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Informe del encuentro ortodoxo pre-Asamblea

Por iniciativa del Consejo del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) y tras la invitación de Su Santidad el Patriarca Ecuménico Bartolomeo, nos reunimos en nuestra calidad de representantes de las iglesias ortodoxas y ortodoxas orientales, en la isla de Kos (Grecia), del 11 al 17 de octubre de 2012, bajo los honorables auspicios de S. E. el Metropolitano Nathanael de Kos y Nisyros, para reflexionar sobre el tema de la 10ª Asamblea del CMI, y preparar nuestra participación y la contribución teológica de nuestras iglesias a esa Asamblea que se celebrará en 2013.

08 de marzo de 2013

Preámbulo

1. Por iniciativa del Consejo del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) y tras la invitación de Su Santidad el Patriarca Ecuménico Bartolomeo, nos reunimos en nuestra calidad de representantes de las iglesias ortodoxas y ortodoxas orientales, en la isla de Kos (Grecia), del 11 al 17 de octubre de 2012, bajo los honorables auspicios de S. E. el Metropolitano Nathanael de Kos y Nisyros, para reflexionar sobre el tema de la 10ª Asamblea del CMI, y preparar nuestra participación y la contribución teológica de nuestras iglesias a esa Asamblea que se celebrará en 2013. La Consulta fue presidida conjuntamente por S. E. el Metropolitano Gennadios de Sássima en nombre de la Iglesia Ortodoxa y S.E. el Metropolitano Eustaquio Matta Roham en nombre de la Iglesia Ortodoxa Oriental.

2. Durante los últimos treinta años, en el marco del Consejo Mundial de Iglesias, se ha tenido la costumbre de convocar una consulta interortodoxa previa a las asambleas. El principal objetivo de esta reunión era estudiar y examinar el tema principal y los subtemas de la próxima Asamblea y reflexionar sobre los mismos desde la perspectiva ortodoxa con objeto de contribuir a la preparación de todos los participantes en Busán, y expresar nuestras expectativas respecto de la  Asamblea del CMI y posteriormente. Los treinta y siete participantes, jerarcas, sacerdotes, profesores universitarios, laicos hombres y mujeres, y jóvenes, recibimos una calurosa acogida por S.E. el Metropolitano Nathanael de Kos y Nisyros en la sesión de apertura, que brindó la ocasión para inaugurar una nueva capilla en el hotel con la participación de todos los delegados, así como del clero a nivel local, además de las autoridades laicas y locales. Tras una introducción de los objetivos de la Consulta y algunas reflexiones teológicas sobre el tema, las preocupaciones y las esperanzas en relación con el futuro, que presentó S.E. el Metropolitano Gennadios de Sássima (Patriarcado Ecuménico), y una breve presentación de todos los participantes, nuestro grupo dedicó varias sesiones a escuchar las reflexiones de los participantes sobre los temas y subtemas de la próxima Asamblea en Busán, “Dios de Vida, condúcenos a la justicia y la paz”. Los planteamientos en esas intervenciones se resumen en las siguientes secciones de esta declaración.

3. Cada día, los trabajos comenzaban con la oración en la recién inaugurada capilla. Un momento especial de oración tuvo lugar el sábado, 13 de octubre, cuando el Obispo Hovagim Manoogian (Iglesia Apostólica Armenia, Santa Sede de Etchmiadzin) anunció el fallecimiento del Patriarca armenio de Jerusalén, Arzobispo Torkom Manoogian. El hecho de que la reunión haya tenido lugar en Grecia nos dio la oportunidad de visitar las congregaciones locales y de tener así un contacto directo con la población griega que se enfrenta con una profunda crisis económica. Oramos por Grecia y expresamos nuestra esperanza de que se pueda superar pronto la crisis económica. Los miembros de nuestra consulta procedentes de Oriente Próximo nos informaron acerca de la evolución de la situación en la región. Todos los participantes en la consulta expresaron su profunda preocupación por la escalada de violencia en la zona, especialmente en Siria, y oraron por la paz en Oriente Próximo, expresando su esperanza de que el Dios de Vida conduzca a la región y a todo el mundo hacia la paz y la justicia.

