World Council of Churches

Una comunidad mundial de iglesias que buscan la unidad, el testimonio común y el servicio

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Informe del Secretario General

26 de agosto de 2009

Consejo Mundial de Iglesias
Comité Central
26 de agosto – 2 de septiembre de 2009
Ginebra, Suiza

El valor de esperar y el futuro del Movimiento Ecuménico

El Dios de esperanza
os colme de todo gozo
y paz en la fe,
hasta rebosar de esperanza
por la fuerza del Espíritu Santo.
(Rom 15:13)

Crisis financiera y recesión económica: un momento de verdad

1. “Sully” Sullenberger apareció como un héroe público cuando logró que el avión del vuelo de US Airways 1549 se posara sobre las aguas heladas del río Hudson el 15 de enero de 2009. El avión se mantuvo a flote y, gracias a ello, se pudo salvar a los 155 pasajeros.

2. El turbo-capitalismo no consiguió hacer un aterrizaje seguro sobre las aguas. El reventón de la burbuja financiera en 2008 tuvo consecuencias desastrosas para la economía real y las personas reales. Son demasiadas las personas que luchan por conservar sus viviendas, sus puestos de trabajo, sus pequeñas empresas o, si quiera, los medios básicos de supervivencia para sus familias y para sí mismos. Según una opinión ampliamente compartida, el viejo pecado de la codicia (Ef. 4:19) ha sido la raíz de la crisis. El debate se centra en las exorbitadas tasas de beneficio obtenidas en los mercados financieros, que los dirigentes de los grandes bancos internacionales querían que superaran el 25%. Sus empleados asumieron riesgos elevados para satisfacer estas expectativas y para ganar beneficios personales, los cuales han sido y, parece que continúan siendo hasta ahora, muy superiores a lo que las comunidades pobres podrían incluso imaginar.

3. Sin embargo, basados en la rica tradición de la iglesia y en más de tres decenios de reflexión en el movimiento ecuménico acerca de sociedades justas y sostenibles, nosotros sabemos que el problema es mucho más profundo. Incluso el crecimiento económico de la economía mundial pudo conseguirse en el pasado sólo a expensas de las comunidades pobres, las generaciones futuras y la naturaleza. El dicho de Mahatma Gandhi es cada vez más verdadero: la naturaleza proporciona lo suficiente para las necesidades humanas, pero no para la codicia humana. En la Asamblea de Canberra de 1991, se contrapuso el crecimiento ilimitado y, por lo tanto, destructivo de la célula cancerosa al crecimiento de un árbol que madura en una relación y equilibrio estrechos con su medio ambiente. La relación entre la tierra, el trabajo, el capital y la información es totalmente desequilibrada, inclinándose en favor del capital y los sistemas de información. Al leer la reciente encíclica papal Caritas in Veritate, tengo el gran placer de encontrar un enorme consenso entre las principales tradiciones de las iglesias, en el sentido de que debemos centrar nuestros esfuerzos en las necesidades de los pobres, la función del trabajo y la relación con la creación. 

4. Con el aterrizaje en caída de la economía de casino, llegamos por fin al siglo XXI. Engañados por el enorme crecimiento económico y la retórica optimista de los protagonistas de la globalización económica, muchos de nosotros creímos que el siglo XXI iba a ser una era de ilimitadas nuevas oportunidades que requerían cambios y ajustes constantes a la marcha victoriosa de la economía global y las tecnologías que la apoyan. No se apreciaban los conocimientos, valores y costumbres tradicionales. Había dudas, incluso entre nosotros, sobre si la trayectoria de las críticas al movimiento ecuménico seguía siendo la justa.

5. Es verdad que nos encontrábamos con nuevos horizontes y afrontábamos algunos desafíos nuevos con una urgencia mayor. Me refiero aquí al cuidado de la creación, a la necesidad de una cooperación interreligiosa en el contexto de la violencia y la guerra, y al clamor en favor de una justicia transformadora procedente de tantos rincones del mundo. El cambio del panorama eclesial y la experiencia de un pluralismo cada vez mayor supusieron también para el ecumenismo un desafío planteado de formas nuevas. Volvimos a aprender que el ecumenismo debe abarcar una visión de la vida en toda su plenitud (Juan 10:10, Lucas 4:16 ss.). 

6. En todas estas esferas, pudimos ver que el cambio no era liso y fácil. El mantener la dignidad humana y la sostenibilidad de la vida como objetivo central del desarrollo de nuestras sociedades y de las relaciones internacionales entre los pueblos y los estados exige una lucha constante. Hubo líderes eclesiales que señalaron la necesidad de una sólida dimensión moral y espiritual de la vida en comunidad. Pero, aún así, la creencia de que la humanidad disponía de toda la tecnología, el capital y otros medios necesarios para afrontar estos desafíos y vencerlos era la actitud predominante.

7. Espero que nos hayamos despertado. Espero que nos demos cuenta de que el cambio climático, la profunda crisis económica predominante, la violencia y la guerra padecidas en muchos lugares, la transición crítica de una era dominada por los EE.UU. y sus aliados a un sistema mundial multipolar con China, India, Brasil, y Sudáfrica, entre otros, como protagonistas importantes, y todos estos y otros desafíos reflejan en el fondo una crisis de la vida en comunidad. Exigen nuestro testimonio común para una misión de reconciliación y sanación del Cristo crucificado y resucitado, así como un compromiso con la comunidad y una responsabilidad mutua entre nosotros (Rom 5:1-11; 2 Cor 5:17-21). La gracia auténtica es costosa. No podemos esperar encontrarla más barata. No es posible un testimonio pertinente de las iglesias en el mundo de hoy si las iglesias siguen divididas y no pueden demostrar al mundo que el poder transformador del Evangelio de Jesucristo es la fuerza impulsora para hacer de toda iglesia un signo y un anticipo de una humanidad unida en la que las personas se cuidan unas de otras y de este planeta.

8. Nos enfrentamos a un momento de verdad (2 Cor 13:5-8). Sin embargo, nos equivocaríamos sin cediéramos a meras yuxtaposiciones entre unidad y verdad o unidad y diversidad (Rom 12:4-8; 1 Cor 12:1-31). Hay ciertamente profundas tensiones entre las iglesias y dentro de ellas con respecto a la doctrina, así como a cuestiones de estilo de vida y ética personal. Es una realidad que no podemos negar. Durante mi reciente visita a la República Democrática del Congo (RDC), tuvimos un encuentro profundo con los dirigentes de una de nuestras iglesias miembros, la Iglesia de Jesucristo sobre la tierra por su enviado especial Simon Kimbangu (La Iglesia Kimbanguista), en relación con la doctrina de la Santísima Trinidad. El CMI, la Conferencia de las Iglesias de Toda el África (AACC) y la Organización de Iglesias Independientes Africanas (OAIC) habían organizado conjuntamente un diálogo exhaustivo con dirigentes de la Iglesia Kimbanguista. En julio enviamos representantes, los cuales, además de reunirse con el jefe espiritual de la Iglesia kimbanguista, experimentaron también su servicio de culto en Nkamba, llamada ahora Nueva Jerusalén por dicha iglesia. Tras una evaluación muy atenta de estas experiencias y de los pronunciamientos oficiales más recientes de los líderes kimbanguistas, podemos concluir solamente que la Iglesia Kimbanguista se excluye a sí misma de la comunidad, en cuanto que sus dirigentes siguen pronunciando declaraciones y realizando sus servicios de formas que son incompatibles con la doctrina de la Santísima Trinidad. Pido que este comité central adopte una decisión sobre la relación futura entre la Iglesia Kimbanguista y el CMI teniendo en cuenta la respuesta más reciente del jefe espiritual de esa iglesia en la que pide apasionadamente un acompañamiento comprensivo del CMI, la AACC y la OAIC.

