World Council of Churches

Una comunidad mundial de iglesias que buscan la unidad, el testimonio común y el servicio

06-00 La mundialización no es la única alternativa

01 de junio de 2000

Carpeta de documentación preparada por el Equipo Justicia, Paz y Creación del CMI para el Período Extraordinario de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas en junio de 2000 en Ginebra sobre desarrollo social

INTRODUCCIÓN

Esta carpeta contiene documentación de referencia en la búsqueda de soluciones a las injusticias socioeconómicas inherentes al proceso de mundialización actual. Esta documentación tiene como objetivo:

  • dar a conocer las acciones que se llevan cabo en el mundo;
  • instar a las iglesias y a los interlocutores ecuménicos a participar en esta acción y a comunicarnos sus puntos de vista;
  • apoyar los signos de esperanza y las iniciativas en favor de alternativas a la mundialización.

Esta documentación incluye:

  • una invitación a que ustedes formulen y nos envíen declaraciones en el marco del Período Extraordinario de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre el desarrollo social que tendrá lugar en junio de 2000 en Ginebra;
  • informaciones sobre las iniciativas relativas a la condonación de la deuda; información actualizada sobre la situación tras el tercer período de sesiones de la Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio en Seattle;
  • los mensajes formulados en un Simposio ecuménico sobre las consecuencias de la mundialización de la economía, celebrado en Bangkok, en noviembre de 1999.

GINEBRA 2000

El Período Extraordinario de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre desarrollo social (que se conoce actualmente con el título de "Ginebra 2000") se celebrará en junio de 2000 en Ginebra y constituye un importante acontecimiento del programa de las Naciones Unidas.

Ginebra 2000 es una oportunidad para que las iglesias:

  • afirmen su compromiso en favor del desarrollo social,
  • pongan de relieve la importancia de la erradicación de la pobreza,
  • pongan en tela de juicio la ideología neoliberal,
  • insten a la condonación de la deuda externa, y
  • propugnen medidas contra el movimiento masivo de capitales para especulación en la "economía de casino".

El llamamiento en favor de la condonación de la deuda es un elemento central de los esfuerzos de las iglesias este año, que van más allá de su acción en el marco de Ginebra 2000. El Grupo de los Ocho (cumbre anual de los jefes de Estado de los países más industrializados y de Rusia) se reunirá en Okinawa en julio de 2000. La red Jubilee 2000 ha invitado a esos jefes de Estado a tomar la decisión de condonar todas las deudas de los "países pobres muy endeudados" (PPME), y de proclamar el día 23 de julio "día de la decisión sobre la deuda".

INVITACIÓN

Para preparar Ginebra 2000, el Comité Ejecutivo del CMI ha invitado a todas las iglesias miembros del Consejo Mundial de Iglesias, las Comuniones Mundiales Cristianas, las organizaciones ecuménicas y otras organizaciones a formular una declaración. El objetivo de esa declaración es exponer el compromiso que se ha contraído en favor de un desarrollo en el que se dé prioridad a las personas, como respuesta a la opción de Dios por los pobres. Será un llamamiento a los gobiernos a cambiar de actitud y a demostrar su voluntad política de erradicar la pobreza, condonar las deudas externas y comprometerse a aplicar una política financiera clara destinada a apoyar el desarrollo social para todos.

Los invitamos a:

a) comunicar su declaración a los respectivos interlocutores ecuménicos;

b) transmitirla al Gobierno de su país;

c) prever la difusión de esa declaración en los medios de información de su país durante las semanas que precedan al Período Extraordinario de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas que comenzará el 26 de junio en Ginebra;

d) enviar una copia de su declaración al CMI, de preferencia antes del 1 de junio. Su declaración sumada a las de otras iglesias miembros y organizaciones ecuménicas será un aporte a la labor de información y de promoción del CMI durante el Período Extraordinario de Sesiones y un testimonio del compromiso de las iglesias en el mundo; y,

teniendo en cuenta que algunos amigos ecuménicos no querrán ciertamente limitar su contribución a un simple comunicado de prensa o una declaración, también los instamos a enviar al CMI cintas magnetofónicas y videocasetes sobre las actividades en favor de la erradicación de la pobreza, la condonación de la deuda externa y otras cuestiones relativas al desarrollo social en el respectivo país.

COPENHAGUE 1999

En marzo de 1995, los representantes de 186 países, de los cuales 117 jefes de Estado y de Gobierno, se reunieron en Copenhague con ocasión de la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social de las Naciones Unidas. Esta reunión convocó más dirigentes mundiales que ninguna otra conferencia internacional. Se aprobó un ambicioso y amplio plan de acción, cuyo objetivo era situar al ser humano en el centro del desarrollo.

Las tres cuestiones sociales más importantes previstas en el plan de acción son las siguientes:

la pobreza / el pleno empleo / la integración social


El elemento central de la Declaración de Copenhague y el Programa de Acción es una serie de 10 importantes compromisos:

  • erradicar la pobreza, "como imperativo ético, social, político y económico de la humanidad" (Compromiso N° 2);
  • promover el pleno empleo como prioridad básica de las políticas económicas y sociales (Compromiso N° 3);
  • promover el acceso universal y equitativo a la educación y a la atención primaria de salud (Compromiso N° 6);
  • promover la integración social mediante la protección de todos los derechos humanos (Compromiso N° 4);
  • lograr la igualdad y la equidad entre hombres y mujeres (Compromiso N° 5);
  • acelerar el desarrollo del continente africano y de los países menos adelantados (Compromiso N° 7);
  • velar por que los programas de ajuste estructural incluyan objetivos de desarrollo social (Compromiso N° 8);
  • aumentar los recursos asignados al desarrollo social (Compromiso N° 9);
  • crear un entorno económico, político, social, cultural y jurídico que permita el logro del desarrollo social (Compromiso N° 1); y
  • fortalecer la cooperación para el desarrollo social por medio de las Naciones Unidas (Compromiso N° 10).

Cada uno de estos compromisos está acompañado de una serie de iniciativas específicas, tanto a nivel nacional como a nivel internacional, y de un detallado Programa de Acción. Teniendo en cuenta la amplitud y el nivel del consenso internacional en el que se basaban, se manifestó un sentimiento general de optimismo en cuanto a la posibilidad de poder cumplir con los compromisos.

Fracaso en el ámbito de la distribución de la riqueza y el poder.

Cinco años después de la Cumbre de Copenhague, ese optimismo se ha desvanecido casi por completo. Es escandaloso que la concentración de los ingresos, los recursos y la riqueza haya continuado en aumento, mientras que la mayor parte de la población mundial se ha visto gravemente afectada y es más pobre actualmente que hace 5 años.

