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Declaración sobre la violencia sexual contra las mujeres en la República Democrática del Congo

02 de septiembre de 2009

‘“No, hermano mío, no me fuerces, pues no se debe hacer así en Israel. No cometas tal infamia. Porque ¿adónde iría yo con mi deshonra? Y aun tú serías estimado como un perverso en Israel.” ’ (2 Samuel 13:12-14).

1. Mientras continúa el conflicto en la República Democrática del Congo, los brutales crímenes de violencia sexual contra las mujeres han aumentado de manera masiva y se han hecho omnipresentes en el país, especialmente desde el inicio de las operaciones militares en enero de 2009. Miles de mujeres y chicas jóvenes han sufrido debido a las violaciones y la esclavitud sexual forzada, y muchas veces se han visto obligadas también a servir como soldados en las fronteras. Como afirmó la Relatora Especial sobre la violencia contra la mujer en su informe al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (ONU) en febrero de 2008, “la violencia sexual es un rasgo que define el conflicto armado de la República Democrática del Congo”. Las mujeres de las zonas de conflicto armado sufren la violencia sexual perpetrada por varios actores tales como las Fuerzas Armadas de la República Democrática del Congo (FARDC), la Policía Nacional Congoleña, varios grupos armados y también cada vez más civiles.

2. La situación más grave de creciente violencia sexual contra las mujeres se da en Kivu del Sur, donde los grupos armados no gubernamentales, en particular la milicia de los países vecinos, cometen atrocidades sexuales de una brutalidad inimaginable, que van más allá de la violación y tienen como objetivo la destrucción completa física y psicológica de las mujeres como esclavas sexuales con consecuencias para toda la sociedad. Las mujeres son violadas en grupo brutalmente, con frecuencia delante de sus familias y comunidades. En numerosos casos, los familiares varones son forzados a punta de pistola a violar a sus propias hijas, madres o hermanas. Con frecuencia, estas mujeres acaban siendo infectadas del VIH y estigmatizadas por sus familias y, si están casadas, son a menudo abandonadas por sus maridos. También se expresó preocupación por que la seguridad y el sistema judicial no alcanzan a abordar los problemas de la violencia sexual y por que las mujeres que sobreviven a las violaciones carecen de suficientes cuidados y protección. La mayoría de los casos de violencia sexual de los que se tiene noticia en Kivu del Norte desde enero han sido atribuidos a los soldados del gobierno. Se informó de que, en la provincia de Equateur, soldados y agentes de policía también han llevado a cabo represalias sistemáticas contra civiles locales, incluyendo violaciones múltiples. Con la preparación de operaciones militares para perseguir a los combatientes de las Fuerzas Democráticas de Liberación de Rwanda (FDLR), los civiles se convierten cada vez más en víctimas de asesinatos, invasiones de hogares y violaciones. Como operan desde zonas boscosas, estos grupos armados asaltan a las comunidades locales, participan en saqueos y violaciones, imponen trabajos forzosos y esclavizan a mujeres y niñas.

3. Un experto independiente en materia de derechos humanos de la ONU informó a la Asamblea General de las Naciones Unidas el año pasado que la magnitud y la brutalidad de la violencia sexual a la que se enfrentan las mujeres en la República Democrática del Congo equivale a crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. La resolución 1820 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de junio de 2008 apuntó que las violaciones y otras formas de violencia sexual pueden constituir un crimen de guerra, un crimen contra la humanidad o un acto constitutivo de genocidio. La resolución también enfatizó la necesidad de excluir los crímenes de violencia sexual de las disposiciones de amnistía en el contexto de los procesos de resolución de conflictos y apeló a los Estados miembros para que cumplan con su obligación de procesar a las personas responsables por tales actos y para que garanticen que todas las víctimas de la violencia sexual, particularmente las mujeres y las niñas, tienen igual protección bajo la ley e igual acceso a la justicia. Sin embargo, en toda la República Democrática del Congo predomina un clima de impunidad por los crímenes contra las mujeres y las autoridades locales no hacen mucho para frenarla o procesar a los responsables por los crímenes. El sistema judicial no alcanza a abordar los problemas de violencia sexual y las supervivientes de violaciones carecen de los cuidados y la protección suficientes, por lo que la mayoría de ellas son estigmatizadas socialmente y VIH positivas. Incluso la ONU no parece contar con recursos y mecanismos eficaces para tratar tal privación de dignidad humana.