9. Durante otros viajes, he visto iglesias que se han separado casi a causa de conflictos relacionados con cuestiones éticas, tales como la sexualidad humana. He observado tensiones cada vez mayores entre las iglesias miembros dentro de la comunidad del CMI debidas a opiniones y posturas diferentes sobre la sexualidad humana. Agradezco que la Comisión de Fe y Constitución haya empezado a afrontar estas preocupaciones, ya que el resultado de ello ayudará al Consejo a encontrar la forma mejor de acompañar a nuestras iglesias miembros que luchan con estas cuestiones que pueden dividir a las iglesias. 

10. Sin embargo, este mundo destrozado y profundamente dividido necesita un testimonio común de las iglesias que muestre cómo nos reconciliamos entre nosotras y superamos las divisiones (Juan 17:20-21). La recesión económica y sus consecuencias para las personas y la distribución del poder entre los pueblos y los estados no son sólo un desafío auténtico, y muy difícil, para las sociedades, sino también para el testimonio común de las iglesias. Estas iglesias deben llevarnos a concentrarnos de nuevo en los valores y objetivos centrales del movimiento ecuménico. Lo mismo que nuestros predecesores, tenemos que pensar más allá de nuestro tiempo. Necesitamos un discernimiento prudente al tratar de avanzar hacia la unidad y mejorar nuestro testimonio común pese a las diferencias teológicas que sigue habiendo y a los nuevos conflictos que se plantean sobre cuestiones éticas. 

11. Dentro de un decenio, necesitaremos ver resultados tangibles de un mayor compromiso para con la unidad. Y deberemos ser capaces de mostrar que nuestras iglesias han ayudado a sus sociedades y a la comunidad internacional de estados a construir relaciones más justas y pacíficas entre las personas y con la naturaleza. Me alientan las respuestas positivas que hemos recibido con respecto al calendario de sesiones plenarias sobre iglesia y sociedad que figuran más adelante en el programa de esta reunión. Las personas y el planeta necesitan este testimonio decisivo del compromiso de los cristianos como fuente de esperanza y estímulo para actuar (Rom 8:19). El movimiento ecuménico será pertinente en el mundo en la medida en que podamos contribuir a dar a las personas, especialmente a la generación más joven, una razón firme para vivir y esperar.

El factor esperanza: equilibrio entre inspirar una visión y el realismo

12. Espero que no haga falta subrayar que “el valor de esperar” ha sido un tema central en mi itinerario ecuménico personal1. Enfrentados a la pobreza, a la aparición del VIH y el SIDA, a la violencia étnica y entre comunidades, y a la degradación de los recursos de tierras y aguas, los africanos me ensañaron la importancia de la esperanza que está arraigada en la fe y se celebra en la comunidad. Aunque tantos de ellos tienen razones para estar insensibles y desesperados, su fe en Dios y su confianza en la ubuntu – comunidad de vida – los han mantenido vivos y les han dado motivos para continuar. Volví a ver este valor para esperar en mi reciente visita a la República Democrática del Congo (RDC). Las personas sobreviven y afirman su dignidad pese a la violencia y terror horribles que las rodean, por la única razón de su fe en Dios y su capacidad para mantener viva la esperanza en sus comunidades.

13. Con sus raíces en el suelo africano, y nada menos que en Kenya, el Presidente de los EE.UU., Barak Obama, ha personificado la “audacia de la esperanza” para muchas personas que le votaron. Esas personas tenían muchos motivos para estar desalentadas y temerosas. La mayor crisis financiera desde la “gran depresión” del siglo pasado había ensombrecido la campaña electoral. Cuando observamos la función del factor esperanza en la política interna y exterior del nuevo presidente, podemos comprobar cómo puertas que estaban cerradas y corazones que estaban congelados se están abriendo gradualmente. La esperanza es una fuerza poderosa en la vida de las personas. Puede cambiar las actitudes y comportamientos de las personas y las comunidades, y puede sostenerlas en tiempos difíciles.

14. Pero esto es verdad sólo en lo que respecta a la esperanza genuina. La esperanza genuina está escrita en los corazones y las mentes de las personas por medio de las canciones que cantan, los relatos que cuentan a sus hijos, las fiestas que celebran, los valores que aprecian el patrimonio de su sabiduría colectiva, y los ideales que comparten. La esperanza genuina está enraizada en la cultura y las tradiciones religiosas. La diferencia entre las ilusiones y la esperanza genuina es evidente cuando las promesas de un futuro mejor resultan huecas o vacías. Las ilusiones basadas en falsas promesas no pasan la prueba cuando se levantan los telones maravillosamente pintados y la gente se enfrenta de nuevo con las duras realidades de nuestros tiempos. El mensaje de esperanza expuesto por el Presidente Obama seguirá siendo creíble en tiempos difíciles sólo en la medida en que esté enraizado en la esperanza genuina de las personas mismas y la visión que lo inspire sea realista (Proverbios 11:7 y 13:12). 

15. La fe cristiana se ha demostrado tan fuerte en momentos de crisis y desesperación profundas porque la buena nueva del evangelio está sellada por el Cristo crucificado y resucitado. Es Él mismo nuestro esperanza (1Tim 1:1; Col 1:27): Cristo que, en la cruz, se identifica con los que sufren, con sus cuerpos y almas destrozados, y que, en su resurrección, es más fuerte que el poder de la muerte (Hechos 2:22 y ss; Rom 5:1-5). La esperanza en Cristo se renueva siempre y cuando la iglesia sigue al Cristo crucificado y resucitado y se pone del lado de las personas que sufren en sus padecimientos (2Cor 1:3-7, Mt 25:31-46). Esta esperanza en Cristo se comparte en la comunidad y se da a conocer al mundo (Ef 4:1-6; Col 1:24-29; 1Pedro 3:15). Toda la creación espera con ansia ser reconciliada con Dios (Rom 8:18-30). Manteniendo unidas la cruz y la resurrección, la realidad pecadora con que nos enfrentamos y la buena nueva del evangelio, la esperanza en Cristo combina el realismo con la visión inspiradora del reino de Dios que viene. La realidad pecadora y mortal que nos rodea puede ser transformada por Cristo cuando el amor de Dios se comunica tanto a las personas que dan testimonio del amor de Cristo que se despoja a sí mismo, como en todas las maravillas de la creación de Dios que se renueva por medio del Espíritu Santo. Las iglesias están llamadas a encarnar esta esperanza en los momentos de alegría y en los momentos de crisis.

Descubrir la esperanza entre quienes anhelan la justicia y la paz

16. Durante mi mandato como secretario general del CMI, he destacado constantemente la dimensión pastoral de este ministerio y he centrado mi atención en la calidad de las relaciones entre las iglesias miembros y con los interlocutores ecuménicos. Quise especialmente que las iglesias que se hallan en situaciones difíciles tuvieran la seguridad de que no están solas; de que experimentaran que se no las ha dejado solas, sino que están acompañadas y sostenidas por la comunidad en la oración (Ef 3:14-20). Tengo la satisfacción de que muchas de las personas que fueron entrevistadas por el equipo de evaluación de mitad del período subrayaron que, siempre que experimentaban este acompañamiento viviendo la comunidad de forma tangible o intervenían ellas en la prestación de apoyo a otras, su condición de miembros del CMI les resultaba especialmente significativa. Consideraban que se hallaban en contacto vivo con otras iglesias dentro de la comunidad. Por esta razón, el foco de atención sobre Oriente Medio o “Cartas Vivas” del Decenio para Superar la Violencia se señalaron como los programas del CMI con los que las iglesias y los interlocutores ecuménicos se sentían íntimamente identificados. Las “Cartas Vivas” son expresiones de la comunidad que compartimos, del compromiso y la atención que mostramos unos para con los otros. Demuestran que nuestra esperanza común en Jesucristo nos da poder para acompañarnos unos a otros en tiempos difíciles y en situaciones comprometidas.

