World Council of Churches

Una comunidad mundial de iglesias que buscan la unidad, el testimonio común y el servicio

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GEN 8 Informe sobre la Evaluación del Programa Previa a la Asamblea

22 de febrero de 2005

ÍNDICE

Introducción

Parte 1: Evaluación de los programas generales de los cinco temas de investigación

1.1: Logro de los objetivos generales del programa

1.2: Pertinencia, importancia y significado de los programas

1.3: Apropiación e impacto de los programas

1.4: Impacto de los programas para fortalecer la comunidad

1.5: Métodos del CMI y formas de trabajar en relación con los programas

Parte 2: Principales resultados y conclusiones sobre los distintos programas

2.1: Fortalecimiento del Movimiento Ecuménico Único

2.2: Instituto Ecuménico de Bossey

2.3: Diálogo con creyentes de otras religiones

2.4: Decenio para Superar la Violencia

2.5: Unidad de la iglesia

2.6: Defensa y promoción ecuménicas de la justicia y solución pacífica de los conflictos

2.7: Atención Ecuménica Especial a África

2.8: Misión y Evangelización: Promoción del Ministerio de Reconciliación

2.9: El desafío de la formación ecuménica

2.10: La Ética de la Vida y Alternativas a la Globalización

2.11: Diaconía y Solidaridad

2.12: Comunicar la comunidad y compartir la experiencia ecuménica

2.13: Programa Ecuménico de Acompanamiento en Palestina e Israel (PEAPI)

2.14: Iniciativa Ecuménica sobre el VIH/SIDA en África (IEVSA)

Parte 3: Evaluación general de los programas y recomendaciones

3.1: Evaluación general de la labor programática

3.2: Orientaciones programáticas recomendadas para la Asamblea

3.3: Marco propuesto para el futuro enfoque estratégico del CMI

ANEXO 1: Recolección de información

ANEXO 2: Glosario


Introducción

"No sabemos cómo interpretar el silencio"[1]

El contexto en que actúa el Consejo Mundial de las Iglesias ha cambiado notablemente desde la última Asamblea celebrada a fines de 1998 en Harare. El proceso de globalización se ha acelerado y está teniendo importantes repercusiones incluso en las comunidades locales más pequenas. Se registran cambios en las estructuras económicas, desafíos a la sostenibilidad ambiental, una gran movilidad de las personas y la propagación de enfermedades, la más evidente de las cuales es la pandemia del VIH/SIDA. La pobreza sigue constituyendo un escándalo para la humanidad. Después del 11 de septiembre, las cuestiones de la violencia y la seguridad se plantean a un nuevo nivel. Muchos de estos acontecimientos muestran también un cambio en los paradigmas que han orientado la labor del CMI y el Movimiento Ecuménico en general. Uno de tales paradigmas es el de la secularización y abandono de la religión, que ha sido puesto en entredicho por acontecimientos ocurridos en los últimos anos en los que la función de la religión en la sociedad ha cobrado una renovada preponderancia. Otro es el que se opone a las funciones pastoral y profética de la iglesia. Es preciso reevaluar los paradigmas que orientan actualmente la labor a la luz del mundo de hoy.

Todo esto está ocurriendo en un ámbito mundial, en el que, por una parte, hay un acceso mayor a algunos tipos de medios de comunicación y, por otra, existe una concentración de las redes de tales medios que da lugar a una cosmovisión global percibida solamente a través de unos pocos filtros.

El Movimiento Ecuménico en el siglo XXI se halla también en un proceso de transformación profunda. Está cambiando la fisonomía del Cristianismo mundial, registrándose en el Sur un rápido aumento de las iglesias Pentecostales e Independientes, la mayoría de las cuales tienen pocos contactos con el ecumenismo estructural. La realidad vivida por las comunidades de las iglesias en el Sur o en la revitalización de muchas de las iglesias de Europa Oriental pone en tela de juicio las antiguas divisiones de Misión, Fe y Constitución, Vida y Trabajo, que se perciben como una herencia de los primeros días del Movimiento Ecuménico en Europa. Al mismo tiempo, la necesidad de especialización ha dado lugar a la creación de nuevos instrumentos para gestionar una respuesta de emergencia (Acción conjunta de las iglesias - ACT), al inicio de algunos de los programas de las iglesias en defensa de derechos (Alianza Ecuménica de Acción Mundial - AEAM) y al establecimiento de una empresa conjunta de comunicación para cubrir las noticias relacionadas con los asuntos internacionales de carácter religioso, ecuménico y humanitario (Noticias Ecuménicas Internacionales - ENI). Se están realizando ahora planes para establecer una nueva Coalición Mundial ecuménica en materia de desarrollo y servicio. La agrupación prevista de parte de los ministerios especializados, que representan en conjunto el 80 % de la financiación del programa del CMI, tendrá importantes repercusiones, incluso teniendo en cuenta los vínculos propuestos de la Coalición Mundial con el CMI. En los últimos anos se han ampliado también las estructuras regionales y subregionales.

Frente a estos desafíos, el CMI ha respondido durante los últimos anos iniciando procesos paralelos, pero complementarios. El proceso de Reconfiguración[2] ha tratado de evaluar algunos de los desafíos generales que hemos mencionado. Al mismo tiempo, el Consejo se ha empenado por primera vez en su historia en una importante evaluación de su labor programática con la comunidad mundial y para ella. Este informe sobre la Evaluación del Programa Previa a la Asamblea ofrecerá una perspectiva acerca de estos debates más fundamentales. Forma parte de un proceso que comenzó a fines de 2001-comienzos de 2002 con la Evaluación de mitad de período solicitada por el Comité del Programa en su reunión de enero de 2001. La evaluación se centró en ese momento en muchas preocupaciones institucionales y se basó principalmente en una evaluación interna realizada por el personal. Una de las recomendaciones fue que se hiciera antes de la Asamblea una evaluación externa más completa y más centrada en el contenido de los programas y en su valoración desde la perspectiva de los miembros, las iglesias y su ámbito de influencia[3]. El Comité Ejecutivo decidió las tareas en febrero de 2004 y designó a cuatro personas, Marion Best, William Ogara, Sylvia Raulo y Georges Tsetsis, para que llevaran a cabo el proceso de evaluación.

El mandato tenía por objeto la investigación de cuatro temas principales: el logro de los objetivos de la Asamblea de Harare, la pertinencia e importancia de los programas, el impacto de éstos y la medida en que son asumidos y su contribución al fortalecimiento de la comunidad. Se pidió al equipo de evaluación que hiciera también observaciones sobre las metodologías empleadas por el Consejo y, por último, que ofreciera una breve evaluación sobre cada uno de los programas. El resultado debía ofrecer claras orientaciones programáticas para el Comité de Orientación Programática en la Asamblea de Porto Alegre.

Escuchar a las iglesias, tanto sus voces como su silencio, fue el primer paso y, por lo tanto, la información recogida de las iglesias fue el punto de partida fundamental. Los métodos utilizados fueron cuestionarios y entrevistas con personas y grupos. Se recibieron aportaciones de una u otra forma de la mitad aproximadamente de las iglesias miembros que representan a cada región. (Para más detalles sobre el proceso de recopilación de datos, véase el Anexo I). Además, el equipo tuvo la ventaja de poder utilizar material y cartografía del proceso de reconfiguración, algunas evaluaciones de programas concretos, la autoevaluación de comisiones/órganos asesores[4] y una serie de documentos programáticos. El equipo desea también agradecer la participación activa y autocrítica del Grupo de Dirección del Personal[5] y los equipos programáticos del personal, que fueron entrevistados dos veces durante el proceso.

Sin embargo, en cuanto equipo, teníamos que reconocer las limitaciones de la evaluación. Aunque la idea original era llevar a cabo una evaluación externa, realizó el proceso un equipo que no podía llamarse externo. Salvo una excepción, los miembros tenían una estrecha conexión con el CMI  ya sea como miembro del órgano rector, como ex miembro del personal o como colaborador de la financiación/miembro provisional del personal. Por otra parte, dada la complejidad de la tarea y los muchos cambios registrados durante los dos últimos anos en la estructura del programa, esto ofreció la ventaja de acelerar la comprensión de las cuestiones planteadas.

Otra limitación fue la falta de un mecanismo de planificación, seguimiento y evaluación del programa que funcionara bien. Se senaló ya este problema en la Evaluación de mitad de período. A falta de dicho mecanismo el equipo tuvo que confiar en una evaluación general de las iglesias, basada en una comprensión general de los programas. No pudimos verificar los resultados o compararlos con los que se hubieran documentado mediante una actividad interna continua de establecimiento, evaluación y seguimiento de los objetivos.

Tiene mayor importancia la grave limitación del gran número de iglesias miembros que se mantuvieron en silencio durante el proceso. Sin embargo, pese a estas limitaciones, hemos encontrado con sorpresa una gran convergencia general en los resultados, que se ha confirmado en la discusión paralela sobre la reconfiguración, por lo que tenemos confianza en que la siguiente evaluación general refleja la imagen de la labor programática del Consejo tal como la percibe el ámbito de influencia de las iglesias miembros.

El informe se divide en tres partes. En la Parte 1 se exponen las respuestas a las principales preguntas incluidas en el mandato que aprobó el Comité Ejecutivo en 2004, con los principales resultados y conclusiones. En la Parte 2 se examinan los distintos programas y dos iniciativas ecuménicas internacionales, senalando los principales resultados y conclusiones. En la Parte 3 se ofrece una evaluación general de la labor y se formulan recomendaciones relativas a las orientaciones programáticas para el Comité del Programa de la Asamblea.


PARTE 1: Evaluación de los programas generales de los cinco temas de investigación

 

1.1   Logro de los objetivos generales del programa

?En qué medida los programas ejecutados durante el período de la evaluación han alcanzado los objetivos generales establecidos por la última Asamblea y en el subsiguiente marco de política programática definido por el Comité Central y por las Comisiones/Órganos Asesores?