4. Mientras esta situación alarmante de brutalización sexual de las mujeres continúa en la República Democrática del Congo, es deplorable que las iglesias no se estén ofreciendo para condenar estas horribles atrocidades. Las iglesias parecen relegar la violencia sexual a la esfera privada, y todavía entienden la violencia como algo exclusivamente físico, sin tener en cuenta en absoluto los efectos psicológicos, sociológicos y espirituales, ni la ruptura de las comunidades. Los “secretos a voces” de prácticas religioso-culturales, sociales e incluso eclesiásticas que ponen en peligro la vida de las mujeres no disminuyen, mientras la violencia sexual y los riesgos de infección por el VIH aumentan a un ritmo alarmante cada día. El mensaje a la Octava Asamblea del CMI al final del Decenio Ecuménico de Solidaridad de las Iglesias con las Mujeres (1988-1998) fue que “la violencia contra la mujer es un pecado y, por lo tanto, una ofensa a Dios”. La misión de la iglesia en su conjunto es reproducir la compasión de Jesucristo para la plenitud de la vida para todos. La iglesia debe participar con confianza y compasión en la erradicación de toda forma de violencia. El CMI reitera la necesidad de que sus iglesias miembros aseguren la protección de los inocentes y la liberación de los oprimidos. En vez de continuar con la tendencia injusta de echar la culpa a la víctima o acusar a la superviviente, como si ella fuera la pecadora, se debería abordar a los perpetradores de la violencia en busca de la justicia transformadora. Como se expresa en Génesis 1:27, Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen y, como tales, el hombre y la mujer son iguales y la violencia contra la mujer es un pecado y va en contra de la voluntad de Dios de la plenitud de la vida.

5. En vista de que los mecanismos de protección no han logrado combatir la creciente violencia sexual contra las mujeres en la República Democrática del Congo, diversos actores deben tomar medidas urgentes para prevenir esta deshumanización en ese país. Allí, las supervivientes de la violencia sexual necesitan apoyo moral para curar sus heridas y superar la discriminación por razón de género y la continua amenaza a su vida y su seguridad. Las iglesias miembros del CMI, las organizaciones de la sociedad civil, el gobierno congoleño y la comunidad internacional tienen la responsabilidad de abordar este problema.

El Comité Central del CMI, reunido en Ginebra, Suiza, del 26 de agosto al 2 de septiembre de 2009, por consiguiente:

A. Insta a las iglesias miembros del CMI a condenar públicamente la violencia contra las mujeres y a que se esfuercen constructivamente por superar dicha violencia con la declaración de que la violencia contra las mujeres es un pecado y a través el desarrollo de políticas de acoso sexual claras que también expliquen con claridad las consecuencias de tales hostigamientos.

B. Anima a todas las iglesias miembros del CMI a que continúen ofreciendo solidaridad a las mujeres de la República Democrática del Congo (RDC) para que sepan que no están solas en sus luchas y a que inicien campañas públicas para combatir la violencia en el marco del Decenio para Superar la Violencia del CMI (2001-2010).

C. Pide a las iglesias miembros del CMI y a las organizaciones de la sociedad civil que creen un espacio para que las mujeres se conecten entre sí desde todos los rincones de la República Democrática del Congo y también con sus hermanas del resto del continente y del resto del mundo, con el fin de dar poder a la mujer por medio de la solidaridad y favorecer la sanación.

