World Council of Churches

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2004 Perfil regional: Europa central y oriental

Se advierte que los perfiles de iglesias y países preparados por el CMI se han concebido como material de referencia general y no representan posiciones de política oficiales del Consejo Mundial de Iglesias. El CMI se esfuerza por proporcionar informaciones lo más exactas posibles, pero no puede hacerse responsable de cualquier error o falta de actualidad en sus datos.

01 de enero de 2004

Antes de la Asamblea de 2006, la Secretaría para Europa del CMI ha elaborado los llamados "perfiles de iglesias y países". Se advierte que los perfiles de iglesias y países preparados por el CMI se han concebido como material de referencia general y no representan posiciones de política oficiales del Consejo Mundial de Iglesias. El CMI se esfuerza por proporcionar informaciones lo más exactas posibles, pero no puede hacerse responsable de cualquier error o falta de actualidad en sus datos.

Europa ocupa un lugar único en la amplia realidad del Consejo Mundial de Iglesias (CMI): es la región en la que se fundó el movimiento ecuménico y en la que tiene su base la organización del CMI. Es también la región que ofrece una inmensa diversidad tanto de vida cultural y política como de experiencia eclesiástica y religiosa. Europa central y oriental es tanto un concepto como una definición geográfica y, como ocurre con otras definiciones, tiene connotaciones culturales y políticas. Los cambios en las fronteras y en las configuraciones políticas de la zona han llevado confusión al uso de términos como Europa central, oriental e incluso occidental. Para los efectos de este perfil, la región se define en términos generales como el conjunto de los 27 países antaño socialistas, en casi todos los cuales el CMI tiene iglesias miembros europeas.

Una década extraordinaria

La ola de cambios políticos en Europa central y oriental a partir de 1989 liberó a millones de personas de regímenes represivos y a menudo violentos. La herencia del comunismo fue, en su mayor parte, devastadora. Junto con el subdesarrollo económico en comparación con las tendencias anteriores a la época comunista, llegaron las confirmaciones de violaciones masivas de derechos humanos, enorme devastación medioambiental y, menos visible, una profunda desorientación sicológica o incluso un trauma para muchas personas.

Para muchas iglesias, la magnitud de estos acontecimientos tuvo más importancia que la simplemente histórica. Como dijo la Asamblea Especial Católica para Europa del Sínodo de Obispos (1991), "A la luz de la fe y movidos por el Espíritu Santo, quisiéramos discernir en el momento presente señales genuinas de la presencia y el designio de Dios (...) Estos sucesos demuestran un auténtico kairos en la historia de la salvación, y presentan un inmenso desafío para realizar la obra renovadora de Dios, de la que depende en último término el destino de las naciones."

Tendencias principales en la región

Hay que situar los acontecimientos a partir de 1989 en un contexto más amplio. Durante el siglo XX, la región de Europa central y oriental ha experimentado revoluciones y trastornos en una escala sin precedentes. Los regímenes comunistas que tomaron el poder después de la Segunda Guerra Mundial introdujeron sistemas opresivos de control social y económico. Las revoluciones que sacudieron la región después de 1989 sorprendieron a muchos. Sin embargo, los cambios encontraron a pocos preparados para asumir los desafíos y las transformaciones que introduciría la nueva era. La década ha sido indudablemente un período de libertad sin precedentes, pero también de trastorno, de cambio e incluso de desintegración para las sociedades europeas centrales y orientales, la "otra mitad" de Europa. El número de países independientes en la región se ha duplicado desde 1991, sin contar las nuevas entidades emergentes en Kosovo o en el norte del Cáucaso.

El final de la Guerra Fría y la ampliación hacia el Este de la OTAN y de la Unión Europea en 2004 están conduciendo a cambios profundos en las estructuras políticas y de seguridad del continente. La transición política se ha caracterizado por una tendencia general hacia la democracia. En general, Europa central ha experimentado una estabilidad política y social mayor que la que tenían las antiguas repúblicas soviéticas. El desmembramiento de estados federales (URSS, Yugoslavia) y el resurgimiento de identidades nacionales en muchas partes de Europa aumentan los riesgos de conflictos interétnicos. De los diez conflictos violentos en Europa oriental y los Balcanes desde 1990, la mayoría se presentan en líneas divisorias históricas entre cristianos y musulmanes.

El período de transición desde 1989 ha tenido notables repercusiones socioeconómicas en todos los países de Europa central y oriental, y sus efectos han variado considerablemente. Según el PNUD, esta es la región del mundo que ha sufrido más bruscos trastornos en los servicios sociales en los últimos diez años, habiendo experimentado la mayoría de los países aumentos sin precedentes en los índices de pobreza y mortalidad. Los 40 a 70 años de planificación centralizada y mala gestión económica han hecho más dolorosa la transición en los países de la CEI. El colapso socioeconómico en Europa Central y Oriental y el consiguiente trastorno sin precedentes de los servicios sociales han acentuado la pobreza, han reducido el acceso a la educación y, junto con las tensiones y conflictos sociales resultantes, han estimulado la emigración forzosa en muchas partes de la región y han suscitado la xenofobia.