  • Los tres multimillonarios más ricos del mundo poseen una fortuna superior al PIB total de los 48 países menos adelantados que tienen una población total de 600 millones de habitantes.
  •  Los activos de las 200 personas más ricas del mundo (más de 1 billón de dólares EE.UU.) representan un monto superior al promedio de los ingresos del 41% de la población mundial.
  • La diferencia de ingreso entre la quinta parte de la población mundial que vive en los países más ricos del mundo y la quinta parte que vive en los países más pobres, es cada vez mayor. En 30 años, la proporción se duplicó, pasando de 30 a 1, en 1960, a 60 a 1, en 1990; y elevándose a 74 a 1, en 1997. La diferencia entre ricos y pobres en los países más ricos también se está acentuando.
  •  Al comenzar el nuevo milenio, aproximadamente mil quinientos millones de personas viven en condiciones de pobreza absoluta. Bastaría un quinto de la riqueza de las 225 personas más ricas del mundo, para poder obtener suficientes alimentos, vivienda, atención básica de salud y educación para todos los que no pueden satisfacer esas necesidades básicas en el mundo.
  •  Sólo unas 100 sociedades transnacionales, situadas en los países muy industrializados, impulsan la mundialización de la economía. El 70% de toda la actividad comercial se lleva a cabo en el marco de esas sociedades transnacionales que generan el 80% de las inversiones extranjeras directas y son dueñas de un quinto de todos los activos en manos extranjeras. Sin embargo, sólo dan empleo a menos del 3% de la mano de obra mundial.
  • Se han deteriorado los términos de intercambio para la mayoría de los países en desarrollo. Muchos de estos países han llegado a ser más dependientes del capital extranjero debido a los déficits en las balanzas comerciales y a la caída de los ingresos de exportación. Los países asiáticos, además de Rusia, Brasil y otros, se han visto gravemente afectados por crisis financieras provocadas por repentinos movimientos masivos de capital para especulación.
    Fuente:PNUD, Informes 1998 y 1999 sobre Desarrollo Humano, Coalición Ecuménica por la Justicia Económica (Canadá), Informe sobre Justicia Económica X # 3, 1999.

Poco queda de las maravillosas promesas de la Cumbre de Copenhague. Las guerras que suelen librarse con objeto de tener acceso a los recursos y controlarlos, las guerras civiles, las frecuentes catástrofes naturales y el VIH/SIDA son indudablemente obstáculos al desarrollo. Sin embargo, el peso de la deuda y los efectos negativos de la mundialización de la economía constituyen las limitaciones más graves al desarrollo en estos últimos años.

Las cifras demuestran claramente que:

la mundialización de la economía ha inducido, por un lado, una redistribución de la riqueza en beneficio de los que ya eran poderosos y ricos, y, por otro lado, una desintegración social y la degradación del medio ambiente.

Principales preocupaciones después de Copenhague

El CMI ha participado en el seguimiento dado a la Cumbre de Copenhague mediante el envío de delegaciones a las reuniones de la Comisión de Desarrollo Social. Esas delegaciones han formado un equipo ecuménico integrado por miembros del personal de la oficina de Nueva York del CMI, por representantes de la FLM y de la Iglesia Metodista Unida residentes en esa ciudad, y por delegados de algunas iglesias miembros, particularmente de América del Norte y Europa.

El CMI organizó una reunión en su sede, en enero de 2000, con la participación de miembros del equipo ecuménico y de algunas ONG, como Social Watch y el International Council on Social Welfare. También asistió a la reunión un representante de la organización católica romana Coopération Internationale pour le Développement et la Solidarité (CIDSE). El objetivo de esta reunión era planificar la participación en el proceso preparatorio y determinar los problemas importantes que deberían tratarse.

Los participantes en la reunión del pasado mes de enero destacaron los siguientes temas principales:

  • La prioridad de la erradicación de la pobreza: Durante el proceso preparatorio de Ginebra 2000 se ha intentado reemplazar la meta de la erradicación de la pobreza, introducida en la Cumbre de Copenhague, por el objetivo de una reducción del 50% de la cantidad de personas que viven en condiciones de pobreza absoluta, en el plazo de 15 años hasta 2015. Sin embargo, en el Informe 1997 sobre Desarrollo Humano del PNUD se demuestra que es posible erradicar la pobreza, en el mismo plazo, utilizando escasos recursos adicionales. Con la adopción del nuevo objetivo, se reconoce tácitamente que no ha habido ningún intento convincente de cumplir con los compromisos de Copenhague, que deben seguir siendo el objetivo prioritario. La familia humana ya no puede seguir tolerando el escándalo de la pobreza.
  • La crítica a la ideología neoliberal y la búsqueda de alternativas: No se trata de que las metas de la Cumbre de Copenhague hayan sido poco realistas o demasiado ambiciosas, sino de que los medios escogidos para alcanzarlas no eran los correctos. Los protagonistas de la mundialización de la economía, convencidos del efecto bienhechor de las fuerzas del mercado, se niegan a reconocer que, cuando la economía se organiza sólo sobre la base de la desregulación de los mercados, las ganancias y la eficacia, hay un número cada vez mayor de víctimas. Esta "idolatría del mercado", así como la justificación de la exclusión social, política y económica de muchos, e incluso de naciones enteras, deben ser rechazadas por las personas que tienen una fe religiosa dado que constituyen una amenaza a la dignidad humana y a los valores fundamentales de la vida, que son comunes a todas las religiones del mundo. Es esencial mantener un marco cualitativo para la economía.
  • La condonación de la deuda externa: El intolerable peso de la deuda ha minado y destruido los logros de muchos años de esfuerzos de desarrollo. Las actuales propuestas para la gestión de la deuda, como la iniciativa en favor de los países pobres muy endeudados (PPME), ofrecen poco, demasiado tarde, y a muy pocos países, dejando sin resolver el devastador ciclo de la acumulación de la deuda.
  • La necesidad de un sistema financiero diferente: Los defectos de funcionamiento de los sistemas financieros internacionales con frecuencia arrasan, en pocas horas, con los progresos logrados por determinados países. La inversión extranjera directa, centrada sólo en un pequeño número de países, no ha llegado a ser el motor del desarrollo del que hablan los representantes de las empresas. La competencia que se establece para atraer la inversión extranjera directa sólo ha servido para preparar el terreno a la actuación de las sociedades transnacionales y de los inversionistas extranjeros en detrimento de la población y de las industrias nacionales. En la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social de 1995, las ONG no pudieron romper el tabú que impide el examen del impuesto Tobin (propuesta para regular la especulación excesiva por medio de un impuesto) así como de otras medidas para controlar el movimiento transnacional de capital, que aún siguen sin abordarse.
  • La responsabilidad y transparencia por parte de los principales protagonistas de la mundialización de la economía: Los efectos de las estructuras de la economía, como las políticas comerciales, financieras y monetarias, en la vida de las comunidades, las sociedades y los países, requieren mecanismos pertinentes tanto a nivel nacional como internacional para garantizar la adopción de políticas equitativas y sostenibles. Los agentes financieros y económicos internacionales, en particular el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la OMC, deben rendir cuentas de forma real y sin restricciones ante el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC). Es absolutamente necesario imponer códigos de conducta eficaces a las sociedades transnacionales y las instituciones de inversión financiera. Este punto de vista es contrario a la opinión de aquellos que continúan propugnando la aplicación del Acuerdo Multilateral sobre Inversiones (AMI) propuesto a la OMC, aunque haya sido rechazado cuando fue presentado por la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). (Aunque la OMC está sin duda alguna estudiando el proyecto AMI, aún no figura en el orden del día de sus reuniones.)
  • Un llamamiento en favor de nuevas iniciativas de apoyo a los países africanos: Se necesita una férrea voluntad política para cambiar la situación actual del continente africano. Las coaliciones Jubilee South y Consensus Africa han elaborado propuestas para un enfoque global de la situación del continente africano. Y esas propuestas necesitan el apoyo de las iglesias y de las organizaciones ecuménicas.

