World Council of Churches

Una comunidad mundial de iglesias que buscan la unidad, el testimonio común y el servicio

Usted está aquí: Inicio / Documentación / Fondo documental / Other conferences and meetings / Conferencia Misionera Mundial / Documento Preparatorio Nº 9: La Misión desde la perspectiva de los pueblos en lucha

Documento Preparatorio Nº 9: La Misión desde la perspectiva de los pueblos en lucha

La Conferencia de Misión Urbana y Rural sobre "La misión desde la perspectiva de los pueblos en lucha" fue la culminación de un proceso de dos años y medio de reflexión misionológica de base que inició el Grupo Mundial de Trabajo de MUR en la reunión que celebró en Jacerei, San Pablo, Brasil, en febrero/marzo de 2002. Lo llevaron a cabo las redes regionales de MUR en África, Asia, Europa, América Latina, Oriente Medio y América del Norte. En la mayoría de los casos la reflexión se hizo en el plano de la comunidad local, en el plano nacional y en el regional. En todos los casos se elaboraron informes que resumen las principales conclusiones de las reflexiones.

07 de mayo de 2005

La Misión desde la perspectiva de los pueblos en lucha

Documento Preparatorio  Nº 9

<typohead align="center">INFORME DE LA CONFERENCIA MUNDIAL SOBRE MISIÓN DE MUR
ABOKOBI, ACCRA, GHANA
1-7 DE MAYO DE 2004
</typohead>

1ªPARTE: INTRODUCCIÓN Y REFLEXIONES MEDULARES

<typohead type="4">Introducción</typohead>

La Conferencia de Misión Urbana y Rural sobre "La misión desde la perspectiva de los pueblos en lucha" fue la culminación de un proceso de dos años y medio de reflexión misionológica de base que inició el Grupo Mundial de Trabajo de MUR en la reunión que celebró en Jacerei, San Pablo, Brasil, en febrero/marzo de 2002. Lo llevaron a cabo las redes regionales de MUR en África, Asia, Europa, América Latina, Oriente Medio y América del Norte. En la mayoría de los casos la reflexión se hizo en el plano de la comunidad local, en el plano nacional y en el regional. En todos los casos se elaboraron informes que resumen las principales conclusiones de las reflexiones.

La conferencia de Accra reunió a más de ochenta participantes de 36 países y de siete de las ocho regiones del CMI. No hubo participantes del Pacífico.

Tanto con la conferencia como con el proceso preparatorio de la misma se procuraba lograr dos objetivos principales. Uno era articular una visión de la misión, desde la perspectiva de los pueblos en lucha, que diera forma al trabajo y la perspectiva de MUR para los años venideros. El otro era presentar una articulación de esa visión de la misión con la Conferencia Mundial sobre Misión del CMI que se celebraría en Atenas en 2005. Nuestra conferencia y los debates que en ella se dieron tuvieron como eje esos dos objetivos.

El propósito de la conferencia era dejar que esos dos objetivos informaran un proceso abierto que permitiera a los participantes dar forma a la conversación y también dejar que las ideas y las preocupaciones informaran el debate a medida que surgían. A fin de facilitar este proceso se organizó una serie de debates en grupos pequeños de los que habría que dar cuenta al plenario y que fueron guiados por los comentarios de un grupo designado de oyentes. Este grupo, que presidió el Revdo. Dr. George Mathew, estaba constituido por representantes de cada una de las regiones: el Sr. Mario González Figueroa (América Latina, con la asistencia de la Sra. María Bentancur Páez para la traducción), la Sra. Helena Hooper (África), la Sra. Anna Marisana (Asia), el Revdo. Garnet Parris (Europa), el Dr. Daniel Scott (América el Norte) y el Sr. Gamal Zekrie (Oriente Medio). La tarea del grupo de oyentes era:

  • escuchar y tomar nota de las cuestiones y preocupaciones planteadas durante las actividades de la conferencia;

  • resumir el contenido del debate, y hacer reflexiones sobre el mismo, como una guía para los pasos siguientes del proceso;

  • ayudar a reunir las conclusiones de los debates.

El presente informe es una síntesis de las reflexiones medulares de la conferencia de Accra. Se ha elaborado a partir del informe común del grupo de oyentes/comentadores y de algunas de las líneas de reflexión comunes de los informes de los procesos regionales.

La conferencia estuvo precedida de dos días de contacto directo con el contexto local. El primero fue en el antiguo castillo de esclavos de Costa del Cabo, donde con una visita guiada se ayudó a los participantes a meterse en esa parte de la historia y la herencia de la región y de la iglesia. El segundo fue en dos aldeas escogidas que intervienen en un programa piloto especial de MUR-África.

