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Preguntas frecuentes sobre la fecha de la Pascua

31 de enero de 2007

¿Por qué la celebración de la Pascua no cae cada año en la misma fecha, como es el caso de Navidad, por ejemplo?

Respuesta:

En pocas palabras, la respuesta sería la siguiente: porque en el siglo IV se decidió celebrar la Pascua de Resurrección después de la primera luna llena que sigue al equinoccio de primavera (vernal) en el hemisferio Norte (o sea el equinoccio de otoño en el hemisferio Sur) ("equinoccio" es un día del año en el que el día y la noche tienen la misma duración. Esto sucede dos veces al año, en primavera y en otoño).

Una respuesta más detallada sería la siguiente:

De conformidad con el Antiguo Testamento la muerte y la resurrección de Jesús tuvieron lugar aproximadamente en el tiempo de la Pascua judía. Según los evangelistas Mateo, Marcos y Lucas la última cena de Jesús con sus discípulos fue una cena de Pascua (Pésaj)[1], mientras que, según Juan el Evangelista, Jesús murió el día de la Pascua (Pésaj). En aquella época, la Pascua judía se celebraba, siguiendo las prescripciones bíblicas en "el decimocuarto día del primer mes" (véanse Lv 23:5; Nm 28:16; Jos 5:11). Los meses del calendario judío comenzaban con la luna nueva, por lo que el decimocuarto día correspondía al día de la luna llena. El primer mes, Nisán, era el mes que comenzaba con la luna nueva de primavera. En otras palabras: la Pascua judía se celebraba el día de la primera luna llena después del equinoccio de primavera y por ello era una festividad móvil.

Como se deduce de fuentes antiguas, ello tuvo como consecuencia que, desde los primeros tiempos, los cristianos de diferentes regiones celebraban la Pascua en fechas diferentes. Ya a finales del siglo II, algunas iglesias celebraban la Pascua cristiana el mismo día de la Pascua judía, independientemente de si era domingo o no, mientras que otras la celebraban el domingo siguiente. A finales del siglo IV había cuatro métodos diferentes de calcular la fecha de la Pascua cristiana. Ante esta situación, el Concilio de Nicea, en el año 325, buscó una solución unificada que guardaría relación con la fecha de la Pascua judía, como se celebraba en el tiempo de Jesús. Para ello se fijó definitivamente la celebración de la Pascua en una fecha móvil.

P. ¿Cómo se calcula, por consiguiente, la fecha de la Pascua?

R. El Concilio de Nicea estableció, en el año 325, la regla según la cual la Pascua se celebraría el primer domingo tras la luna llena que sigue al equinoccio de primavera (vernal) en el hemisferio Norte.

P. ¿Por qué a pesar de la regla nicena universalmente válida existen dentro del cristianismo fechas diferentes para celebrar la resurrección de Jesucristo?

R. En primer lugar, cabe destacar que, incluso tras el Concilio de Nicea, continuaron existiendo diferencias respecto de la fecha de la Pascua por el hecho de que el Concilio no dijo nada sobre el método que debería utilizarse para calcular la entrada de la luna llena y del equinoccio vernal.

Ahora  bien, la verdadera dificultad que plantea actualmente esta situación tiene su origen en el siglo XVI, cuando el Calendario Gregoriano reemplazó al Juliano que se había establecido en el 46 a.C.  Llevó cierto tiempo hasta que todos los países adoptaron el nuevo calendario (¡Grecia no lo hizo hasta principios del siglo XX!). Sin embargo, las iglesias ortodoxas aún continúan utilizando el Calendario Juliano para calcular el equinoccio de primavera y la luna llena que lo sigue. De ahí que calculen fechas diferentes.

P. ¿Por qué se decidió reformar el Calendario Gregoriano? ¿Era necesario hacerlo?

R. La reforma del calendario llevada a cabo por el Papa Gregorio XIII era necesaria porque el Calendario Juliano, hasta entonces en vigor, no era exacto respecto a la realidad astronómica. Es decir, que cuando llegaba el 21 de marzo, según el calendario, el equinoccio vernal astronómico ya había tenido lugar.