17. En mis viajes pastorales a diferentes regiones del mundo, me impresionaron profundamente, y al mismo tiempo me enriquecieron, los signos de esperanza que descubrí entre quienes anhelaban la paz y la justicia en medio de sufrimientos y desesperación. He hecho ya referencia a mi reciente visita a la República Democrática del Congo (RDC). La RDC es el tercer país más grande de África, con el tamaño de Europa Occidental. El país se ha convertido en la personificación del sufrimiento humano. La guerra en la RDC mató a unos 4,3 millones de personas durante los últimos cinco años. Muchos de ellos por inanición y enfermedades. La crisis humanitaria es inimaginable, especialmente para quienes están privados de la ayuda internacional, si bien las comunidades del este del país hacen todo lo posible para acoger a sus compatriotas desplazados dentro del país. El 40% de los asesinados eran mujeres y niños. La violencia brutal contra las mujeres y los niños es una abominación de la santidad de la vida, un escándalo flagrante ante Dios y la comunidad humana.

18. Los africanos se lamentan del rinoceronte, una de las especies en peligro a causa de los cazadores furtivos, debido a que su cuerno se ha convertido en su propia maldición. La gente de la RDC cree lo mismo en lo que respecta a los ricos recursos de la cuenca del Congo. Los diamantes, el oro, el coltán, el uranio, etc. se han convertido en una maldición para la gente desde la época colonial. La violenta historia colonial, resumida en el libro sobre el fantasma del Rey Leopoldo, King Leopold’s Ghost, sigue aterrorizando a la gente hasta hoy. Esta realidad no quedó silenciada en el comité ejecutivo del CMI, el cual afirmó términos muy claros: 

“La torturada RDC sigue generando sangrientas fortunas que hinchan las arcas de algunos arquitectos de la globalización y de un consorcio de criminales internacionales que suministran armas a cambio de minerales. La selva tropical de la RDC, la mayor de África, proporciona un puerto seguro a los rebeldes de países vecinos. Estos países han considerado justificado atravesar sus fronteras con la RDC para perseguir a los rebeldes con el fin de salvaguardar su propia seguridad nacional.”

19. Toda la región de los Grandes Lagos no ha encontrado todavía la paz después del horrible crimen del genocidio de Rwanda de 1994. Mi primer viaje como secretario general del CMI me llevó no sólo a mi patria, Kenya, sino también a Rwanda, diez años después de la catástrofe. Deseaba, al comienzo de mi ministerio como secretario general del CMI, estar con quienes habían sufrido aquella enorme tragedia humana. Y aunque las huellas y los residuos del genocidio y de las víctimas de mutilaciones y violaciones se encontraban todavía por todas partes, existía también esta capacidad enorme de la gente para atender a su vida y al futuro de sus comunidades, pese a todas las atrocidades y la destrucción que habían padecido y pese a todas las dificultades con que seguían enfrentándose: un enorme espíritu de reacción. Veía un rayo de esperanza en los ojos de los supervivientes, su fe en el poder de Dios que da la vida, aunque las iglesias, en muchos casos, no habían sido santuarios para los perseguidos.

20. Esta esperanza fue un signo poderoso de la humanidad indómita de las víctimas. Esta esperanza permitió a las personas tender sus manos incluso a los autores de los crímenes y trabajar en favor de la reconciliación con el antiguo enemigo. El restablecimiento de la dignidad de las víctimas y la reconstrucción de las comunidades exigió comprender lo que es la justicia restauradora, la cual debe estar en el centro de la transición hacia una nueva sociedad en la que prevalezcan la justicia y la paz. Las iglesias de Rwanda y su consejo, en colaboración con el gobierno y la sociedad civil, están realizando una meritoria labor social y llevando a cabo la transformación espiritual de una sociedad que había sido arrasada por el genocidio. Como miembros participantes en la comunidad, estamos llamados a incrementar nuestro apoyo y solidaridad, e incluso a aprender de sus esfuerzos e ingeniosidad, especialmente del espíritu de Kachacha, método tradicional de perdón y reconciliación.

21. He sido testigo de un espíritu similar de reacción y esperanza en mis viajes a Filipinas donde proliferan las ejecuciones extrajudiciales; en Israel-Palestina donde los efectos de la ocupación son claramente evidentes: tanto el ocupante como el ocupado son deshumanizados; en antiguas dictaduras militares de América Latina y también en muchas otras partes del mundo. En todos estos lugares, la gente tiene esta fuerte voluntad y capacidad de sobrevivir bajo graves amenazas, pero manteniendo la esperanza de una vida con dignidad y paz que habrá de ser fruto de la justicia. Inspirado y estimulado por estas experiencias, en mi itinerario de fe como secretario general, llegué a reconocer la “justicia transformadora” como otro tema que complementaba “el valor de esperar”.

22. Hoy, estoy más convencido que nunca de que la apertura de nuevos caminos para la sanación de las memorias heridas, y a veces envenenadas, y para avanzar hacia el objetivo de unas comunidades reconciliadas, se necesita centrar claramente la atención en la transición. Los procesos hacia la justicia no deberían ser limitados. La transición es necesaria no sólo en las esferas políticas y económicas, sino que debe incluir también una dimensión cósmica. Estoy igualmente convencido de que en estas grandes transiciones, nosotros, como humanidad en el planeta tierra, necesitamos tanto el valor de esperar como un compromiso inquebrantable para con la justicia transformadora que está enraizada en el amor de Dios, de nuestro prójimo y de toda la creación. 

23. Siempre que abro la Biblia y empiezo a leer – ya sea que comience con los cinco libros de Moisés, con los salmos o uno de los profetas, con uno de los evangelios o con alguna de las cartas escritas por san Pablo u otro apóstol – me siento transportado al amor de la Santísima Trinidad que da la vida, que se hizo carne en Jesucristo y que se traduce en unas relaciones justas entre nosotros. Las iglesias divididas volverán a ser una si, impulsadas por el Espíritu Santo, abrazamos el amor de Dios que da la vida y lo vivimos nosotros mismos en beneficio de ese mundo que tan desesperadamente lo necesita (1Cor 13:13).

Construir relaciones entre regiones y entre generaciones

24. Del mismo modo que las iglesias necesitan ser una, las muchas naciones de las diferentes regiones del mundo, los distintos pueblos, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, deben aprender a superar relaciones opresoras que dan lugar a la violencia y la guerra, trabajando juntos en beneficio de un futuro justo y sostenible para toda la humanidad (Apoc. 22:1-5). 

25. La interdependencia en el espacio y el tiempo es uno de los factores más poderosos del cambio hoy en día. El CMI está afrontando los desafíos de actuar de forma interdependiente a escala mundial:

  • Centrar la atención en las esferas política y económica de la vida: hemos afrontado esta realidad en el contexto de nuestra labor relativa a la globalización.
  • Concentrar los esfuerzos en los movimientos mundiales de personas: hemos destacado el impacto de la migración en los países y las iglesias en todas las regiones del mundo.