El trabajo del primer día estuvo dedicado a las ceremonias oficiales de apertura, entre las que figuraron un culto y dos reflexiones seguidas de una discusión en plenario. El sermón del culto estuvo a cargo de Monseñor Robert Okine, arzobispo retirado de la Iglesia de la Provincia de África Occidental de la Comunión Anglicana. El Secretario General del Consejo Cristiano de Ghana, Dr. Fred Deegbe, presidió la ceremonia de apertura. La Sra. Justice Sophia Adenyira, vicemoderadora del Comité Central del CMI y jueza del Tribunal de Apelaciones de Ghana, pronunció el discurso de bienvenida en nombre de la nación y del CMI. También se recibieron saludos de las iglesias de Ghana y de la Comunidad de Iglesias y Consejos de África Occidental (FECCIWA). Al inicio se hicieron dos ponencias. La de la Sra. Anna Marsiana, directora de la Fundación de Orientación en Bienestar Social (YBKS) de Solo, Indonesia, trató de "Hacer misión con pueblos en lucha en la mundialización" y la del Dr. Guillermo Kerber Mas del equipo de Relaciones Internacionales del CMI versó sobre "El abordaje de algunos desafíos y amenazas mundiales en el comienzo de un nuevo siglo".

El segundo día estuvo dedicado al proceso de las "rondas de relatos" tradicionales de las comunidades aborígenes de América del Norte. Comenzó con una introducción a cargo de la Sra. Bibiana Nalwiindi Seaborn y el Dr. Daniel Scott, seguida de siete rondas de relatos simultáneas en cada una de las cuales había facilitadores y comentadores teológicos. El Sr. Ron Tremblay cerró las "rondas de relatos" con una ceremonia tradicional de los pueblos aborígenes. Seguidamente se realizaron cuatro talleres: Comunicación popular, dirigido por la Sra. Amparo Beltrán Acosta; Sanación y Equilibrio, dirigido por el Sr. Ron Tremblay; la situación de Oriente Medio, dirigido por varios integrantes de la delegación de Oriente Medio; y El tráfico de mujeres, dirigido por la Sra. Virginia Wangare Greiner. Además, MUR Asia y África se reunieron para discutir La solidaridad entre Asia y África 1.

Los días tercero y cuarto el trabajo comenzó con un culto y una reflexión bíblica en pequeños grupos siguiendo el estilo de la Lectio Divina. Después de esto se realizó un plenario durante el cual los oyentes presentaron un resumen comentado del trabajo de los días anteriores y plantearon cuestiones para que la conferencia siguiera reflexionando. El proceso permitió que la conferencia centrara su reflexión en cuatro áreas, guiada por conjuntos de preguntas para cada una.

<typohead type="2">Reflexiones medulares</typohead>

a) MUR, la Iglesia y la Misión

Un elemento claro en la evolución del programa MUR del CMI es la creación de una red que se ha identificado mucho con este programa. Con el transcurso de los años esta red ha llegado a concebirse como un movimiento mundial de personas, arraigadas en la fe cristiana, que son llamadas, junto con otras, a la misión de Dios de una manera especial. Ha entendido esto como una llamada a participar en las luchas de los explotados, los marginados y los oprimidos, para construir una comunidad nueva basada en la justicia y la inclusividad, en la perspectiva del reino de Dios.

A la luz de esta manera de entenderse, MUR tiene ante sí algunas cuestiones y realidades complejas y difíciles por lo que atañe a su experiencia de "la iglesia" como institución y a su relación con esa institución. MUR reconoce que esta relación se ha caracterizado a menudo por cierta "incomodidad" que parece haberse convertido en un aspecto permanente, aunque no totalmente malsano, de la relación.

Desde dentro de las luchas, ha habido diferentes experiencias de la manifestación institucional de la "iglesia". En la historia ha habido experiencias positivas de "la iglesia" poniéndose al lado de los oprimidos y los excluidos. Pero la experiencia predominante ha sido la de una iglesia que, o bien ha pasado por alto la exclusión de los lastimados y los marginados, o bien ha cooperado con ésta.

MUR entiende que la iglesia, como "cuerpo de Cristo", está llamada a estar "en medio" -una presencia viva de Dios en todo el pueblo de Dios. Con frecuencia esto quiere decir que la iglesia debe vivir y dar testimonio en la compleja realidad de un mundo pluricultural y plurirreligioso y enfrentar una multiplicidad de opciones cumpliendo con la palabra de Cristo. Ahora bien, desde la perspectiva de los marginados es sobre todo una llamada a tener una presencia vivificante y transformadora de la vida entre los pueblos en lucha y que sufren, y al lado de ellos. Es una exigencia de participación en sus luchas para derribar las estructuras y los sistemas que fragmentan la comunidad humana, haciendo a unos opresores y manteniendo a otros oprimidos.

MUR interpreta su propia misión a la luz de esta manera de entender y por eso a menudo se encuentra en oposición y criticando a las iglesias porque no toma claramente partido a favor de los débiles. De esta manera, MUR encuentra su lugar "entre" las iglesias y los pobres, trabajando en y en nombre de las iglesias así como de los pobres, una voz profética de las unas para los otros. Es claro que no es una posición de neutralidad sino de mediación y compromiso con los que están al margen. Esto hace que la relación sea a la vez complementaria y contradictoria, caracterizada por la solidaridad y la crítica. MUR reconoce que su misión no es sin la iglesia aunque a veces tenga que trabajar fuera de las estructuras de las iglesias. Sin embargo, de vez en cuando tiene que acicatear a las iglesias para que estén con los pueblos en lucha y no los abandonen ante las presiones, la injerencia política y otras fuerzas opuestas a la vida.