El problema fundamental que plantea esta situación es que el año astronómico -es decir, el tiempo que necesita la Tierra para dar una vuelta alrededor del sol- no tiene exactamente 365 días, sino 365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos.  Ahora bien, como era necesario dividir el año, por razones prácticas, en períodos de tiempo iguales, este problema se resolvió introduciendo años bisiestos.

P. ¿En qué consiste la diferencia entre el Calendario Juliano y el Gregoriano?

R. La diferencia entre los dos calendarios consiste precisamente en la forma de resolver el problema que acabamos de mencionar. El Calendario Juliano lo hizo previendo un día bisiesto cada cuatro años. Sin embargo, con ello, el año del Calendario Juliano es 11 minutos y 14 segundos más largo que la vuelta real de la Tierra alrededor del Sol. Así pues, el año trópico y el cálculo del calendario difieren en un día cada 128 años. El equinoccio real, por ejemplo, tiene lugar un día antes de la fecha prevista en el calendario. El Calendario Gregoriano trató de corregirlo acortando el año promedio del calendario.  Y se introdujo una regla complementaria  -apartándose de la regla del bisiesto del Calendario Juliano- según la cual  los años múltiplos de 100, pero que no son múltiplos de 400, no serían bisiestos. Con esta reducción de los años bisiestos, el Calendario Gregoriano se acerca más a la realidad astronómica que el Juliano, aunque aún no es "exacto": la diferencia entre la realidad astronómica y la fecha del calendario es así de sólo 26 segundos. Y para llegar a una diferencia de un día se necesitan 3.600 años. De momento, el Calendario Juliano tiene 13 días de retraso respecto del Gregoriano, y, en el año 2100, la diferencia será de 14 días. Es decir, la fecha del equinoccio vernal, que se ha fijado, según el Calendario Juliano, el 21 de marzo, y de la que depende la fecha de la Pascua, corresponde, según el Calendario Gregoriano, al 3 de abril.

P. ¿Se encuentran siempre una y otra fechas distantes dos semanas?

R. No. La separación entre las dos fechas de Pascua es diferente cada año. Puede llegar hasta 5 semanas. Aparte del hecho de que la fecha del equinoccio queda desplazada 13 días, hay que tener en cuenta cuándo comienza la luna llena. Porque si la luna llena tiene lugar dentro de los 13 días entre el equinoccio juliano y el gregoriano, la fecha de la Pascua ortodoxa será más tarde.

Además, existe otra dificultad al respecto, dado que, aparte del equinoccio, también el sol y la luna tienen una función que desempeñar. En el Calendario Juliano se calcula la entrada de la luna llena con ayuda del llamado Ciclo Metónico (un ciclo de 19 años, según el cual cada 19 años las fases lunares suceden en la misma fecha).  Sin embargo, dado que ese cálculo tampoco es astronómicamente exacto, se producen desfases. Cuando esto se añade a la diferencia entre el equinoccio juliano y el gregoriano, puede dar lugar a una diferencia de hasta cinco semanas entre las fechas de la Pascua ortodoxa y de la Pascua en occidente.

Además, la regla nicena tiene una disposición que es muy importante para los ortodoxos. En esa disposición se establece que no se debe celebrar la Pascua "con" (griego: "meta") los judíos. Aunque es verdad que no está completamente claro actualmente para los teólogos que se entendía con esa disposición,  el hecho es que la Pascua ortodoxa no debe coincidir con la fecha de la Pascua judía. Si esto sucede, la Pascua se aplaza una semana.

P. Este año (2007) una y otra festividades coinciden en la misma fecha. ¿Cuándo se produce esta situación?

R. Las dos fechas coinciden cuando la luna llena que sigue al equinoccio de primavera cae tan tarde que corresponde también a la primera luna llena tras el 21 de marzo según el Calendario Juliano. Esto no ocurre con regularidad. Sin embargo, se ha producido con frecuencia en los últimos años: 2001, 2004 y 2007. Y se producirá nuevamente en los próximos años en 2010, 2011, 2014 y 2017, pero después será necesario esperar hasta 2034.