"Es difícil entender cuáles eran los objetivos generales; parece que hay varios niveles diferentes"

 

Resultados principales

Una hipótesis preliminar del equipo de evaluación fue que estaba realizando su actividad en el marco de objetivos claramente identificados. Se puso esto en tela de juicio ya desde el comienzo de nuestra tarea cuando resultó difícil a nuestro equipo descubrir unos objetivos programáticos articulados, establecidos en Harare, sobre los que basar nuestra evaluación de cada programa. La mayoría de los encuestados se hallaban en una situación parecida e indicaron que no estaban familiarizados con los objetivos programáticos generales o específicos. Muchos dijeron también que la visión del CMI es ‘borrosa' y esta falta de una visión claramente articulada es una de las razones de la incapacidad para establecer objetivos generales claros para la labor programática.

Aunque no eran capaces de nombrar objetivos programáticos específicos, la mayoría tenían un conocimiento general de las cuestiones que la Asamblea de Harare había senalado y a las que el Consejo había prestado su atención. Los que se nombraron con mayor frecuencia fueron el Decenio para superar la violencia, la Comisión especial, el VIH/SIDA, el debate sobre la Globalización/Justicia Económica y el Foco de atención especial hacia África. Todas estas cuestiones habían sido objeto de debate durante la Octava Asamblea y continuaban senalándose como cuestiones pertinentes. Aunque la mayoría de los encuestados dijeron que no eran capaces de evaluar la medida en que se habían alcanzado los objetivos generales, una de las formas en que respondieron a la pregunta fue indicando si un programa o actividad habían sido adoptados, utilizados o apoyados por sus propias iglesias. Esto dependía en muchos casos de los objetivos programáticos en los que se hacía también hincapié en sus propias iglesias o que respondían a cuestiones que consideraban oportunas.

La función del Comité Central es emprender y terminar programas según lo recomiende su Comité de Programa, el cual basa sus recomendaciones en el asesoramiento que recibe de las comisiones y grupos consultivos en relación con diversas esferas programáticas. Los informes de estos grupos resultaron confusos en lo que respecta a la forma en que el marco de política de programas, definido por el Comité Central en 1999 después de Harare (Ser Iglesia; al Servicio de la Vida; Ministerio de Reconciliación; Testimonio y Servicio Comunes en medio de la Globalización), se relaciona con la estructura actual de los trece programas y las dos iniciativas ecuménicas que se están evaluando actualmente[6]. Además, estos quince programas incluyen unas sesenta actividades, por lo que los encuestados no veían con claridad en muchos casos lo que constituía un programa y lo que era una actividad[7]. La evaluación de mitad de período senaló la necesidad de mejorar los mecanismos de planificación del programa y de hacer que quienes participan en los órganos rectores y consultivos conozcan menor los programas[8].

Se consideró que las directrices del programa de Harare tenían en general una amplitud demasiado grande, teniendo en cuenta sobre todo que las realizaciones del CMI habían sido muy inferiores a lo previsto, debido a la reducción de sus recursos humanos y financieros. Al mismo tiempo, se afirmó que el CMI había podido lograr todo lo que le habían permitido las limitaciones financieras y la reducción del personal, registradas especialmente durante los dos últimos anos. Hemos escuchado repetidas veces que el Consejo debe hacer menos y hacerlo bien. Hay que establecer las prioridades basándose en una visión claramente articulada y determinando lo que un organismo mundial puede hacer mejor teniendo en cuenta los fondos realmente disponibles.

Conclusiones del equipo

  • Se expresó aprecio por lo que se había conseguido, especialmente teniendo en cuenta las limitaciones financieras y las reducciones de personal. En una situación, en que el conocimiento general de los objetivos era escaso, los encuestados interpretaron el logro de los objetivos como el equivalente a hacer suyos los programas, es decir, si los programas fueron utilizados y/o asumidos por sus propias comunidades.
  • Los encuestados pudieron identificar una serie de cuestiones destacadas en la Octava Asamblea y que se consideran todavía oportunas, a la vez que expresaron su satisfacción por el hecho de que el CMI siga trabajando en esos sectores, si bien no veían con claridad cómo lo hace.
  • La falta de una clara visión de conjunto ha hecho que resulte difícil establecer objetivos generales comprensibles para la labor programática y la determinación de prioridades.
  • Los órganos rectores[9] han tenido dificultades para desempenar su función de iniciación, seguimiento y terminación de programas, lo que exige un marco programático más flexible y transparente.
  • Como la Asamblea de Harare y las reuniones subsiguientes del Comité Central no pudieron articular claramente los objetivos programáticos generales y establecer prioridades, el resultado ha sido que el CMI está tratando de hacer más de lo que puede realizar eficazmente, dada la limitación de sus recursos financieros y humanos. A este respecto, es importante realizar una buena labor preparatoria para ayudar al Comité de Orientación Programática a que en la Novena Asamblea establezca iniciativas programáticas realizables y apropiadas para el período posterior a dicha Asamblea.

1.2  Pertinencia, importancia y significado de los programas

?En qué medida los programas son pertinentes, importantes y significativos en relación con las necesidades prioritarias de las iglesias y cómo pudieron ajustarse estos programas a contextos mundiales cambiantes y a nuevas necesidades?

"La pertinencia de los programas y su adopción como algo propio se debilitan cuando se perciben como una tarea separada de la vida normal de las iglesias"

Resultados principales

Los encuestados interpretaron en general la pertinencia, importancia y significado de los programas en función de la importancia de una cuestión concreta para las iglesias, la utilización de métodos creativos en un determinado programa del CMI y la medida en que se combinan tales métodos para crear un programa que las iglesias puedan fácilmente hacerlo suyo, utilizarlo u obtener de él inspiración e ideas sobre su propia realidad y para vincularse con otras iglesias y fuerzas de todo el mundo.

La mayor parte de los entrevistados hizo especial hincapié en el Decenio para Superar la Violencia. Aunque la violencia está aumentando en el mundo, el "éxito" del programa se relaciona con el hecho de que afronta un problema que preocupa enormemente en todas partes y no se trata de un programa iniciado por el CMI, sino que se basa en la labor ya realizada por muchas iglesias en todo el mundo. Este programa ha conseguido estimular a las iglesias a plantear las cuestiones de la violencia como prioritarias en sus trabajos, desde la violencia doméstica hasta las cuestiones de la guerra y la paz. En cada uno de los últimos anos el foco de atención regional ha puesto de relieve esto. Las iglesias lo han hecho suyo en gran medida. La función del CMI ha consistido en apoyar, alentar y facilitar las conversaciones y la comunicación de información entre las iglesias, proporcionar una guía de estudio sencilla y eficaz en varios idiomas, mantener un sitio adecuado en la web y fomentar la cooperación y coordinación con los órganos ecuménicos regionales, todo lo cual ha contribuido a la difusión y eficacia del programa. Se fundamenta en una teología de la paz y no violencia y las iglesias tienen la autoridad moral para promover la paz y la no violencia.

Otra cuestión pertinente, que muchos han considerado incluso decisiva, es la formación ecuménica, sector en el que un programa muy valorado del CMI es el del Instituto Ecuménico de Bossey. Como comunidad viva en la que se realiza una educación experiencial, el Instituto ha sido capaz de afrontar nuevas necesidades generando debates sobre algunos temas arriesgados (diálogo interreligioso, sexualidad humana), además de los cursos normales. Bossey tiene una sólida reputación y se considera que tiene un concepto y dirección claros, que pueden adaptarse a nuevas necesidades, incluso trascendiendo los límites de las iglesias. Se han suscitado así expectativas de hacer más en las regiones para que más gente pueda participar, especialmente en casos en que el idioma es un obstáculo (se utiliza sólo el inglés en Bossey). Otro instrumento de formación ecuménica que se mencionó fue el de las becas administradas por el programa de Formación Ecuménica del CMI, si bien actualmente parece que hay diferentes valoraciones sobre la orientación que se está dando a esta actividad.

En muchos casos se senaló como programa importante el de Unidad de la Iglesia/Fe y Constitución, pero se observó que éste último se considera más pertinente y significativo cuando sus estudios se integran en otros programas como marco teológico para su labor, en lugar de ser estudios "aislados". Otro obstáculo que reduce la pertinencia e incluso el significado del programa actual es la falta de difusión de los resultados y la escasa capacidad de relación.

Para muchos entrevistados, el diálogo interreligioso es una de las cuestiones más pertinentes de las que actualmente se ocupa el CMI y, por lo tanto, se senaló como actividad significativa del Consejo. No obstante, se indicó con claridad al respecto que, tal como se ejecuta actualmente el programa, parece realizado en pequenos grupos académicos y no aborda problemas existenciales de las comunidades que viven juntas a nivel de base, lo que reduce la pertinencia del programa actual. Se observó asimismo que este problema afecta también a otras esferas programáticas y que se debería promover la participación de las mujeres.

Un elemento igualmente importante del CMI es el de Ética de la Vida y Alternativas a la Globalización, especialmente en relación con problemas de la globalización, como la Justicia Económica. Esta actividad ha conseguido involucrar a las iglesias en esta esfera de preocupación. Además de las cuestiones citadas, se apreció que este programa se relacione satisfactoriamente con algunas de las regiones. Se consideró que el CMI es un punto de referencia al respecto. Los programas de la Red de Defensa Ecuménica de los Discapacitados y de los Pueblos Indígenas son ejemplos de la labor centrada fuera de Ginebra que se considera importante, lo que indica la necesidad de evaluar más en profundidad el potencial de este tipo de redes.

La Comisión Especial sobre la Participación de los Ortodoxos en el CMI se consideró un ejemplo pertinente e importante de actividad que respondía a una situación concreta y a las necesidades del Consejo y sus miembros. Las reacciones a los resultados de la Comisión Especial fueron diversas. Muchos estimaron que ha contribuido a profundizar el espíritu de comunidad y a confirmar el nuevo compromiso de las iglesias ortodoxas después de la crisis de 1998. En cualquier caso, ha demostrado que el Consejo puede encontrar el modo de examinar y formular nuevas formas de colaborar a pesar de enfrentarse a cuestiones difíciles que pueden ser causa de división. Aunque comenzó ocupándose principalmente de las regiones donde la comunidad ortodoxa es numerosa, los resultados tienen el potencial de reconfigurar las relaciones dentro de toda la comunidad.