Al plantear estas cuestiones fuimos conscientes de que íbamos a tener que examinar a fondo lo que queremos decir con "iglesia" y reconocer que las circunstancias y experiencias locales y regionales determinarán nuestra manera de entender y nuestras relaciones. Y, por último, reconocimos que en algunas regiones este diálogo tiene que ser tanto interreligioso como ecuménico.

 

En la conferencia se reflexionó sobre la relación entre MUR como un movimiento que trata de hacer misión desde la perspectiva de los pueblos en lucha, por un lado, y la iglesia como una "institución" en sus diversas manifestaciones, por el otro. Se afirmó la necesidad de que dicha reflexión sea un proceso permanente tanto en MUR como con las iglesias. En esta relación, MUR ve que su papel es educativo. Éste se entiende como un proceso por el que se mantiene a las iglesias informadas sobre las preocupaciones y los puntos de vista de los pobres y los marginados y de sus luchas por la vida con dignidad, así como sobre las cuestiones que debilitan a los pueblos y las comunidades. En esta tarea de expresar las opiniones de los excluidos, MUR muchas veces ha criticado las estructuras jerárquicas de la iglesia y ha invitado a las iglesias a que amplíen su manera de entender y practicar la misión. No obstante, MUR considera que está actuando de manera positiva para apoyar y estimular a las iglesias para que presten atención a las dimensiones misionológicas y evangélicas de las cuestiones relativas a la justicia, la pobreza y la dignidad humana. Su objetivo es influir en las iglesias para que adopten una visión de la misión que incluya una mayor solidaridad con los pobres y una disposición a estar con ellos en medio de sus luchas.

Debe decirse también que, en muchas tradiciones, se ha despojado la evangelización y la espiritualidad de su carácter y dimensión esencialmente proféticos, ya que muchas veces se oponen a las luchas de los pueblos por la justicia y por la vida con dignidad. La separación del trabajo de las iglesias por la justicia del de proclamación introduce cierta jerarquía de valores que en sí constituye una causa de división en las iglesias y las congregaciones. Desde la perspectiva de los pueblos en lucha, esta dicotomía fomenta una falsa espiritualidad que permite que la evangelización sirva a los intereses del poder y mantenga el statu quo. Para ellos, lo que está en juego es la integridad del Evangelio como "buena nueva para los pobres". La verdadera evangelización es la predicación de un Evangelio que identifica la iglesia con los pobres y los oprimidos, un Evangelio que derriba las barreras que dividen y separan a la humanidad de Dios, a los unos de los otros y del resto de la creación. Esto exige que se vuelva a centrar la evangelización en la misión reconciliadora de Dios que denuncia todo lo que separa, margina y oprime, como lo ejemplifica la vida y la enseñanza de Cristo. Esto también implica la necesidad de volver a situar el trabajo de la iglesia por la justicia social en el marco de la proclamación de esta misión reconciliadora de Dios.

Como personas a quienes atañe esta misión, nos vemos trabajando con las iglesias en una colaboración que encierra la necesidad mutua de permitir que el Evangelio encuentre expresión de muchas formas. Vemos el papel de MUR como una voz que llama a la iglesia a la evangelización profética y a una espiritualidad de resistencia a la deshumanización. Esto significa estar alertas y prontos para abordar cuestiones que afectan a los más marginados: migrantes y refugiados, víctimas de todas las formas de discriminación, opresión, conflicto y otras formas de violencia y todos los que tienen sus derechos y su libertad en peligro o violados, así como cuestiones relativas a la preocupación por, y el cuidado de, toda la tierra y sus criaturas y recursos. Vemos a MUR como un instrumento profético de la iglesia que la llama a ver y entender a los pueblos en lucha y a estar junto a ellos. Hay que recordar constantemente a las iglesias esta llamada y nosotros necesitamos el apoyo de ellas para seguir estando en el mundo en medio de las luchas de los pueblos. Como MUR sirve para ser la iglesia con los pueblos en lucha sirve también como un medio para que las voces de los pobres sean escuchadas y reconocidas en la iglesia. Nuestra tradición de relatar historias es parte de nuestra labor de dar a conocer las realidades de pobreza y marginación. Es también uno de nuestros métodos para construir y fomentar comunidades inclusivas. Nuestra esperanza es que las voces de los pobres sean escuchadas y que la teoría y la práctica de la misión tengan en cuenta sus opiniones.

Con respecto a la mundialización, reconocemos que hay más pobres y marginados que nunca. Crece la diferencia entre ricos y pobres y sentimos que es urgente que la iglesia dedique más recursos de misión para acompañar y apoyar a los pobres en su lucha. Se necesitan recursos para la formación y para la movilización de la comunidad, así como para el fortalecimiento y el desarrollo de la comunidad. Se necesita crear nuevas alianzas que crucen los límites ecuménicos e interreligiosos. Es necesario que reconozcamos que este trabajo adoptará muchas formas para adaptarse a las circunstancias y realidades locales y que sólo será eficaz cuando esté arraigado en lo que es propio de cada situación, aborde las preocupaciones locales y refleje el llamamiento de Isaías 58.

