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Myrrhbearing women Empty tomb

Icon with the myrrhbearing women at the empty tomb in St. Paul church, Dayton, US.

Fotografía:

Y respondiendo el ángel dijo a las mujeres: —No teman, porque sé que buscan a Jesús, quien fue crucificado. No está aquí, porque ha resucitado, así como dijo. Vengan, vean el lugar donde estaba puesto. (Mateo 28:5-6).

Estimados hermanas y hermanos en el Cristo crucificado y resucitado:

Se acercan los días en que celebramos la Pascua, por lo que nos complace transmitirles el mensaje tradicional cristiano:  “¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente, ha resucitado!

Difundo este mensaje en un momento difícil en la vida de muchos pueblos, iglesias y naciones. Este año, volvemos a celebrar la Pascua en un complejo contexto de situaciones dolorosas. Muchos de los miembros de nuestra comunidad sienten miedo e incertidumbre, han vivido experiencias traumáticas, separaciones, aislamiento, pérdida de esperanza, o la enfermedad y la muerte en sus familias o comunidades religiosas. La pandemia de COVID-19, que ha afectado a todo el mundo, también afecta a la forma en que se celebrará la Pascua. Para proteger nuestras propias vidas y las de los demás, un año más, muchos de nosotros volveremos a celebrar la Pascua y a encontrarnos con el Señor resucitado “tras puertas cerradas” (Juan 20:19-20)

Y, a pesar de estas circunstancias traumáticas y dolorosas, el mensaje de Pascua irradia luz. ¡Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos! (Hebreos 13:8). La Pascua nos alienta y nos recuerda que Dios, en Cristo, sigue amando y cuidando al mundo entero, venciendo a la muerte con vida, conquistando el miedo y la incertidumbre con esperanza. La tumba está vacía, ¡Cristo ha resucitado!

A lo largo de los siglos, el saludo pascual, “¡Cristo ha resucitado!”, ha infundido fuerzas y coraje en los cristianos para hacer frente a la muerte, la destrucción, la opresión y la esclavitud, el miedo, la duda y la incertidumbre. Al enfrentar hoy los problemas provocados por la COVID-19, te aseguramos que estamos unidos a ti en la oración y en la mutua afirmación de nuestra fe y esperanza comunes en el Señor resucitado: ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? Pero gracias a Dios, quien nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. (1 Corintios 15:55, 57).

Atentamente,

Rev. Prof. Ioan Sauca
Secretario General en funciones
Consejo Mundial de Iglesias