Textos:

Isaías 41:17-20
Isaías 55:1

Reflexión

Isaías 41 lo expresa claramente: el agua es el don de Dios para toda la creación. Para saciar la sed de los pobres y necesitados, Dios abrirá ríos sobre las cumbres áridas, y manantiales en medio de los valles; convertirá el desierto en lagunas, y la tierra reseca en fuentes de agua. Hará crecer en el desierto cedros, acacias, mirtos y olivos, y pondrá en la región árida cipreses, olmos y abetos. El Creador provee estos milagros para nosotros; entendemos que el agua y la creación que depende de ella son sagradas, y que Dios nos ha proporcionado el agua para todos, especialmente para los pobres y los necesitados. Además, en Isaías 55, Dios promete que nadie será privado de agua: aunque no tengan dinero, deben tener acceso al agua potable.

Es peligroso, pues, que reduzcamos el valor del milagro del agua a un valor monetario y que pensemos en el agua como un “bien” económico, un mero insumo para la producción o una mercancía que se compra y se vende en Wall Street. El peligro es que nos volvamos insensibles con respecto al agua: conocemos su precio, pero no somos capaces de apreciar su valor como fuente de toda la vida. En nuestras mentes, el agua se convierte en otra forma de ganar dinero fácil.

Considerar el agua como un bien económico más nos lleva a abusar del don de Dios del agua. Bebemos agua embotellada en lugar de agua del grifo por mera comodidad. Con esa práctica, se desperdicia un litro entero de agua en el proceso de embotellado por cada litro que bebemos, y se contamina nuestro planeta con plástico. Permitimos que se les corte el acceso al agua a los pobres en ciudades como Flint y Detroit. Las familias a las que se les ha cortado el agua por impago tratan de sobrevivir sin agua del grifo. Estos cortes se han producido incluso en medio de la pandemia de coronavirus, en la que los expertos en salud pública nos aconsejan continuamente que nos lavemos las manos con frecuencia para evitar esta enfermedad debilitante y mortal.

Tratar el agua como un insumo más para cultivar o fabricar otros productos fomenta el despilfarro agrícola e industrial del agua. Las estadísticas nos muestran que el 70% del uso de agua dulce se destina a la agricultura y que, no obstante, un tercio de los alimentos producidos se desperdicia. La agricultura a gran escala y la fabricación industrial merman los ríos hasta el punto de que los peces y otras criaturas mueren. El río Colorado, el más largo de Norteamérica, está tan mermado por las extracciones agrícolas, industriales y municipales que ya no llega al mar. Más de una docena de grandes ríos estadounidenses están en una situación similar.

La agricultura industrial y las industrias manufactureras contaminan nuestros ríos y aguas subterráneas con sustancias tóxicas. Las aguas de casi la mitad de nuestros ríos y un tercio de nuestros lagos están tan contaminadas que no son aptas para bañarse, y mucho menos para beber. Las actividades humanas también contaminan muchos acuíferos de agua potable con productos químicos que hacen que sus aguas sean demasiado tóxicas para su consumo.

La codicia humana ha provocado otro grave e histórico abuso del agua. Ahora permitimos que los especuladores de Wall Street compren y vendan futuros del agua. Los ricos, que no necesitan el agua que compran, pueden ahora obtener beneficios comprando y vendiendo contratos de futuros para adquirir el derecho a la distribución del agua en California de cara a los próximos años. Estos codiciosos especuladores apuestan por el valor futuro del agua y controlan así la distribución del agua que los ciudadanos de California poseen legalmente y deberían poder gestionar. Si algún grupo de especuladores consigue monopolizar el mercado del agua de California (que actualmente alcanza un valor de solamente mil millones de dólares), puede hacer que el precio del agua se dispare y obligar a los agricultores a dejar sus tierras en barbecho para no tener que pagar cantidades exorbitantes por el agua. Este es el abuso más condenable y verdaderamente inconcebible del agua, totalmente desconectado del uso razonable de nuestro recurso más preciado. El relator especial de la ONU sobre los derechos humanos al agua potable destaca la prioridad del uso del agua de acuerdo con su mandato:

 ”El agua para la vida: el agua utilizada para la vida humana y necesaria para la misma debe tener la máxima prioridad”. “El agua para las personas: el agua utilizada para uso doméstico y personal, incluidos los servicios de saneamiento, es la siguiente prioridad”. “El agua para la economía: el agua utilizada para actividades legítimas de desarrollo económico no debe tener prioridad sobre el ‘agua para la vida’ y el ‘agua para las personas’”.

Por lo tanto, estos abusos del don de Dios del agua son el resultado de la codicia humana. Como nos advirtió Jesús en repetidas ocasiones, amar el dinero más que la creación de Dios, más que a los pobres y los necesitados, o más que a Dios no puede conducir a nada bueno. Reclamemos el agua a aquellos que están enamorados del dinero y proclamemos el verdadero valor del agua como un don de Dios, un derecho humano, un milagro espiritual y la fuente de toda vida.

Preguntas:

  1. ¿En qué lugar siente asombro y se maravilla ante la presencia del agua de Dios: en qué lago, manantial, arroyo, río u océano?
  2. Imagine cómo se sentiría si ese lugar se secara por culpa de la codicia humana. ¿Ayudaría a evitarlo? ¿Qué podría hacer? 

Acciones:

  1. En lugar de usar agua embotellada, use una botella de agua reutilizable y llénela con agua potable o agua filtrada del grifo. Cuando la llene cada mañana, pronuncie una breve oración por el don del agua de Dios.
  2. Participe en un grupo local o nacional que apoye el derecho humano al agua y se oponga a la mercantilización del agua. Pida al grupo que se plantee la posibilidad de crear una campaña contra los mercados especulativos del agua.

Recursos

  1. Comprender “los males” de los mercados de futuros del agua.
  2. Recursos del grupo Food & Water Watch sobre el control empresarial del agua (en inglés).
  3. Campaña por el agua de la organización Corporate Accountability.
  4. Declaración del relator especial de la ONU sobre el futuro del agua (en inglés).
  5. Informe del relator especial de la ONU sobre la privatización del agua.

* Susan Smith es profesora de Derecho y directora del Programa de Certificación en Sostenibilidad de la Universidad de Willamette (EE.UU). Representa a la Iglesia Unida de Cristo en el Grupo de Referencia Internacional de la Red Ecuménica del Agua (REDA) del CMI. Dinesh Suna, luterano originario de la India, coordina la REDA del CMI desde Ginebra.