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Nacido de la Virgen María

El amor de Dios se encarna en lugares y de formas inesperadas.

La imagen que solemos tener de la Sagrada Familia y del nacimiento del Señor a menudo no refleja la situación de riesgo que narra el evangelio de Lucas. El desposorio de María y José estuvo en peligro debido al embarazo de ella y al posible escándalo. El período en el que María debía guardar reposo antes del parto se vio interrumpido por un edicto imperial que los obligó a emprender un viaje difícil hacia un pueblo lejano. El propio Jesús nació en una noche fría, en un humilde establo, y sus primeros días transcurrieron como los de un refugiado, huyendo de la persecución ordenada por un rey enloquecido. En estas circunstancias tan desesperadas e improbables se inició la historia de la Sagrada Familia.

 “Hoy, como en aquellos tiempos, las familias experimentan los riesgos, peligros y vicisitudes que conlleva ser humanas en un mundo demasiado cruel. Millones de familias de todo el mundo se ven afectadas por la pobreza y la persecución, desplazadas por las catástrofes y el cambio climático, y separadas en medio de la huida de las personas refugiadas en situaciones de conflicto y violencia”. 

Y el Verbo se hizo carne…

Sin embargo, hoy, igual que en aquel entonces, en medio del dolor, el daño, la confusión y el desarraigo, nace la vida de Jesús y, con ella, nuestra esperanza. ¡Los ángeles cantan y los pastores se postran ante él! La encarnación de Dios en forma humana, Jesús, representa el amor de Dios y confirma nuestro valor infinito como hijos de Dios, iluminando, elevando y expandiendo nuestras vidas, y llevando a toda la familia humana a una relación más profunda con Dios y con los demás.

Por nosotros y por nuestra salvación 

A través de su persona, su vida y su enseñanza, Jesús invitó a sus discípulos, y también nos invita a nosotros, a caminar a su lado, a encontrarnos con Dios y a ser formados en una fe auténtica, un amor inclusivo y un servicio desinteresado.

Por él alcanzamos la fe y  la certeza de que, a pesar de las pérdidas, los reveses y las decepciones a los que nos enfrentamos hoy, el Dios de la Vida continúa obrando con nosotros, para nosotros y a través de nosotros, para redimir nuestras vidas y nuestro mundo, a menudo atribulado.

En su ternura y fragilidad, en su silenciosa pero perseverante acogida de la vida divina encarnada en forma humana, la Sagrada Familia simboliza nuestra relación con Dios, con nuestro prójimo y con el futuro de la humanidad. En este “reino fundacional de la familia de Dios”, nuestra familia es toda la humanidad, dondequiera que el amor se encarne; nuestro hogar es dondequiera que la fidelidad a Dios nos guíe; nuestro prójimo es quien nos necesita. Por medio de esta santa fe, se nos invita a formar parte de la Sagrada Familia de Dios y unirnos a ella. No estamos solos en nuestras dificultades, nuestro dolor y nuestro sufrimiento. Estamos conectados con Dios y entre nosotros. Somos familia. ¡Y Emanuel, nuestro Dios, está siempre con nosotros!

Gloria a Dios en las alturas,
y paz a todas las personas en la tierra


Rev. Prof. Dr. Jerry Pillay
Secretario general
Consejo Mundial de Iglesias