  • Preocuparnos del futuro del movimiento ecuménico y la necesidad de formación ecuménica de los dirigentes de hoy y de mañana: hemos hecho esfuerzos especiales para garantizar la participación plena de la juventud en la vida del movimiento. 

26. A la vez que hemos hecho hincapié en la comunidad de iglesias miembros, hemos fomentado también en los últimos años la cooperación entre regiones y entre generaciones. También a este respecto, mis visitas pastorales a iglesias miembros me han ayudado a ver la importancia de estos dos enfoques de la labor del CMI, las Organizaciones Ecuménicas Regionales (OER), otros interlocutores ecuménicos y los ministerios especializados, que han seguido suministrando fielmente los recursos financieros desesperadamente necesarios para las distintas organizaciones ecuménicas.

27. En mi visita a Oriente Medio del año pasado, estuve acompañado por los secretarios generales del Consejo de Iglesias de Oriente Medio (CIOM) y de la Conferencia Cristiana de Asia (CCA). Comenzamos nuestro viaje con una consulta mixta sobre migración, que se celebró en Beirut, Líbano, con los participantes del CIOM, la CCA, el CMI y la Conferencia de Iglesias Europeas. Las iglesias de Oriente Medio están gravemente preocupadas por el hecho de que son cada vez más los cristianos que abandonan esta región donde nacieron algunas de las iglesias más antiguas. En el contexto de guerra y violencia de la región, la gente busca desesperadamente la seguridad para las personas y las familias. Hemos sido testigos de primera mano de ello en Damasco donde nos reunimos con numerosas cristianos iraquíes, los cuales se habían visto obligados a abandonar su país sencillamente porque eran cristianos y se había considerado que la ocupación de su país era una forma de cruzada cristiana moderna. Esta cuestión exige, al menos, una cooperación estrecha con las iglesias de los países de acogida, pero, aún más, un compromiso común en favor de soluciones pacíficas a los conflictos de la región. Todos debemos desempeñar nuestra parte en la búsqueda de soluciones. ¡Oriente Medio necesita paz y la necesita hoy, porque mañana es demasiado tarde!

28. Para comprender plenamente la gravedad de la construcción en curso de asentamientos israelíes en los territorios palestinos ocupados (TPO), debemos considerar la situación dentro del contexto histórico más amplio de la agitación étnica en Palestina que preparó el camino para la creación del moderno estado de Israel. Los israelíes recuerdan “la guerra de independencia”, pero para los palestinos este período será siempre una Nakba, la “catástrofe”, recordada por muchos como una forma de “limpieza étnica” que provocó la mayor emigración forzada de la historia moderna. Se estima que no menos de un millón de personas fueron expulsadas de sus hogares a punta de fusil, fueron masacradas personas civiles, se destruyeron deliberadamente centenares de aldeas palestinas, se profanaron mezquitas e iglesias y se saquearon conventos y escuelas2. Lo que en 1948 describieron los dirigentes palestinos como “racismo y guetización de los palestinos en Haifa” ha llegado a ser a comienzos del siglo XXI en Cisjordania, Gaza y Jerusalén oriental un completo sistema de apartheid con su propio tipo de “Bantustanes”.

29. Pese a la aparición de nuevos signos de esperanza en el ámbito internacional, los acontecimientos en los que TPO demuestran una vez más el carácter improductivo de la ocupación de Israel y la creación sin fin de nuevos obstáculos a la paz. La tendencia que habla con voz más fuerte sobre políticas de ocupación es la que propugna la multiplicación y expansión de los asentamientos en tierras arrebatadas a los palestinos. Incluso la congelación de los asentamientos solicitada por el más fuerte aliado de Israel sigue en el limbo, lo mismo que las negociaciones que podrían facilitar esa congelación. Por el contrario, se están realizando grandes proyectos de construcción de asentamientos urbanos y muchos proyectos menores en toda Ribera Occidental y en Jerusalén Este. Las expulsiones actuales de familias palestinas y la demolición de sus viviendas en Jerusalén Este fomentan esta tendencia. Se hallan en riesgo centenares de propiedades de las iglesias. Estas acciones obstaculizan los esfuerzos de la nueva administración de los EE.UU. por arreglar la situación en todo el Oriente Medio.

30. La ocupación, junto con la humillación de todo un pueblo durante más de seis decenios, no sólo constituyen un crimen político y económico, sino que son también, lo mismo que el antisemitismo, un pecado contra Dios. Nosotros hemos dicho en 1948 que el antisemitismo era un pecado contra Dios. Estamos listos para decir que la ocupación también lo es? Desde 1967, se han establecido 200 asentamientos con 400.000 habitantes en el Territorio Palestino Ocupado, incluida Jerusalén Este. Insto a este comité central a que adopte una declaración de política pública dirigida expresamente a esta cuestión, porque los asentamientos han sido y seguirán siendo incompatibles con una paz justa que beneficie igualmente a palestinos e israelíes y asegure a ambos pueblos unos estados viables y mutuamente reconocidos.

31. El comité central, en su reunión celebrada en Creta poco después de la guerra de 1967 que dio inicio a la ocupación, rechazó el que cualquier nación – incluida Israel – retenga o se anexe el territorio de otra. En la Asamblea de Harare de 1998 y muchas otras veces, el CMI se ha referido al problema de los asentamientos. Nuestro llamamiento constante ha sido que los gobiernos interesados hagan cumplir la prohibición de las Convenciones de Ginebra relativa a los cambios en la población y el carácter de territorios ocupados. Nuestra preocupación por el fin de la ocupación es urgente, pero no nueva.

32. Oriente Medio es también un destino importante y un paso en el camino a Europa y América del Norte de emigrantes procedentes de Asia e incluso de África. En nuestra visita a los Estados del Golfo vimos las dificultades de los muchos trabajadores migrantes procedentes de Asia y África y sus esfuerzos por reunirse para el culto con otros cristianos. Es grato saber que, inspiradas por nuestra visita, las pequeñas, pero vibrantes, comunidades cristianas de los Estados del Golfo constituyeron un foro ecuménico que, con nuestro apoyo continuo, está cobrando cada vez más fuerza. Comprobamos que teníamos que haber invitado al secretario general de la Conferencia de Iglesias de toda el África (AACC) a unirse a nosotros en este empeño. Agradezco sinceramente la excelente cooperación entre la Conferencia de Iglesias Europeas, la Conferencia de Iglesias de Asia (CCA), el Consejo de Iglesias de Oriente Medio (CIOM) y la Conferencia de Iglesias de Toda el África (AACC) en relación con la migración y otras preocupaciones conexas. El CMI seguirá ofreciendo un espacio a nivel mundial para facilitar la participación de otras organizaciones ecuménicas regionales e interlocutores ecuménicos en su crítico y difícil ministerio.