Reflexiones teológicas sobre el tema de la Asamblea

4. En la experiencia espiritual ortodoxa, y, de conformidad con la tradición patrística,

El Creador es la vida misma, y el único Dios engendrado es Dios, y la vida, y la verdad, y toda cosa concebible que sea noble y divina. La creación, por su parte, obtiene de Él lo bueno, por lo que es evidente que si tiene vida gracias a su participación en la vida, al abandonar esa participación, se separa asimismo de la vida.

Por lo tanto, se entiende por Vida Divina la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

5. La humanidad es creada libre, a imagen y semejanza de Dios, con objeto de alcanzar la santidad y la glorificación mediante una relación vital con Dios. Sin embargo, el ejercicio abusivo de la libertad quebranta la comunión con nuestro Creador, y conduce a la muerte. Según la enseñanza patrística, el pecado consiste precisamente en esa ruptura. De ahí en adelante, las perturbaciones se viven a todos los niveles de la vida humana y se extienden al resto de la creación.Tras la caída, nuestra relación con nosotros mismos, con los otros, y con la creación se vuelve antagónica y dominada por la carne, y promueve todo tipo de discriminaciones, injusticias y conflictos, la explotación de los débiles por los fuertes, así como repercusiones medioambientales.

6. Las consecuencias trágicas sobre la naturaleza humana y toda la creación tras la separación del Dios de la vida, se revierten en Jesucristo: "Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. En Jesucristo, el Hijo de Dios, lo increado se unió a lo creado. Trascendiendo su trascendencia, Dios irrumpió en la vida humana y en la historia, curó la naturaleza humana corrompida por el pecado y restauró las relaciones entre Dios y la humanidad, entre los seres humanos, y entre la humanidad y el mundo creado. Cristo cumplió este mandato mediante su pasión, su crucifixión, su resurrección de entre los muertos y su ascensión al cielo. Después del acontecimiento de Pentecostés, Cristo sigue presente con nosotros por medio del Espíritu Santo en la Iglesia. La obra salvífica de Cristo logró la unidad, la rectitud, la justicia y la paz. Así pues, el Evangelio de salvación es la palabra de reconciliación.

7. El bautismo, como participación en la muerte y la resurrección de Cristo, introduce a todos los cristianos en la vida de Cristo, en la comunión con Dios y con toda la humanidad creada a su imagen. La fórmula bautismal recuerda la propia vida trinitaria, el Padre es la Fuente de vida, el Hijo es el Principio de vida, y el Espíritu santo es Quien vivifica.  Esta comunión se mantiene gracias a nuestra participación en el cuerpo y la sangre eucarísticos de Cristo. Así pues, la comunión cristiana no es una mera abstracción o una mera conciencia social, sino que, por la gracia de Dios, es una participación en la vida misma de Cristo, que comienza, para nosotros, con el Bautismo y se mantiene a lo largo de nuestra vida Eucarística en la iglesia.

8. A la luz de la encarnación, la justicia y la paz no se entienden como condiciones subjetivas, sino que son vividas como dones del Espíritu Santo por quienes aceptan la gracia de Dios. La justicia conduce a la paz y viceversa. Así pues, la justicia y la paz son realidades interrelacionadas; una y otra existen juntas y expresan nuestra relación con Dios (paz con Dios), con nosotros mismos (paz con nuestra conciencia), con otros (paz con nuestros prójimos), y con el mundo creado (administración responsable de la creación). La justicia y la paz que, siguiendo el ejemplo de Cristo, se basan en el amor y la abnegación incondicionales, están por encima de su significado social común, y son una expresión de la vida transfigurada en Cristo, que supera la sabiduría humana, las pasiones humanas, las ambiciones y el egoísmo.

9. El Señor, en su oración final, antes de Su pasión, oró por la unidad, la paz, y la justicia (Juan 17:21), que siguen siendo nuestra vocación en el día de hoy. Sin embargo, debido a nuestra flaqueza y a nuestra incapacidad de responder a la vida en Cristo,  y de transfigurar nuestros corazones y nuestro espíritu a la luz de Su verdad, padecemos, y a veces causamos, divisiones, guerras, injusticia, y la degradación de nuestro entorno físico.

10. Al responder a las palabras de Cristo, "de la misma manera, que la luz de ustedes alumbre delante de todos, para que todos vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre, que está en los cielos" (Mateo 5:16), los cristianos están llamados a esforzarse juntos para restaurar la justicia, la paz y la unidad, basándose en el mensaje de Cristo y en el amor de Dios por la humanidad. En esta perspectiva, es imperativo que trascendamos la pasividad y la violencia escogiendo una tercera vía: “No paguemos a nadie mal por mal. Procuremos hacer lo bueno a los ojos de todo el mundo” (Romanos 12:17).