Se consideró oportuna e importante la Atención Ecuménica Especial a África. Los africanos apreciaron especialmente la forma en que el CMI contribuyó a la celebración de la Conferencia de Iglesias de Toda África, destacando a un miembro de su personal. Se trata de un ejemplo de la función de creación de capacidad que puede desempenar el CMI. Asimismo, los trabajos relacionados con el VIH/SIDA, que se realizan por medio de la Secretaría de salud y sanación de Misión y Evangelización y de la Iniciativa Ecuménica VIH/SIDA en África, se consideraron importantes y pertinentes para responder a esta pandemia, basándose en la labor de las iglesias centrada en la función del CMI de iniciar, facilitar y coordinar estos esfuerzos.

El desarraigamiento, por migración o como problema relacionado con los refugiados/desplazados dentro del país, es una cuestión que se consideró importante en todo el mundo. Con respecto a la actividad programática del CMI en este sector, se mencionaron las actividades de creación de redes y prestación de ayuda humanitaria como representativas de la lucha de las iglesias para la solución de estos problemas.

La defensa de los derechos a nivel mundial en relación con diversos problemas, se mencionó en general como una de las funciones fundamentales del CMI.

Conclusiones del equipo

  • Los programas que con mayor frecuencia se senalaron como pertinentes e importantes fueron los que afrontaban cuestiones urgentes o de actualidad en su contexto o se consideraban fundamentales para la misión del Consejo.
  • Los programas más citados presentaban unas características claras: los trabajos, además de afrontar cuestiones urgentes, se habían realizado en cooperación con las iglesias de las regiones y habían sido asumidos claramente y la función del CMI consistía en facilitar, coordinar, cooperar, crear redes, conectar y/o crear capacidad.
  • Se necesitan sólidos marcos teológicos para llevar a cabo la labor.
  • Se consideró también muy pertinentes los programas que tienen una finalidad y ámbito de aplicación claros, y que se comunican bien.

1.3   Apropiación e impacto de los programas

?En qué medida las iglesias han hecho suyos y han utilizado los programas y éstos han producido un impacto duradero y significativo (positivo o negativo, deliberado o no) en la vida de las iglesias y de las personas a las que sirven?

"Valorando positivamente, hay que decir que, durante los últimos anos, el Consejo ha mostrado más sensibilidad y preocupación por causar un impacto, por crear algo nuevo"

Resultados principales

Los encuestados hicieron observaciones sobre el impacto únicamente desde un punto de vista personal, ya que, a pesar de las recomendaciones de la evaluación de mitad de período, el CMI carece todavía de un mecanismo de planificación, seguimiento y evaluación (PSE) que funcione satisfactoriamente. Dicho mecanismo debería incluir planes orientados a las metas que se tratan de alcanzar, con objetivos e indicadores del impacto, así como una actividad documentada de seguimiento, análisis y evaluación, y la recolección sistemática de información retroactiva para la adopción de las correspondientes medidas de aplicación. La falta de esto último es especialmente importante, ya que es prácticamente imposible determinar el impacto más allá de los resultados inmediatos, que frecuentemente se limitan al grado de participación. El hecho de que las metas y objetivos sean muy generales complica aún más las posibilidades de evaluar el impacto de un determinado programa. Aunque todos los programas tienen indudablemente efectos no previstos, e incluso no deseados, no es posible verificarlos y se pierde la oportunidad de aprender tanto de los éxitos como de los fracasos. Sin embargo, se observó que en los últimos anos el Consejo parece reconocer más la necesidad de introducir cambios reales y de planificar un impacto deliberado.

Otra limitación fue el ámbito temporal de esta evaluación. No es fácil medir el impacto en un período tan breve (en realidad, 1999-2003), ya que, por su naturaleza, se manifiesta a largo plazo. A este propósito, fue interesante observar que, al responder acerca del impacto, la gente hizo referencia a programas o actividades realizadas por el CMI en el pasado, tales como el Decenio de Solidaridad de las Iglesias con las Mujeres, Bautismo, Eucaristía y Ministerio, largo historial de actividades en favor de los derechos humanos en América Latina y el programa para Combatir el Racismo, que se consideraba seguían teniendo un impacto eficaz en la vida de las iglesias, por los cambios profundos que habían traído consigo poniendo a prueba, entre otras cosas, las prácticas tradicionales, la teología y la función de las iglesias en la sociedad.

El análisis del impacto se limitó, por estas razones, a tres temas: la medida en que las iglesias habían hecho suyos los programas, la utilización de los programas y la participación de las iglesias y/o la medida en que los programas habían conseguido introducir nuevos temas/desafíos en la vida y actividad de las iglesias.

Los programas que, según los entrevistados, las iglesias habían utilizado y hechos suyos, por ejemplo, el DSV o el IEVSA, eran también los que, a su juicio, habían ejercido un impacto importante con elementos claros. Las iglesias deberían tener una función clara como iniciadoras (problemas agudos con que se enfrentan las iglesias), ejecutoras (participando en la ejecución de los programas o en los esfuerzos de defensa y promoción de derechos) o reconsiderando sus propias formas de actuar/ayudar en emergencias como la pandemia del VIH/SIDA. Los programas deben llegar a las bases de la sociedad y formar dirigentes locales.

Los principales factores para que los programas del CMI sean eficaces son la rapidez y sostenibilidad de la respuesta, así como  la clara comunicación de los objetivos y el enfoque de los trabajos a los miembros, facilitando así la participación de éstos. Se senaló que un lenguaje y un planteamiento de las cuestiones accesibles son elementos importantes al difundir la información sobre los programas. El predominio del inglés impone limitaciones a quienes no lo conocen. Se consideró, en general, que la importancia de las comunicaciones es elevada, mientras que los logros a este respecto eran escasos.

Los programas pueden ejercer también un efecto negativo, especialmente cuando se tratan cuestiones políticas y la preparación ha sido insuficiente, ya que se estima que el CMI corre el riesgo de impulsar tareas políticas sin haber realizado un trabajo de base previo. Esto es especialmente importante en cuestiones de gran resonancia pública. Por otra parte, se reconoció también que se habían extraído ensenanzas en casos en que se llegaron a aceptar posteriormente algunas cuestiones controvertidas. En ellas el elemento importante era que se había realizado un sólido trabajo previo.

La parte más difícil es que los programas del CMI no se adoptan como propios y muchas personas de las iglesias critican su propia falta de participación. Muy pocas personas opinaron que los miembros de sus iglesias habían considerado como suyos y utilizado los programas actuales, más allá del sentimiento general de que "probablemente el CMI debería hacer eso". Las iglesias no intervienen en las tareas de iniciar, planificar juntos y participar en la ejecución de la mayoría de los programas actuales. Existe la percepción de que los programas son iniciativas del personal del CMI que se pide a las iglesias que las apliquen o respondan a ellas.

Se presentaron también ejemplos de efectos imprevistos cuando las personas y sus iglesias, por el mero hecho de verse implicadas en la labor ecuménica mundial, cambiaban en sus formas de relacionarse e interactuar y su identidad cobró una dimensión más mundial y abierta. Este tipo de impacto es un efecto colateral de muchos de los programas, pero no se ha documentado o analizado y, por lo tanto, se pierde en muchos casos una importante dimensión de los trabajos.

 

Conclusiones del equipo

  • La planificación para un marco temporal de varios anos es importante si se quiere conseguir un impacto duradero.
  • Es urgentemente necesario desarrollar el actual sistema de gestión de los programas y establecer un mecanismo de planificación, seguimiento y evaluación que funcione, así como indicadores para evaluar cualquier impacto mensurable (o incluso los resultados futuros) de la labor actual. Se necesita también esto para determinar los efectos no deseados o no previstos de los programas.
  • La comunicación sobre los programas y sus metas y objetivos es el elemento fundamental para conseguir que el impacto no se limite a los directamente vinculados con los programas, y es preciso reforzarla en la mayoría de los casos.
  • Hay que conseguir resolver el dilema de que muchas iglesias miembros, por una parte, se comprometen en principio, pero, por otra, no aprecian ni hacen suyos los programas (incluida la falta de empeno en su financiación). Una cuestión fundamental que debe plantearse es cómo aprovechar el potencial de empeno y participación existente en las iglesias miembros.
  • Cuanto mayor función desempenen las iglesias locales, mayor será el impacto. Es preciso tener en cuenta esto al disenar los programas para que el CMI provoque realmente cambios.

1.4   Impacto de los programas para fortalecer la comunidad

?En qué medida cada programa contribuyó al proceso de EVC, facilitando la cooperación entre las iglesias y ofreciendo a los miembros la posibilidad de participar y comprometerse, y su impacto general ha fortalecido la comunidad?

"La comunidad debe ser algo más que vivir y dejar vivir. Es algo más que animarnos a nosotros mismos. Debe permitirnos cambiar cuando el cambio se considera esencial para realizar nuestra misión"

Resultados principales

El documento Entendimiento y Visión Comunes (EVC)[10] contiene la visión orientadora del CMI en que se basan su misión y sus programas. Declara que el CMI es una comunidad de iglesias que desea avanzar hacia una unidad visible y realizar su vocación común, mediante el testimonio y servicio al mundo. Dado el carácter fundamental del EVC, sorprendió descubrir en la evaluación que, para la mayoría de los encuestados, era algo desconocido o un mero documento histórico. Por ello, resulta difícil evaluar la medida en que el EVC ha sido el marco de los programas y ha contribuido a la cooperación entre las iglesias miembros y, por consiguiente, la forma en que ha promovido el fortalecimiento de la comunidad. Otro desafío para el CMI es determinar cómo articular el espíritu del EVC en un contexto nuevo y que cambia rápidamente.

La mayoría observó que el trabajo de la Comisión Especial había contribuido a fomentar la comunidad. La serie de encuentros, visitas oficiales y actividades complementarias que se realizan han dado a muchos ortodoxos la garantía de que sus voces se escuchan y se toman seriamente. La creación de este ‘espacio ecuménico' tiene también por objeto incrementar el conocimiento recíproco entre las iglesias ortodoxas, americanas y protestantes, en relación con sus distintas doctrinas, prácticas y tradiciones. Muchos prevén que la tendencia del Consejo ha adoptar las decisiones por consenso incrementará la comprensión mutua, fomentará la confianza y fortalecerá las relaciones dentro de la comunidad. Por otra parte, existe también la preocupación por la medida en que, con estos cambios, quedará a salvo la función profética del Consejo. Se expresó también la preocupación de que la visión más amplia del EVC se había reducido a un proceso de negociar juntos una vida común. La vida del CMI no puede sostenerse sin una clara visión general.