SE NECESITA CON URGENCIA UNA SOLUCIÓN GLOBAL AL PROBLEMA DE LA DEUDA

La continuada negativa a tratar de manera global el problema de la deuda es garantía del empeoramiento de la crisis. La iniciativa sobre la deuda que tomó el Grupo de los Ocho (G8) en su reunión de junio de 1999 en Colonia ha comenzado a dar signos de desfallecimiento. Las medidas que siguieron se concentraron en mejorar lo que se llamó la Iniciativa para la reducción de la deuda de los países pobres muy endeudados (PPME), una propuesta acordada por el Grupo de los Siete en su reunión cumbre de 1996. En la cumbre de Colonia se puso en marcha una segunda iniciativa en ese sentido (PPME-II), en virtud de la cual el G8 daría un paso más al declarar la condonación total de la deuda por considerarla imposible de pagar, por una parte, y aumentar de 41 a 52 el número de países oficialmente considerados como países pobres muy endeudados (PPME), por otra parte.

Ahora bien, Jubilee 2000 (RU) ha revelado que, aun cuando las medidas se aplicaran a la totalidad de los 41 países considerados PPME, las condiciones impuestas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, en general, sólo supondrían "alivio" de una deuda que ya no se está pagando, y que las instituciones financieras internacionales saben perfectamente que nunca se pagará.

1. Retrasos en la condonación
En Colonia, el G8 acordó condonar 100 mil millones de dólares EE.UU. de la deuda de 36 países como máximo. Hace ya más de ocho meses que el G8 anunció la iniciativa. Sin embargo, de los 36 países, sólo cuatro se tuvieron en cuenta para proceder a la condonación parcial de la deuda con arreglo a la iniciativa PPME-II. Estos países fueron Bolivia, Mauritania, Mozambique y Uganda. El plan consistía en que 25 países pudieran acogerse a la iniciativa antes de finalizar el año 2000.

El legado de la iniciativa PPME-I, y las numerosas condiciones ligadas a su utilización, han resultado en nuevas complicaciones y retrasos en la aplicación de la iniciativa PPME-II a los 25 países beneficiarios. Jubilee 2000 (RU) informa de que los 25 países se redujeron luego a 24 cuando se anunció que Ghana, tras fuertes presiones del Gobierno del Japón, se había retirado de la iniciativa.

Jubilee 2000 (RU) también señala que de los 24 países restantes, nueve ya habían cumplido lo que se les exigía en virtud de la iniciativa PPME-I y esperaban beneficiarse de un nuevo alivio de la deuda al amparo de la iniciativa PPME-II. Pero no lo lograron, porque la iniciativa PPME-II añadió aun más condiciones y tuvieron que recomenzar todo el proceso de nuevo.

Ahora bien, este grupo de nueve posibles "casos inmediatos" se redujo luego a ocho al eliminarse a Guyana a raíz de una controversia acerca de la remuneración en el sector público, pese a que el país ya había cumplido todo el proceso de la iniciativa PPME-I.

2. Más demoras en el proceso
Las demoras se pueden atribuir a la iniciativa PPME-II a causa de las nuevas condiciones que comporta. Los países que cumplen los requisitos para acogerse a la iniciativa PPME-II deben ahora presentar un documento de estrategia de lucha contra la pobreza. Esta condición apunta a que los fondos liberados se destinen a la así llamada lucha contra la pobreza mediante la participación de la sociedad civil. El Banco Mundial preparó un conjunto de pautas para ayudar a los gobiernos a organizar el proceso participativo referente a ese documento. Las pautas se dieron a conocer el 12 de enero de 2000.

Mozambique fue eliminado del mencionado grupo de beneficiarios de la iniciativa PPME-II por haberse retrasado en la presentación del documento de estrategia de lucha contra la pobreza.

En realidad, ahora se prevé que sólo tres países se beneficiarán de la iniciativa PPME-II cuando se celebre la reunión Ginebra 2000, un año después de la decisión del G8. Incluso entonces, la masa de la deuda real no quedará cancelada hasta que Bolivia y Uganda hayan terminado el proceso, a finales de este año. Mauritania tendrá que esperar hasta 2002. Mientras tanto, se considera que tres países obtendrán una reducción del 35% en sus pagos anuales del servicio de la deuda.

Lo que se vislumbra como resultado de este largo proceso es una situación de frustración de los PPME. Si lleva un año aplicar la iniciativa PPME-II a sólo dos países, ¿qué se puede esperar por lo que respecta a los 39 países restantes? El alivio que se ofrece seguirá siendo demasiado escaso y llegará demasiado tarde, pues esos países habrán acumulado nuevos atrasos.

Además, es probable que a raíz de los cambios introducidos en la iniciativa PPME-II en la reunión de Colonia, los países deudores tengan que pagar en promedio entre el 15% y el 20% de sus ingresos de exportación cada año (según el documento del FMI y el Banco Mundial sobre las modificaciones de la iniciativa PPME, de julio de 1999).

La organización no gubernamental Jubilee 2000 ha hecho campaña en Alemania para que al menos un 5% de los ingresos de exportación del país, conforme a un acuerdo de 1953, se destinen a esos países. Esta propuesta aún no ha llegado al G7.

3. Se descuida la participación de la sociedad civil
La iniciativa PPME-II requiere que la sociedad civil participe en la preparación de los documentos de estrategia de lucha contra la pobreza. La realidad ha mostrado que los gobiernos del Sur vacilan en dar participación a la sociedad civil, ya sea en los análisis de viabilidad de la deuda, ya en la preparación de políticas económicas relacionadas con las estructuras del endeudamiento a largo plazo.

En la reunión del African People's Consensus (Consenso del Pueblo Africano) celebrada en Nairobi, en agosto de 1999, la Uganda Debt Network (Red de la deuda de Uganda) comunicó que participaba en las deliberaciones con el Gobierno, el Banco Mundial y el FMI en relación con los estudios sobre el análisis de viabilidad de la deuda. Se indicó el problema de que se imponían demasiados trámites burocráticos a las ONG en las etapas finales de los estudios así como la falta de participación de la sociedad civil en la etapa de formulación de los estudios. En otras palabras, la sociedad civil quedaba excluida de la preparación de esos documentos.

En la reunión panafricana de las ONG celebrada en Lusaka, en abril de 1999, se plantearon los casos de Burkina Faso, Malawi, Mozambique, Zambia, Zimbabwe y Tanzania. En todos ellos, se reclamó una mayor participación de la sociedad civil en la formulación de las políticas financieras y económicas.