33. La presencia de migrantes e iglesias de migrantes ejerce un profundo impacto en las comunidades e iglesias, especialmente de Europa y América del Norte. El aspecto de las iglesias locales en las grandes ciudades de estas regiones ha cambiado considerablemente con la presencia de comunidades migrantes de todo el mundo. Mientras los miembros de las iglesias tradicionales de Europa y también de América del Norte continúan disminuyendo, el culto y la vida comunitaria de las comunidades migrantes están configurando cada vez más el aspecto del cristianismo en esas regiones. ¿Cuáles son las consecuencias misiológicas de este fenómeno, ya que el movimiento misionero que tuvo sus orígenes en esas regiones vuelve ahora en forma de comunidades migrantes cristianas? Para dar una respuesta adecuada a estos cambios hace falta una nueva comprensión de la iglesia local y del tipo exacto de cooperación interregional que estamos desarrollando junto con otros asociados. Me impresionó la pequeña comunidad eclesial de hermanos y hermanas remostratenses de los Países Bajos, que se abrió a las comunidades migrantes plenamente consciente de que es una comunidad de edad avanzada que necesita concebir un nuevo futuro para sí misma. Agradezco también que la Asamblea de la Conferencia de Iglesias Europeas, celebrada el mes pasado en Lyon, Francia, reafirmara el compromiso de las iglesias de Europa de afrontar la migración como una preocupación, no sólo social, sino también eclesial.

34. El enfoque temático primordial de mi visita de 2008 a la región del Pacífico fue el cambio climático, las pruebas francesas de armas nucleares en Mururoa con sus efectos perdurables, y las personas que tendrán que ser evacuadas de sus islas como refugiados a causa del clima. El fenómeno del cambio climático es en gran medida el resultado de un enfoque del desarrollo egoísta y centrado en los seres humanos, ya que se trata de una crisis ética fomentada por la codicia de unos pocos que quieren mantener sus altos niveles de consumo a expensas de la ecología y de la mayoría que vive en la abyección de la pobreza. Por ello, es también una cuestión de justicia y debe afrontarse como tal. Nuestra visita se vio como una garantía del compromiso del CMI de mantenerse en solidaridad con los pueblos e iglesias de la región del Pacífico en su lucha por paliar los efectos del cambio climático, cuyo efecto peor es la posible desaparición de algunas de las islas de baja altitud a causa de la subida del nivel del mar. Debemos estar preparados para acompañar a las iglesias y la Conferencia de Iglesias del Pacífico en sus iniciativas encaminadas a la evacuación de los ciudadanos de dichas islas que desaparecerán para siempre. Para los afectados, las repercusiones emocionales, psicológicas, culturales, espirituales y económicas de esta realidad no tienen precedentes. Pero la posible evacuación de enteras comunidades tiene también repercusiones eclesiales y eclesiológicas. La fuerte presencia de los cristianos activamente practicantes del Pacífico ejercerá un impacto enorme en el aspecto del cristianismo en lugares como Australia y Aotearoa-Nueva Zelandia que figuran entre las posibles comunidades de acogida.

35. El CMI también ha apoyado y fomentado la cooperación interregional en cuestiones distintas de la migración como, por ejemplo, el comercio, el cambio climático y el diálogo y la cooperación interreligiosos. Hemos aprendido a identificar claramente las distintas funciones de las organizaciones ecuménicas regionales participantes y las del CMI como actor mundial, junto con otros interlocutores ecuménicos en respuesta a nuestra interdependencia en el espacio. Pero hemos centrado nuestra atención incluso más deliberadamente en la formación ecuménica y la participación de la juventud, reconociendo así la interdependencia en el tiempo. Algunos de nosotros podrían estar tentados a envidiar a las iglesias pentecostales o postdenominacionales por su presencia en los medios de comunicación que atrae a muchas personas jóvenes. Estamos luchando todavía por llegar a los jóvenes utilizando los medios electrónicos y otros medios. Pero quizás éste no es el camino mejor para interactuar con la juventud. Yo he visto otros ejemplos de participación de cristianos jóvenes que han dado excelentes resultados. En diciembre de 2007, más de 40.000 cristianos jóvenes de Europa y otras regiones irrumpieron en Ginebra respondiendo a las actividades de fin de año dirigidas por la comunidad de Taizé. Durante varios días, fuimos testigos de cómo estas personas jóvenes vivían más plenamente su fe cristiana cantando, orando, reflexionando sobre cuestiones socioeconómicas críticas de nuestros tiempos y tratando de discernir su función para resolverlas. Fue éste un signo muy alentador de esperanza en un rejuvenecimiento de la iglesia en Europa.

36. Durante mis visitas al día de las iglesias “Kirchentag” de Alemania y a la convención de Maramon en el estado indio de Kerala, vi otros grandes ejemplos. En estas dos reuniones participan más de 100.000 cristianos, la mayoría de ellos jóvenes. Tanto en el Kirchentag como en la convención de Maramon, los jóvenes están auténticamente presentes y su presencia y participación inspira esperanza a viejos y jóvenes. Interactúan entre ellos y con otros dirigentes de iglesias de formas más vivas. Cuando vi a la multitud de jóvenes agachados pacientemente bajo un pandal de hojas de coco sobre la orilla arenosa del río Pampa cerca de la aldea de Maramon, descarté el sermón que había preparado, dándome cuenta de que esta multitud buscaba un mensaje pastoral y quería verse a sí misma en el contexto de la misión de Cristo hoy. Por ello, prediqué a la asamblea sobre el encuentro con Jesús y la urgencia de la presencia cristiana en la sociedad. “El mundo se está quemando”, dije, “y Dios está buscando a quienes lo salven”. Y este ministerio de salvamento de los que perecen y mueren, así como de enfrentarse a los principados y potestades, ha sido encomendado a los jóvenes.

El papel y la función del CMI

37. “El mundo se está quemando y Dios está buscando a quienes lo salven”, a quienes estén dispuestos a participar con Dios en el gran proyecto de salvar al mundo. Dios amó tanto a este mundo que envió a su único hijo para salvarlo de las consecuencias destructoras del pecado humano y reconciliarlo con Dios (Juan 3:16). El hecho de que este mundo no ha de ser destruido, sino que ha de ser salvado, me ha motivado siempre en mi itinerario ecuménico. Porque entiendo que la expiación es el acto más decisivo de Dios desde la creación de Adán y Eva. Y la reconciliación de Dios no es sólo con los seres humanos sino con toda la creación.

38. Cuando, como CMI, centramos nuestros esfuerzos en vivir la unidad de las iglesias por medio de vínculos de relación de solidaridad y acompañamiento entre las iglesias miembros y dentro de ellas, no estamos buscando la unidad de la iglesia como un fin en sí mismo, sino en beneficio del futuro de la humanidad y de toda la creación de Dios (Rom 8, Ef. 1:10, Col 1:15-20, Apoc. 21-22). El ecumenismo nos lleva al horizonte más amplio de la historia de la salvación de Dios y no nos permite estar cómodos en horizontes más estrechos de comunidad o de pertenencia étnica o nacional. Estamos llamados a liberarnos de todas las lealtades y lazos humanos que nos impiden vivir para esta visión más amplia. Esto es duro, pero no hay ninguna otra elección viable, sino aceptar esta vocación más elevada.

39. A la vez que afirmo claramente las orientaciones del documento Hacia un entendimiento y una visión comunes (EVC) y su enfoque a la comunidad de iglesias miembros, quiero subrayar que esta comunidad no carece de finalidad. Esta comunidad está llamada a restablecer la unidad de la iglesia a fin de que el mundo crea (Juan 17:21). El diálogo teológico y el testimonio y servicio comunes al mundo forman parte juntamente del camino hacia una unidad más profunda entre las iglesias, que sigue siendo nuestro objetivo central.

