Con agradecimiento a la familia ecuménica

En 2020, el Rev. Dr. Olav Fykse Tveit dejó su cargo en calidad de secretario general del CMI para convertirse

en obispo presidente de la Conferencia Episcopal de la Iglesia de Noruega. Escribo estas palabras en calidad de secretario general en funciones, cargo que asumiré hasta finales de diciembre de 2022, a fin de velar por la continuidad del liderazgo del CMI hasta la celebración de la 11a Asamblea.

Lo que hemos vivido juntos a lo largo de 2020 –aunque buena parte de ese estar ‘juntos’ haya ocurrido de forma virtual– sin duda ha planteado retos inesperados. La pandemia llevó al CMI
a aplazar la reunión del Comité Central, inicialmente prevista

para marzo de 2020, para celebrarla en línea en junio de 2021.
El Comité Ejecutivo del CMI ha procurado buscar y crear nuevas formas de reunirse en línea para que la comunidad de iglesias pueda avanzar unida en la peregrinación de justicia y paz. Pero
al hacer frente a estos desafíos, nuestras experiencias han traído también bendiciones inesperadas, especialmente la intensificación de nuestra colaboración con nuestros hermanas y hermanos de las organizaciones regionales ecuménicas.
Cuando veo a las comunidades locales trabajar juntas para

sanar un mundo herido, encuentro la esperanza. Cuando veo gestos de amor compasivos y concretos que nacen de la solidaridad, encuentro la esperanza. Cuando veo que hemos integrado profundamente nuestra visión de nosotros mismos como una única familia humana, encuentro la esperanza.

En nuestro camino común de peregrinación en calidad de comunidad mundial de iglesias, estamos llamados a buscar y mantener la esperanza, incluso cuando, en momentos de flaqueza, dudemos de nosotros mismos o nos cueste reunir energías para cuidar de todos nuestros prójimos y de la creación.

Durante 2020, la pandemia de COVID-19 causó un profundo sufrimiento en todo el mundo. Han fallecido millones de personas y muchas más sufren las consecuencias del virus. Hemos sufrido pérdidas en nuestra propia comunidad ecuménica, que ha padecido la pandemia tanto a nivel personal como profesional. Nos
vimos obligados a cerrar temporalmente el hotel y el centro de conferencias de Bossey, y a reestructurar parte de las actividades
de los programas del CMI. Estábamos todos tan habituados a prestar servicio personalmente a las iglesias miembros, en nuestros esfuerzos por fomentar el diálogo interreligioso e intercultural, por aprender de las diversas comunidades y por orar juntos.

Aún así, hemos dado con formas de acercar a la comunidad mundial para afrontar juntos los, a menudo, desconcertantes

contratiempos y dificultades del camino. No solo seguimos andando, sino que en nuestro sufrimiento, nos hicimos más fuertes y vislumbramos un futuro a pesar de nuestras pérdidas; y han sido muchas nuestras pérdidas. Hemos llorado la pérdida de tantos miembros de la familia ecuménica en manos de la COVID-19 y otras causas. Oramos por sus familias y seres queridos.

El Informe anual de 2020 del CMI, con el tema “Sustentar
la comunidad en tiempos de excepción”, relata la historia de cómo el CMI siguió adelante. A través de servicios de oración, reuniones, seminarios web, pódcasts, publicaciones y la narración de relatos personales, fue posible difundir las experiencias de las iglesias miembros del CMI. Aprendimos unos de otros que los valores humanos no solo son compatibles con nuestras identidades confesionales particulares, sino que estos las realzan.

Prosigamos nuestro viaje juntos en la fe, la esperanza y el amor.

Rev. Prof. Dr Ioan Sauca

Secretario General en funciones,
Consejo Mundial de Iglesias