Así pues, la sociedad civil se organiza, ocupándose no sólo del problema de la condonación de la deuda sino también de la estrategia económica y social general que permita resolver este problema de manera global.

Hay varias otras iniciativas de este tipo de la sociedad civil que apuntan a nuevas soluciones.

En la Cumbre Sur-Sur sobre la Deuda, celebrada en Sudáfrica en noviembre de 1999, se expusieron casos de exclusión de la sociedad civil. Uno de ellos era el siguiente:

"Recibimos información de los representantes residentes del Banco Mundial y del FMI. Luego tuvimos una reunión de información organizada por el Ministerio de Finanzas de nuestro país, en la que se nos facilitó una nota provisional sobre el proceso del documento de estrategia de lucha contra la pobreza para el alivio de la deuda de los PPME, preparada por nuestro Gobierno sin participación de la sociedad civil. Nos desalentó más aún el desgano del representante del Banco Mundial en presionar al Gobierno respecto de la participación de la sociedad civil, que en Tanzania se realiza por conducto de una coalición sobre la deuda y el desarrollo (TCDD) compuesta de 13 ONG, incluidas las iglesias. 26/01/2000, Dar es Salaam, Tanzania, reunión sobre la participación de la sociedad civil en la preparación del documento de estrategia de lucha contra la pobreza."

Al final del día, todos acordamos que nuestra acción debía llevarse a cabo bajo la égida de la TCDD. Se formaron entonces cinco comités sectoriales de las ONG representadas, designándose para cada uno de ellos un miembro coordinador, a saber:

  • Presupuestación y política macroeconómica, coordinado por el Programa de la red de género de Tanzania,
  • Educación, coordinado por la Secretaría de la red de educación de Tanzania,
  • Salud, coordinado por el Comité de ayudas técnicas de las ONG,
  • Análisis de la pobreza, coordinado por el Instituto de estudios para el desarrollo (Universidad de Dar es Salaam),
  • Seguridad alimentaria, coordinado por Seguridad alimentaria rural (Universidad de Dar es Salaam).

Las dos semanas siguientes, los coordinadores deliberaron con los miembros de su grupo acerca de los asuntos que se debían abordar, agregar, suprimir o modificar en la nota del Gobierno. Más tarde, el Comité directivo de la preparación del documento de estrategia de lucha contra la pobreza y dos representantes de cada grupo sectorial se reunieron en febrero en Dar es Salaam para armonizar los informes en un documento de posición. En marzo, invitaron a todas las ONG (incluso las que no eran miembros de la TCDD) a un foro de la sociedad civil en Dar es Salaam, para adoptar el documento como representativo de la sociedad civil. Se dirigieron luego al Gobierno para exigir su inclusión en el comité técnico para el documento de estrategia de lucha contra la pobreza no en calidad de consultores sino como asociados en el desarrollo."

4. La posición de Jubileo Sur sobre la deuda
Como se señaló anteriormente, la iniciativa PPME-II del G8 contó efectivamente con el apoyo de algunas ONG del Norte que hicieron campaña en favor del Jubileo 2000. Sin embargo, Jubileo Sur (coalición de ONG, iglesias y movimientos de la sociedad civil de más de 43 países del Sur) ha rechazado en varias de sus conferencias las iniciativas PPME, particularmente la presión continua que permiten que ejerza el Norte sobre el Sur mediante las condiciones ligadas a esas iniciativas y otras políticas económicas y financieras etnocéntricas conexas.

Jubileo Sur tiene por misión encarar las causas históricas y estructurales de la deuda y promover alternativas duraderas de justicia económica, social y ecológica. La coalición expresa su posición de la siguiente manera:

"Los pueblos del Sur no pedimos socorro al Norte sino RESTITUCIÓN Y REPARACIÓN por los profundos daños económicos, sociales, políticos, culturales y ambientales infligidos a nuestros países y a nuestros pueblos a través de siglos de colonización y neocolonización RELACIONADAS CON LA DEUDA."

Jubileo Sur cree que el Sur debe instruir ahora al Norte respecto de este asunto. Como se trata de una acción concertada del Movimiento Ecuménico, debería centrarse en:

  • Crear conciencia, por medio de ejemplos, acerca de las soluciones viables a la actual crisis financiera mundial, en la que se inscribe el problema de la deuda.
  • Es preciso que la sociedad civil y las iglesias del Norte hagan frente a los centros de poder económico y financiero del Norte, pues son estos poderes los que han llevado a los países pobres al empobrecimiento, por un lado, y a la acumulación de deuda ecológica, por el otro.

Por lo que respecta al Sur, la acción debe surgir de las luchas de los pueblos del Sur por la transformación nacional y mundial y contribuir a ellas. Las soluciones globales propuestas por el Sur se deberían comunicar a la Cumbre del G7 que tendrá lugar en el Japón en julio de 2000.

Una declaración del CMI y las iglesias miembros podría contribuir a ejercer influencia en esa reunión del G7.

La posición del Sur se resume en las siguientes citas:

"...La deuda es uno de los instrumentos más importantes de la dominación del Norte sobre el Sur y de la dominación del poder financiero sobre las personas, la producción y la naturaleza en todo lugar. Como parte de nuestra lucha para liberarnos de este sometimiento, exigimos la condonación de las deudas en el marco de una lucha más amplia para transformar radicalmente el actual orden económico mundial."... "En suma, rechazamos la iniciativa PPME y los demás procesos actuales relativos a la deuda."(Declaración de Lusaka "Hacia un consenso africano" sobre soluciones viables al problema de la deuda, mayo 19-21 de 1999.)

"No aceptamos la iniciativa de Colonia sobre la deuda anunciada por el G7 como un paso hacia la solución del problema. Rechazamos su insistencia en mantener las condiciones impuestas a los PPME y el ajuste estructural como requisitos previos para la condonación de la deuda. También rechazamos la injerencia creciente del FMI en la formulación y el control de las políticas que rigen nuestras vidas."
(Declaración de Buenos Aires, Por un milenio sin deuda, Coalición Jubileo 2000 de América Latina y el Caribe, septiembre 20-23 de 1999.)

"Exigimos la condonación incondicional, inmediata y total de las deudas del tercer mundo, comenzando por las deudas odiosas e ilegítimas, y nos oponemos a la iniciativa PPME por considerarla una gran manipulación, un plan egoísta para empujar a los países pobres muy endeudados a una dependencia de la deuda aún mayor."
(Declaración de Cebu: Romper el ciclo de la deuda, Campaña de Jubileo Filipinas-Asia contra la deuda, 18 de mayo de 1999.)

CONFERENCIA MINISTERIAL DE LA OMC, CELEBRADA EN SEATTLE EN DICIEMBRE DE 1999

SE RECLAMARON ALTERNATIVAS A LA MUNDIALIZACIÓN

Seattle, en la costa oeste de los Estados Unidos de América, solía ser sinónimo de Microsoft y Boeing para los medios de negocios de todo el mundo. Sin embargo, en el Foro Económico Mundial celebrado este año en Davos (Suiza), muy pocos oradores se refirieron a las dos grandes empresas al mencionar a Seattle, pese a que Bill Gates era una de las celebridades presentes.