11. En el marco del CMI, nuestros esfuerzos juntos en favor de la justicia y la paz contribuirán a la unidad de la misión cristiana y a una mayor credibilidad de las iglesias ante los ojos de la sociedad en la que vivimos. Esta labor por la justicia y la paz puede llevarse a cabo en colaboración con organismos laicos que promueven los derechos humanos, aunque para los cristianos el fundamento es el Evangelio, que afirma el valor y la dignidad absolutos de la humanidad y de la creación, y no un programa secular de derechos humanos. Colaborar en tareas de curación y de edificación de la paz con todas las personas de buena voluntad es una forma idónea por la que los cristianos pueden promover la justicia y la paz en nuestro mundo fragmentado sufriente. Todos en la tierra necesitan nuestra caridad, nuestras oraciones y nuestra solidaridad.

12. En la vida de las iglesias ortodoxas, oramos sin cesar por la unidad, la justicia y la paz. La Divina Liturgia, desde la letanía de apertura hasta la conclusión de la anáfora, contiene muchas oraciones por la unidad de la Iglesia y del mundo, y el servicio concluye con el mandamiento “Id en paz”, encomendando a los fieles a aportar la paz de Dios a sus hogares y al mundo que los rodea. Los cristianos están llamados a trabajar por la transformación del mundo, a fin de propiciar la justicia y la paz de Dios allí donde se encuentren.

13. El tema de la Asamblea, “Dios de Vida, condúcenos a la justicia y la paz”, nos interpela e interpela a nuestras iglesias para que se esfuercen juntas con objeto de hacer realidad esta visión de unidad, justicia, y paz con su enriquecedora perspectiva escatológica, como describe el profeta Isaías:

Él juzgará entre las naciones, y dictará sentencia a muchos pueblos. Y ellos convertirán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces. Ninguna nación levantará la espada contra otra nación, ni se entrenarán más para hacer la guerra. (Isaías 2:4)

El lobo convivirá con el cordero; el leopardo se acostará junto al cabrito, el becerro, el león y el animal engordado andarán juntos, y un chiquillo los pastoreará, (…) el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la cueva de la víbora. (Isaías 11:6-9)

Esta es la visión de los nuevos Cielos y la nueva Tierra en los que Cristo “todo lo llenará a plenitud” (Efesios 1:22).

De Porto Alegre a Busán

14. Nuestra Consulta examinó las actividades del Consejo desde la Asamblea de Porto Alegre. Lo hicimos teniendo en cuenta los problemas con los que se enfrenta hoy el movimiento ecuménico. Entre esos problemas importa mencionar la crisis financiera mundial que ha tenido graves consecuencias para nuestras iglesias y el CMI. Además, se abordó la cuestión de la multiplicidad de organizaciones locales, regionales e internacionales, que obliga constantemente a volver a examinar las formas en las que el CMI puede cumplir mejor su misión de exhortar a buscar la unidad de los cristianos.

15. Examinamos la participación de los ortodoxos en las actividades del CMI durante ese período, tomando nota, en particular, de nuestra activa participación en los trabajos de las Comisiones: Fe y Constitución, Misión y Evangelización, y la Comisión de las Iglesias para Asuntos Internacionales, así como de los grupos mixtos de trabajo ( con la Iglesia Católica Romana  y con las iglesias pentecostales), y del Comité de Planificación de la Asamblea, colaborando, además, en el examen en curso de la gobernanza del CMI, que procura aplicar las recomendaciones de la Comisión Especial en las tareas diarias del CMI. Por otra parte, se destacó la activa participación de nuestras dos familias de iglesias ortodoxas en la organización de importantes reuniones estratégicas y programáticas. Del mismo modo, cabe señalar la importante participación ortodoxa en varias iniciativas ecuménicas como miembros de delegaciones del CMI. Además se desplegó un esfuerzo concertado para aumentar la participación de mujeres y jóvenes ortodoxos, aunque queda claro que es necesario continuar y fortalecer ese esfuerzo.