P. ¿Pero por qué algunas iglesias ortodoxas celebran la Navidad en la misma fecha que las iglesias occidentales?

R. La Navidad se celebra en una fecha fija en todas las iglesias y se ha fijado en todos los casos (a excepción de la Iglesia Armenia) el 25 de diciembre.  Sin embargo, dado que la Iglesia Ortodoxa Rusa, la Iglesia Ortodoxa Serbia, el Patriarcado Ortodoxo Griego de Jerusalén y la Iglesia Ortodoxa de Georgia siguen el Calendario Juliano, la fecha en que celebran Navidad corresponde en el Calendario Gregoriano al 7 de enero. La Iglesia Ortodoxa Griega, la Iglesia Ortodoxa Búlgara, los patriarcados de Antioquía y de Alejandría y la Iglesia Ortodoxa Rumana siguen el Calendario Gregoriano (exceptuado respecto del cálculo de la Pascua) y celebran la Navidad al mismo tiempo que las iglesias occidentales. La Iglesia Apostólica Armenia es la única que ha conservado la fecha original de la Fiesta de Navidad, o sea el 6 de enero. En esa fecha se celebra asimismo el Bautismo de Jesús.

P. ¿Se está haciendo algo para unificar las dos celebraciones de la Pascua?

R. Ha habido y sigue habiendo esfuerzos en ese sentido. Por ejemplo, a principios del siglo XX, se emprendieron, por diversas razones, esfuerzos especiales para resolver esa cuestión. En 1902, el Patriarca Ecuménico de Constantinopla Joaquín III inició un debate entre las iglesias ortodoxas para alcanzar una mayor unidad entre los cristianos.

Cuando, en 1923, el Parlamento griego decidió introducir el Calendario Gregoriano, se desencadenó un conflicto entre la Iglesia Ortodoxa y el Estado. No fue sino por esa razón que se convocó un congreso panortodoxo en mayo de 1923, en el que se revisó el Calendario Juliano para lograr una mayor exactitud astronómica. Según este calendario, conocido con el nombre de Calendario Meleciano (del patriarca Melecio IV Metaxakis de Constantinopla), el año es sólo 2 segundos más largo que el año solar astronómico, o sea que, cada 45.000 años, se produce una diferencia de un día. Los cálculos se basan en observaciones a partir de Jerusalén en lugar de Greenwich. Así pues, este calendario es el más exacto hasta el presente. No obstante, su introducción dio lugar a divisiones en las iglesias ortodoxas, en particular en las iglesias Ortodoxa Griega y Ortodoxa Rumana. Desde entonces el tema figura una y otra vez en el orden del día de las conferencias panortodoxas.

Al mismo tiempo, comenzó el debate en el ámbito secular. En el mundo de los negocios se pidió un cálculo más sencillo y más fundamentado. En 1928, el Parlamento británico aprobó la llamada Acta de Pascua, por la que se exhorta a la celebración de la Pascua en un domingo fijo, es decir, el domingo que sigue al segundo sábado de abril. Sin embargo, el Acta dispone que esto sólo debería introducirse con el consentimiento unánime de las iglesias cristianas.

Ya en 1923, la Sociedad de las Naciones había abordado la cuestión y la había transmitido al Advisory and Technical Committee for Communications and Transit  (Comisión Técnica Asesora de Comunicaciones y Tránsito), que, por su parte, quería introducir un nuevo calendario universal, en el que el año se dividiera en meses de igual duración. Esa división tendría como consecuencia que sería necesario incluir uno o dos días fuera del ritmo normal de los siete días de la semana, para compensar el tiempo que faltaba. Por lo que respecta a la fecha de la Pascua, se propuso la solución británica. Se consultó con las iglesias para saber su opinión. El resultado de esta encuesta fue que la mayoría de las iglesias protestantes, representadas en el Consejo Mundial de Vida y Acción, estuvo a favor de una fecha de la Pascua fija. El Patriarcado Ecuménico de Constantinopla respondió que aunque la Iglesia Ortodoxa estaba a favor de un calendario que mantuviera la continuidad de la semana estaría dispuesta a aceptar una fecha fija para Pascua, a condición de que se continuara celebrando en un domingo y que todas las iglesias cristianas estuvieran de acuerdo. La primera respuesta de Iglesia Católica Romana fue que la cuestión sólo podía ser resuelta por un Concilio ecuménico.  Sin embargo, algunos años después, su respuesta pasó a ser una negativa rotunda.