Se recomienda que el procedimiento que siga MUR para relacionarse con las comunidades y solucionar los problemas que éstas enfrentan sea un estado continuo de reforma y reubicación. Esto incluye ser mas sensibles en las visitas que se hacen con el fin de entrar en contacto directo con las comunidades y dar cabida a las medidas que surjan de esas visitas antes que centrarse en el diagnóstico de los problemas presenciados. Tenemos que buscar continuamente maneras de dar más espacio a las bases para que sean mucho más activas en el proceso de tomar decisiones y resolver problemas, lo que incluye darles un papel en las reuniones y actividades de MUR y en las comunidades eclesiales más amplias.

b) Violencia y violación, y la respuesta de MUR

Quedó claro que interesarse por la "misión desde la perspectiva de los pueblos en lucha" exigirá dar una respuesta a las diversas formas de violencia y violación que son parte de la experiencia de los pueblos en lucha. La misión como la entendemos en MUR, como la práctica del acompañamiento, exige una respuesta seria a los problemas que plantea la realidad de violencia mundializada que reduce a los pueblos a la desesperación. Esta respuesta debe abordar particularmente la cuestión de la misión con las víctimas de la violencia y la violación de una manera que sea coherente con el Evangelio de Cristo que trajo vida en toda su plenitud para todos. Entre otros asuntos, hay que abordar los siguientes:

  • cuando se examina el tema de que la iglesia tiene que estar "entre" surgen también preguntas sobre la misión en relación con los perpetradores de la violencia, y sobre nuestro papel en el trabajo por la justicia, pero también en la sanación y la reconciliación. ¿Cómo tiene que llevarse a cabo esta misión?

  • Abordar la violencia en sus muchas formas y ayudar a idear "estrategias de resistencia" exige un análisis serio y crítico de los contextos y las circunstancias. Exige también discernimiento espiritual y confianza en la guía del Espíritu Santo para que el acompañamiento no sea mal situado o mal dirigido como en el caso de los que consolaban a Job.

  • Por último, hemos escuchado que existe interés en que abordemos la violación como una de las muchas formas que puede adoptar la violencia y que puede persistir en las vidas de los marginados. Esto también exige estar junto a los que luchan y a los marginados.

Respondiendo a estas preocupaciones y exigencias queremos afirmar categóricamente la necesidad de hacer misión "entre" sin caer en el error de tomar una posición de neutralidad o indiferencia. Vemos la misión de la iglesia como una llamada al "acompañamiento" y no a la "observación neutral". Tiene que quedar claro que estamos en primer lugar y siempre del lado de las víctimas, pero cuando es posible tenemos que poder trabajar con los perpetradores/violadores a fin de concretar la justicia y la reconciliación. La violencia está poniendo continuamente a prueba a la iglesia y el Evangelio y no se debe hacer caso omiso de ella, ni hacer como que no existe ni minimizarla.

Reconocemos que, en nuestro trabajo en favor de la justicia social, es importante que vayamos más allá de la manera puramente jurídica y política de entender la justicia y la reconciliación que a menudo se ha asociado con las luchas de los pueblos. Creemos que para MUR y para la iglesia el trabajo de reconciliación no puede consistir solamente en curar el pasado. Debe incluir la necesaria prevención de la repetición de los mismos errores en el futuro. El arrepentimiento exige un cambio de dirección. Si bien nuestra prioridad es acompañar a las víctimas de la violencia y de la injusticia, los perpetradores que estén dispuestos a cambiar pueden convertirse en compañeros en el diálogo y la búsqueda de reconciliación. Debemos mantener esta esperanza. Por lo que respecta a tomar posición, queremos que quede claro que estamos llamando a las iglesias a tomar posición a favor de la justicia y de los débiles, en el entendido y la convicción de que los problemas sociales y políticos que deben abordarse tienen dimensiones teológicas, éticas, y por lo tanto evangélicas, profundas. Debemos evitar con prudencia quedar enredados en juegos políticos y atenernos a desempeñar un papel profético que ponga en tela de juicio las estructuras políticas, sociales y económicas, así como las religiosas, que comprometen la plenitud de la vida en la perspectiva de las "buenas noticias" de Cristo.

Siempre está la tentación de hablar en nombre de la víctima pero MUR debe tener claro que nuestro papel es más bien el de crear espacios y posibilidades para que las víctimas hablen por sí mismas. En consecuencia recomendamos decididamente que el CMI dé una oportunidad de este tipo y cree espacios en la conferencia mundial de misión para que estén los pueblos en lucha, las víctimas de la violencia, los marginados y los afligidos y hablen por sí mismos.