Otros medios indicados para fomentar y fortalecer la comunidad fueron las visitas de equipos, las ‘Cartas Vivas' haciendo hincapié en las visitas de iglesia a iglesia, las visitas del Secretario General y los equipos de personal del CMI. La comunidad ha ido creciendo en África, en parte, gracias a la IEVSA, la Atención Especial a África y los esfuerzos desplegados para fortalecer la Conferencia de Iglesias de Toda el África. Han resultado muy eficaces las redes visibles como EDAN y las redes de mujeres y jóvenes.

El EVC hace también hincapié en la ampliación de la comunidad, sector en el que, desde la Octava Asamblea, se han emprendido varias iniciativas acerca de las cuales muchos expresaron su aprecio. Figuraban entre ellas el establecimiento del Foro Cristiano Mundial y del Grupo Consultivo Mixto entre el CMI y los Pentecostales. Sin embargo hay una tensión creativa cuando el CMI trata de profundizar y, a la vez, ampliar la comunidad. Hay quien teme que si se destinan recursos a ampliar la comunidad se reducirá su profundidad. Respondiendo a los desafíos planteados por la proliferación de organizaciones ecuménicas, se han celebrado también dos consultas sobre la Reconfiguración del Movimiento Ecuménico.[11]

La intervención del CMI en los problemas de algunas de las regiones ha provocado reacciones diversas. Para algunos, a falta de una estrategia clara y coherente, se ha considerado la actuación del CMI como una invasión. A veces se confunden las funciones del CMI y las de las Organizaciones Ecuménicas Regionales (OER). Otras veces se deja en el olvido a las iglesias pequenas en beneficio de las grandes. Es preciso planificar de forma más consciente y estratégica las relaciones tanto con las OER como con las Comunidades Cristianas Mundiales. Habrá que evaluar la labor programática, no de forma aislada, sino colectivamente, y tratar de conseguir que los distintos actores ‘entretejan juntos' los programas.

Conclusiones del equipo

·        Para que el EVC siga siendo la declaración de visión del CMI, es preciso volver a articularlo e interpretarlo claramente, simplificar su lenguaje y compartir el documento ampliamente.

  • La mayoría de los informantes afirmó que la Comisión Especial contribuía a profundizar la comunidad.
  • Los procesos y métodos que contribuyen a profundizar la comunidad son, entre otros, la creación de un ‘espacio ecuménico', visitas de iglesia a iglesia, visitas del personal del CMI, creación de capacidad y establecimiento y desarrollo de redes para fortalecer las relaciones, y varias nuevas iniciativas que ayudan a ampliar la comunidad, p. ej., el Grupo Consultivo del CMI y los Pentecostales y el Foro Cristiano Mundial.
  • Se ha aumentado la presión sobre los recursos humanos con los trabajos del Consejo para profundizar y ampliar la comunidad. Hay que encontrar nuevos medios para utilizar el tiempo y la capacidad de otras personas e iglesias además del personal del CMI.
  • A la vez que apoyaron el proceso de reconfiguración, algunos senalaron que es preciso aclarar su relación con el EVC.
  • Para fortalecer el espíritu de comunidad, el CMI debe estudiar cómo elaborar el programa de trabajo juntamente con otros actores. Se necesita una estrategia clara y deliberada para fomentar la participación en cada una de las regiones después de haber analizado y revisado las funciones.
  • El CMI ha conseguido mantener unida la comunidad en medio de importantes problemas. Sin embargo, la tarea no ha concluido, ni mucho menos, teniendo en cuenta las exigencias de las iglesias, y el CMI debe invertir recursos en la creación de un espacio para que continúe la comunidad. Cualquiera que sea la postura que se adopte, es un valor mantenerse unidos incluso en períodos de dificultad.

1.5   Métodos del CMI y formas de trabajar en relación con los programas

 

"?Metodología del CMI? La primera cosa que se me ocurre es un senor maduro que nos lee su ponencia"

Resultados principales

La cuestión de las metodologías y las formas de trabajar se planteó ya en la evaluación de mitad de período de 2002, en la que se pedía un análisis más sistemático de los éxitos y fracasos y una utilización más explícita y diversificada de las metodologías en la elaboración de los programas. Volvieron a plantearse estas cuestiones directamente en los cuestionarios y entrevistas, pero también aparecieron constantemente en relación con las cuestiones relativas a objetivos e impacto del programa y participación en el mismo. Se trata del sector que registró la mayor convergencia de los encuestados, independientemente de sus orígenes culturales o geográficos.

La comunicación dentro de las iglesias y entre éstas fue el ámbito de problemas y potencialidades citado con mayor frecuencia, lo que demuestra que las iglesias exigen que la comunicación con ellas, escuchándolas, informándolas y conectando con ellas, forme parte de toda la labor que realiza el Consejo. Se tratarán otros aspectos de este problema en la Parte 2, sección 2.12 de este informe.

Si bien la creación de redes, las visitas de solidaridad, las donaciones, las publicaciones, los sitios web y otras formas diferentes de información horizontal forman parte de las metodologías del CMI, las que se consideran preponderantes son las reuniones, consultas y conferencias. Se sigue valorando su importancia en la creación de relaciones personales y de una interacción humana, pero con demasiada frecuencia se perciben como algo didácticamente arcaico y como actos aislados sin un proceso de preparación y continuidad. Frecuentemente se publican los resultados de forma poco atractiva, que dice muy poco a quienes no estuvieron presentes. Por ello, las reuniones son poco útiles para quienes no participaron directamente en ellas.

Las donaciones han perdido importancia en lo que respecta a las cantidades, pero siguen siendo importantes como instrumento estratégico. Actualmente, algunos asociados e iglesias se benefician de este instrumento con distintos programas, si bien la forma de acceder a los fondos no resulta clara para quienes están fuera del sistema. Hay que plantear el problema desde el punto de vista administrativo con el establecimiento de un sistema transparente de administración de los proyectos que permita el seguimiento de toda la ayuda que el Consejo presta con los diferentes programas, así como de la utilización estratégica de los fondos en general para afrontar nuevos desafíos. Se ha senalado esta necesidad en algunas de las evaluaciones de actividades[12].

Hay otras cuestiones que deben senalarse en relación con la actividad estratégica posterior de quienes han participado en los actos relacionados con el CMI. A veces parece que los participantes han sido elegidos porque se adaptan al programa del CMI, y no por su valor estratégico para difundir los resultados en sus iglesias. Por otra parte, muchas de las personas consultadas  han sido miembros o lo son parcialmente de distintas estructuras de asesoramiento y adopción de decisiones del CMI. Como se ha indicado ya, existe la sensación de que no se tiene demasiada información, pero también es un problema igualmente importante que no siempre se sabe cómo utilizar la información disponible y cómo difundirla eficazmente.

La falta de preparación y continuidad se senaló no sólo como un problema del CMI, sino también como una autocrítica. Muchos observaron que las iglesias no tienen un sistema adecuado de preparación y que, en muchos casos, sus representantes en las distintas reuniones son elegidos sobre todo por su conocimiento de idiomas, de forma que los responsables del problema son tanto el CMI como las iglesias miembros.

Por consiguiente, es decisivo utilizar otros enfoques pedagógicos posibles y destacar el aspecto de la formación ecuménica general en todos los trabajos. Se considera, a este respecto, que el CMI carece de competencia en la utilización de metodologías innovadoras.

El factor más importante del éxito de cualquier programa es la intervención de las iglesias/miembros no sólo como participantes, sino como iniciadores, responsables y ejecutores. Actualmente, apenas puede verse esto en las estructuras de diseno de los programas. En la práctica, muchos programas han utilizado medios diferentes para hacer intervenir a los miembros, tales como estudios, investigaciones, compartir personal, visitas a iglesias, etc., pero no se afronta esta cuestión de forma sistemática y parecen utilizarse estos métodos dependiendo de las personas.

Conclusiones del equipo

  • Al reexaminar los métodos utilizados por el Consejo, un elemento importante es el de hacer un análisis más sistemático de los métodos utilizados en algunos programas que han conseguido hacer intervenir a las iglesias, por ejemplo, mediante estudios, investigaciones, compartir personal o visitas de iglesias.
  • La comunicación de los programas debe basarse en el diseno del programa y el Consejo debe fortalecer todo el sector de la comunicación.
  • Es preciso vincular las reuniones a procesos claramente definidos en el marco de una formación ecuménica continua.
  • El diseno de los programas deberá realizarse con la intervención de los miembros en todos los niveles.
  • Hay que estudiar el uso de las diferentes metodologías de forma estratégica y su elección deberá basarse en funciones fundamentales, como el fortalecimiento de la comunidad.
  • Deberá examinarse sistemáticamente y considerarse desde un punto de vista estratégico la utilización de los miembros de las comisiones y comités, así como de los participantes y miembros de los organismos rectores y consultivos, en la promoción y comunicación de la comunidad. Se evitará así la práctica actual de que cada miembro tenga que encontrar por sí mismo los modos de desempenar esta función. Esto es especialmente importante en regiones con pocos representantes. Si no están conectados con las estructuras de la iglesia, la visibilidad del CMI disminuye inmediatamente.

PARTE 2: Principales resultados y conclusiones sobre los distintos programas

En esta sección de nuestro informe se ofrece el punto de vista de las iglesias en relación con cada uno de estos programas[13], mientras que el informe de Harare-Porto Alegre contiene una información detallada sobre cada uno de los programas y sus actividades desde 1999. Antes de la Asamblea, se tratará de armonizar las referencias a los programas en los dos informes para dar a los participantes una visión más completa de la labor programática, así como de nuestra evaluación.

2.1 Fortalecimiento del Movimiento Ecuménico Único

"El Informe de la Comisión Especial puso en marcha un proceso de escuchar mejor"

Resultados principales

El objetivo principal del programa ha sido orientar la labor del CMI, fomentar las relaciones entre los miembros, ampliar la comunidad y promover la coherencia del Movimiento Ecuménico.

