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WCC Christmas message 2020
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El niño en el pesebre, en su vulnerabilidad, es una imagen de esperanza frágil, el inicio de una nueva historia que culminará con el don de la vida y la salvación mediante la muerte y la resurrección de Jesucristo. A lo largo de la historia, ha habido y sigue habiendo muchos motivos para tener miedo y vivir en la desesperanza. En las épocas más difíciles, los cristianos han encontrado una y otra vez consuelo y esperanza en las buenas nuevas de Jesucristo que empiezan con el nacimiento del Salvador en Belén.

Este año, las celebraciones navideñas en las iglesias y las familias se verán afectadas por el distanciamiento físico y otras restricciones destinadas a protegernos unos a otros del coronavirus. La gente llorará los muchos muertos en todo el mundo y expresará su gratitud a quienes atienden a los enfermos con gran dedicación y coraje.

La pandemia ha dañado el tejido social en todas partes, causando un desempleo masivo e incluso hambre, desgarrando nuestras conexiones, poniendo de manifiesto y exacerbando las desigualdades, ocasionando confusión y desacuerdo, y haciendo peligrar las instituciones de buena gobernanza. Al mismo tiempo, la violencia y la guerra no dan tregua, y destruyen los medios de subsistencia de la población aumentando el número de refugiados y migrantes y ocasionando la muerte de muchísimos hombres, mujeres y niños.

No obstante, incluso en estas circunstancias, en el aire se percibe el sonido de los ángeles proclamando el nacimiento de Cristo con gran alegría. Como cristianos, en este acontecimiento singular, el nacimiento del niño Jesús en un pueblo remoto en los confines del Imperio Romano, vislumbramos los frágiles comienzos de nuestra propia redención.

Como creyentes, sabemos que en la encarnación del Señor, Dios, el creador y sustentador de toda vida, se nos acerca, nos ama con compasión, nos libera y nos acompaña. Como personas esperanzadas, en el nacimiento de Jesús, vislumbramos el “sí” de Dios a la vida, y el nacimiento de nuevas posibilidades, de una nueva vida que triunfa sobre la muerte y la desesperanza. La encarnación es el “sí” decisivo de Dios a la humanidad y la Creación. En la encarnación, Dios se preocupa por nosotros y nos eleva, se despoja de sí mismo para identificarse con nosotros, por su gracia se hace humano para hacernos como él.

Esta visión se recoge en el tema de la próxima Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias que tendrá lugar en Karlsruhe (Alemania): “El amor de Cristo lleva al mundo a la reconciliación y la unidad”. Animado y guiado por esta visión de la encarnación de Cristo, oro por los fieles y líderes de nuestras iglesias miembros y por todas las personas con las que compartimos este planeta para que el miedo dé paso a la alegría, y para que este año marcado por la tristeza, la soledad y el sufrimiento abra el camino a la esperanza, el coraje y el servicio de amor en aras de la justicia y la paz.

En un mundo de dolor y muerte, el acontecimiento de la Navidad nos permite hallar consuelo, mantener la frente en alto con esperanza y vislumbrar en la fe profunda el triunfo de la vida y el amor que representa el nacimiento de Jesús. Es la buena nueva que infunde una gran alegría a todas las personas. Por eso, a pesar de todo, con nuestros villancicos tradicionales cantamos junto con los ángeles: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres de buena voluntad!” (Lucas 2:14).

Rev. Prof. Dr. Ioan Sauca
Secretario general interino
Consejo Mundial de Iglesias