World Council of Churches

Una comunidad mundial de iglesias que buscan la unidad, el testimonio común y el servicio

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Antecedentes teológicos e históricos de la base del CMI

This article was written by T.K. Thomas and Tom Stransky and appeared in the revised Dictionary of the Ecumenical Movement edited by Nicholas Lossky, José Míguez Bonino, John Pobee, Tom Stransky, Geoffrey Wainwright and Pauline Webb. The volume is published by WCC Publications (Geneva) and Wm. B. Eerdmans Publishing Company (Grand Rapids, MI).

01 de enero de 2002

Según la constitución del CMI, "el acuerdo con la base que constituye el fundamento del Consejo" es la condición previa para poder ser miembro. La base original adoptada en la asamblea inaugural (Ámsterdam, 1948), decía simplemente: "El Consejo Mundial de Iglesias es una comunidad de iglesias que acepta a nuestro Señor Jesucristo como Dios y Salvador". Había sido formulada en Utrecht, en 1938, en una reunión del comité de 14 miembros nombrado por las conferencias sobre Vida y Acción y Fe y Constitución.

"La comunidad de iglesias" era ya en 1948 parte de la terminología ecuménica. La encíclica de 1920 del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla había propuesto una "koinonia de iglesias". Aunque la palabra "comunidad" carece de las ricas connotaciones bíblicas del original griego, afirma la realidad de una unidad que está "dada" y es "previa", y no está constituida solamente por decisiones humanas, y rechaza implícitamente la concepción del CMI como una "superiglesia" potencial.

"Que acepta a nuestro Señor Jesucristo como Dios y Salvador", tiene su origen, según algunos, en la base de 1855 de la YMCA y, posteriormente, de la Asociación Cristiana Femenina Mundial (1894) y la Federación Universal de Movimientos Estudiantiles Cristianos. Más directamente, las invitaciones a la primera conferencia mundial de Fe y Constitución se enviaron a iglesias "que aceptan a nuestro Señor Jesucristo como Dios y Salvador".

En ciertos círculos tanto liberales como conservadores se expresó disconformidad con la frase "Jesucristo como Dios y Salvador". Los unitarios y la Sociedad Religiosa de Amigos no querían comprometerse con una fórmula doctrinal definida. Para quienes eran más ortodoxos, la frase no afirmaba debidamente la humanidad de Cristo. Tenía "un sabor herético que conduciría a su rechazo por cualquiera de los concilios ecuménicos" (William Adams Brown).

En su memorando explicativo de 1938 sobre la constitución del CMI, William Temple, que había presidido la reunión de Utrecht, extrajo las dos principales consecuencias de la frase tal como está formulada. En primer lugar, el hecho de que el CMI sea una comunidad, no una federación, de iglesias significa que no puede ejercer una autoridad constitucional sobre las iglesias miembros. En segundo lugar, el Consejo se basa en la fe en Jesucristo como Dios y Salvador, lo que esencialmente es "una afirmación de la encarnación y la expiación". Pero la base "no es un examen del credo para juzgar a iglesias o personas"; las iglesias tendrán libertad para interpretar esa fe a su modo.

A partir de Utrecht, algunos se han opuesto a toda base. Podría introducir un elemento de enjuiciamiento eclesiástico y corroer así la koinonia. Otros preferirían como base el Credo de Nicea o de los Apóstoles.

Aunque la asamblea de Ámsterdam consideró la base como "adecuada para los fines actuales" del CMI, hizo suya la necesidad "de aclarar o ampliar la fe cristiana" dentro del marco cristológico que había afirmado la asamblea. Un estudio posterior del comité central concluyó que no era necesario cambiar la base, si bien hacía falta explicar su significado y aclarar también que estaban implícitas en ella la Encarnación y la Trinidad. Según esto, la segunda asamblea (Evanston 1954) aceptó una descripción de la finalidad y función de la base: "menos que una confesión" pero "mucho más que una mera fórmula o acuerdo". La base mostraba la naturaleza de la comunidad ecuménica, proporcionaba una orientación general para la labor del Consejo e indicaba el modelo general de comunidad que las iglesias miembros trataban de establecer.

Después de Evanston, otro estudio indujo al comité central a presentar una nueva base en la tercera asamblea (Nueva Delhi, 1961); fue adoptada con 383 votos a favor, 36 en contra y 7 abstenciones. Dice así: "El Consejo Mundial de Iglesias es una comunidad de iglesias que confiesan al Señor Jesucristo como Dios y Salvador según el testimonio de las escrituras, y procuran responder juntas a su vocación común, para gloria del Dios único, Padre, Hijo y Espíritu Santo".

La base así reformulada incorpora cinco cambios. "Confiesan", frente al anterior "aceptan", indica un compromiso y subraya la experiencia de estar juntas en comunidad. "Al", no "nuestro", "Señor Jesucristo" es menos restrictivo y señala la universalidad del señorío de Cristo. "Según el testimonio de las escrituras" anula en cierta medida las críticas en el sentido de que el texto anterior tendía hacia el docetismo o el monofisismo y, al mismo tiempo, afirma el lugar de la Biblia en la comunidad ecuménica. "Y procuran responder juntas a su vocación común" añade una dimensión de dinamismo a la concepción de la comunidad y subraya también la prioridad ontológica de lo que Dios ha realizado ya en Cristo. La fórmula doxológica final establece la afirmación cristocéntrica en un marco Trinitario, hace que la base sea totalmente aceptable para los ortodoxos y añade un elemento de celebración al hecho y a la aspiración de unidad.

La mayor parte de los delegados en la asamblea que participaron en los debates opinaron que esta nueva base estaba plenamente de acuerdo con la doctrina Trinitaria tal como se formuló en los dos primeros concilios ecuménicos y en el Credo de Nicea, y convino en que hacía más explícito el fundamento evangélico y escriturístico al no limitarse al movimiento ecuménico. Pero hubo también voces críticas. Temían que, al exigir, para poder ser miembros, más que el criterio cristológico esencial, el CMI estaba avanzando en la dirección de un confesionismo, o que cualquier ampliación sentaría un precedente para otras adiciones hasta que la base se convirtiera en "una pesada declaración doctrinal". Otros críticos creían que la nueva base bloquearía cualquier revisión futura y dejaba sin corregir "el carácter monofisita unilateral de la base original".

La base de 1961 ha persistido. Continúa definiendo suficientemente la naturaleza del CMI. Pero toda la oración y cada una de sus expresiones fundamentales no son abstracciones estáticas. Se colorean con los horizontes que han desarrollado más de 50 años de experiencia reflexiva. El Señor Jesucristo como Señor y Salvador, las escrituras tal como se entienden y se expresan en la oración y el testimonio, la comunidad de iglesias y su vocación común, e incluso la gloria del Dios Uno y Trino, ninguna de estas realidades se experimenta y entiende completamente como las entendieron las jóvenes iglesias miembros en 1948. De hecho, esta continuidad en desarrollo crea una "base más allá de la Base", que se pone de manifiesto en la larga declaración de política del comité central propuesta a la octava asamblea (Harare, 1998): Hacia un Entendimiento y una Visión Comunes del CMI.

This article was written by T.K. Thomas and Tom Stransky and appeared in the revised Dictionary of the Ecumenical Movement edited by Nicholas Lossky, José Míguez Bonino, John Pobee, Tom Stransky, Geoffrey Wainwright and Pauline Webb.
The volume is published by WCC Publications (Geneva) and Wm. B. Eerdmans Publishing Company (Grand Rapids, MI).