Estos esfuerzos fueron asumidos por la ONU como organización sucesora de la Sociedad de las Naciones, pero fracasaron definitivamente en 1955, después de que los Estados Unidos de América rechazasen la idea de un nuevo calendario temiendo a la oposición pública  por razones religiosas.

La situación no cambió hasta la celebración del Concilio Vaticano II, cuya Constitución sobre la Sagrada Liturgia disponía que la Iglesia Católica Romana sólo aprobaría una fecha común variable o fija, si todas las Iglesias se ponían de acuerdo respecto de una solución. Por ello, el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) volvió a abordar la cuestión y llevó a cabo una encuesta, en1965 y 1967, entre sus iglesias miembros. La conclusión fue que todas las iglesias deseaban celebrar la Fiesta de la Pascua en una fecha común. Ahora bien, mientras la mayoría de las iglesias occidentales prefería una fecha fija, las iglesias ortodoxas preferían una fecha común movible según la regla nicena. En 1975, la cuestión  figuraba en el orden del día de la Asamblea General del CMI en Nairobi, tras la petición de la Iglesia Católica Romana de que se emprendiese algo en común sobre esta cuestión en el marco de la Asamblea General. Una nueva consulta con las iglesias miembros confirmó el resultado de la primera encuesta. La Asamblea señaló claramente que una decisión sólo podría ser tomada por las propias iglesias y no por el CMI. En ese estado de cosas, no se creyó útil formular una propuesta específica, pero se dijo que los trabajos deberían continuar.

En vista de ello, las iglesias ortodoxas, reunidas en su primera Conferencia Preconciliar panortodoxa en 1976, decidieron celebrar un congreso tan pronto como fuera posible.  Ese congreso tuvo lugar en Chambésy (Ginebra) en 1977 y se ocupó sobre todo del problema pastoral que planteaba el hecho de abandonar la regla nicena, por las divisiones que provocaría. Esta conclusión se reiteró de modo similar en la segunda Conferencia Preconciliar en 1982, y la revisión del calendario se postergó hasta que llegara un momento más propicio según la voluntad de Dios.

En el CMI no se volvió a plantear esta cuestión hasta el año 1997. Las dos secciones, "Culto y Espiritualidad" y "Fe y Constitución", organizaron una consulta en Alepo (Siria) por encargo del Comité Ejecutivo. En esta consulta se formuló una propuesta concreta: mantener la regla nicena, pero calcular el equinoccio de primavera y la luna llena utilizando los datos astronómicos exactos de que se dispone hoy día, en lugar de los que se utilizaban anteriormente.

P. ¿Por qué no se ha puesto en práctica esta solución?

R. Del lado ortodoxo se siguen reiterando hasta el día de hoy los argumentos presentados en 1977 y 1982 en las llamadas conferencias preconciliares.

El problema reside en que, aunque la utilización del cálculo astronómico no entrañaría prácticamente cambio alguno para las iglesias que emplean el Calendario Gregoriano, las experiencias muy dolorosas que han tenido las iglesias ortodoxas a lo largo de la historia, debido a los cismas que se han producido a causa de la reforma del calendario, las inducen a ser ahora muy prudentes al respecto. Por otra parte, la propuesta de que las iglesias occidentales cambien la fecha de la Pascua para que coincida con la de la Pascua ortodoxa tendría poco apoyo del lado occidental.

Exprese su opinión respondiendo a estas preguntas:

-        ¿Debería existir una fecha de la Pascua común o deberían mantenerse dos fechas diferentes?

-        Según su opinión ¿cómo se podría llegar a una solución?

 


[1] No existe en español un término específico para traducir la Pascua judía, por lo que hemos añadido entre paréntesis la palabra Pésaj del hebreo con la que se designa la festividad judía, distinguiéndola así de la Pascua cristiana (N. de la T.).

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