Desde el principio MUR ha incluido en el movimiento a personas de otras religiones que han puesto a prueba nuestro sentimiento de identidad cristiana pues ésta nos ha parecido menos clara. Creemos que estamos llamados a ser la sal que preserva y da gusto y que no estamos perdiendo nuestra identidad cristiana sino que estamos encontrando nuestra verdadera identidad dando vida a otros. Insistimos en el poder espiritual de nuestra misión y en la esperanza presente en la tarea de construir comunidades y vincular pueblos de orígenes diferentes, especialmente en contextos donde el diálogo entre tradiciones es decisivo para la reconciliación, la justicia y la construcción de la paz. Esta capacidad, según la vemos nosotros, es la de nutrir, a los demás y a nosotros mismos, e invitamos a MUR a continuar en este espíritu.

También nos interesa que MUR examine el modo de hacer las visitas de sensibilización y sea consciente de que se desperdicia el potencial de una comunidad si solo se la visita y no se la compromete. Es importante que toda visita a una comunidad sea un acto de solidaridad y que toda visita tenga un objetivo. Proponemos que se pase de la sensibilización a la inmersión para que la visita sirva para establecer vínculos, lograr la comprensión y para intercambiar historias y experiencias.

c) Justicia reparadora, sanación y reconciliación

La auténtica reconciliación debe basarse en la justicia y la verdad que enfrenta las causas profundas del conflicto, la violencia y la violación. Entre los pueblos en lucha existe una gran preocupación de que el discurso sobre la sanación y la reconciliación no tome en serio los asuntos relacionados con la justicia. Esto se debe a que los poderosos y los perpetradores de injusticias suelen hablar de reconciliación y no de justicia. Para los pueblos en lucha, la "justicia reparadora" sigue siendo una de las tareas decisivas -la cuestión inconclusa- de la misión. Esto plantea la pregunta: ¿Cuál es la naturaleza de la justicia reparadora que buscamos y cuáles son los pasos necesarios para avanzar hacia ella e ir más allá hasta la sanación y la reconciliación verdaderas?

El llamamiento a las iglesias para que sean comunidades de reconciliación y sanación es también un llamamiento a que reconozcan el destrozo de un mundo en el que están llamadas a dar testimonio y ejercer ministerio. Es un llamamiento a reconocer que el mundo está destrozado y sigue estándolo por un abuso continuo de poder, la marginación y la opresión de los débiles y la deshumanización del otro. La historia humana está repleta de casos de genocidio y otros crímenes de lesa humanidad. Algunos de ellos han causado la desaparición de pueblos y culturas enteros. Los del siglo pasado y el actual son sombríos recuerdos de esta realidad. La impunidad y los regímenes de terror son parte de nuestra memoria reciente. Seguimos presenciando conflictos civiles, étnicos y religiosos violentos. Expropiaciones, trasplantes y ocupaciones violentos, formas viejas y nuevas de marginación y persecución económica y social y el tipo de resistencia violenta que éstas han provocado han hecho entrar al mundo en una nueva era de polarización que todos los bandos ven como una amenaza para su modo de vida. Frente a esta amenaza, las preocupaciones por la seguridad nacional e internacional han determinado las normas de actuación y la respuesta. De este modo, los poderosos han aprovechado la oportunidad para atrincherar su egoísmo. Desde este punto de vista, parece que, en ambos bandos, se hace borrosa la distinción entre poder y derecho, entre defensa propia y agresión, entre resistencia y terrorismo, entre justicia y el terror del "antiterrorismo".

Todo esto ha seguido contribuyendo a fragmentar las comunidades humanas y ha creado un mundo destrozado lleno de personas que han perdido la autoestima. Es esta condición humana misma lo que la mayoría necesita curar. Es desde esta condición que se le pide al Evangelio ser la "buena noticia" para todos y es en esta perspectiva en la que el "arrepentimiento", la "restitución, el "perdón" y la "sanación de los recuerdos" se vuelven decisivos para la misión ya que ésta trabaja para que la humanidad y la creación se reconcilien consigo mismas y con Dios.

Necesitamos reconocer en estos actos de unos seres humanos contra otros la deshumanización de la condición humana, pero también necesitamos entender que la deshumanización es una espada de doble filo, un proceso en dos sentidos en el que tanto la víctima como el perpetrador son deshumanizados. Por eso, nuestro trabajo en favor de la justicia reparadora implica trabajar con el objetivo de la rehumanización. Si bien no puede haber restauración de un tipo de perfección primordial, puede haber restauración de la humanidad por el reconocimiento de la humanidad propia en el otro. Esto también exige arrepentimiento y cambio de actitud.

Aquí advertimos no caer en una manera puramente antropomórfica de entender la humanización. Afirmamos que es la imagen de Dios en cada uno lo que hace un ser humano. Nuestra deshumanización mutua es nuestra negativa a ver esta imagen los unos en los otros. Es también nuestro intento deliberado de negar a los otros la posibilidad de ver la imagen de Dios en ellos mismos. Es importante que nuestro trabajo en favor de la humanización tenga esta dimensión espiritual que nos lleve más allá de una humanidad antropocéntrica a una llena de Dios, es decir a la theosis o deificación. Este es un proceso sin fin de convertirnos, de crecer en Dios.