16. Las múltiples visitas a diversas iglesias efectuadas por el secretario general del CMI pusieron en evidencia nuestra estrecha relación con el Consejo. Observamos asimismo la importante presencia ortodoxa en el personal en Ginebra, sobre todo en posiciones de liderazgo, lo que garantiza su participación coherente en todas las actividades de las oficinas centrales del CMI. Esperamos que esa presencia pueda incluso reforzarse.

17. Deseamos señalar, en particular, la celebración de una serie de importantes consultas interortodoxas internacionales, de las cuales algunas recibieron importantes contribuciones financieras por parte de las iglesias organizadoras:

18. La primera, celebrada en Sibiu (Rumania), del 9 al 12 de noviembre de 2010, estudió el tema “El movimiento ecuménico en la enseñanza teológica y en la vida de las iglesias ortodoxas”. La Consulta destacó el papel decisivo de nuestras instituciones de enseñanza en la tarea de crear una mayor conciencia respecto del movimiento ecuménico, y, en especial, en la formación de nuestros profesores y estudiantes a fin de que adopten una actitud responsable y crítica a la hora de enfrentarse con los problemas y desafíos que se nos plantean en un mundo plural desde el punto de vista religioso.

19. En la segunda consulta, celebrada en Aghia Napa (Chipre), del 2 al 9 de marzo de 2011, se redactó una respuesta ortodoxa común al estudio de Fe y Constitución sobre “Naturaleza y Misión de la Iglesia”. Los participantes abordaron los numerosos problemas y desafíos eclesiológicos planteados por la declaración y formularon sugerencias de fondo para afinar y aclarar el texto. Posteriormente, estas y otras sugerencias se incorporaron en la nueva declaración sobre unidad que se presentará a la Asamblea en Busán.

20. Además, se celebraron otras reuniones, en julio de 2009, en Bucarest (Rumania), en septiembre de 2009, en Leros (Grecia), y en octubre de 2010, en Damasco (Siria), con objeto de preparar a los delegados ortodoxos para la Convocatoria Ecuménica Internacional por la Paz, celebrada en Kingston (Jamaica), en mayo de 2011, y ayudar a sistematizar un enfoque ortodoxo sobre la paz con justicia.

Expectativas que suscita Busán y después

21. En tanto iglesias ortodoxas somos conscientes de nuestros imperativos y desafíos, así como de los difíciles problemas con que se enfrentan actualmente las iglesias en el mundo.

22. Las iglesias ortodoxas y las iglesias ortodoxas orientales exhortan a centrarse en las actividades del CMI para promover la unidad de los cristianos. Se suelen escuchar comentarios acerca de la crisis en el movimiento ecuménico y la falta de interés por la unidad, o sobre la falta de una visión clara respecto de la naturaleza de esa unidad. En gran medida, esto es consecuencia del hecho de que la idea de la unidad visible es considerada algo poco realista por muchos copartícipes ecuménicos, de los cuales algunos ortodoxos. Esto es un resultado de la evolución que se ha producido en algunas iglesias miembros durante los últimos 40 años (por ejemplo, la ordenación de las mujeres, los diversos enfoques en relación con cuestiones morales y éticas, etc.). De ahí que la distancia entre las iglesias miembros sea cada vez mayor. Por otra parte, la creciente participación en el movimiento ecuménico de iglesias que no son miembros del CMI y que introducen en el diálogo nuevas consideraciones eclesiológicas y nuevos entendimientos de la unidad como misión, crea nuevos desafíos a la búsqueda de la unidad, en particular cuando esas iglesias presentan su candidatura como miembros del CMI.

23. La forma más adecuada de resolver esta situación sería volver a las enseñanzas y prácticas teológicas y éticas de la Iglesia primitiva, adoptando una concepción patrística de las Sagradas Escrituras y de los valores éticos. Volver a leer juntos el patrimonio patrístico nos permitiría encontrar un terreno de entendimiento, lo que ayudaría a que las iglesias en el CMI tengan la capacidad de avanzar y de revitalizar todo el movimiento ecuménico. Esperamos que la Comisión de Fe y Constitución continúe aplicando ese enfoque.

24. En Busán y posteriormente, nos reuniremos y dialogaremos animados por el espíritu de una comunidad de iglesias. Al hacerlo, todos debemos prestar la debida atención a la observancia del procedimiento de consenso, preservando sus principios, especialmente a la hora de tomar decisiones sobre cuestiones relativas a la condición de miembro.

