionados. La Iglesia está en el mundo, y el mundo está en la Iglesia. La palabra de Dios para la Iglesia es la palabra de Dios para el mundo. No hay "dos palabras" de Dios, una para la Iglesia y otra para el mundo. Y el mundo entero escucha las palabras de Cristo a "los cabritos" y a "las ovejas" (Mt 25:31-46). Dirigiéndose a todo el mundo, Jesús exclamaba: "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo" (Lc 10:18). Y cuando Dios abraza compasivamente al mundo, el mundo "se trastorna" (Hch 17:6) ¡Qué conmoción!

 Escuchen a Jesús en esta parábola también conmovedora: "Cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y fue movido a misericordia, y corrió y se echó sobre su cuello y lo besó" (Lc 15:20). ¡Un Dios corriendo! ¿Qué pensar de un Dios, que siendo el centro de todo, sale corriendo a la periferia? Y, cuando aún no hemos salido de nuestro asombro, ¡la periferia se convierte en el centro! La luz brilla desde la periferia, no desde el centro. De "la piedra que desecharon los edificadores" viene la salvación (Mc 12:10). ¡Qué conmoción inesperada! "Sacad el mejor vestido y vestidle; y poned un anillo en su dedo y calzado en sus pies. Traed el becerro gordo...". La gracia produce conmoción, no tranquilidad. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo que corre al encuentro del mundo quebrantado. Nuestra esperanza, por naturaleza, no es tranquila, sino que está llena de conmoción. El llamamiento apostólico "alégrense en la esperanza" resuena en este mundo "trastornado" por un Dios que corre.

 Es tarea de la teología describir esa conmoción provocada por la gracia, hacerla visible. El ministerio es "sacad la túnica, vestidle". El acontecimiento clave anunciado por la llegada de Jesucristo es el Evangelio. La conmoción no está libre de dolores. Los seguidores de Cristo pueden tener distintas opiniones y convicciones sobre algunas de las cuestiones que hoy se nos plantean, incluso cuando participan juntos en un sincero estudio de la Biblia y en las devociones del culto. Con sinceridad y con devoción estamos llamados a poner nuestras opiniones y convicciones bajo la luz del Dios compasivo que abraza al mundo. Tanto en la teología como en el ministerio tenemos que desprendernos de nuestro calzado, y hasta de nuestro hogar.

 "Alégrense en la esperanza" dice el apóstol sin hogar (Ro 12:12, 1Co 4:11). Y continúa: "Practiquen la hospitalidad" (Ro 12:13). Está en la misma línea que el ecumenismo de Jeremías: "Procurad en la paz de la ciudad... porque en su paz tendrán ustedes paz" (29:7). El Evangelio del Espíritu de Compasión nos exhorta a alegrarnos con los extranjeros, con el mundo. El mundo no se compone solamente de "cabritos". "Yo os envío como a ovejas en medio de lobos" (Mt 10:16) no es una verdad absoluta y fija. El Espíritu de Dios abraza al mundo de "los cabritos y las ovejas". "El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado" (Mc 1:15). Parafraseando el Evangelio de Juan: "¡A lo suyo vino Dios, y lo que era de Dios gozosamente lo recibió" (véase 1.11). Esta es la sustancia de nuestra "alegría en la esperanza". El regocijo de una comunidad privada y excluyente no invita a todos a la esperanza. Y eso no es el Evangelio. Esperar con toda la creación, y alegrarse con toda la creación! ¿Qué horizonte más amplio! (Sal 139:7-10).

 Este horizonte no es una alucinación. Porque Dios no es un extranjero. Cada persona - cualquiera que sea su identidad cultural, religiosa, racial o política - es conocida por Dios como irremplazable e incomparable. Esta es la raíz del ecumenismo total de Dios. Pero cuando nuestros actos dicen "¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?" (Gn 4:9) - la expresión más clara y más comprensible del pecado - tratamos a Dios como a un extranjero. Decir: "¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?" es mirar a los demás como basura. Y esto destruye el fundamento de la esperanza para el mundo. "Alegraos en la esperanza" equivale a "ama a tu prójimo como a tí mismo". Y si la esperanza no la experimentamos ahora, es posible que tampoco la experimentemos en el futuro.

 Nosotros no podemos amar a nuestros prójimos a menos que estemos dispuestos a dejarnos amar por ellos. No podemos ofrecer hospitalidad a los extranjeros a menos que nosotros también aceptemos su hospitalidad. El Evangelio apoya esta relación bilateral. La unilateralidad de las relaciones da lugar al fariseísmo: "...vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho valor; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza". Profundamente impresionado por esta hospitalidad - a pesar de lo mucho que da que hablar entre los espectadores -, Jesús acepta, y la alaba. "De cierto os digo que dondequiera que se predique este Evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que esta ha hecho, para memoria de ella" (véase Mc 14:3-10).

 "Regocijaos en la esperanza" es una posibilidad de conversión radical. Esa posibilidad vive hoy en la conmoción causada por la gracia. El misterio bíblico no es tranquilo. Es apasionado. Y en él vemos al Jesús sin hogar que abraza a todo el mundo yendo a la periferia. Por eso, cantate domino, ya que "la luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la dominaron" (Jn 1:5).