Las respuestas recibidas no se relacionaban con un determinado programa, sino que se referían principalmente a la importancia de construir y fomentar relaciones en el Movimiento Ecuménico. El proceso del entendimiento y visión comunes veía al CMI como una comunidad de iglesias y depositaba en las iglesias miembros la responsabilidad de construir y fomentar relaciones entre ellas mismas. Sin embargo, como ha demostrado la reciente consulta sobre Ecumenismo en el siglo XXI, el CMI, además de relacionarse con las iglesias, mantiene relaciones con otros muchos grupos, como Organizaciones Ecuménicas Regionales, Consejos Nacionales de Iglesias, Comuniones Cristianas Mundiales y organismos y ministerios especializados, a los cuales se debe prestar también una atención continua.

Desde la Asamblea de Harare, la actividad más importante dentro de este programa ha sido la Comisión Especial sobre la Participación de los Ortodoxos en el CMI, la cual fue mencionada en la gran mayoría de las respuestas. Sin embargo, las reacciones con respecto a los resultados de dicha Comisión son diversas. En general se ha considerado favorablemente el hecho de que se dedicara tiempo y espacio al debate y a la creación de un entendimiento en torno a cuestiones divisivas. En algunos casos, se expresó preocupación por el hecho de que esto hubiera obligado al Consejo, desde Harare, a mirar demasiado hacia el interior. Mientras muchos se alegran de que se avance hacia la búsqueda de un consenso en la adopción de decisiones, otros se preocupan por que pueda reducirse así la voz profética del CMI. Otros lamentan que pudiera perderse lo que valoraban como culto ecuménico en el avance hacia la ‘oración común'. Las respuestas de los ortodoxos con respecto a la Comisión Especial fueron en su mayoría positivas.

En cuanto a la profundización y ampliación de la comunidad, el Grupo de Trabajo Mixto con la Iglesia Católica Romana ha contribuido durante casi 40 anos a realizar la misión ecuménica de las iglesias y se propone celebrar una consulta en 2005 para evaluar la relación entre la Iglesia Católica Romana y el CMI. Cabe senalar también como otros pasos prácticos hacia la ampliación de la comunidad, la reunión del Foro Cristiano Mundial prevista para 2007 en la que se espera que participen las iglesias miembros del CMI, iglesias independientes africanas, los Pentecostales y los Evangélicos. Se han celebrado reuniones más reducidas con representantes de estas iglesias desde 1998 y los encuestados de todas las regiones apoyaron esta iniciativa. Después de la Octava Asamblea de 1998, se estableció un grupo consultivo para llevar adelante el diálogo entre el CMI y los Pentecostales, el cual se ha reunido varias veces. Los Pentecostales de América Latina aprecian lo que ellos denominan ‘creciente apertura' del CMI.

Este programa se encarga también de elevar al máximo la participación de los órganos rectores y, como se senala en la sección 1.1 del presente informe, miembros del Comité Central e incluso algunos miembros del Comité del Programa afirmaron que no conocen claramente las orientaciones y objetivos de los programas y consideran que no son lo suficientemente fáciles de conocer para poder adoptar decisiones sobre la iniciación, reformulación y/o terminación de los programas.

Conclusiones del equipo

  • La Comisión Especial se destaca como actividad fundamental del programa.
  • Todos los encuestados destacaron la importancia decisiva de crear y mantener relaciones para garantizar la solidez y el futuro del Movimiento Ecuménico. Dados los cambios recientes en la estructura y personal del CMI, esta función se reparte más ampliamente entre los equipos del personal y podría diluirse. Hay que aclarar la responsabilidad de crear y fomentar las relaciones y resaltarla en todos los programas.
  • Se han dado pasos importantes para establecer relaciones con los Pentecostales y hay pruebas de que todas las partes lo aprecian.
  • Las consultas sobre reconfiguración (Ecumenismo en el siglo XXI) se relacionan con los objetivos de este programa y ofrecen la posibilidad de fortalecer el Movimiento Ecuménico y aclarar la función del CMI dentro del mismo.
  • Hace falta mejorar los mecanismos de planificación del programa y hacer que los participantes en los órganos rectores y consultivos conozcan mejor los programas.

2.2  Instituto Ecuménico de Bossey

 

"Cuando un estudiante  que ha completado el ciclo académico vuelve a su hogar, ha sido cambiado por la experiencia de Bossey y su mentalidad es ecuménica"

 

Resultados principales

El programa de Bossey contribuye a la formación de dirigentes ecuménicos, tanto laicos como ordenados. Los programas para la consecución de títulos, maestrías y doctorados se realizan en cooperación con la Universidad de Ginebra, lo que en general ha contribuido reconocidamente a elevar los niveles académicos. Actualmente se está mejorando mucho la biblioteca. Muchos de los seminarios de Bossey se consideran de vanguardia y han tratado temas como la función de las religiones en la construcción de la paz, la sexualidad humana, formas interreligiosas de leer la Biblia en relación con otras tradiciones religiosas y bioética. Se organizan estos y otros seminarios en consulta y colaboración con equipos de personal de CMI y su finalidad es apoyar los objetivos generales del programa del CMI.

Todos los programas llevan incorporada una evaluación sistemática continua que permite ajustar las metodologías y el contenido. Se están realizando otros trabajos en relación con el seguimiento de los alumnos del Bossey para determinar si son duraderos e importantes los efectos, sobre todo del ciclo académico. Los programas tienen una gran aceptación: se recibe el doble de solicitudes de las que pueden aceptar para el ciclo académico, tres veces más para la maestría y cuatro veces más para el doctorado. Las iglesias ortodoxas de Georgia y Bulgaria, aunque han dejado de ser miembros del CMI, siguen enviando estudiantes a Bossey.

La comunidad contribuye a apoyar al Instituto Bossey de formas concretas: la Iglesia Católica Romana y un organismo de misión proporcionan fondos para sufragar dos puestos de los profesores de la facultad a jornada completa y hay otros profesores y conferenciantes invitados que ofrecen su tiempo cada ano. Otro puesto de la facultad depende de una dotación que actualmente no produce fondos suficientes, lo que es causa de preocupación. Muchos estudiantes procedentes del Sur necesitan ayuda financiera y, afortunadamente, el fondo de becas de Bossey ha seguido recibiendo un sólido apoyo.

Por medio de los profesores invitados y al incrementarse el número de alumnos procedentes de más iglesias evangélicas, se ha aumentado la interacción con los Evangélicos y Pentecostales. Estaría bien que frecuentaran el Instituto más alumnas, pero las iglesias suelen recomendar sobre todo a hombres para programas a plazo largo, por lo que las mujeres representan sólo el 20% del alumnado.

Los informantes apoyaron Bossey como parte esencial del CMI, especialmente en una época en que tanto se necesita la formación ecuménica. Sin embargo, actualmente el impacto de esta labor es muy limitado en cifras. Sobre todo en las regiones del Sur, se expresó el deseo de ampliar la actividad de Bossey a distancia, ya que la falta de fondos y la lejanía hacen que puedan frecuentarlo sólo unos pocos. Se expresó preocupación por el hecho de que se han establecido niveles académicos superiores que no pueden alcanzar muchos candidatos, así como por la cuestión de que las clases de Bossey se imparten solamente en inglés. Algunos preguntaron por qué el programa de Formación Ecuménica del CMI y Bossey no están conectados de forma más estrecha.

Conclusiones del equipo

  • Bossey es bien conocido y valorado por los miembros y, como consecuencia de ello, en muchas regiones del mundo se pide la ampliación al exterior de los servicios de Bossey. Cómo sacar Bossey de su recinto es un desafío importante. Se relaciona con los llamamientos hechos al CMI para que haga más en el sector de la formación ecuménica y para que vincule mejor o fusione el programa de Formación Ecuménica del CMI con Bossey.
  • Otros desafíos son la vulnerabilidad de Bossey debido a las disposiciones actuales según las cuales sólo un miembro de la facultad está financiado por el CMI, así como la necesidad expresa de un seguimiento sistemático de los alumnos del ciclo académico para evaluar los resultados a largo plazo.
  • Es muy importante que Bossey continúe siendo un lugar donde se puedan realizar programas de vanguardia y seminarios centrados en iniciativas del CMI.

2.3  Diálogo con creyentes de otras religiones

 

"El programa interconfesional es importante, sobre todo, en la perspectiva de paz y reconciliación"

 

Resultados principales

Este programa tiene por objeto fomentar el diálogo entre cristianos y creyentes de otras religiones en un mundo de pluralismo religioso. En las encuestas y entrevistas un alto porcentaje de los informantes consideraron importante este sector de trabajo, pero casi otros tantos senalaron también que es preciso reforzarlo e introducir algunos cambios.

Las observaciones expresaron la medida en que los encuestados desean que el CMI participe en esta labor. Sin embargo, en general parece existir entre los miembros la impresión de que la mayor parte del trabajo interreligioso es de carácter académico y se realiza en el ámbito de grupos elitistas. Se pidió una y otra vez que se haga más hincapié y se preste más asistencia sobre la forma de convivir en contextos multirreligiosos y se apoyó la labor realizada por el personal a este respecto en Nigeria. Algunos estimaron que se debería prestar más atención a las religiones de Asia.

Aun reconociendo que el CMI ha sido pionero en este sector, se hicieron preguntas sobre cómo estaba evolucionando el programa para afrontar nuevos desafíos. Algunos consideraron que estaba estancado y no afrontaba cuestiones difíciles, entre las que figuran algunas de las cuestiones teológicas difíciles para las iglesias. Al mismo tiempo, quienes participan en el pequeno grupo "Thinking Together", integrado por personas de muy diferentes religiones, que se reúne semestralmente, dicen que sus debates han alcanzado nuevas profundidades sobre cuestiones muy difíciles, pero no saben cómo compartir sus experiencias con otros. Varios representantes de iglesias dijeron que sus iglesias veían con suspicacia esta labor y deseaban que el CMI hiciera una clara declaración cristológica en relación con otras confesiones religiosas. Algunos dijeron que necesitamos un diálogo con ateos y con defensores de la secularizad y humanistas, así como con representantes de otras creencias vivas.

Se sugirió la necesidad de que participen más mujeres en este programa, ya que suelen ofrecer perspectivas diferentes. En el informe del CMI "Dignity of Children 1995-2004", se pide al CMI que aborde las cuestiones de la infancia con un enfoque interreligioso. Se propuso que el CMI convoque una reunión de responsables de las iglesias en cuestiones interreligiosas para conocer mejor lo que está ocurriendo en las iglesias miembros. Se sugirió también que se establezcan vínculos más estrechos con la Conferencia Mundial sobre Religión y Paz (WCRP). El Grupo Mixto de Trabajo (CMI/RCC) senaló en su informe la labor interreligiosa como uno de los temas de su programa futuro.