40. Al constituir y fomentar la vida de la comunidad de iglesias, el CMI es ante todo el espacio ecuménico donde las iglesias miembros avanzan juntas hacia la unidad visible y se apoyan unas a otras en su vida y su testimonio al mundo. Más que una mera organización, el consejo es un espacio en el que las iglesias pueden vivir en comunidad como iglesias que se piden cuentas unas a otras de la unidad visible que buscamos. El CMI es también un espacio donde las iglesias miembros y los interlocutores ecuménicos podemos reunirnos, compartir nuestras esperanzas y preocupaciones, estar unos junto a otros en solidaridad, interpelarnos recíprocamente, interpretar tendencias mundiales, discernir las tareas con las que nos enfrentamos unidos, facilitar la acción común y encontrar una voz común escuchando juntos el evangelio de Cristo y nuestras respectivas experiencias en nuestra vida y fe.

41. El CMI desempeña una serie de funciones decisivas en la búsqueda de la unidad visible, las cuales han sido determinadas con claridad cada vez mayor a lo largo del los últimos años:

42. El consejo tiene una función de convocación, la de reunir a los interlocutores ecuménicos, las iglesias miembros y otras iglesias en el contexto de un “espacio ecuménico” para el proceso y para establecer el programa.

43. El consejo proporciona el potencial para una voz común con la que las iglesias pueden proponer una visión clara y profética al mundo.

44. El Consejo Mundial de Iglesias proporciona mecanismos de responsabilidad mutua, crea solidaridad y ofrece acompañamiento a las iglesias y a otros en circunstancias exigentes.

45. El CMI está llamado también a desempeñar la tarea de fomentar una mayor coherencia dentro del movimiento ecuménico único.

46. Cada una de estas funciones decisivas forma parte integrante del todo y no debe separarse de las demás cuando se considera la vocación única del Consejo Mundial de Iglesias.

47. La evaluación de mitad del período que recibimos en esta reunión destaca que, para el futuro, es decisivo traducir esta interpretación de las funciones del CMI en un enfoque que integre diferentes dimensiones de la vida y el trabajo de la comunidad. También incluye la aplicación de metodologías participativas al compartir la labor programática con las iglesias miembros y los asociados. Su implicación y participación son decisivamente importantes para que se vea al CMI, no como una organización “que está ahí fuera”, sino como un espacio común y una voz común que formamos y promovemos juntos. Atribuimos gran importancia a la función de convocación del CMI, porque el estar juntos de un modo creíble facilita nuestra voz común y fomenta la coherencia del movimiento ecuménico. La importancia de esta función ha sido destacada por el Comité de Continuación sobre el Ecumenismos en el siglo XXI, en su reunión celebrada recientemente en Belem, Brasil, y de forma muy similar, por el Comité de Discernimiento de la Asamblea (CDA).

48. Para cumplir estas funciones, las iglesias y los interlocutores ecuménicos deben compartir compromisos comunes y hacerse responsables unos ante otros. El informe del CDA señala el hecho de que necesitamos reconocer que hay diferentes niveles de compromiso dentro del movimiento ecuménico más amplio. Es muy importante que se refleje esto en nuestro enfoque y metodologías. Esta preocupación reviste especial importancia en vista del Foro Cristiano Mundial (FCM) como plataforma ecuménica nueva y ampliamente incluyente, con la participación de iglesias y comunidades pentecostales y carismáticas. Seguiremos explorando juntos el modo en que se puede conseguir una unidad mayor entre los cristianos de todas las tradiciones por medio del FCM. Fomentaremos así mismo las relaciones con quienes mantienen aún su distancia del movimiento ecuménico conciliar, tratando de trabajar juntos en diversas cuestiones de interés común, tales como la interpretación de la misión, el código de conducta sobre conversión, y una serie de preocupaciones sociales y ambientales.

49. Estamos empeñados en estas nuevas formas de cooperación, si bien no negamos que hay todavía diferencias importantes que debemos afrontar en el diálogo. En este momento el Foro Cristiano Mundial no puede sustituir al CMI en lo que respecta a sus funciones y servicios relativos a las iglesias miembros y al movimiento ecuménico más amplio. Ciertamente, el FCM depende de un CMI eficiente y floreciente para su propia estabilidad y crecimiento. La profundidad de la responsabilidad y el compromiso de unos hacia otros que se comparte dentro de la comunidad de iglesias miembros en el CMI son demasiado importantes y valiosos para el futuro del movimiento ecuménico para que se puedan ceder a cualquier otra institución.

El momento presente, origen del futuro

50. Me complace mucho constatar que existe un consenso incipiente acerca del papel y las funciones básicas del CMI con respecto a las iglesias miembros, los interlocutores ecuménicos y el movimiento ecuménico en general, tal como podemos observar en sendos informes del Comité de Continuación sobre el Ecumenismo en el Siglo XXI y del Comité de Discernimiento de la Asamblea. Estoy convencido de que avanzamos hacia una mayor unidad en cuanto a cómo se pueden traducir estas ideas en proyectos y actividades en el trabajo programático del CMI. Este Comité Central es, en muchos sentidos, crucial para el futuro del CMI y del movimiento ecuménico, no sólo porque ustedes elegirán al nuevo Secretario General del CMI, sino también por las decisiones que tomarán acerca de la próxima Asamblea, la dirección y la administración del CMI, así como sobre los ajustes necesarios en el trabajo programático.

51. Se ha preparado un amplio informe sobre nuestro trabajo programático desde la última reunión del Comité Central a fin de que el Comité de Programa pueda llevar a cabo un debate de fondo y someter todos los comentarios y propuestas a la decisión del Comité Central. Me gustaría hacer una breve reflexión sobre las experiencias obtenidas con este enfoque integrado y comentar algunas de las enseñanzas extraídas. 

52. La Asamblea de 2006 pidió que la estructura de programas del CMI fuese integrada e interactiva, que hiciera hincapié en la interrelación de todo el trabajo a nivel estructural, pasando de programas y proyectos independientes al concepto de “un único programa del CMI” que integraría, de forma deliberada, los programas y las relaciones. Desde 2006 hemos intentado establecer un plan de programa más coherente, diseñado en función de la triple visión para la transformación que se desprende del mensaje de la Asamblea.

53. Desde entonces el objetivo del nuevo modelo ha sido “mejorar la calidad y el impacto del trabajo que lleva a cabo el CMI en su condición de comunidad de iglesias miembros de todo el mundo; intentar conseguir integración e interacción, flexibilidad y capacidad de respuesta; adoptar un estilo cooperativo de trabajo y la colaboración con otros en el movimiento ecuménico”3. Según la evaluación del programa de mitad de período, “la metodología para trabajar de nuevas maneras y con nuevas estructuras ha sido establecida y empieza a manifestarse y concretizarse en los programas. Si bien este enfoque puede minimizar el aislamiento y el trabajo ‘compartimentado’ y contribuir a la integración del programa, todavía queda por evaluar las repercusiones sobre el tiempo de trabajo en el personal, así como sobre la carga laboral. Por ejemplo, el intento de asegurar la colaboración entre el personal de distintos programas a través del trabajo en equipos interactivos que trascendieran las unidades de trabajo ha tenido resultados desiguales y se necesita trabajar y debatir más a fondo la efectividad y la eficacia de este sistema”4.

54. No obstante, el avance hacia la integración ha ayudado a definir los papeles específicos del CMI en medio de la complejidad del movimiento ecuménico y de las muchas organizaciones y organismos ecuménicos activos en el mundo. Ha facilitado la clarificación de la función de convocación del CMI en el movimiento ecuménico en general, interpretando las tendencias mundiales y ofreciendo posibilidades para que las iglesias y los interlocutores ecuménicos actúen juntos mediante respuestas adecuadas a las cuestiones y contextos mundiales, intentando mantener, al mismo tiempo, la coherencia del movimiento ecuménico. 