Principales temas ecuménicos en la región

El CMI tiene una importante base en Europa. Hay en la región 81 iglesias miembros, entre ellas iglesias miembros asociadas (solo África tiene más), de las cuales 25 están en Europa central y oriental. Más de la mitad del número de personas representadas en el CMI están en Europa, la mayoría de ellas en Europa central y oriental. La mayor iglesia miembro del CMI, y la mayor iglesia nacional del mundo, es la Iglesia Ortodoxa Rusa, y la gran mayoría de los fieles de las iglesias miembros del CMI en la región son ortodoxos, estimándose en 127 millones el número de tales fieles en Europa central y oriental. Hay también iglesias miembros protestantes con numerosos fieles en Rumania, Hungría, Eslovaquia, la República Checa y los países bálticos.

Muchas iglesias de Europa oriental han experimentado un renacimiento religioso sin precedentes, manifestado en el enorme aumento de bautismos en los primeros años noventa, la reconstrucción de iglesias y la restauración de actividades religiosas. Solo en Rusia, se han abierto más de 20.000 nuevas parroquias ortodoxas en los últimos diez años, y la práctica religiosa ha aumentado en todos los países excepto en la República Checa y la antigua Alemania oriental.

El descenso de las iglesias tradicionales en Europa occidental y el simultáneo crecimiento de nuevos movimientos religiosos van acompañados por ejemplos de renacimiento religioso espectacular en las iglesias por toda Europa oriental tras la caída del comunismo, con tensiones renovadas en muchos países entre iglesias tradicionales mayoritarias e iglesias nuevas o minoritarias. La llegada masiva de misioneros principalmente neoprotestantes en muchos países ha exacerbado en algunos casos las tensiones intereclesiales. En algunos contextos, la conexión entre identidad y fe ha hecho que la religión se utilice como estandarte de identidad nacional y étnica, lo que ha suscitado preocupaciones sobre el "conflicto religioso".

El ecumenismo local y las uniones de iglesias siguen siendo fuertes, sobre todo en el norte y el occidente de Europa. En el este, las renovadas identidades confesionales y las tendencias fundamentalistas han dado lugar a tensiones entre iglesias mayoritarias y minoritarias, y a un desafío al compromiso ecuménico institucional, especialmente en las iglesias ortodoxas. Hay únicamente cinco Consejos Nacionales de Iglesias oficiales en la región de Europa central y oriental, aunque hay otros tipos de entidades intereclesiales e interreligiosas.

La importancia de la iglesia ha crecido, y su visibilidad y su autoridad moral en la sociedad han sido notables en toda la región. También se ha desarrollado notablemente la presencia social y educativa de las iglesias, cuando las comunidades han traspasado las limitaciones impuestas a la comunidad de culto y han emprendido y renovado actividades sociales, normalmente a nivel local, en respuesta a necesidades y demandas inmediatas. Sin embargo, el papel a largo plazo de las iglesias en los servicios sociales y en su relación con el estado y otras entidades sociales sigue sin estar claro. El papel de las iglesias en su relación con el estado sigue siendo también una cuestión compleja, a veces conflictiva, para las iglesias de Europa central y oriental.

Presencia programática del CMI en la región

El CMI y otras organizaciones ecuménicas internacionales trataron de responder a la situación nueva y sin precedentes en la región de diversas maneras. Inmediatamente después de los cambios, el CMI trató de conectar con sus iglesias miembros para el análisis y el diálogo sobre los importantes desafíos, y para presentar respuestas comunes. A continuación de los cambios en 1989 se organizaron varias visitas ecuménicas, diálogos y consultas con las iglesias de la región. Ya en 1990, las iglesias miembros del CMI expresaban su esperanza ante la nueva situación, sin dejar de admitir preocupación por lo que las sociedades esperaban de ellas. "Frente a los cambios dramáticos que han suscitado por una parte preocupación y resignación, y han creado por otra expectativas utópicas, las iglesias abrazan una comprensión bíblica de la condición humana y proclaman el Evangelio como la única verdadera fuente de renovación en las vidas de los individuos y de las sociedades."

El CMI, con organismos eclesiales afines, emprendió algunas nuevas iniciativas programáticas en esa región durante el último decenio. La labor se organizó desde la sede del CMI en Ginebra, con la designación de consultores y la formación de oficinas según las necesidades. La principal responsabilidad se concentró en la Secretaría para Europa en Ginebra, con una Oficina del CMI para Europa Oriental orientada a los países de la CEI desde 1994, y más tarde con consultores especiales situados en los Balcanes. Programas de Mesa Redonda se han ocupado de las iglesias y sus prioridades en numerosos países de la región, y se han facilitado múltiples proyectos, intercambios, publicaciones y redes de contactos con la participación del CMI.

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