Del 20 al 25 de noviembre de 2025, el Comité Ejecutivo del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) se reunió en Hangzhou (China), por invitación del Consejo Cristiano de China (CCC) y del Comité Nacional del Movimiento Patriótico de las Tres Autonomías de la Iglesia Protestante de China (TSPM, por su sigla en inglés), quienes ejercieron de anfitriones. Era la segunda ocasión en que un órgano rector del CMI se reunía en la República Popular China, tras nueve años desde que el Comité Ejecutivo se reuniera en Shanghái y Nanjing, en noviembre de 2016.

Estamos profundamente agradecidos por la invitación y la calurosa acogida de ambos anfitriones. Hemos valorado mucho esta oportunidad de reencontrarnos con las iglesias y el pueblo de China, en el marco de la peregrinación ecuménica de justicia, reconciliación y unidad. Gracias a este encuentro, una nueva generación de dirigentes del CMI ha podido dar continuidad a la relación y el compromiso de larga data entre la Iglesia Protestante de China y la comunidad mundial del CMI.

Vinimos a China invitados por la iglesia miembro del CMI para encontrarnos en este contexto. La vibrante vida eclesial y los diversos ministerios del CCC y del TSPM, así como el servicio diaconal de la Fundación Amity, tanto en China como a nivel internacional, han dejado una huella profunda e imborrable en todos nosotros. Hemos disfrutado al máximo los momentos de oración y culto, de comunidad cristiana y las tertulias a la hora del té en varias congregaciones del CCC y el TSPM. Asimismo, hemos tenido el privilegio de encontrarnos con varios homólogos interreligiosos del CCC y del TSPM, y hemos adquirido un conocimiento más profundo de la amplitud y profundidad de las relaciones interreligiosas en este país.

Al mismo tiempo, reconocemos que, a pesar de lo que hemos visto y oído, el panorama religioso de China y su realidad actual son más amplios y diversos de lo que se suele entender fuera de China. Nos ha complacido escuchar el claro compromiso oficial del gobierno chino con la libertad religiosa en China, y esperamos que se presenten ocasiones para saber más sobre la situación actual y el futuro cumplimiento de este compromiso.

La historia y la naturaleza postdenominacional del CCC y el TSPM presentan una estimulante expresión radical de la vocación ecuménica, en el contexto del viaje constante del movimiento ecuménico mundial hacia la unidad cristiana visible en la diversidad reconciliada. Asimismo, nos ha impresionado y conmovido la mayor contextualización del cristianismo en China —en arquitectura, liturgia, música, predicación y teología— a través de los puentes de los valores y conceptos culturales tradicionales chinos como dao ('la Palabra'), ren (compasión y benevolencia), yi (rectitud y justicia), li (reverencia, decoro y relaciones correctas), zhi (sabiduría para proteger la tierra, el mar y la vida), y he (armonía y paz entre unos y otros).

Reconocemos que estos avances tienen su origen en las profundas aspiraciones expresadas por los dirigentes eclesiásticos chinos hace ya más de un siglo, en favor de una iglesia cristiana auténtica, autóctona y unificada en China. Y valoramos estos atributos, y muchos otros aspectos de la vida, la labor y el ministerio del CCC y del TSPM, como dones ofrecidos a la comunidad ecuménica mundial más amplia para el enriquecimiento de nuestra vida y nuestro trabajo juntos al servicio de Cristo.

Reunidos en China, en este momento de crecientes desafíos mundiales —particularmente, la proliferación de conflictos, el aumento de las tensiones geopolíticas, la creciente división, la aceleración de la crisis climática y el debilitamiento del compromiso con la cooperación multilateral necesaria para hacer frente a tales desafíos— reconocemos el papel cada vez más importante de China en la comunidad internacional. Este papel en la comunidad de naciones conlleva inherentemente importantes responsabilidades no solo para el pueblo chino, sino para nuestro bienestar colectivo en el planeta vivo que todos compartimos. Entre otras cosas, un compromiso firme y continuado con la resolución de disputas a través del diálogo y la diplomacia —y no mediante la fuerza militar— es una condición necesaria para unas relaciones pacíficas a escala mundial. Reconocemos y apreciamos las contribuciones de China para impulsar la labor de las Naciones Unidas y apoyar sus operaciones de mantenimiento de la paz.  

Durante esta visita, nos ha impresionado especialmente la evolución del liderazgo de China en la promoción de la transición hacia las energías renovables. La magnitud de esta inversión y de sus repercusiones es asombrosa. Hemos sabido que, para finales de 2024, China había instalado 887 gigavatios de capacidad de energía solar, casi el doble del total combinado de Europa y Estados Unidos, y ahora puede producir casi un teravatio de energía renovable en un año; suficiente para suministrar la energía que producirían más de 300 grandes centrales nucleares. Se estima que el 64% de todas las centrales eólicas y solares que se están construyendo en el mundo se encuentran en China, donde el aumento de la capacidad de las energías renovables ha reducido la cuota del carbón en la producción eléctrica a nuevos niveles mínimos. Además, la producción y exportación por parte de China de equipos de generación de energía renovable a escala y bajo coste está permitiendo una transición energética limpia en muchas partes del mundo.

Durante los días de nuestra reunión en Hangzhou, lamentamos que la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), celebrada en Belém (Brasil), concluyera sin un compromiso sobre una hoja de ruta para la eliminación progresiva de los combustibles fósiles. Sin embargo, la pujanza tecnológica y manufacturera de China ha creado ahora las condiciones para alinear los intereses económicos y medioambientales, no solo en China, sino en todo el mundo. La relativa tranquilidad del tráfico en Shanghái, gracias al predominio de vehículos eléctricos, lanza un poderoso mensaje de esperanza.

Oramos por las iglesias y el pueblo de China, y del mundo entero, en estos tiempos difíciles e inciertos. Oramos para que nuestro Dios amoroso fortalezca nuestra esperanza y nuestra lealtad, y nos dote a todos de ren, yi, li, zhi y he, mientras continuamos juntos nuestra peregrinación de justicia, reconciliación y unidad.