Conclusiones del equipo

  • A juzgar por el alto número de respuestas favorables a la intervención del CMI en esta esfera de trabajo, se trata de un programa importante que es preciso reforzar.
  • Aun reconociendo que se han descubierto cosas importantes en pequenas consultas, lo que más preocupa es cómo hacer el programa más accesible para los miembros afrontando el problema de cómo convivir en contextos multirreligiosos y superar problemas teológicos difíciles relacionados con cuestiones interreligiosas.
  • Las iglesias miembros que trabajan en este sector desean incrementar la interacción y que el CMI se interese más en la labor que realizan.

2.4   Decenio para superar la violencia

 

"Es una labor a largo plazo y las iglesias tienen autoridad moral para participar en la paz y la no violencia"

Resultados principales

El Decenio para Superar la Violencia tiene por objeto ayudar a los miembros, especialmente a las iglesias miembros, a afrontar las cuestiones de la violencia en sus distintos contextos. Una de las formas de hacerlo es coordinar a los distintos miembros (iglesias miembros, Organizaciones Ecuménicas Regionales y Consejos Nacionales de Iglesias) y facilitar los vínculos más allá de su ámbito de influencia con organizaciones como la Coalición Internacional para la Paz y la No Violencia. El DSV estaba muy perfilado ya después de Harare y, más aún, en su lanzamiento en Berlín en 2001, pero no se puso realmente en marcha hasta que en 2002, con la ayuda del Comité de Examen, se dispuso de personal y presupuesto. Ha aumentado mucho la sensibilización sobre cuestiones de la guerra, la violencia y la seguridad, especialmente desde el 11 de septiembre de 2001, y el programa ha dado con un formato que se considera muy pertinente, importante y significativo.

Tanto en las encuestas como en las entrevistas, este programa se hizo acreedor de un gran apoyo. Unos pocos dijeron que habría que reforzarlo, pero se le otorgó una alta calificación en el cumplimiento del mandato de Harare. Los informantes apreciaron la metodología que se emplea preguntando a las iglesias cómo trabajan en este sector y compartiendo la información. Se apreció el hecho de que el DSV constituye un centro de intercambio de información sobre las iniciativas de las iglesias, que puede compartirse entre los distintos miembros, entre las iglesias ya empenadas en la lucha contra la violencia y con quienes comienzan a afrontar el problema.

La página web es muy concurrida, ya que se recibieron 240 000 visitas durante el mes de septiembre en la preparación para el 21 de septiembre, Día de oración por la paz. Muchos senalaron la utilidad de la guía de estudio para las iglesias y los grupos de base. Se utiliza ampliamente en seis idiomas y los grupos de mujeres recalcaron especialmente que la encuentran muy accesible. Ha habido actos de lanzamiento del DSV en cada continente y se senala que en Asia se espera que en 2005 se centre la atención en ese continente. La Conferencia Cristiana de Asia ha realizado el trabajo preliminar y se ha designado un coordinador. Las iglesias de los Estados Unidos consiguieron que en 2004 se les dedicara la atención especial y los latinoamericanos destacaron la importancia del DSV para su situación a la que se dedicará la atención especial en 2006. El DSV recibe un sólido apoyo de muchas iglesias y organizaciones de todo el mundo y es una parte importante de la Coalición Internacional para la Paz y la No Violencia. Se ha cooperado también con otras personas y equipos que han participado en la preparación de la guía de estudio y en los seminarios de Bossey.

La posible decepción se relaciona con la lentitud en conseguir que el programa despegue, y varios informantes europeos dijeron que no ha tenido ningún impacto en su región. Esto podría cambiar si en el futuro se dedica la atención especial a Europa. Hubo que interrumpir la publicación del boletín por falta de recursos humanos.

Conclusiones del equipo

  • Es un programa ‘poco pesado' para el personal y el presupuesto y los miembros lo han apoyado y hecho suyo en gran medida. Hay que hacer un análisis de su éxito para extraer las ensenanzas oportunas.
  • Las iglesias se empenaron desde el comienzo y se les pidió que compartieran sus preocupaciones y recursos, por lo que el CMI desempenó más bien una función coordinadora prestando apoyo, estimulando la creación de redes y facilitando la comunicación.

2.5  Unidad de la iglesia

"Hemos podido plantear cuestiones que son profundamente divisivas"

Resultados principales

Este programa se encarga de realizar estudios sobre cuestiones doctrinales y teológicas relacionadas con la división y la unidad de la iglesia y tiene por objeto comprometer a las iglesias y ayudarlas a afrontar estos problemas. Desde Harare, el programa incluye toda una serie de temas, pero los más mencionados por los encuestados fueron los estudios sobre bautismo y eclesiología. Quienes se refirieron a ellos en las encuestas y entrevistas destacaron especialmente la labor relacionada con el bautismo. Se apreció también la colaboración con la Red de Defensa Ecuménica de los Discapacitados para preparar una declaración teológica. Los encuestados no mencionaron los demás estudios que se están realizando sobre identidad étnica, hermenéutica ecuménica y antropología teológica.

La reflexión teológica sobre la paz es algo nuevo y debe sostener la labor del DSV. Varios encuestados destacaron lo mucho que aprecian el material informativo para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, preparado conjuntamente por el CMI y el Consejo Pontificio de la Iglesia Católica Romana.

Aunque muchos encuestados indicaron que Unidad de la Iglesia/Fe y Constitución es una parte importante del CMI, la mayoría estimó que debería contribuir a la fundamentación teológica de otros programas del CMI y no centrarse demasiado en estudios ‘aislados'. Se sugirió que Unidad de la Iglesia/Fe y Constitución podría ser útil a las iglesias obteniendo información sobre las conversaciones y acuerdos bilaterales que se realizan en todo el mundo y compartiendo dicha información. Se planteó la cuestión de si se tiene en cuenta la audiencia y si el material es accesible. Se recomendó que la promoción o difusión de algunos de los materiales se realizaran a nivel regional para ayudar en su interpretación.

Es necesario determinar con claridad si son apropiados los estudios que van a realizarse. Esto ayudaría a resolver el desacuerdo difundido entre los miembros de la Comisión sobre qué estudios son los más decisivos y urgentes y cuáles son secundarios, subordinados o tal vez innecesarios. Se plantearon problemas como el de la posibilidad de que las iglesias ricas influyan en medida desproporcionada en los debates sobre la programación de Fe y Constitución.

Otro problema que se plantea a Fe y Constitución/Unidad de la Iglesia es cómo mantener el actual diálogo teológico mundial entre las iglesias, cuando la Comisión Plenaria se reúne con tan poca frecuencia, ya que se ha reunido una sola vez desde 1998. Esto podría suscitar dudas sobre la seriedad del compromiso del Consejo con Fe y Constitución. Algunas de las respuestas muestran cierta decepción por la falta de progresos hacia la unidad de la iglesia y se preguntan si el Consejo da la debida prioridad a la labor de Fe y Constitución.

Conclusiones del equipo

  • Los estudios sobre Bautismo y Eclesiología fueron los que las iglesias consideraron más útiles.
  • Son muchos los que utilizan los recursos preparados para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.
  • Fe y Constitución/Unidad de la Iglesia debe enraizarse más en la vida y actividades de la iglesia y mantener más vínculos con otros programas de forma integrada. Es importante que el CMI se ocupe no sólo de cuestiones sociales y políticas, sino también de cuestiones teológicas/pastorales.
  • Algunos miembros no siempre consideraron accesibles los materiales preparados, ya que parecían demasiado ‘eurocéntricos' o las cuestiones planteadas no eran pertinentes para su situación.
  • Aunque es verdad que las iglesias se aceptan ahora mucho más unas a otras y, en muchos casos, las relaciones entre ellas son más amistosas, se senaló que no se ha avanzado tanto en cuestiones "reales", p. ej., aunque se encuentra un terreno común en cuestiones políticas y sociales o en la reflexión teológica sobre la paz, hay todavía iglesias miembros del CMI que vuelven a bautizar a los miembros de otras. En asuntos doctrinales, las iglesias siguen estando muy distantes. La buena voluntad existente ofrece la oportunidad de que el programa Unidad de la Iglesia/Fe y Constitución sea más visible y pertinente.

2.6  Defensa y promoción ecuménicas de la justicia y solución pacífica de los conflictos

"Gracias al CMI hoy hay contactos entre el pueblo Ogoni, la Shell y el Gobierno. Anteriormente, las iglesias estaban totalmente desconectadas"

Resultados principales

Este programa trata de ayudar a las iglesias y asociados ecuménicos a dar un testimonio coherente y decisivo en cuestiones de violencia, guerra y conflictos y derechos humanos en el ámbito de la lucha en favor de la paz y la justicia. Todas estas cuestiones siguen teniendo la máxima prioridad para la mayoría de los encuestados. Otras preocupaciones del programa se relacionan con la seguridad, el desarme y la función de la religión en los conflictos. Se subrayó que las iglesias deben tener una voz común en el mundo y esto se consigue a través de la Comisión de las Iglesias para Asuntos Internacionales (CIAI) que se encarga de este programa. Quienes más familiarizados están con esta labor se mostraron de acuerdo en general en que el mandato recibido en Harare se había puesto en práctica a través de las directrices dadas por los Comités Central y Ejecutivo. Se senaló esto en particular en relación con la atención ecuménica especial hacia África, en virtud de la cual se destacó a un miembro del personal de la CIAI para que trabajara en la renovación de la Conferencia de Iglesias de Toda el África (AACC), pero también para que apoyara iniciativas relacionadas con otras preocupaciones candentes en África.

Además, se apreciaron las actividades del programa en el ámbito tanto ecuménico como internacional, especialmente en el de las Naciones Unidas. Esta organización, sus organismos especializados y otras organizaciones internacionales se consideran contrapartes importantes y se reconoce en general que las iglesias han podido presentar la voz unida de una gran parte del mundo cristiano sobre cuestiones de guerra y paz, derechos humanos y seguridad. Se tiene así la oportunidad de constituir un canal que permite acceder a los debates en ese foro y defender la justicia en cuestiones de desarme, impunidad, globalización y sociedad sostenible. En este sentido, se consideró el fortalecimiento de la oficina de las Naciones Unidas en Nueva York como un paso importante para reforzar la función internacional del CMI. Cabría decir lo mismo de las declaraciones públicas emitidas periódicamente que ayudan a los miembros a entender mejor los parámetros de muchos conflictos del mundo.

