Esta peligrosa espiral de violencia pone a millones de civiles en peligro inmediato, socava la seguridad regional e internacional y amenaza la ya frágil estabilidad económica y social en todo Oriente Medio. El aumento de las hostilidades pone vidas en riesgo, afecta a infraestructuras esenciales y agrava el clima de miedo e incertidumbre entre pueblos que ya han atravesado un prolongado período de inestabilidad y conflicto.

El CMI reitera que las disputas entre Estados deben resolverse mediante el diálogo, la consulta y el respeto del derecho internacional.  La confrontación militar y el recrudecimiento de las represalias no pueden ofrecer una seguridad ni una paz duraderas. Por el contrario, solo agravan el sufrimiento y aumentan el riesgo de un conflicto regional de mayor alcance, con consecuencias globales imprevisibles.

Hacemos un llamado:

  • al cese inmediato de todas las acciones militares;
  • a la protección de la población civil y de las infraestructuras críticas, de conformidad con el derecho internacional humanitario;
  • a la reanudación urgente del diálogo político y del compromiso diplomático a través de los mecanismos internacionales y regionales existentes;
  • y a una acción internacional coordinada para evitar un mayor agravamiento de la situación y recuperar la estabilidad.

El CMI acompaña con oraciones y solidaridad a todos los pueblos y las iglesias de la región. Exhortamos a los líderes políticos a actuar con moderación y responsabilidad, y a renovar su compromiso con la resolución pacífica de los conflictos.

La solución pasa por la desescalada, el diálogo y el respeto a la dignidad humana. La violencia no garantizará el futuro de la región; solo la justicia, la rendición de cuentas y un compromiso diplomático sostenido pueden sentar las bases de una paz duradera.

Rev. Prof. Dr. Jerry Pillay
Secretario General
Consejo Mundial de Iglesias