Después del espectacular fracaso de la Tercera Conferencia Ministerial de la OMC, en diciembre de 1999, en Seattle, el nombre de la ciudad ha pasado a ser, en cambio, símbolo de la resistencia contra la mundialización de las empresas y del llamamiento a encontrar otras soluciones. En Seattle, el tren expreso de la mundialización no tuvo más remedio que reducir la velocidad.

Nuevas coaliciones

La semana de la reunión de la OMC en Seattle presenció las actividades de una amplia alianza de movimientos sociales, grupos de la sociedad civil, sindicalistas, militantes de grupos religiosos y pacifistas, representantes de iglesias y organizaciones conexas, y miles de jóvenes hartos de la mundialización. Esta alianza se había forjado en medio de las protestas contra el Acuerdo Multilateral sobre Inversiones (AMI), cuando se filtró información sobre negociaciones secretas en el seno de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y algunas organizaciones no gubernamentales la hicieron pública. Como preparación para la protesta de Seattle, grupos de acción directa y coaliciones internacionales organizaron cientos de seminarios, reuniones y talleres de formación en todo el mundo.

Este movimiento se fue haciendo más fuerte a medida que se aproximaba la fecha de la reunión de Seattle. Aun cuando allí los medios de información de todo el mundo centraron sus cámaras en las acciones de un reducido número de revoltosos y saqueadores, no pudieron socavar ni destruir la credibilidad del propio movimiento. Por muchos otros canales de comunicación, la verdadera historia de las víctimas de la brutal represión policial en las calles de Seattle llegó a todo el planeta.

Seattle fue un éxito para los movimientos de resistencia contra los efectos negativos de la mundialización de la economía. Es difícil hacer el inventario de todos los acontecimientos que fueron organizados por los representantes de los pueblos indígenas, de los agricultores, por el movimiento Jubileo Sur, la Red del Tercer Mundo, Focus on Global South o las organizaciones ecuménicas. Las organizaciones ecuménicas locales albergaron a varias de esas asociaciones y realizaron un maravilloso trabajo de apoyo a los huéspedes ecuménicos. En muchos de los cultos, discusiones en grupo, talleres y seminarios, la crítica del modelo económico neoliberal estuvo acompañada de la búsqueda de alternativas viables y de nuevos arreglos sociales e institucionales para crear un espacio que permita llegar a otras soluciones en los planos local, nacional, regional y mundial.

Los miles de militantes convertidos en expertos y especialistas en comercio y desarrollo, que formaban parte de grupos procedentes de todos los continentes sabían de qué hablaban y qué querían conseguir. No desconocían las cuestiones en juego. La experiencia de las personas que se verían afectadas por las decisiones de los delegados comerciales ofreció nuevas perspectivas. El fracaso de la OMC en Seattle dejó claro que los movimientos sociales y los grupos de la sociedad civil reclaman un espacio propio para hacer sus aportaciones al programa mundial.

Un éxito para la resistencia contra la mundialización

Las protestas públicas y el excelente trabajo preparatorio de algunas ONG del Sur, de los miembros del Grupo de Estados Africanos y de otros Estados del Grupo de los 77 (G77) (que engloba dentro del sistema de las Naciones Unidas a los Estados del Sur) arrojaron resultados tangibles. Los países del G77 ya no aceptan que sus problemas queden relegados a un segundo plano, tras los asuntos que tratan de imponer los Estados Unidos, Europa y el Japón. Para los países del G77, la legislación antidumping estadounidense y el hecho de que no se aplicasen los puntos de los acuerdos que podrían beneficiarlos eran las cuestiones prioritarias. También se negaron a aceptar los resultados de las llamadas negociaciones de "sala verde", que solían realizarse a puertas cerradas y en las que la mayoría de ellos no podía participar. La transparencia de las negociaciones de la OMC se convirtió en una cuestión fundamental. Como lo expresaba un grupo de países del Caribe: "Mientras no se respeten debidamente los procedimientos y las condiciones de transparencia, apertura y participación que permitan obtener resultados equilibrados con respecto a los intereses de todos los miembros, no nos sumaremos al consenso para alcanzar los objetivos de esta Conferencia Ministerial."

Los Estados Unidos y la Unión Europea se encontraron en un callejón sin salida respecto de la cuestión del comercio de organismos genéticamente modificados, que suscita una gran oposición por parte de los ciudadanos en Europa. El representante de la Comisión de la Unión Europea ya había cedido a la presión de los Estados Unidos a este respecto a cambio de algunas concesiones en la esfera de la agricultura, cuando los ministros de medio ambiente de la UE lo llamaron al orden. Los ministros sabían exactamente con qué tipo de protesta se enfrentarían en sus países si aceptaban el trato.

Al final, Mike Moore, Director General de la OMC, y Charlene Barshevsky, presidenta estadounidense de la reunión, tuvieron que admitir que no se había podido llegar a un acuerdo entre los delegados. La reunión no emitió una declaración final ni expresó siquiera una palabra de agradecimiento a los huéspedes.

Muy pocos hubieran previsto tal resultado cuando se inició, en 1998, el gran debate sobre una "Ronda del milenio" de la OMC. Esta vez, los Estados Unidos y Europa ya no pudieron imponer su plan a los demás Estados miembros. Esta vez, las voces que pedían alternativas a la mundialización consiguieron hacerse oír.

Una advertencia

Con todo, es preciso también hacer una advertencia. La nueva coalición que se formó en el marco del movimiento de protesta contra el Acuerdo Mutilateral sobre Inversiones (AMI) es en sí misma frágil y refleja las tensiones entre las perspectivas y realidades del Norte y del Sur. A algunas ONG del Norte no les será fácil suscribir los análisis críticos del Profesor Walden Bello, de Focus on the Global South, quien propuso sustituir la OMC por una versión reformada de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).

"Afianzar o rechazar la OMC" era el título de un artículo de Le Monde Diplomatique redactado por Susan George, del Transnational Institute, en el que la autora manifestaba su simpatía por la posición de Walden Bello.

Una cuestión muy crítica para la alianza entre las ONG del Norte y del Sur será también la de sus diferentes puntos de vista respecto de las normas sociales y ambientales. Aunque hay cierto grado de acuerdo en que la OMC no es el lugar adecuado para negociar esas normas que no deberían imponerse mediante sanciones comerciales, la cuestión es en sí misma muy controvertida. Quedó muy claro en Seattle que en gran medida los sindicatos y los grupos ecologistas estadounidenses se acompasaban en realidad a las políticas comerciales de su país. Uno de los principales motivos de la cólera de los gobiernos del Sur en Seattle fue el hecho de que, en su discurso, el Presidente Clinton reclamara directamente la adopción de normas laborales. En ese momento, Clinton no se había dado cuenta del cambio ocurrido, por lo que no modificó la versión original, en la que se reflejaba la coreografía prevista por los Estados Unidos para la reunión.

