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Declaración sobre la crisis en Kenya y la respuesta de las iglesias

20 de febrero de 2008

"Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente".

Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo".

De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas."(Mateo 22:36-40)

  1. Kenya y sus numerosas comunidades están atravesando una experiencia muy difícil tras la grave impugnación de las elecciones. Han muerto centenares de personas y varios miles más han resultado heridas o mutiladas. Cientos de miles de ciudadanos se han visto obligados a huir de sus hogares. A la sombra del caos generalizado, muchas mujeres y niñas, cuyos números se desconocen, han sido víctimas de violencia sexual. Muchas personas afectadas por el VIH o el SIDA ya no reciben tratamiento medico. Muchísimas casas y empresas han sido saqueadas y quemadas, y muchas personas se han quedado sin sus medios de vida.
  2. A las elecciones presidenciales del 27 de diciembre de 2007 en Kenya siguieron acusaciones y contraacusaciones entre el principal partido de oposición y el partido gobernante en relación con la posibilidad de que las votaciones hubieran sido manipuladas o saboteadas. La violencia que siguió sacudió a un país que sólo unas semanas antes era admirado por su irreprochable campaña electoral y, hace cinco años, se lo consideró un modelo de cambio democrático en África por la puesta en práctica de un sistema político multipartidista gracias a la insistencia de su población.
  3. Las iglesias de todo el mundo han seguido estos acontecimientos con preocupación y tristeza, tratando de entender las propias motivaciones y lo que debe hacerse, y orando, ofreciendo sus dones en forma de asistencia y. acciones de solidaridad, de las que cabe destacar, en particular, los esfuerzos de mediación del Consejo Nacional de Iglesias de Kenya, el Foro Interreligioso de Kenya y la Conferencia de Iglesias de Toda el África (AACC), así como la delegación de "cartas vivas" del Consejo Mundial de Iglesias en enero de 2008.
  4. Señales de una disminución de la confrontación y la violencia suscitan actualmente una esperanza prudente. Como vecinos de Kenya en la aldea mundial, agradecemos a Dios los múltiples esfuerzos de las iglesias en favor de la paz, y nos unimos a los sentimientos de solidaridad expresados por la AACC. Elevando su voz en los momentos más graves de la crisis, la Conferencia, que tiene su sede en Nairobi, calificó a Kenya de "mayordomo de la esperanza colectiva de África". Y dijo además que "las alegrías de esta nación han pasado a ser nuestras alegrías y, por lo tanto, sus penas, son nuestras penas… La teología del cuerpo de Cristo nos insta a estar disponibles unos para con otros, no sólo para con aquellos con quienes compartimos la misma mesa sacramental, sino para el mundo por el que Cristo murió".
  5. Las desastrosas consecuencias de las elecciones presidenciales deben entenderse en el contexto social e histórico más amplio de Kenya. Las principales causas de la violencia que hizo estragos durante varias semanas se remontan a las disposiciones políticas establecidas antes de la independencia y posteriores a la colonización. La constitución redactada en los comienzos de la independencia en 1963 debería haberse entendido como un instrumento de transición. No abordaba debidamente problemas fundamentales como la propiedad de la tierra y los derechos de los ciudadanos. Los cambios constitucionales introducidos después no dieron señales claras o no eran pertinentes: hacer de Kenya un Estado de jure de partido único en 1982, reinstaurar una democracia multipartidista en 1991, y redactar una nueva constitución antes de las recientes elecciones, lo que, a pesar de las buenas intenciones, quedó en letra muerta. Otra medida muy necesaria - la reforma electoral, incluida una comisión electoral verdaderamente independiente - aún está pendiente, y ahora a un gran costo.
  6. La Constitución actual, y algunas de las instituciones correspondientes, han sido utilizadas indebidamente para satisfacer intereses políticos partidistas en lugar de los intereses y las aspiraciones de la población keniana. A falta de disposiciones institucionales que permitan compartir el poder, una presidencia apoyada en el clientelismo difícilmente podría convencer a la población de que sus intereses se tendrán debidamente en cuenta. Lo que puede percibirse es que el hecho de ocupar cargos públicos beneficia a la comunidad de origen del ganador en detrimento de las otras comunidades. La dificultad de obtener un puesto o la tendencia a permanecer en el poder año tras año no hace más que fortalecer la convicción popular de que esa forma de democracia es defectuosa y necesita ser reparada. A menos que tenga lugar esa reparación, las futuras elecciones presidenciales podrán constituir un problema igualmente insoluble que éstas y ser potencialmente tan peligrosas para la nación. Esta necesidad de crear esa confianza pública no es únicamente un problema de Kenya
  7. Aunque el conflicto actual es una consecuencia de las controvertidas elecciones presidenciales, las comunidades en conflicto tienen preocupaciones de larga data generalmente no expresadas, que se remontan a la época de la independencia, cuando muchos kenianos sintieron que no se tenían en cuenta las expectativas de su comunidad. El Gobierno independiente heredó estructuras coloniales y no fue capaz de hacer frente a algunas de las injusticias y desigualdades que dividían a la nación. Así pues, siguieron sin resolver los problemas que afectaban a muchas comunidades y a varios grupos étnicos. Ese legado colonial negativo se convirtió en un problema político poscolonial. Asimismo, cabe señalar que factores externos continuaron influyendo, como siempre lo hacían o en nuevas formas, en la cultura política, conformando las expectativas de la población cada vez más numerosa e impulsando los sectores clave de la economía nacional.
  8. La iglesias miembros del CMI alertaron sobre esas tendencias en África ya en 1971, mediante una declaración del Comité Central titulada "La Unidad y los derechos humanos en África hoy" en la que se decía que "la injerencia de las naciones extranjeras ricas y poderosas constituye la amenaza más grave para la estabilidad y el desarrollo de los países africanos, y hace más difícil encontrar una solución para los problemas actuales de tribalismo y de disidencia interna". Según el Comité Central esas fuerzas políticas, económicas y sociales, "ciernen una amenaza sobre las aspiraciones de los pueblos africanos a la unidad y a una existencia humana en el respeto de su dignidad y su independencia".