Un elemento interesante es que la oficina de las Naciones Unidas se está vinculando deliberadamente con la defensa y promoción de otras cuestiones que actualmente pertenecen a esferas de otros programas (Acción Ecuménica, Diaconía y Solidaridad, Ética de la Vida y Alternativas a la Globalización). Resultó evidente que los encuestados establecían también estos vínculos, si bien inconscientemente, entre los distintos programas.

Una observación relativa a todo el sector de la promoción y defensa de derechos fue que se debe prestar más atención al fortalecimiento de las iglesias en su propia labor de promoción y defensa de derechos para que lleguen a representar una voz pública en sus propias situaciones. El programa actual no prevé realmente esto. En muchas reuniones internacionales se ve también claramente la falta de recursos en este sector en las iglesias del Sur, problema que se senaló como un desafío que debe afrontarse en las semanas de promoción de derechos que el programa organiza en las Naciones Unidas. Por otra parte, los colaboradores y organismos financiadores están desempenando también una función de promoción y defensa de derechos y el CMI debería establecer una nueva estrategia para encontrarles un lugar.

En la evaluación de su propio trabajo, los miembros de la CIAI, que son los encargados de asesorar al programa, estimaron que deberían reforzarse las actividades que se están realizando ya y que deberían introducirse en el programa de la Comisión nuevas cuestiones candentes. Entre ellas, se senalaron cuestiones como: emigración, justicia y reconciliación, la función de la Corte Penal Internacional, el control de las vidas privadas de los ciudadanos, comercio y justicia económica, globalización, sociedad en cambio y nuevas condiciones de trabajo, si bien no se planteó el problema de dónde se conseguirían los recursos adicionales necesarios. Además, varios de estos temas pertenecen al mandato de otros equipos programáticos. La necesidad de relaciones de trabajo más estrechas entre los equipos fue mencionada tanto en las reuniones conjuntas de las Comisiones sobre Asuntos Internacionales, Justicia, Paz y Creación y Diaconía y Desarrollo, como por la mayoría de los miembros. Tampoco se planteó la cuestión de los recursos necesarios.

En general, se considera que el CMI ha ayudado a las iglesias en situaciones difíciles y la función de defensa de derechos que ha desempenado ha sido muy apreciada y ha contribuido a mantener la buena imagen del Consejo. El CMI es conocido aún en América Latina por el apoyo prestado desde hace anos a las instituciones ecuménicas que se ocupan de los Derechos Humanos. Las cuestiones de la guerra y la paz son fundamentales y una parte de los miembros apreció también la actitud del CMI durante la guerra civil de Yugoslavia. Cabe decir lo mismo de la postura y visibilidad al tratar de evitar la guerra de Irak y, en general, en los decenios que dura el conflicto de Oriente Medio. En este caso concreto se senaló que la función desempenada por el CMI podría tener también consecuencias negativas en las relaciones entre judíos y cristianos.

Conclusiones del equipo

·        Se apreció la labor realizada en el ámbito de este programa y se consideró que el hablar con una sola voz en la escena internacional sobre cuestiones de importancia mundial (cuestiones de guerra y justicia) es una función fundamental importante de la comunidad de iglesias en todo el mundo.

·        Los métodos de trabajo tradicionales para colaborar con las organizaciones internacionales por medio de estudios, reuniones y declaraciones, satisfacen parte de las necesidades de los miembros, pero en el futuro habrá que prestar mayor atención a la necesidad de más capacidad, de competencia y de actuar juntos con las nuevas ‘voces' que surgen en este campo, así como a la necesidad de que las iglesias puedan hablar en su propio nombre en una determinada situación.

·        Es preciso examinar la vinculación recíproca entre las cuestiones mundiales de promoción y defensa de derechos con el fin de evitar la duplicación y asegurar la coherencia tanto dentro del CMI como en todo el Movimiento Ecuménico.

2.7 Atención Ecuménica Especial a África

 

"Se han realizado enormes trabajos y uno de los mayores fue el de ayudar a la Conferencia de Iglesias de Toda el África mediante un proceso de renovación, colaborando con las iglesias africanas y apoyando muchos consejos subregionales y nacionales"

 

Resultados principales

En el Pacto de Harare de 1998 se pide al CMI que ayude al pueblo africano, que vive en el continente y en la diáspora, en su empeno por reconstruir sus comunidades y trabajar sin descanso para un futuro de África lleno de vida y de abundancia. Al mismo tiempo, la Asamblea afirmó el rico patrimonio cultural y social de las iglesias de África y los maravillosos dones de fe que ofrece a la familia ecuménica mundial. El Comité senaló después otros temas que serían también objeto de la atención especial hacia África, tales como las guerras, conflictos, buen gobierno, justicia económica, espiritualidad y valores éticos.

Este programa tardó mucho en ponerse en marcha por razones que no aparecen con claridad. Estaba previsto que fuera un programa de todo el Consejo y, durante los dos últimos anos, ha sido cada vez más importante la intervención del Grupo de Acción para África[14]. Entre los equipos de personal hay un Grupo de seguimiento de la paz en África que continúa reuniéndose. Durante un breve periodo, se nombró expresamente a un miembro del personal para que coordinara la atención especial a África, el cual se trasladó después a la secretaría regional. Un miembro de la Junta para Asuntos Internacionales se encarga ahora de la coordinación. Ha existido una buena cooperación de parte de otros sectores del CMI, por ejemplo, la consulta "Journey of Hope", la intervención en Zimbabwe y Liberia, la visita de un equipo de mujeres a Sudán y una reunión de jóvenes teólogos africanos.

Desde que se puso en marcha realmente, se ha centrado principalmente la atención en el fortalecimiento de la Conferencia de Iglesias de Toda el África (AACC). El Comité Ejecutivo de la AACC pidió asistencia al CMI para tratar de mejorar la AACC y se apreció enormemente la cesión de un miembro del personal del CMI para desempenar una función directiva hasta la elección del nuevo secretario general de la AACC. Es de elogiar el hecho de que participaron muchas organizaciones ecuménicas diferentes en la determinación del camino a seguir. Existe realmente una excelente relación entre el CMI y la AACC.

Este programa ha conseguido poner y mantener en primer plano África como región. La región continúa estando azotada por muchos males, pero se espera que el fortalecimiento de la AACC refuerce también la voz de las iglesias africanas, las haga comprometerse más en el debate sobre el futuro del continente e intensifique la cooperación interafricana. Varias iglesias europeas afirmaron que el programa las ha estimulado a establecer vínculos con iglesias y grupos ecuménicos de África. Se senaló que, por iniciativa africana, el mandato de la Iniciativa Ecuménica sobre el VIH/SIDA en África figura también en el programa de la atención especial.

Conclusiones del equipo

  • Se considera que la AACC contribuye a reforzar la voz de las iglesias africanas, por lo que se necesita una nueva cooperación entre los distintos organismos ecuménicos. Es de esperar que una AACC fortalecida pueda afrontar algunas de las cuestiones candentes de la región.
  • Hay que adoptar medidas en relación con los asuntos de la diáspora, en colaboración con las iglesias de EE.UU. que mostraron interés al respecto.
  • Hace falta analizar por qué un programa tan encarecidamente apoyado por la Asamblea tardó tanto en ponerse en marcha.

2.8  Misión y Evangelización: Promoción del Ministerio de Reconciliación

"Es un desafío que nuestras iglesias protestantes tradicionales pierdan miembros mientras las Pentecostales crecen con rapidez"

Resultados principales

Este programa tiene por objeto ayudar a las iglesias a comprender mejor la misión de Dios en el mundo de hoy y a participar en la misión con un testimonio común. Es difícil hablar de este programa como de un programa único, ya que incluye trabajos en las esferas de la salud y la Misión Urbana y Rural, así como aspectos más tradicionales del testimonio común y la evangelización.

Este ano los trabajos se han centrado sobre todo en la preparación de la Conferencia Mundial sobre Misión y Evangelización (CMME) que se celebrará en Atenas en mayo de 2005. Se expresó preocupación por el hecho de que la preparación de la Novena Asamblea exija también la atención de las iglesias, ya que los dos acontecimientos importantes se celebrarán en un período de pocos meses. Se incluirá una evaluación de la Conferencia en el informe sobre el período de Harare a Porto Alegre.

Los encuestados de todas las regiones apoyaron decididamente la labor en materia de VIH/SIDA, si bien no la relacionaron directamente con el programa Misión y Evangelización. Se mencionó expresamente este programa sólo pocas veces y los encuestados expresaron preocupación por la falta de orientaciones detalladas para esta labor. Las actividades concretas sobre las que se expresó aprecio fueron la publicación de la revista International Review of Mission y las escuelas de evangelización organizadas en África y América Latina.

Se expresaron opiniones diferentes sobre la importancia de la participación del CMI en estos trabajos. Algunos afirmaron que corresponde realizarlos a las iglesias individuales y no es seguro que el CMI pueda contribuir y contribuya, salvo posiblemente compartiendo información. Otros dijeron que es una función fundamental del CMI y hay que conservarla. Algunos pidieron que se hiciera más hincapié en la evangelización y la implantación de iglesias, y las iglesias del norte pidieron ayuda para afrontar su creciente secularización y la reducción de la asistencia a las iglesias. Por falta de recursos, hubo que suprimir un estudio sobre el testimonio en un contexto secular, que podría haber ayudado en estos asuntos. No obstante, las iglesias del Sur y algunas de Europa Oriental no parecen establecer las mismas divisiones programáticas que el Consejo entre misión, formación y diaconía, sino que consideran tales programas como un todo.

Se formuló una pregunta acerca de lo que había ocurrido en el sector de los estudios ortodoxos sobre misión y evangelización. Se hicieron preguntas sobre si la MUR debería continuar siendo un programa del CMI. Se senaló la falta de comunicación y compromiso con las iglesias y se observó que parece que la MUR no causa un impacto en la vida de las iglesias.