Afirmamos que este tipo de reparación es esencial para la verdadera sanación, ya que no puede producirse sanación o reconciliación alguna si persisten las injusticias de la marginación, la discriminación, la explotación y el abuso de poder. La justicia y la reconciliación deben verse como complementarias en la misión de Dios. Es Dios quien nos cura y nos reconcilia a los unos con los otros y con el propio Dios en Cristo. En Él somos reconciliados con Dios en el poder recreador del Espíritu Santo. Se nos recuerda que éste es también un proceso sin fin que requiere vigilancia espiritual. La voz profética de la iglesia debe alzarse en todas las épocas contra todas las tendencias a deshumanizar o a perpetuar la destrucción de los humanos si es que quiere participar verdaderamente en esta misión de Dios.

Tiene que haber una evaluación crítica de maneras más jurídicas de entender la justicia reparadora que se han centrado en la restitución material. ¿Conduce a la sanación y a la reconciliación esta forma de justicia reparadora? Esto es importante porque la justicia reparadora no puede ser un fin en sí misma, debe conducir a la sanación, la sanación de las personas y de las comunidades.

En nuestras reflexiones sobre la sanación y la reconciliación nos damos cuenta una vez más de que estamos llamados a tomar partido por la víctima, aun cuando trabajamos con una orientación basada en la comunidad. De modo que debemos tener cuidado de que la labor de reparar y curar el destrozo y la fragmentación de la comunidad no signifique más daño y persecución a las víctimas ni se generen más víctimas por este asunto.

d) La mundialización y la mercantilización de la vida

Los relatos de las luchas de los pueblos pusieron de manifiesto una preocupación respecto a la mundialización y a la capacidad de la ideología y las prácticas jurídicas que la acompañan de convertir todas las cosas -recursos, agua, seres humanos- en productos que se compran, se venden, se toman o se intercambian en beneficio de unos pocos. No parece claro que las iglesias hayan captado todo el significado de esta ideología y los desafíos que sus afirmaciones plantean al Evangelio que tenemos la misión de proclamar. MUR está preocupada porque todavía no hay crítica teológica que esté a la altura de los buenos trabajos de análisis social y que exponga la mundialización tal cual es y los desafíos que plantea al Evangelio de Cristo. Es importante que MUR haga que las iglesias reflexionen sobre la ideología de la mercantilización que impulsa la mundialización y que articulen una respuesta teológica al respecto. Es fundamental que las iglesias puedan hacer que tanto sus miembros ricos como los pobres entiendan y pongan en tela de juicio la idolatría que entraña esta ideología y resistan a la capacidad que tiene para fragmentar y destruir la vida, todas las formas de comunidad humana y el orden natural inclusive.

MUR cree que su misión es denunciar esta tendencia y sus efectos en las vidas de los pueblos y las comunidades, pero además estimular la invención de soluciones en el plano concreto de la construcción de comunidades. Otro problema es que ante la desaparición del debate ideológico, el mundo parece atrapado entre las tesis neoliberales de una cultura única mundial y una visión exclusivista, nacionalista y etnicista que se expande. MUR afirma la necesidad de tener un discurso antiideología y la necesidad de ser proactivos respecto a esto.

En los relatos del Génesis sobre la creación y en las cosmologías de otras tradiciones religiosas y culturales, reconocemos que el Espíritu obra para crear vida en todas las circunstancia. El aliento/espíritu de Dios convierte el polvo en ser y el mismo Espíritu crea orden del caos. La venida de Cristo es la respuesta de Dios a la humanidad que hace retroceder la creación a la fragmentación, al caos, por sus actos de desobediencia y deshumanización que ocasionan muerte. En Cristo Dios nos llama para que salgamos de esta fragmentación y entremos en la integridad; por la muerte y resurrección de Cristo Dios nos llama para que pasemos de la muerte a la vida, devolviéndonos, en el poder del Espíritu, a una humanidad centrada de nuevo en Dios. Por lo tanto, vemos nuestra llamada a participar en esta misión de Dios como una invitación a la fiesta de la vida en la que todas las personas van a ser rehumanizadas, en la que se va a recrear el orden y se va a restaurar la vida en su plenitud e integridad. Vemos la mercantilización de la vida como la perpetuación de la deshumanización y de la fragmentación de la creación, una negación del acto y el poder salvadores de Dios en Cristo. Y llamamos a las iglesias a resistir esto.

Afirmamos que los pobres, en especial, deberían tener acceso fácil a los elementos esenciales de la vida, como tierra, alimentos y agua, y a los servicios que la sustentan, como la educación y la atención de salud, en calidad de derechos humanos, y condenamos la mercantilización de éstas y otras actividades humanas relacionadas con la vida como la cultura y el medio ambiente. Por tanto, creemos que es necesario defender algunos de los logros sociales del pasado y resistirse al desmantelamiento total de los sistemas de seguridad social que han sido fruto de las luchas de los pueblos.