Las normas sociales y ambientales podrían convertirse en el punto de ruptura del movimiento si no se encuentran fórmulas nuevas para disipar la preocupación de que las normas sean tan sólo instrumentos para bloquear el acceso al mercado del Norte de los productos procedentes del Sur.

Las negociaciones continuarán

La OMC proseguirá con las negociaciones relativas al examen de los acuerdos sobre la agricultura, sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC) y algunos otros asuntos que siguen inscritos en el programa.

SIMPOSIO ECUMÉNICO SOBRE LAS CONSECUENCIAS DE LA MUNDIALIZACIÓN DE LA ECONOMÍA celebrado en Bangkok, Tailandia, del 12 al 15 de noviembre de 1999

Los delegados de la Octava Asamblea del CMI, reunidos en Harare en 1998, pidieron a la Alianza Reformada Mundial (ARM) y al Consejo Mundial de Iglesias (CMI) que aunaran sus esfuerzos y colaboraran para responder al desafío de la mundialización. La Asamblea se refirió a este respecto a la decisión del Consejo General de la ARM de iniciar un processus confessionis por lo que respecta a la injusticia social y a la destrucción del medio ambiente, decisión que, a su juicio, constituía una importante contribución de una comunión mundial, y debía suscitar una respuesta positiva por parte del CMI.

En cumplimiento de ese mandato, la ARM y el CMI, juntamente con la Conferencia Cristiana de Asia (CCA), la Iglesia de Cristo de Tailandia y el Foro Cultural Asiático sobre Desarrollo (ACFOD) celebraron un simposio sobre las consecuencias de la mundialización de la economía, simposio que tuvo lugar en Bangkok (Tailandia), del 12 al 15 de noviembre de 1999, y en el que participaron más de 60 personas de distintos sectores de la sociedad de Tailandia y de otros 19 países, a saber: Alemania, Canadá, China, Corea, Costa Rica, Filipinas, Francia, Gran Bretaña, India, Indonesia, Japón, Malasia, Nepal, Países Bajos, Sri Lanka, Sudáfrica, Suiza, Uganda y Vanuatu.

Los participantes en la reunión de Bangkok redactaron varios mensajes destinados a los principales protagonistas del proceso de mundialización de la economía, a saber: las iglesias del Norte, la Organización Mundial del Comercio, el Fondo Monetario Internacional y el capital transnacional. Todos estos mensajes se iniciaban con el mismo prefacio:

"Reunidos aquí en Bangkok procedentes de distintos países de Asia y de otras partes del mundo, hemos intercambiado experiencias en relación con nuestras economías, hemos escuchado las historias y las lamentaciones de agricultores, mujeres, pueblos indígenas, pescadores, pobres de las ciudades y habitantes de los tugurios de Tailandia, así como relatos análogos de Corea, Filipinas, la India, Indonesia, Malasia, Nepal y Sri Lanka, y hemos quedado impresionados por la similitud de las consecuencias de la deuda y de la mundialización de la economía para nuestras sociedades y la naturaleza."

Uno de los mensajes, sin embargo, interesa de manera especial a las iglesias. Es el que los cristianos del Sur que participaron en las reuniones dirigen a las iglesias del Norte para instarlas a actuar:

"Nosotros estamos convencidos de que ha llegado el momento de volver a las enseñanzas fundamentales y no edulcoradas del Evangelio. Es el momento de que todos y cada uno de nosotros hagamos nuestra elección: o Dios o Mamón, o el único Dios verdadero o la idolatría de la riqueza. Sabemos que algunas de las iglesias del Norte son muy activas a este respecto y nos sentimos muy solidarias con ellas. Pero la situación actual nos invita a actuar todos juntos."

MENSAJE A LAS IGLESIAS DEL NORTE

"Como comunidad cristiana, somos miembros del mismo cuerpo de Cristo: 'si una parte del cuerpo sufre, todas las demás sufren también' (1 Cor 12.26). Según la tradición reformada, la economía es un marco social destinado a sustentar la vida en comunidad. Sin embargo, el orden económico actual, promovido por el neoliberalismo, ya no sustenta la comunidad, sino que contribuye a desmantelarla. Y sobre la base de las pruebas presentadas al simposio estamos convencidos de que son muchas las personas -tanto cristianas como no cristianas- que no sólo sufren sino que además se ven sistemáticamente excluidas de la comunidad. En el Sur son muchos los que dicen que la economía actual es intolerable, y hay quienes dicen lo mismo en el Norte. ¿Cómo podemos mantener la afirmación de fe de que todos somos uno en Cristo, si cada vez son más los hermanos y las hermanas que sufren y que se ven excluidos?

El empobrecimiento cada vez mayor, la desigualdad cada vez más acentuada en la distribución del ingreso, una aceptación generalizada de la contratación, con carácter temporero u ocasional, de mano de obra barata, la feminización de la pobreza, el aumento del trabajo infantil y el tráfico de niños y niñas, así como el deterioro ecológico que afecta a la salud y a la supervivencia de la población rural de menos ingresos fueron citados en el simposio como consecuencias concretas de la mundialización de la economía basada en el neoliberalismo. Por otra parte, la pobreza, los suicidios y la delincuencia han aumentado considerablemente como resultado de la crisis económica asiática y de la consiguiente intervención del Fondo Monetario Internacional. En Tailandia, por ejemplo, el número de pobres se elevó de 7 millones en 1997 a unos 12 millones en 1998, con una población total de 63 millones; también aumentó, del 10 al 14 ó el 15 por 100.000, la tasa de suicidios; y de 66.000 a 170.000 personas la cantidad de reclusos. Paradójicamente, al mismo tiempo que los pobres se veían terriblemente afectados por la crisis económica, el porcentaje del ingreso nacional de Tailandia, Corea y Filipinas obtenido por la minoría privilegiada no dejaba de aumentar. La diferencia que separa a los ricos de los pobres es, de hecho, cada vez mayor debido precisamente a la tendencia actual de mundialización de la economía.

A las penas y los sufrimientos del Sur vienen, por otra parte, a añadirse las amenazas que ahora se ciernen también sobre el Norte. Así, tenemos noticias de la pobreza que de nuevo se deja sentir hasta en las sociedades más prósperas, e informes sobre la destrucción ambiental de esos países, y sobre la alienación, la soledad y los abusos de que en ellos son muchas veces víctimas las mujeres y los niños y niñas. Y todo ello mientras que en la mayor parte de sus iglesias disminuye el número de miembros. Ante esta situación no podemos por menos de preguntarnos: ¿no está casi todo esto relacionado, además, con el hecho de que al ser ricos, desean serlo todavía más? ¿No hay en la visión occidental de los seres humanos y de la sociedad una falsa ilusión al preocuparse sólo por el futuro, y desear siempre un futuro mejor, aunque sea a costa de mayor sufrimiento de sus propias sociedades y de las sociedades del Sur? ¿No han olvidado ustedes que la riqueza entraña simplemente tener lo suficiente para vivir? Si, según Efesios 1, Dios se está preparando en la historia humana para poner a todos y a todas las cosas bajo el señorío de Jesucristo, rey y pastor - o sea la mundialización por obra de Dios-, ¿no deberían ser la preocupación de unos por otros y la solidaridad entre todos las características principales de nuestro estilo de vida, en lugar de una entrega sin límites a la tendencia secular de un consumismo cada vez mayor?