55. Todavía se nos plantean algunas dificultades. La primera dificultad radica en que la integración requiere “procesos” constantes y a menudo largos en los que los resultados de trabajo no resultan obvios en un marco de tiempo limitado. A veces las iniciativas del CMI, cuando se realizan conjuntamente con otras organizaciones, incorporan objetivos a largo plazo para los que se necesitarían prever actividades y recursos de personal a fin de contribuir al mismo resultado final, y esto no es siempre fácil de cuantificar o reconocer.

56. La segunda dificultad radica en la naturaleza del trabajo que emprende el Consejo. El personal del CMI ha trabajado muy a conciencia para realizar una planificación detallada que se ajuste a un ciclo de tres años. Este ejercicio se hace en colaboración con los distintos equipos en la Secretaría, así como con interlocutores de todo el mundo. Sin embargo, cuando surge una crisis en un país o un conflicto que exige una respuesta ecuménica urgente, esta situación, que en general requiere una gran coordinación con otros interlocutores ecuménicos, no se puede anticipar. Además de los planes detallados ya establecidos por cada programa para el año, los acontecimientos inesperados exigen que se disponga de recursos humanos y financieros suplementarios.

57. Aunque cada programa y cada actividad pueden tener una repercusión específica en las iglesias y la familia ecuménica, de nuestro trabajo con las iglesias se extraen enseñanzas comunes que trascienden las líneas programáticas.

58. Las iglesias de todas las tradiciones comparten el compromiso de buscar la unidad visible de la iglesia y dar un testimonio común al mundo, pero hoy esta visión se enfrenta a la difícil tarea que supone responder a los cambios en el panorama eclesial, una conciencia más profunda de la relación de Dios -y de nuestra propia relación- con la creación, así como de nuestras relaciones con otras tradiciones religiosas en unas sociedades cada vez más plurales.

59. La diversidad en el seno de nuestra comunidad es estimulante, pero por sí sola no es suficiente. Nuestra diversidad nos enriquece cuando existe un sentimiento de pertenencia mutua y un compartir con esa variedad de tradiciones y culturas. Es a través de una interacción más deliberada entre las iglesias miembros y los interlocutores ecuménicos que podemos aportar la mayor coherencia en el movimiento ecuménico a la que nos insta el EVC.

60. La disminución de los recursos, tanto humanos como financieros, empuja al CMI y al movimiento ecuménico mundial hacia una metodología de trabajo y un modo de expresión en una única lengua (es decir, en inglés). Sin embargo, las nuevas configuraciones eclesiales exigen un enfoque más amplio, en vez de más estrecho, que incluya las principales lenguas del hemisferio sur. Es un reto que nos incumbe a todos nosotros –iglesias miembros, interlocutores ecuménicos y secretaría del CMI-, pero puede resultar necesario adoptar un enfoque global a nivel del CMI y de los interlocutores ecuménicos.

61. Me gustaría expresar mi profundo agradecimiento a los miembros del Grupo de Trabajo sobre Dirección, responsabilidad y normas relativas al personal y recomendar encarecidamente las conclusiones del informe que se presenta al Comité Central para su examen y decisión. Las recomendaciones a corto plazo incluidas en este informe tienen por objetivo mejorar y fortalecer el espíritu de la comunidad simplemente aportando claridad y transparencia a una práctica y una tradición institucionales largas y ricas, pero también muy complejas. Las recomendaciones a largo y mediano plazo merecen toda nuestra atención ya que pretenden dotar al Consejo Mundial de Iglesias de las estructuras de dirección y administración adaptadas a nuestro mundo en rápida evolución, y en especial a nuestro panorama ecuménico en radical transformación.

62. La observación del Grupo de Trabajo de que la estructura de dirección del Consejo ha evolucionado muy poco desde el principio, en los años 1930, es completamente válida y muy elocuente. El supuesto subyacente del informe de que los cambios propuestos deben basarse en el espíritu del documento normativo Hacia un Entendimiento y una Visión Comunes (EVC) resulta muy convincente. Las propuestas incluidas en el informe para la buena práctica en varios campos, establecidas conforme a estándares comúnmente aceptados, son realmente valiosas. Por lo tanto, estoy firmemente convencido de que deberíamos considerar este importantísimo proceso propuesto en el informe del Grupo de Trabajo como una prolongación natural –o una parte integral- de todos nuestros esfuerzos destinados a transformar el Consejo de forma que esta comunidad mundial de iglesias única pueda desempeñar su propio papel en el movimiento ecuménico del siglo XXI.

63. Como ya he indicado anteriormente, junto con los resultados del Grupo de Trabajo sobre Dirección, se presentan a este Comité Central las conclusiones y recomendaciones de varios procesos. No me cabe duda de que las decisiones que se tomarán en base a estas recomendaciones tendrán un impacto positivo en el futuro del CMI. Al mismo tiempo que estos procesos, también hemos llevado a cabo procesos internos cuyos resultados contribuirán de forma significativa a la sostenibilidad del Consejo a largo plazo. Aprovecho la oportunidad para iniciar la siguiente presentación expresando mi profundo agradecimiento a las iglesias miembros y a los ministerios especializados por su apoyo financiero al Consejo. En particular, agradezco el apoyo que ha garantizado la estabilidad financiera durante mi mandato como secretario general.

64. La preparación de los planes del programa y del proyecto de presupuesto para 2010 ha tenido que tener en cuenta los efectos de la crisis económica mundial. Estas nuevas limitaciones financieras tienen consecuencias graves para el presupuesto del CMI, ya que varias iglesias y organizaciones han anunciado una disminución de su apoyo financiero tanto para el 2009 como para el 2010. La reducción de ingresos se ha tenido que equilibrar reduciendo los costos directos de las actividades, fusionando o posponiendo actividades, y redistribuyendo el personal para cubrir los puestos vacantes. Si comparamos el proyecto de presupuesto de 2010 con la situación a principios de 2008, el número de empleados ha disminuido en más de 25 personas.

65. El proyecto de presupuesto, tal como se presenta al Comité Central para su aprobación, incluye un aumento de los fondos no restringidos de CHF 350.000 en vez de los CHF 700.000 previstos. Las solicitudes de fondos para el 2010 se confirmarán en otoño con las promesas de financiación. Existe el riesgo de que ciertas solicitudes no puedan cubrirse completamente debido a las restricciones financieras que padecen los organismos de financiación.

66. El proyecto de presupuesto deberá revisarse a fin de alcanzar el objetivo fijado de crecimiento de los fondos no restringidos. En su reunión de febrero de 2009, el Comité Ejecutivo aprobó la propuesta del Subcomité de Finanzas de “elaborar un escenario alternativo en el que se disponga de 1 millón de CHF de fondos no restringidos con el objetivo de proporcionar un margen para necesidades o acontecimientos inesperados en 2010”5.

67. Al preparar este escenario alternativo, el Grupo de Dirección del Personal observó que, por un lado, en muchos casos las reducciones de los costos directos han reducido los presupuestos para las actividades y proyectos a un nivel de viabilidad mínimo. Ello significa que no se pueden realizar cortes suplementarios en los costos directos sin que ello implique terminar por completo varios proyectos. Por otro lado, una reducción adicional del personal debe conllevar el cese de actividades y proyectos.

68. Los requisitos de un escenario alternativo no se pueden cumplir sin revisar a fondo la forma en que el Consejo lleva a cabo su trabajo programático. Por lo tanto, solo es posible alcanzar el objetivo fijado por el último Comité Ejecutivo revisando seria y cuidadosamente 

(a) el ajuste de las estructuras internas de administración y de los programas. Este ajuste podría conllevar la fusión de programas o la agrupación de más de un programa bajo una misma dirección. También puede implicar poner fin a algunos proyectos o actividades.

