En la Asamblea fundacional del CMI en Ámsterdam en agosto de 1948, pocos meses después de que el Estado de Israel declarara su independencia, se recibió un informe titulado «The Christian Approach to the Jews» [El enfoque cristiano hacia los judíos] y «se elogió a las iglesias por su seria consideración y sus medidas apropiadas». Ese informe contiene una declaración que ha tenido una influencia considerable en los miembros del CMI y el mundo cristiano en general:

«Instamos a todas las iglesias que representamos a denunciar el antisemitismo, independientemente de su origen, como algo absolutamente incompatible con la profesión y la práctica de la fe cristiana. El antisemitismo es un pecado contra Dios y contra la humanidad».

Este es el nivel más rotundo de condena que se podía alcanzar entre los círculos cristianos. A lo largo de la historia posterior, a menudo se ha reiterado este mensaje en declaraciones y reacciones de los dirigentes del CMI en relación con ataques e incidentes antisemitas concretos, como fue el caso, por ejemplo, del mensaje que emitió el entonces secretario general del CMI, Rev. Dr. Olav Fykse Tveit, tras el ataque a la sinagoga del Árbol de la Vida en Pittsburgh en octubre de 2018, en el que declaró:

«El CMI denuncia toda forma de violencia que se base en la religión, etnia, raza o cualquier otra dimensión de la identidad o pertenencia de una persona, y este ataque contra una comunidad judía en un lugar de oración y durante un momento de celebración de su identidad religiosa es una violación atroz de nuestra humanidad compartida».

En los últimos años, el CMI ha renovado y fortalecido sus relaciones con socios judíos clave, especialmente con el Comité Judío Internacional para Consultas Interreligiosas (IJCIC), concretamente a través de una conferencia conjunta IJCIC-CMI en París en junio de 2019 sobre «La normalización del odio: desafíos para judíos y cristianos de hoy». El tema de esta conferencia toma nota del reconocimiento mutuo del hecho de que los movimientos populistas de todo el mundo han favorecido y alentado los prejuicios y odios latentes contra «el otro», lo que aumenta en gran medida la vulnerabilidad de las minorías de todo tipo, incluidos los judíos. Continuamos un estrecho intercambio con la directiva del IJCIC sobre cuestiones de interés común.

Uno de los focos frecuentes de acusaciones de antisemitismo contra el CMI es el Programa Ecuménico de Acompañamiento en Palestina e Israel (PEAPI). Si bien, en mi opinión, estas acusaciones siempre fueron mayoritariamente injustas e incorrectas, hemos prestado gran atención al aumento de la exposición de los participantes de este programa a las comunidades judías israelíes, sus experiencias y perspectivas, y a participar en la discusión con el IJCIC y otros socios judíos sobre cómo mejorar y fomentar el trabajo del PEAPI.

No obstante, siguen existiendo puntos de gran controversia, especialmente acerca de las políticas y prácticas que normalizan la ocupación y mantienen el control militar de los territorios palestinos desde 1967, a las que el CMI se sigue oponiendo firmemente. Lamentablemente, en algunos sectores casi cualquier crítica al Estado de Israel respecto a la ocupación y al trato a los palestinos se considera antisemita. No aceptamos esa consideración.

El Comité Ejecutivo del CMI publicó una declaración política en 2019, sobre Acompañamiento ecuménico para una paz justa en Palestina e Israel, que guarda relación:

«Buscamos la paz en la tierra natal de Cristo, una paz basada en la justicia y no en la violencia, el derramamiento de sangre y la exclusión de unos hacia los otros, o la imposición perpetua de la ocupación y el control militar de un pueblo entero.

Al igual que afirmamos el derecho del Estado de Israel a existir y el derecho del pueblo judío a la autodeterminación, afirmamos el mismo derecho del pueblo palestino al ejercicio de sus derechos de autodeterminación en un Estado viable en los territorios ocupados desde 1967, con Jerusalén como ciudad compartida por dos pueblos y tres religiones. Igual que condenamos categóricamente el antisemitismo como pecado contra Dios y contra la humanidad, rechazamos la discriminación, la marginación, el castigo colectivo y la violencia contra el pueblo palestino por motivos étnicos, de raza o de religión por ser también un pecado contra Dios y contra la humanidad.

Abogamos por un enfoque de la situación en Israel y Palestina que no se reduzca a una competición entre dos oponentes, en la que se debe elegir uno u otro lado, sino que reconozca y afirme la humanidad común y la dignidad y los derechos que Dios ha dado por igual a todos los pueblos de la región».

Como Consejo Mundial de Iglesias, debemos responder a las experiencias y el sufrimiento de los palestinos, incluyendo a nuestros propios miembros cristianos palestinos, de conformidad con el principio de igualdad de los derechos humanos para todos. 

Habida cuenta de las realidades actuales en el mundo, estos temas –tanto el virulento resurgimiento del antisemitismo y de otros odios contra grupos específicos de personas, como las continuas injusticias y violaciones que experimenta el pueblo palestino que vive bajo la ocupación– sin duda estarán muy presentes en las discusiones de la 11.ª Asamblea, al igual que lo estarán muchas otras crisis y desafíos sin precedentes que afrontan las iglesias y los pueblos del mundo en este momento de nuestra historia.

Rev. Prof. Dr. Ioan Sauca
Secretario general en funciones
Consejo Mundial de Iglesias