¿Qué ha sido de nuestra común fe en Dios, en Cristo y en la Iglesia universal? ¿Qué ha sido de la enseñanza básica de una común mayordomía de todos los bienes y de una solidaridad cristiana con el prójimo que sufre?

Nosotros estamos convencidos de que ha llegado el momento de volver a las enseñanzas fundamentales y no edulcoradas del Evangelio. Es el momento de que todos y cada uno de nosotros hagamos nuestra elección: o Dios o Mamón, o el solo Dios verdadero o la idolatría de la riqueza. Sabemos que algunas de las iglesias del Norte son muy activas a este respecto y nos sentimos muy solidarios con ellas. Pero la situación actual nos invita a actuar todos juntos.

Nosotros pedimos actos concretos de solidaridad que alivien los sufrimientos tan generalizados en tantos de nuestros países del Norte y del Sur.

Nosotros les pedimos que, urgentemente, interpelen a sus gobiernos y a las instituciones que están elaborando y aplicando el actual proyecto de mundialización.

Nosotros pedimos que, a la luz de nuestra fe común en Jesucristo, el Salvador, que nos enseñó a preocuparnos por los demás y a compartir con ellos lo que tenemos como miembros de la familia de Dios, se proceda al estudio del actual sistema económico y de sus consecuencias en nuestra vida.

La injusticia económica es una violación de los principios básicos de nuestra fe común. Por ello, los invitamos a unirse a nosotros para confesar que la economía es una cuestión de fe."

MENSAJE A LA ORGANIZACIÓN MUNDIAL DEL COMERCIO

"Hemos observado que la política de liberalización comercial seguida por la Organización Mundial del Comercio (OMC) ha contribuido en gran medida a los siguientes resultados:

1. Al empobrecimiento y el descontento crecientes de la mayoría de la población de estos países.

2. A una mayor desigualdad de la distribución del ingreso a nivel de cada país, desigualdad que queda enmascarada por las estadísticas económicas, que indican una recuperación, pero que no evidencian que las comunidades pobres tanto urbanas como rurales se ven cada más sumidas en la miseria y la desesperación, siendo ellas, en lugar de los sectores prósperos de la sociedad y del comercio, las que realmente llevan la carga.

3. A la feminización de la pobreza, que se aprecia, por ejemplo, en Corea y en Tailandia, a un aumento de la explotación del trabajo infantil y del tráfico sexual de niños y niñas, así como a la generalización de la tendencia a contratar mano de obra temporera y barata, como en Corea, Filipinas, Malasia y Tailandia.

4. A la destrucción acelerada de los sistemas ambientales y ecológicos, que afecta, en particular, a la supervivencia y la salud de los pobres del campo y que, por ejemplo en el caso de los pequeños pescadores y agricultores de Tailandia, pone en peligro la seguridad alimentaria de países enteros.

5. La liberalización del comercio exacerba la cultura del consumismo y compromete la supervivencia misma de las diversas y antiguas culturas y religiones, tan preciadas, de la región asiática.

También observamos que la OMC está esencialmente dominada por los Estados Unidos y otros países industriales. Y que las leyes y las normas aplicadas por la Organización no hacen justicia a los países en desarrollo y a los pobres que, a pesar de su mayoría numérica, tienen poco que decir al respecto.

La imposición de conceptos aplicados en los Estados Unidos de América como los derechos de propiedad intelectual, los sistemas jurídicos y las normas contables entrañará la desaparición de la diversidad, que es, de hecho, la fuente de vida para la futura supervivencia de nuestra comunidad mundial.

En la próxima Conferencia Ministerial que se celebrará en Seattle (30 de noviembre a 3 de diciembre de 1999) instamos encarecidamente a la OMC:

1. que respete la soberanía económica de to las naciones (Estados y pueblos), que deben tener derecho a determinar el nivel y el tipo de su integración en la economía mundial;

2. que reconozca y respete el carácter no recíproco de las relaciones comerciales entre los países desarrollados y los no desarrollados;

3. que respete los instrumentos internacionales para la protección del medio ambiente, y los derechos de los pueblos indígenas a mantener su forma de vida en su medio natural;

4. que imponga una moratoria sobre la constante expansión de las atribuciones y actividades de la OMC a fin de proceder a una evaluación general de las repercusiones de sus actividades, incluida la posibilidad de disolución de la OMC."

MENSAJE AL FONDO MONETARIO INTERNACIONAL

1. "Ustedes han sobrepasado los límites de sus atribuciones iniciales, que se referían a la asistencia a los países con problemas de balanza de pagos. La mayoría de las personas considera que ustedes no actúan como asesores sino como patrones, injiriéndose en las políticas nacionales aunque sean legítimas. Por otra parte, ustedes no respetan realmente los instrumentos de derechos humanos de las Naciones Unidas, incluida la Declaración de los Derechos del Niño, instrumentos que nosotros consideramos como condiciones previas esenciales para todas sus actividades. Y a veces ustedes justifican su política refiriéndose a los 'sacrificios necesarios', expresión de significado religioso que nosotros rechazamos totalmente, por cuanto nunca pueden aceptarse los sufrimientos de los pobres como medio o instrumento para el éxito de la economía. Al imponer programas de reajuste estructural a los países, suplantan ustedes la responsabilidad legítima de los gobiernos para con sus ciudnos, mientras que ustedes no tienen que rendir cuentas a nadie.

2. Habida cuenta de las consecuencias de la crisis asiática en general y el papel de la política del Fondo en particular, da la impresión de que para ustedes hay signos de recuperación económica, aunque subestiman los sufrimientos de las personas y de sus comunidades, así como la constante destrucción del medio ambiente debida a la sobreexplotación de la madre Tierra. Comprobamos con inquietud que al estimular el crecimiento económico únicamente en el sector moderno los recursos se utilizan para incentivar el proceso de creciente consumismo, en lugar de utilizarse para satisfacer las necesidades básicas.

3. La necesidad de renovación exige el respeto del principio de que toda cultura tiene derecho a tener y a desarrollar su propio sistema económico. A este respecto les recordamos que el concepto de jubileo que figura en la Biblia relaciona la renovación real de la economía con la voluntad de poner los recursos básicos de la vida (la tierra y el capital) a disposición de todos, y no sólo de los privilegiados. El consenso al que se llegó en Washington tiene un efecto de nivelación de todas las otras culturas, creando una actitud consumista y privando a las comunidades agrícolas de la base misma de su existencia.

Les recomendamos encarecidamente que traten de recuperar el respeto de todos los que ahora están profundamente afligidos, y que dejen de verlos como obstáculos para la realización de sus objetivos."

MENSAJE AL CAPITAL TRANSNACIONAL

"El capital transnacional es responsable de la crisis económica en la que están sumidas Asia sudoriental y otras partes del mundo.