Aleccionado por la realidad de la violencia intercomunitaria, persuadido de que es necesario que las iglesias sepan el papel que les corresponde en tiempos de profunda crisis, y convencido de la capacidad de la sociedad para asignar el poder con responsabilidad, el Comité Central del Consejo Mundial de Iglesias, reunido en Ginebra (Suiza), del 13 al 20 de febrero de 2008:

A. Reconoce que las iglesias se hallan entre los implicados en la crisis, y, como expresó el Consejo Nacional de Kenya, han sido "incapaces de enfrentarse de forma eficaz con los problemas que planteaba" debido a su actitud partidista;

B Afirma la postura de dirigentes y miembros de las iglesias que actuaron como defensores de la paz y la unidad durante la crisis electoral de Kenya, y recomienda que las iglesias asuman ese mismo papel en situaciones de crisis comparables en cualquier parte del mundo;

C. Insta a que las iglesias de países que se enfrentan con situaciones de conflicto aprendan de la experiencia de las iglesias de Kenya acerca de la necesidad de unirse a los llamamientos en favor de que se ponga fin a la violencia, lo hagan lo antes posible, defiendan en todo momento la protección de la vida humana, y manifiesten el compromiso cristiano por la paz participando activamente en los procesos de mediación, de reconciliación y de sanación entre las partes en conflicto;

D. Recomienda que, en los casos en los que la sociedad esté profundamente dividida, y siempre que sea posible, las iglesias miembros y los consejos de iglesias apoyen la creación de foros de diálogo entre el Gobierno, la oposición y líderes de la sociedad civil, en los que cada uno pueda escuchar los puntos de vista diferentes de los otros, debatir sobre las divergencias, ponerse de acuerdo acerca de la iniciación de negociaciones, y tomar medidas para prevenir y reducir la violencia, y ponerle fin;

E. Insta a las iglesias a que emprendan esfuerzos para crear una colaboración interreligiosa y movilizar en favor de la paz, y a que participen en los esfuerzos en curso a ese respecto;

F. Afirma la necesidad de que los miembros y los dirigentes de las iglesias promuevan - en las iglesias, entre las iglesias y en la sociedad - una cultura de diálogo en la que sean bien acogidos los diversos grupos, se aborden las diferencias y, siempre que la conciencia lo permita, se eviten las adhesiones políticas partidistas, y predomine el bien común; afirma además la esperanza de que las relaciones entre las iglesias puedan ser puentes entre las comunidades divididas y una red de protección en tiempos de crisis;

G. Insta a las iglesias a que participen activamente en programas de educación cívica y de educación para la democracia, en programas de derechos humanos, y en programas que propugnen la dignidad y la igualdad entre hombres y mujeres, así como a que formen parte de programas de observación y seguimiento de los procesos electorales;

H. Aplaude el compromiso a nivel más amplio de la comunidad africana y la comunidad internacional en los esfuerzos de mediación y de solución del conflicto, como es el caso de la Unión Africana y los consejos ofrecidos por distinguidos dirigentes africanos; y estimula la prestación de asistencia humanitaria a las personas desplazadas o que regresan a sus hogares, especialmente por mediación de Acción Conjunta de las Iglesias (ACT).

APROBADA