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Declaración sobre las municiones de racimo

20 de febrero de 2008

 "No os engañéis; Dios no puede ser burlado, pues todo lo que sembréis, eso también segaréis." (Gal 6:7)

  1. Estas palabras de sabiduría que nos vienen de una época muy lejana, son una advertencia en el contexto muy diferente de hoy. Este versículo arroja una luz moral sobre un arma bélica moderna, un instrumento con efectos indiscriminados que van más allá de las intenciones de quienes lo utilizan y conlleva terribles consecuencias para sus víctimas. Como cristianos vivimos a la luz de la promesa de Dios de que las espadas se convertirán en rejas de arado, las lanzas en hoces, y ningún pueblo volverá a tomar las armas contra otro ni a recibir instrucción para la guerra (Isaías 2:4). En el marco de este amplio mandato de vencer la violencia, la utilización de municiones de racimo constituye un problema particularmente urgente. Destinadas a ser utilizadas en el momento más álgido de la batalla, las municiones de racimo continúan golpeando cuando la guerra ya ha terminado; diseminadas en un instante durante el combate, las bombas de racimo siembran la muerte durante décadas; concebidas para detener los soldados y los tanques de guerra, estas armas matan principalmente a las personas civiles, una a una. Hemos oído decir que una monja en Serbia, recogió algunas de esas pequeñas bombas diseminadas por el campo y con toda ingenuidad las llevó al convento; y que un libanés quiso salvar a su hijo de las bombas esparcidas en el suelo y lo colocó sobre un árbol, y que, mientras iba a buscar ayuda, estalló una bomba que había caído sobre el árbol y mató a su hijo; y que una madre laosiana murió al estallar una de los millones de municiones esparcidas a través de su país durante una guerra que había tenido lugar antes de que ella naciera, y que estaba en su jardín.
  2. Las municiones de racimo han sido utilizadas en unos 35 países desde la Segunda Guerra Mundial, particularmente en Irak, Kuwait, Afganistán, Chechenia, la antigua Yugoslavia, Angola, Camboya y Vietnam. En la guerra de 2006 entre Israel y Líbano, se tiraron unos cuatro millones de municiones de racimo en el Sur del Líbano. Las Naciones Unidas calculan que un millón de esas bombas no ha estallado y que dos tercios están diseminadas en zonas pobladas. Más del 98 por ciento de las víctimas son personas civiles.
  3. Una munición de racimo es un arma que contiene múltiples submuniciones explosivas que son esparcidas desde un lanzador. Las submuniciones (pequeñas bombas) están diseminadas en una amplia zona para matar o herir a las personas. Están destinadas a estallar en el aire o en el suelo, pero un gran número queda sin estallar, dejando un legado de muerte después del conflicto para niños, mujeres y hombres.
  4. Unos 75 países poseen municiones de racimo. El arsenal de esas municiones se eleva a miles de millones, y muchas de esas municiones son obsoletas y no ofrecen ninguna seguridad. Hasta hace poco, los gobiernos no habían logrado concertarse para hacer frente tanto al predominio del uso de esas municiones como a los problemas que causan. Ahora bien, la utilización indiscriminada y generalizada de municiones de racimo a finales de la guerra en el Sur del Líbano, tras haberse acordado el cese el fuego, suscitó una gran preocupación a nivel mundial. Fue un trágico catalizador de la acción común. Se llegó a una conciencia internacional más clara de la necesidad de hacer frente a ese tipo de armas. Más de 80 Estados y 250 organizaciones no gubernamentales se han unido para negociar por vía rápida un tratado sobre las municiones de racimo en 2008. En el tratado propuesto se prohibirían algunas o todas las municiones de racimo, se prestaría asistencia a los sobrevivientes, así como a las comunidades afectadas, y se exigiría la remoción de esas armas de las zonas contaminadas.
  5. Creemos que las municiones de racimo deben eliminarse porque su uso causa víctimas civiles de forma indiscriminada. Estas armas cuyos efectos se diseminan por una zona de gran amplitud no cumplen con las dos obligaciones más importantes del derecho internacional humanitario para proteger a las personas civiles durante los conflictos armados: 1) la necesidad de distinguir entre civiles y combatientes 2) la necesidad de evitar pérdidas de vidas de personas civiles que sean desproporcionadas en relación con la ventaja militar esperada. Las municiones de racimo plantean graves riesgos para las vidas de las personas civiles en el momento en que se utilizan y durante décadas. También tienen repercusiones a largo plazo sobre las operaciones de paz, la rehabilitación después del conflicto y los medios de vida de los civiles.
  6. Las peticiones de determinadas exenciones técnicas a la prohibición no son convincentes: los mecanismos de autodestrucción reducen la cantidad de municiones sin explotar pero aún tienen la posibilidad de fallar, especialmente en la práctica. Reducir el índice de municiones sin explotar al uno por ciento aún crea inaceptables niveles de contaminación letal y peligrosa en la zona que ha sido blanco de esas bombas. El uno por ciento de un millón de pequeñas bombas representa 10.000 municiones. Ninguna de esas propuestas resuelve los aspectos desproporcionados y de indiscriminación del uso inicial. Las soluciones técnicas no resulten los problemas humanitarios y morales inherentes al uso de bombas de racimo. Lo que se necesita es un tratado que se aplique a todas las municiones de racimo sin excepción.

Por consiguiente, y habida cuenta del así llamado "Proceso de Oslo" para negociar este año un tratado sobre las municiones de racimo, el Comité Central del Consejo Mundial de Iglesias, reunido en Ginebra (Suiza), del 13 al 20 de febrero de 2008:

A. Condena el uso de las municiones de racimo

B. Apoya la elaboración de un tratado internacional jurídicamente vinculante en el que se prohíban el uso, la producción, las existencias y la transferencia de municiones de racimo, y se exija la asistencia a los sobrevivientes, la ayuda a las comunidades afectadas y la remoción de las municiones de las zonas contaminadas;

C. Felicita a los gobiernos que han promovido y organizan el actual Proceso de Oslo sobre municiones de racimo, en particular a los gobiernos de Noruega, Perú, Austria, Nueva Zelandia e Irlanda, e insta a los gobiernos no participantes, en particular Estados Unidos de América, Rusia, China, India, Israel y Pakistán a que se unan a este oportuno control multilateral de armas e iniciativa humanitaria, y a que lo apoyen;

D. Elogia la labor desplegada por el Comité Internacional de la Cruz Roja para controlar el empleo de las municiones de racimo y por los grupos de la sociedad civil en la Coalición contra las Municiones de Racimo, tomando nota de que en la coalición participan varias iglesias miembros del CMI y organizaciones relacionadas con las iglesias;

E. Insta a las iglesias miembros del CMI a informarse sobre este problema y sobre el proceso actual tendente a la elaboración de un tratado sobre las municiones de racimo;

F. Recomienda que las iglesias miembros hagan suya la preocupación eclesial internacional por que se elabore un tratado eficaz sobre las municiones de racimo y que insten a los respectivos gobiernos a que apoyen en la práctica el proceso a ese respecto.

APROBADA