D. Apela a las iglesias miembros del CMI para que reconozcan humildemente su pecado de omisión al permanecer calladas con respecto a la privación de dignidad humana y la pérdida de vidas debido al SIDA sufridas por las mujeres y para que proporcionen procesos de arrepentimiento, perdón, transformación y restitución a través de una comisión para la verdad y la reconciliación creíble que esté formada por todas las partes interesadas que han estado acompañando a las víctimas de tales abusos.

E. Anima a las iglesias miembros del CMI a que se comprometan a idear maneras de peregrinar juntas, a través de la atención pastoral y psicológica, con todos los que soportan el trauma que les han provocado las diferentes formas de violencia. Algunas de estas maneras podrían ser la cooperación con otras organizaciones, específicamente el departamento de la mujer de la Eglise du Christ au Congo (Iglesia de Cristo en el Congo), para diseñar sesiones de formación profesional para las víctimas, a fin de que puedan ser autosuficientes, y también promover mecanismos legales para que los causantes de la violencia sean llevados ante la justicia. Anima también a las iglesias miembros a desarrollar estrategias educativas que den buenos resultados con niños y niñas para eliminar los estereotipos de género.

F. Insta a todas las partes del conflicto armado a que se comprometan inmediatamente a poner fin a los actos de violencia sexual contra las mujeres y las niñas en la República Democrática del Congo.

G. Apoya las peticiones al gobierno congoleño (RDC) de acabar con la impunidad de las violaciones y desarrollar estrategias eficaces para luchar contra la violencia sexual.

H. Insta al gobierno congoleño (RDC) a llevar ante la justicia a los responsables de perpetrar violencia sexual.

I. Insta a que el gobierno congoleño garantice la seguridad de todos sus ciudadanos, en especial las mujeres y las niñas, contra todas las formas de violencia sexual.

J. Apoya las recomendaciones de la Relatora Especial sobre la violencia contra la mujer al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (febrero de 2008) de que el gobierno congoleño, la ONU, y, en particular, la Misión de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo, la Corte Penal Internacional y la comunidad internacional implementen medidas apropiadas para poner fin a la violencia sexual contra las mujeres en el país.

K. Solicita que el secretario general de la ONU establezca directivas y estrategias que permitan a la Misión de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo en lo que concierne a su mandato proteger mejor a los civiles, especialmente a las mujeres y las niñas que están atrapadas en zonas de combate, contra todas las formas de violencia sexual.

 

Aprobada por consenso unánime

 

La siguiente oración se propone como recurso para facilitar el compromiso de las iglesias con el tema al que se refiere la declaración:

Las iglesias miembros del CMI apelan a todas las iglesias para que continúen orando por la intervención de Diospara terminar con la violencia y por su poder para reconfortar a las víctimas de la violencia en el Congo:

Dios creador, redentor y sustentador de vida en toda su plenitud,

Traemos ante ti a las niñas y a las mujeres a las que se les niega la felicidad y la abundancia de la vida con la violencia perpetrada contra ellas

La violencia contra las mujeres y las niñas es un pecado que las priva de justicia y amor humano

Sin embargo, en medio de tanto dolor y degradación, confiamos en que acoges en tus brazos a las niñas y las mujeres que han sufrido abusos, dices su nombre, las rodeas de compasión, y les prodigas el mismo bendito amor protector que recibiste de tu madre cuando eras hombre.

Perdónanos por las ocasiones en que hemos callado ante tal sufrimiento.

Perdónanos por los momentos en que no le hemos puesto palabras a la violencia como pecado y ofensa contra ti.

Perdónanos cuando perpetuamos prácticas culturales, sociales y eclesiásticas que ponen en peligro la vida de mujeres y niñas.

Y, al concedernos tu perdón,

Danos la fuerza para ser solidarios con las mujeres y las niñas que están atrapadas en la violencia y el sufrimiento.

Haznos defender la justicia transformadora buscando la verdad y la reconciliación para las personas y las comunidades.

Inspira en nosotros el deseo de trabajar por una comunidad diversa e inclusiva de mujeres y hombres, hecha a tu imagen, y de acompañarte en tu misión.