(b) cambios estructurales en la manera de trabajar del Consejo. Estos cambios deberían examinarse ahora y llevarse a cabo en los próximos años, antes de la Asamblea de 2013. Podrían incluir, para dar algunos ejemplos: (i) encontrar y establecer nuevos equilibrios entre “la comunidad” y “la organización” (tomando prestado el lenguaje del EVC y del Informe del Grupo de Trabajo sobre Dirección, responsabilidad y normas relativas al personal ), (ii) fomentar una mayor participación de la comunidad en la planificación y la ejecución del trabajo del Consejo, (iii) promover el trabajo de las iglesias miembros en determinados campos, e (iv) identificar y promover actividades coordinadas y ejecutadas, en nombre del CMI como comunidad de iglesias, por dos, tres o más iglesias o interlocutores ecuménicos que tienen los conocimientos específicos necesarios o que, por buenas razones, desean participar en ellas.

69. Es necesario realizar estos dos tipos de ajuste a nivel operacional en el trabajo del Consejo para fortalecer tanto su eficacia como su impacto.

70. ¿Dónde nos encontramos hoy?

71. La dirección y el personal ya han iniciado un proceso para reajustar el trabajo programático conforme al adagio: “hacer menos, pero mejor”. Los preparativos para los planes del programa 2010 empezaron con un retiro del grupo ejecutivo del personal en el que se examinaron los principales objetivos fijados por el Consejo y los puntos centrales del trabajo. Durante este ejercicio y el trabajo de seguimiento, se identificó la necesidad de crear equipos de personal más amplios que se centraran en menos proyectos a fin de garantizar una manera más integrada de trabajar. Este principio se ha convertido en la base del proyecto de presupuesto y de los planes para 2010. Esta restructuración de proyectos y actividades se ha llevado a cabo sin ajustar la estructura de programas existente. Confiamos en que el trabajo ya empezado continuará y producirá resultados concretos.

72. No obstante, somos plenamente conscientes de que este trabajo no debe guiarse exclusivamente por las exigencias de la nueva situación financiera, sino que también debe tener en cuenta los resultados del informe de evaluación del programa de mitad de período (2006-2008). En este sentido, puedo asegurar que la perspectiva que he presentado en este documento con respecto a los papeles del Consejo en el movimiento ecuménico constituirá el fundamento principal sobre el que se construirá el nuevo escenario.

73. Por último, también puedo señalar que un trabajo preliminar sobre posibles cambios en la estructura interna de la administración, con la finalidad de mejorar la eficacia a nivel de gestión, indica que tal ejercicio podría resultar en que los fondos no restringidos aumentaran hasta casi 1 millón de CHF como presupuesto alternativo para 2010.

74. Por consiguiente, con la certeza de que ya hemos recorrido la mitad del camino propuesto por el Comité Ejecutivo y siendo consciente de que hace falta una decisión política a fin de poder seguir abordando asuntos de suma importancia para el futuro del Consejo, pido al Comité Central que afirme, en principio, esta dirección para que el escenario alternativo se pueda desarrollar en consecuencia, presentar a los miembros de la Mesa en diciembre de 2009, y remitir al Comité Ejecutivo en febrero de 2010 para su decisión final.

75. No cabe ninguna duda de que se trata de importantes decisiones que tendrán consecuencias significativas para el futuro del CMI. No obstante, les ruego que no pierdan de vista el panorama global ni se queden atascados en las necesidades y preocupaciones institucionales. El objetivo central de la unidad de la iglesia y las múltiples crisis a las que nos enfrentamos van mucho más allá que las necesidades y preocupaciones institucionales inmediatas del CMI. No olvidemos nunca la visión más amplia, pues es ahí donde se encuentra la llave del futuro de la humanidad y de este mundo. Este futuro ha tomado forma entre nosotros en Cristo, en su muerte en la cruz y su resurrección. Al recordar la historia de Cristo, el momento presente es siempre el origen del futuro que Dios nos reserva.

76. Nuestra preocupación por el futuro del movimiento ecuménico se manifiesta en nuestro compromiso con los jóvenes, así como en nuestros esfuerzos destinados a fortalecer la formación ecuménica a todos los niveles de la iglesia. Habíamos agrupado en un mismo programa el Instituto Ecuménico de Bossey y la red para la Educación Teológica Ecuménica (ETE) a fin de que se descubrieran las sinergias y se apoyaran mutuamente. Sé que la integración del magnífico trabajo que realiza el Instituto Ecuménico a nivel local y la red ETE a nivel mundial ha resultado ser más difícil de lo previsto. Si bien estoy convencido de la importancia de coordinar a nivel central la educación y la formación ecuménica en un mismo programa, he considerado conveniente que el trabajo actual de la ETE del CMI prosiga y se coordine por separado. De esta forma, Bossey podrá funcionar específicamente como un instituto ecuménico que también incorpora elementos de la formación laica. Las consecuencias organizativas de este cambio se abordarán en el escenario alternativo que he esbozado antes. Pero al abordar los problemas que se nos presentan, no debemos permitir que el pasado impida encontrar soluciones que mejorarán nuestro trabajo en la formación ecuménica. Los jóvenes y las generaciones futuras se lo merecen y tienen derecho a esperarlo.

77. Discernir el futuro, siempre encarnado en el momento presente, nunca es la tarea de una única persona o de una única organización, sino de la comunidad de creyentes junto con aquellos a los que se les ha encomendado la responsabilidad del liderazgo y del discernimiento espiritual. Basándome en mi propia experiencia, estoy convencido de que los jóvenes deben desempeñar un papel crucial en estos procesos de discernimiento. Para los jóvenes, ello significa tanto un desafío como un privilegio: un desafío porque no deben contentarse con el statu quo; un privilegio porque pueden contribuir y participar en las decisiones que hoy tomaremos y que podrían afectar su participación en la vida y la labor del movimiento ecuménico.

78. Agradezco a Dios que me haya permitido apoyar la creación de la Comisión Echos, en cuanto nuevo instrumento que amplifica la voz de los jóvenes en el CMI y el movimiento ecuménico. Propongo que, después de este informe, demos la palabra a los representantes de la Comisión Echos y a los miembros jóvenes que están entre nosotros para que puedan dirigirse al Comité Central. 

79. Para concluir, deseo expresar mi agradecimiento a este Consejo y a este movimiento por las oportunidades que me ha brindado para ejercer mi ministerio en la plenitud del cuerpo de Cristo. Durante esta reunión el Comité Central habrá otras ocasiones para rememorar nuestras experiencias comunes y las muchas cosas buenas, y algunas menos buenas, que hemos compartido a lo largo de los años…Mientras tanto, gracias, y a Dios sea la gloria.

1 - Samuel Kobia, The Courage to Hope, Ginebra: CMI, 2003

2 - Pappe, Ilan: The Ethnic Cleansing of Palestine, p. 208. One World Publications Ltd., Oxford 2006.

3 - Organizational Structure of the Work of the WCC, Comité Central 2006, Doc No Gen 4 (en inglés)

4 - Informe sobre el “WCC Mid-Term Programme Evaluation for the Period 2006-2008”, Comité Central 2009, Doc. GEN/PRO 03 (en inglés)

5 - Actas de la reunión del Comité Ejecutivo, p. 31 (en inglés)