El capital transnacional, que buscaba rápidas ganancias, llegó a la región, para abandonarla después con la misma rapidez, obligando a los países a hacer frente a las consecuencias de sus actos. A los gobiernos no les quedó más remedio que tragar la amarga píldora que les imponían el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, y que ya se había revelado ineficaz para resolver el problema en Rusia, Brasil y México. Se trata, por lo tanto, de una política a la que hay que poner fin.

Para ello proponemos que se adopten las siguientes medidas, y que las instituciones y autoridades competentes tomen las providencias oportunas.

1. Los gobiernos tienen la obligación de proteger el espacio en el que se desarrollan y florecen las culturas y las economías locales. Y para ello deberían estar en condiciones de proteger a las instituciones financieras y de ahorro que están en manos de la población contra toda injerencia del capital transnacional.

2. Los trabajadores deberían velar por que el capital invertido por sus fondos de pensiones y previsión no se utilicen para perjudicar a otros trabajadores.

3. El gobierno y las empresas locales deberían controlar y regular la entrada y la salida de capital transnacional.

4. También habría que limitar los porcentajes de las empresas locales cuya adquisición por capital transnacional pueda autorizarse.

5. El capital transnacional y las autoridades gubernamentales deberían responder de los daños que puedan ocasionar a los países (desempleo, medio ambiente, etc.)

6. El capital transnacional no debería limitarse a la obtención de beneficios por conducto de los mercados financieros, sino que debería participar en el desarrollo de la economía local. Concretamente, no debería permitirse su intempestiva salida del país.

7. Habría que impugnar la hegemonía del dólar EE.UU: y todo lo que esa hegemonía representa.

8. Las empresas en buena situación financiera no deberían ser vendidas a firmes extranjeras que sólo piensan en cerrarlas."

Texto de una carta enviada por los secretarios generales de la Alianza Reformada Mundial y el Consejo Mundial de Iglesias al término de la reunión:

Ginebra, 26 de enero de 2000

Estimados amigos:

En el umbral de este nuevo milenio les deseamos un Año Nuevo rico de esperanzas y de bendiciones.

En estos comienzos del tercer milenio de nuestra era teníamos puestas nuestras esperanzas en un mundo más justo y más lleno de paz. Sin embargo, lamentablemente, los signos de los tiempos no son del todo positivos. Todo indica que la violencia, la injusticia, la exclusión y el saqueo de que es objeto la naturaleza prosigan en todo el mundo.

Como claramente puso de relieve la reacción popular a la conferencia de la OMC que el pasado noviembre tuvo lugar en Seattle, uno de los problemas que más preocupan a muchos es el de la mundialización neoliberal. El actual proceso de mundialización no se limita simplemente a la dimensión económica, sino que, voluntariamente o no, está también relacionado con todos los problemas que afectan a nuestra vida: violencia, conflictos étnicos, destrucción del medio ambiente, conflictos sociales, cultura de una despiadada competencia.

Tanto el Consejo Mundial de Iglesias como la Alianza Reformada Mundial han estudiado esta cuestión a lo largo de los últimos años desde una perspectiva de fe, y su compromiso constante se ha expresado con ocasión de todas las reuniones de los respectivo Consejo y Asamblea General.

En virtud del mandato que se les ha confiado, la Alianza Reformada Mundial y el Consejo Mundial de Iglesias, juntamente con la Conferencia Cristiana de Asia (CCA), la Iglesia de Cristo en Tailandia y el Foro Cultural Asiático sobre Desarrollo (ACFOD), celebraron, del 12 al 15 de noviembre de 1999, en Bangkok (Tailandia), un simposio sobre las consecuencias de la mundialización de la economía.

Al simposio asistieron más de 60 personas de distintos sectores de la sociedad de Tailandia y de otros 19 países, a saber: Alemania, Canadá, China, Corea, Costa Rica, Filipinas, Francia, Gran Bretaña, India, Indonesia, Japón, Malasia, Nepal, Países Bajos, Sri Lanka, Sudáfrica, Suiza, Uganda y Vanuatu.

Nos complace transmitirles el mensaje adjunto que fue redactado por los participantes en el simposio y esperamos que ustedes le presten la atención que merece en sus trabajos sobre esos problemas.

La reunión trató principalmente de la crisis en Asia y de sus orígenes internacionales. Aunque reconociendo que las economías afectadas por la crisis adolecían de ciertas debilidades estructurales y administrativas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha agravado indudablemente la situación al imponer su propia ideología económica, a la que los gobiernos de la región, con excepción de Malasia, no pudieron oponerse.

La política del FMI se inspira en las economías más poderosas del mundo (los países del G7). En la reunión se destacó en particular que las prescripciones del FMI no sólo habían servido para garantizar la precedencia de los intereses de los acreedores sobre todos los demás, sino también para debilitar gravemente la capacidad de defenderse de esos países en el futuro.

Por otra parte, es evidente que, pese a las apariencias de recuperación, la política del FMI no ha conseguido reanimar las economías de los países afectados. A los participantes en el simposio les preocupó que las cifras indicadoras de recuperación no reflejasen adecuadamente la realidad, ya que no eran más que promedios que se basaban en sólo una parte de las actividades económicas de una determinada sociedad.

Al escuchar los testimonios de siete grupos sociales de Tailandia - niños, mujeres, trabajadores, habitantes de tugurios, indígenas, pequeños pescadores, y campesinos -, así como de participantes procedentes de los distintos países asiáticos, llegamos a la conclusión de que las estadísticas oficiales hacen caso omiso de las personas que viven al margen de la sociedad.

Muchas personas, especialmente mujeres, no tienen acceso alguno al mercado de trabajo. Por otra parte, ha aumentado el número de suicidios, y son muchos los niños que sufren de grave malnutrición que repercutirá inevitablemente en su futuro desarrollo.

La política del FMI ha contribuido a aumentar la distancia entre ricos y pobres, siendo estos últimos los que pagan los costos de todos. Testimonios recibidos de Corea, Filipinas, Indonesia y Malasia ponen de relieve cómo, durante la crisis, los pobres siguieron empobreciéndose, mientras que algunos ricos se enriquecían aún más.

El intercambio de ideas entre budistas y cristianos promovido por la reunión no sólo hizo patente la necesidad de que los creyentes de las diversas religiones hicieran oír su voz, sino que, además, tenían propuestas concretas para hacer. En la reunión se elaboraron, además, varios mensajes dirigidos a la Organización Mundial del Comercio, al Fondo Monetario Internacional, al capital transnacional, a las iglesias del Norte, a las comunidades religiosas, a la sociedad civil y a las autoridades tailandesas.

Tanto la Alianza Reformada Mundial como el Consejo Mundial de Iglesias están seriamente preocupados por la actual tendencia de mundialización de la economía neoliberal y por sus graves consecuencias.

Los saludan fraternalmente,

Dr Milan Opocenský
Secretario General
Alianza Reformada Mundial

Rev. Dr Konrad Raiser
Secretario General
Consejo Mundial de Iglesias