Entre los miembros del Comité Ejecutivo del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), reunido en Bossey (Suiza) del 7 al 11 de noviembre de 2022, hay representantes de comunidades y naciones que ya están haciendo frente a los efectos catastróficos del cambio climático, pero cuyos llamados urgentes a otros miembros de la comunidad internacional han sido desatendidos. Una delegación del CMI aúna fuerzas con los asociados ecuménicos, interreligiosos y de la sociedad civil en la 27ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 27), que se celebra en Sharm El-Sheikh (Egipto), para abogar urgentemente por el cambio, por la metanoia.

Nos unimos en la oración por las víctimas presentes y futuras de esta catástrofe de origen humano, así como por nuestros hermanos y hermanas en la COP 27 que siguen dando testimonio en aras de la solidaridad internacional colectiva y la adopción de medidas urgentes para hacer frente a esta amenaza común a la vida.

Recordamos y reafirmamos la declaración de la 11a Asamblea del CMI sobre “El planeta vivo: en busca de una comunidad mundial justa y sostenible”[1] y sus llamados a los gobiernos, así como a las iglesias miembros y los asociados ecuménicos. Compartimos el sentimiento de urgencia expresado en las vehementes palabras del secretario general de la ONU: “Estamos en una autopista hacia el infierno climático con el pie en el acelerador. Nuestro planeta se acerca rápidamente a puntos de inflexión que harán irreversible el caos climático”.

La COP27 brinda una oportunidad decisiva a los gobiernos para que juntos se replanteen, desarrollen, se comprometan y apliquen una hoja de ruta para un futuro poscrecimiento, justo, sostenible y sin combustibles fósiles, y hagan frente al mayor desafío existencial para la vida en el planeta.

Por lo tanto, en apoyo de los esfuerzos que se están llevando a cabo en la COP17, el Comité Ejecutivo del CMI insta a los gobiernos a:

  • asumir compromisos más ambiciosos y adoptar medidas más eficaces —en particular, los países que son los principales responsables históricos del cambio climático y tienen las mayores capacidades financieras y tecnológicas— a fin de reducir rápidamente el ritmo de las emisiones de gases de efecto invernadero;
  • proporcionar un financiamiento climático suficiente, oportuno y adicional a los países vulnerables y en desarrollo que les permita mitigar y adaptarse al cambio climático, especialmente en el sector agrícola;
  • establecer un mecanismo financiero de ‘pérdidas y daños’ para compensar a las comunidades y los países más afectados por los efectos del cambio climático y apoyar sus esfuerzos para aumentar la resiliencia; y
  • impulsar una cooperación internacional que frene ya la expansión de combustibles fósiles y emprenda una transición justa para abandonar el carbón, el petróleo y el gas.

Reiteramos el llamado de la 11a Asamblea a todas las iglesias miembros y asociados ecuménicos de todo el mundo “a que presten a la emergencia climática la atención prioritaria que merece una crisis de dimensiones tan inéditas y globales, tanto en sus palabras como en sus acciones” y “a adoptar todas las medidas posibles en nuestros propios contextos para ayudar a impulsar una transición justa hacia un futuro sostenible”.

“Enséñame, oh Señor, tu camino,
y yo caminaré en tu verdad” (Salmo 86:11).


[1] https://www.oikoumene.org/es/resources/documents/the-living-planet-seeking-a-just-and-sustainable-global-community