En lugar de la supervivencia de los más capacitados, afirmamos, en respuesta a la llamada del Evangelio, una espiritualidad de compromiso con los más vulnerables, con los "hermanos más pequeños" [de la familia de Dios] (Mt. 25:40). En lugar del carácter sagrado de la riqueza, afirmamos el carácter sagrado de la vida que da Dios, caracterizada por la gracia, la gratuidad, la generosidad y la hospitalidad. Llamamos a resistir a la deificación del dinero. Confesamos a Dios como la única fuente de toda vida y de todo ser y afirmamos que el objetivo de la misión es la deificación (theosis) de la humanidad, facultada por el Espíritu Santo para participar en Cristo y en la misión de Cristo de salvación y de reconciliación con Dios y de los unos con los otros. Afirmamos que compartir los bienes materiales y los dones y posibilidades espirituales es un aspecto esencial de esta misión, como se describe en Mateo 25. Creemos que los valores basados en el Evangelio deben inspirar las reglamentaciones estatales para limitar la libertad absoluta del mercado, y que esta es una parte importante de la misión profética de la iglesia.

Ahora bien, de la globalización no deben tenerse solo en cuenta los efectos económicos en los pobres y en la comunidad humana. Existe mucha preocupación porque, en esta época de mundialización, se están imponiendo a poblaciones y naciones enteras nuevas formas de identidad, de relación y de parentesco. Esto se está haciendo tanto en los propios contextos tradicionales de los pueblos, mediante un proceso sistemático e intencional de imperialismo cultural, como en contextos nuevos a los que las personas han sido trasplantadas, mediante políticas y procesos de asimilación. Esto tiende a perpetuar y consolidar el genocidio cultural que ahora ha quedado tan claramente identificado como una de las consecuencias negativas de la manera en la que la misión se ha llevado a cabo antes. Esta tendencia a imponer una cultura única mundial y una identidad única o "amalgama de pueblos" que deja poco espacio para la diversidad representa una amenaza tan grande como las otras para la integridad de la creación de Dios y una tarea difícil para la misión. Pero tampoco esto es nuevo. En toda la historia de la humanidad, y especialmente en los últimos quinientos años, la arrogancia de una civilización u otra ha provocado el genocidio de otros y pérdidas importantes para la humanidad. La verdadera reconciliación exige enfrentar y poner en tela de juicio estas tendencias, ya sea que se las encuentre en políticas o en el comportamiento de la gente. Exige hoy nuevas maneras de predicar y de vivir el Evangelio que permitan a las personas recobrar la estima de sí mismas y de sus propias identidades, ya que éstas interactúan con otras y crecen.

Por lo tanto:

  1. Necesitaremos articular una teología de la riqueza que respete las disciplinas y prácticas espirituales de Isaías 58 para que podamos mantener nuestra esperanza de vida abundante y a la vez criticar una teología de la prosperidad. Recomendamos esta tarea a la conferencia de misión y al trabajo de misión futuro del movimiento ecuménico.

  2. Nuestro trabajo de misión nos exigirá también que llamemos a los ricos al arrepentimiento y a la admisión de la culpabilidad. Los ricos son todos los que tienen responsabilidad, los que usan/abusan de los recursos para sus propios fines, los que tienen poder sobre otros. Necesitamos pensar en poner límites a la riqueza.

  3. Hacemos nuestra la necesidad de recuperar palabras, conceptos e ideas que han sido desvirtuados para servir intereses que no son los de la justicia. Vemos la base de la justicia como la obra del Espíritu.

  4. Nuestro trabajo, si queremos avanzar, nos exigirá forjar soluciones de varios tipos:

  • Compartir y comunicar nuevas posibilidades prácticas de construir y desarrollar comunidades y maneras de proceder en lo económico y lo social que respeten las identidades legítimas de los pueblos, y la participación y el bienestar de todos los pueblos.

  • En nuestro trabajo de acompañamiento abrir espacios para el discurso cooperativo sobre ideología que incluya la posible creación, en el futuro, de un "Instituto de Ideologías de MUR".

e) Declaración final

Isaías 58:1-11 ofrece al movimiento MUR una posición no negociable en nuestros esfuerzos por cumplir la "misión desde la perspectiva de los pueblos en lucha". Vemos que esto tiene dos aspectos complementarios. El movimiento ha hecho hincapié en lo siguiente como su praxis de misión, a saber: "misión desde abajo, que da espacio a los que no tienen voz para que se los escuche y que acompaña a los pobres y marginados en sus luchas". No obstante, MUR es llamada a ser profética en la iglesia y en nombre de ella, lo que hace que su posición sea complementaria y contradictoria.

MUR se plantea la exigencia de una praxis de misión que lleve a la sanación y la reconciliación cuando la misma esté inspirada en las palabras de Isaías 58:1-11. Nuestra misión seguirá resistiéndose a buscar nuestro propio placer y nuestra comodidad. Seguirá resistiéndose a la opresión de los desvalidos y los pobres, al descuido de las personas sin hogar y al abuso de las comunidades marginadas. Por sobre todo seguirá resistiéndose a permanecer callada ante el silencio de la iglesia o su negativa a tomar partido por los pobres y ser activa en la lucha de éstos por la rehumanización y una vida con dignidad.

