World Council of Churches

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09-06-99 Declaración sobre la crisis de la deuda

09 de junio de 1999

LAS PROPUESTAS DEL G8 SON INSUFICIENTES
(9 de junio de 1999)

El Consejo Mundial de Iglesias (CMI) considera que las diferentes propuestas formuladas hasta la fecha por los gobiernos del G8 para resolver la crisis de la deuda son insuficientes por lo que exhorta a los dirigentes a proponer medidas mucho más radicales en su reunión de Colonia la próxima semana. Es la falta de voluntad política y no de recursos financieros lo que hace tan difícil encontrar una solución duradera al problema de la deuda.

Los primeros resultados de la "Iniciativa en favor de la reducción de la deuda en los países pobres muy endeudados" han puesto en evidencia que esa iniciativa no ha podido resolver los problemas de los países que, de conformidad con las condiciones establecidas en el marco de la Iniciativa, tienen derecho a una reducción de su deuda. El resultado más probable de la reunión en Colonia será una ampliación de la Iniciativa y una leve mejora de las condiciones, lo que no significa un gran avance y supone seguir vinculando la cancelación de la deuda a la estabilización y las medidas de ajuste estructural impuestas por el FMI.  

Cristianos e iglesias del Sur y del Norte se muestran cada vez más preocupados en cuanto a la forma en que los principales agentes de la economía mundial manipulan las relaciones económicas y negocian reglamentos que favorecen sus propios beneficios, crecimiento e influencia. La falta de una respuesta adecuada al llamamiento en favor de la condonación de la deuda externa provocará críticas de los sistemas financieros y comerciales mundiales por parte de un número cada vez mayor de personas, a las que vendrán a sumarse las voces de los que ya denuncian las devastadoras consecuencias de la especulación y el flujo transnacional de capital financiero descontrolados.

Los gobiernos del G8 y las instituciones de Bretton Woods (Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional) comparten la responsabilidad principal de las causas fundamentales de la crisis de la deuda; esas instituciones incentivaron primero una actitud irresponsable en la concesión y solicitud de préstamos y más tarde elevaron los tipos de interés con el resultado que los países endeudados se vieron atrapados en interminables ciclos de empréstitos y comenzaron a perder el control de sus asuntos internos a nivel financiero, económico y social, viéndose forzados a aplicar los programas de estabilización y ajuste estructural del FMI. Los gobiernos de los países endeudados se ven forzados a dar prioridad al reembolso de la deuda antes que a gastos en materia de salud, saneamiento, agua potable, educación y otras necesidades sociales. En muchos casos eso también ha debilitado las instituciones democráticas locales y ha sido una puerta de entrada a la corrupción.

Si los gobiernos del G8 están verdaderamente preocupados por la pobreza y el empobrecimiento, deberían acompañar las iniciativas para la condonación de la deuda con una verdadera reforma del sistema financiero y comercial y acceder a lo que piden los gobiernos y la sociedad civil, a saber, un mayor control del flujo de capital transnacional. Ahora bien, la respuesta del G8 a la crisis asiática, que puso en evidencia la volatilidad del sistema financiero mundial, apunta en dirección totalmente opuesta, por cuanto supone el apoyo del Acuerdo Multilateral sobre Inversiones y una mayor concentración de poder en manos del Banco Mundial, el FMI, la OMC y, de forma indirecta, de las compañías transnacionales.

Reunidas en la Octava Asamblea del CMI en Harare el pasado mes de diciembre, las iglesias afirmaron la importancia de la visión bíblica del Jubileo, que exhorta de forma crítica a superar periódicamente la injusticia estructural y la pobreza y a liberarse de la deuda y la esclavitud, así como a restaurar las relaciones justas. La Asamblea de Harare no sólo hizo suyos los objetivos de las coaliciones para el jubileo del año 2000; también instó a los dirigentes de las naciones del G8 a reconocer la urgente necesidad de:

a. condonar las deudas de los países más pobres para que al entrar en el nuevo milenio puedan volver a empezar;

b. Reducir considerablemente las deudas de los países de ingresos medios dentro del mismo plazo

c. Aceptar que la condonación de la deuda no puede depender de que se hayan reunido las condiciones establecidas por los acreedores;

d. Adoptar un nuevo procedimiento de arbitraje, independiente y transparente, para negociar y ponerse de acuerdo sobre la condonación de la deuda internacional;

e. Aplicar medidas para promover la responsabilidad y la transparencia por parte de los países deudores cuando se condone la deuda. Esas medidas deberán ser determinadas y controladas por organizaciones comunitarias locales, incluidas las iglesias y otras organizaciones representativas de la sociedad civil, velando por que la condonación de la deuda conduzca a una distribución justa de las riquezas;

f. Utilizar su poder para conseguir que los fondos ilícitamente transferidos a cuentas bancarias extranjeras secretas sean devueltos a los países deudores;

g. Iniciar, en consulta con la sociedad civil, un proceso de reforma económica mundial encaminado a una justa distribución de las riquezas y a la prevención de nuevos ciclos de deuda.


El CMI seguirá colaborando activamente con las iglesias miembros, las organizaciones ecuménicas y los grupos que se esfuerzan por proponer alternativas justas y sostenibles. La visión bíblica del Jubileo entraña y abarca más que una campaña. Es una señal de esperanza para los pueblos que luchan por la justicia económica y por afirmar la vida.