25. En nuestras deliberaciones, hemos comprendido la importancia de una serie de declaraciones de de política general y otros documentos muy importantes para nuestra participación en el CMI. Así pues, instamos a nuestras iglesias y al CMI a propiciar una formación ecuménica seria, particularmente para la generación más joven, basada en esas declaraciones (particularmente la Declaración de Toronto; la declaración normativa EVC; el Informe de la Comisión Especial sobre la participación de los ortodoxos en el CMI; etc.)..

26. En tanto iglesias ortodoxas - que identifican su historia y su presente con el misterio de la Cruz, el sufrimiento y la resurrección del Señor – estamos profundamente preocupadas por los conflictos, las violaciones de los derechos humanos, los atentados terroristas y las persecuciones que tienen lugar en diferentes partes del mundo. Nos preocupa, en particular, la situación en Oriente Próximo y en Asia. Tenemos la convicción de que los conflictos deben resolverse únicamente por medios pacíficos y el diálogo, y no mediante la acción militar. Instamos y oramos por el cese inmediato de la violencia en esas regiones, así como en todos los lugares donde tienen lugar conflictos, y por la observancia universal de la libre determinación y la buena gobernanza.

27. Creemos firmemente que nosotros, juntamente con todas las iglesias miembros, deberíamos continuar promoviendo – ahora más que nunca – el diálogo interreligioso sobre cuestiones relativas a la paz y la reconciliación en el mundo. Es necesario concebir nuevas estrategias de diálogo eficaces para impedir el extremismo y garantizar que no se utilice la religión como un peligroso instrumento de disturbios y de justificación de la violencia. Creemos que la paz y la reconciliación no pueden lograrse sin el respeto de los derechos humanos y sin la promoción de los valores espirituales fundamentales – especialmente entre los jóvenes. Así pues, instamos al CMI a intensificar sus esfuerzos en favor de la paz.

28. Animamos al CMI a ayudar a las iglesias en la labor de fortalecimiento de su misión de evangelización, aunque, al mismo tiempo, condenamos el proselitismo, que consideramos el principal obstáculo de nuestro testimonio en común y de la unidad en la misión. Las iglesias ortodoxas y las iglesias ortodoxas orientales han contribuido, en gran medida, a las tareas misioneras del CMI, gracias a su dinámica teología y a su testimonio vivo en lugares de sufrimiento y de gran necesidad; y están dispuestas a hacer frente a los nuevos desafíos del mundo actual, teniendo en cuenta el aumento constante y alarmante de las necesidades de la población en los lugares de conflicto y persecución, así como en el mundo “desarrollado” cada vez más secular, que rechaza o ignora el cristianismo y los valores cristianos.

29. Reconocemos vivamente nuestra responsabilidad en común de difundir el mensaje de protección de la naturaleza y el medio ambiente. Instamos al CMI a que continúe su labor y a que busque copartícipes más estratégicos en sus esfuerzos en favor de la ecojusticia y el desarrollo sostenible. Toda la humanidad es responsable de la condición del mundo y de la creación de Dios. El agotamiento de los recursos, la contaminación del medioambiente, así como el aumento demográfico del mundo requieren, sin excepción, urgentemente, los esfuerzos conjuntos de todas las naciones para preservar la variedad y la calidad de la vida. Guiados por el mandamiento de Dios de ser buenos mayordomos del mundo creado (Génesis 2:15), las iglesias ortodoxas instan al CMI a que emprenda acciones visibles destinadas a la protección de la naturaleza y del medio ambiente.

30. Valoramos la iniciativa del secretario general del CMI de designar un grupo de trabajo encargado de redactar una declaración sobre la unidad que se presentará en la próxima Asamblea. Esa declaración pondrá de relieve el objetivo principal de la comunidad de iglesias de buscar la plena unidad visible de la iglesia. En nuestra reunión se presentó un borrador de esa declaración sobre la unidad y tuvimos la oportunidad de formular observaciones sobre el texto. Destacamos que la diversidad no debe celebrarse en los casos en los que puede dar lugar a división y desunión. Sobre la cuestión de la unidad de toda la creación, sugerimos que la declaración se base en los trabajos que ya existen de nuestras iglesias sobre teología de la creación y ecología. Instamos a esforzarse por una mayor claridad en el lenguaje eclesial del texto, por un contenido teológico más rico, así como por una sistematización de las divisiones doctrinales que nos separan.

31. “Bienaventurados los que guardan el derecho, los que hacen justicia en todo tiempo!”