<typohead type="2">Comunicado de la conferencia</typohead>

Estamos reunidos aquí en Accra, Ghana, y venimos de todas partes del mundo: de África, Asia y Oriente Medio, de Europa y América del Norte, de América Latina y el Caribe. Hemos venido a renovar, reafirmar y fortalecer nuestra misión en medio de los pueblos en lucha como redes de MUR. Esto sucede en un momento en que la opresión institucionalizada, la violencia, la ocupación y la militarización sistemáticas, la marginación, y la privación y la exclusión socioeconómicas ponen nuevos obstáculos a la humanidad. Hacemos notar con honda preocupación los procesos de ocupación ilegal de tierras y de opresión de pueblos soberanos con el pretexto de la "guerra al terror", que alude especialmente a la situación en Oriente Medio. Nos preocupa que las políticas de hegemonía, unilateralismo y neocolonialismo, junto con sus dimensiones económicas capitalistas, estén devastando y fragmentando muchas partes del mundo.

Nosotros, como el movimiento mundial de MUR, formamos parte de comunidades de base -y trabajamos con ellas- que están dedicadas a trabajar entre los que luchan -de los que formamos parte- por la solidaridad, por la potenciación espiritual, proporcionando un espacio seguro para que sean escuchados sus relatos de luchas, por la mejora de su calidad de vida ideando soluciones y resistiendo activamente a las fuerzas de la opresión y la deshumanización.

Visitamos la Costa del Cabo y allí se nos hizo recordar las profundas heridas históricas de la esclavitud que necesitan ser curadas en África y en todo el mundo. Conversamos además con iglesias y comunidades locales y escuchamos sus necesidades, compartimos sus experiencias, alegrías y esperanzas y nos enriquecimos con el patrimonio cultural y espiritual del pueblo de Ghana.

Para nosotros la misión es la proclamación de la plenitud de la vida. Como personas de iglesia, de otras comunidades religiosas y de diversos movimientos sociales del mundo, como individuos y comunidades que viven la lucha, estamos llamados a proporcionar un espacio abierto mediante el cual se hagan oír a la iglesia y la comunidad las voces de dolor y sufrimiento. En los círculos de relatos de historias hemos escuchado las de comunidades en lucha y hemos reflexionado sobre nuestro compromiso social de hacer algo al respecto. Compartiendo así, pretendemos construir comunidad en solidaridad.

La misión de MUR comienza con los relatos de la gente, relatos de liberación de la esclavitud, relatos de dolor, alegría y esperanza personales y colectivos, de liberación individual y emancipación comunitaria. Estos círculos de relatos se enriquecieron con la participación de distintas tradiciones religiosas y culturales, riqueza que es parte integrante de la familia mundial de MUR.

Como renovamos nuestra esperanza de ser comunidades que sean bendecidas con "vida en abundancia", nuestra misión comienza por utilizar nuestra voz profética para desnudar y condenar el contexto mundializado de dirección capitalista y sus nuevas realidades geopolíticas que destruyen intencionadamente la sociedad humana. Examinamos específicamente los efectos de la violencia y cómo ésta repercute en quienes son violados; la mercantilización como catalizador de la mundialización; la injusticia y la necesidad de la justicia reparadora, y la misión de MUR como la espiritualidad de resistencia a esta injusticia y opresión. Afirmamos la consigna "otro mundo es posible".

En medio de este contexto mundial, hacemos caso del llamamiento a ser comunidades de sanación y de reconciliación, y creemos que la verdad y la fidelidad de la memoria de las víctimas deben posibilitar esta sanación y que la reconciliación en el contexto de comunidades destrozadas es un proceso que debe informar la justicia en todos los planos. Vivimos y trabajamos en poblaciones donde las matanzas, la esclavitud y la opresión son hechos cotidianos y pensamos que el lenguaje de la pacificación no puede tapar los gritos de dolor silenciados por la fuerza. La sanación interpersonal e intercomunitaria justa, sostenible y duradera se construye sobre una espiritualidad de reconciliación que respeta la voz de las víctimas. Nos han inspirado las palabras de Isaías 58 y Lucas 4, que indican que la misión conducirá a la sanación y la reconciliación cuando se caracterice por una disciplina espiritual que resista al egoísmo y la opresión y rompa el yugo de la injusticia.

Nuestra misión de MUR se basa en la potenciación espiritual que es vivificante, da plenitud y es una fuerza que mueve hacia la emancipación individual y comunitaria de las cadenas de la servidumbre económica, la represión política, la opresión cultural y la marginación social.

Hoy, que venimos de todas partes del mundo, reafirmamos nuestro compromiso de trabajar con los más pobres de los pobres y con los más marginados. Reafirmamos nuestro compromiso de trabajar con la iglesia y a través de los movimientos populares de cada uno de nuestros contextos locales.

 


1 Aunque las conclusiones de estos procesos se reflejan en las "Reflexiones medulares" que siguen, hay informes separados sobre algunas de ellas que pueden solicitarse.

Download : Preparatory Paper No 9.pdf