El informe de la CMME (Comisión) de octubre de 2004 indica varios temas que deben aclararse entre la Comisión y la dirección y órganos rectores del CMI.

Conclusiones del equipo

  • Es importante recordar que la Comisión sobre Misión y Evangelización Mundial tiene un ámbito de influencia que no se limita a los miembros del CMI. Este grupo es el responsable de la Conferencia que se celebrará en Atenas en mayo y deberá incluirse una evaluación en su informe final.
  • La labor relacionada con el VIH/SIDA en el sector de la salud y sanación es la más conocida de este programa y se aprecia en todas las regiones del mundo. Se está haciendo un análisis sobre la forma de realizar estos trabajos, que podría proporcionar ensenanzas valiosas para otros programas.
  • Las iglesias del Sur, en particular, tienden a considerar la misión como integrada con la formación y la diaconía, y no como algo separado. Esto influye en la forma en que se interpreta, proyecta y estructura la labor del programa en el Consejo.
  • Se expresó apoyo a la revista International Review of Mission y a las escuelas de evangelización en África y América Latina, pero en general la valoración de Misión y Evangelización es baja.
  • Hay que evaluar el impacto de la MUR en la vida de las iglesias.
  • Los miembros y el personal de la Comisión dudan de la eficacia de la misma si continúa reuniéndose cada 18 meses.

2.9  El desafío de la formación ecuménica

 

"El examen de formación ecuménica no trata de comprobar si usted recuerda lo que ocurrió, sino cómo convive usted con otros que viven en torno a usted y hace que surja la comunidad"

Resultados principales

La finalidad de este programa del CMI es apoyar la formación ecuménica dentro de las iglesias y en el Movimiento Ecuménico. En las encuestas y entrevistas se expresó repetidamente la necesidad de la formación ecuménica, pero en las respuestas no se indicaban realizaciones decisivas. Muchos preguntaron por qué este programa no está integrado con Bossey.

A menudo este programa es ‘oculto' y apoya la labor de otros, como la preparación de la elogiada guía de estudio del DSV y la participación en la consulta "Journey of Hope" en África y en los seminarios de Bossey. Recientemente, respondiendo a una petición de los organismos y los ministerios especializados, el equipo de formación ecuménica organizó para su personal un seminario sobre la formación ecuménica en relación con cuestiones actuales de interés para quienes colaboran en la financiación.

El programa se ha enfrentado a varios desafíos, entre los que figura un contexto de creciente denominacionalismo, unido a importantes reducciones de personal. Un problema fundamental en relación con las becas ha sido que muchos donantes prefieren centrar sus esfuerzos en la educación para el desarrollo, lo que no siempre contribuye a la formación ecuménica. Esto provoca tensiones continuas, ya que muchas partes no ven la diferencia entre la formación ecuménica y la educación para el desarrollo. Se está realizando una evaluación externa de la parte de este programa correspondiente a las becas, pero no se halla disponible todavía. Algunos encuestados manifestaron su aprecio por las becas, pero no indicaron para qué tipo de programas se utilizan.

Se recibieron unas pocas observaciones sobre la valoración de la formación teológica, especialmente en relación con las mujeres. Se sugirió que se evaluara la función de la formación teológica impartida por los consultores, con el fin de determinar el valor anadido.

Conclusiones del equipo

  • Gran parte de las tares del programa de Formación Ecuménica continúan consistiendo en el apoyo a otros programas.
  • La Formación Ecuménica sigue representando un desafío en el contexto actual de denominacionalismo creciente. Para asegurar la visibilidad, es necesario que el programa de Formación Ecuménica reexamine sus métodos de trabajo.
  • Es imprescindible que se integren más Bossey y el programa de Formación Ecuménica del CMI.
  • Deberá examinarse la labor de educación teológica que se realiza mediante el envío de consultores, a fin de determinar el valor anadido de su trabajo.

 

2.10    La Ética de la Vida y Alternativas a la Globalización

 

"La Justicia Económica se considera la manifestación de muchos movimientos alternativos nuevos y el CMI está apoyando deliberadamente esta labor"

 

Resultados principales

Este programa, denominado frecuentemente Justicia, Paz y Creación (JPC), trata de ayudar a las iglesias y sus asociados ecuménicos y a los movimientos sociales en sus esfuerzos relacionados con las cuestiones éticas en muchas esferas, tales como la globalización económica y el racismo, y participa en la lucha en favor de los marginados. La opinión general con respecto a estos trabajos es que las cuestiones son de suma importancia para muchos de los miembros y éstos han podido poner en práctica las conclusiones de los debates sobre globalización sostenidos en Harare. Las respuestas eran muy similares a la retroinformación facilitada por la Comisión sobre Justicia y Paz.

Se valoró altamente, sobre todo, la labor subsiguiente sobre justicia económica tanto en sí misma, como en cuanto programa que se pudo vincular con la labor en las regiones. No obstante, se senaló también con cierta preocupación que es preciso incluir perspectivas diferentes en los debates, p. ej., encontrar el modo de incluir perspectivas europeas.

De igual forma, pero en menor medida, los miembros destacaron la importancia de trabajar en cuestiones ambientales. Se manifestó también gran aprecio por otra dos actividades del programa, debido a su contenido y a las redes que facilitan, a saber, la cuestión de los indígenas en Bolivia y la EDAN para las personas discapacitadas en Kenya. Nos sorprendió que muy pocos de los encuestados y entrevistados mencionaran la cuestión de la lucha contra la discriminación racial, en la que el CMI había desempenado una función pionera, constituyendo para muchos un punto de referencia.

La promoción de la participación de la mujer y del trabajo de la mujer se consideró también una importante esfera de trabajo, sobre la cual también se expresó aprecio, frecuentemente en relación con otros programas. La imagen y el dinamismo del Decenio Ecuménico de Solidaridad de las Iglesias con las Mujeres está influyendo todavía en la vida de las iglesias y se senaló que ha introducido nuevos métodos y ha adoptado un enfoque muy estratégico y político, que ha impregnado toda la labor programática.

La juventud preocupaba a muchos de los encuestados, tanto por lo que respecta a la formación ecuménica y al relevo generacional, como por la necesidad de encontrar la forma de incorporar plenamente sus preocupaciones y resolver sus problemas con metodologías nuevas e innovadoras. La imagen del Consejo, como lento, preocupado por los documentos y orientado a un pequeno grupo de viejos amigos ecuménicos, se senaló como una de las razones del bajo interés mostrado por la juventud. Es ésta una de las cuestiones críticas que deberán afrontarse en el futuro. Se subrayó asimismo que la juventud no debería ser un programa (en realidad una actividad) sino una preocupación primordial.

Este sector de la Justicia, Paz, Creación/Ética de la vida es, junto con la Defensa y Promoción Ecuménicas/CIAI y Diaconía y Solidaridad, donde se concentran las mayores expectativas de que el CMI aborde las preocupaciones mundiales. Además de la justicia económica y el medio ambiente, se indicaron como futuros temas de preocupación las cuestiones de la emigración y el fenómeno de la xenofobia, la responsabilidad social y el diálogo con las empresas multinacionales, la comprensión de la iglesia en situaciones minoritarias, el auge del fundamentalismo, la promoción de la mujer, el reconocimiento de los derechos de la juventud, las mujeres y los ancianos y, en general, otras alternativas posibles a la globalización.

Conclusiones del equipo

·        El sector de la Ética de la Vida y Alternativas a la Globalización sigue siendo importante en general y la justicia económica es fundamental para muchas de las iglesias. Las expectativas de encontrar alternativas a la globalización parecen una tarea demasiado amplia para poder realizarla realmente y es preciso establecer prioridades claras entre los contenidos de este programa principal.

·        Aunque es inevitable que las cuestiones relacionadas con la globalización sean, por su naturaleza, muy controvertidas e impliquen elecciones políticas, es necesario asegurar que se escuchen todas las voces en el proceso de elaboración de políticas en este campo.

·        La labor del CMI en la promoción de la mujer ha sido muy eficaz, pero no se ve con tanta claridad cuáles son el contenido y las realizaciones del programa actual. Paradójicamente, podría convertirse en víctima de su pasado éxito al haber aumentado la participación de la mujer en todos los programas y ser cada vez más visible la sensibilización al respecto, lo que hace que la especificidad de este programa sea menos clara. Cabe senalar asimismo que, aunque la participación de la mujer ha sido importante, la perspectiva de género en un sentido más profundo sigue siendo un problema más amplio y fundamental.

·        Hay una clara superposición de tareas y, dadas las relaciones con otros programas, es importante buscar la forma de vincularlos para mantener una coherencia y división de tareas.

·        La participación de la juventud en todos los programas, desde el diseno hasta la ejecución, debe llegar a ser una cuestión prioritaria en todos los trabajos del Consejo.

 

2.11    Diaconía y Solidaridad

 

"El desarraigo es un problema de diaconía y hay que afrontarlo también desde un punto de vista teológico y económico, analizando las razones y consecuencias"

 

Resultados principales

Diaconía y Solidaridad es uno de los programas que ha sufrido más cambios y ha afrontado más desafíos en los últimos anos. El programa mismo ha heredado el mandato de apoyar a las iglesias, consejos nacionales de iglesias y organizaciones ecuménicas, prestando ayuda por medio de las secretarías regionales y canalizando fondos. Para hacer esto, el programa utiliza muchos métodos y enfoques diferentes. Ha ofrecido un lugar de reunión para el diálogo y para compartir los recursos en Mesas Redondas, Grupos Regionales y otras reuniones. Las visitas de Solidaridad a los EE.UU. y África fueron muy apreciadas por muchos. Se apreció también ampliamente la constitución de Fondos de iniciativas estratégicas. Las reuniones en Mesa Redonda han sido centros de aprendizaje y de estímulo, lo mismo que las iniciativas de creación de capacidad y otros muchos tipos diferentes de programas y proyectos.

Aunque la canalización de fondos ha solido ser una de las principales funciones en esta esfera de trabajo, durante el período posterior a Harare, tales fondos han disminuido drásticamente, lo que plantea una cuestión fundamental acerca de la naturaleza de este trabajo en el futuro. Es evidente que en esta labor el objetivo principal del programa va más allá del servicio a los seres humanos necesitados para incluir un importante empeno en problemas de injusticia. La cuestión de la relación es fundamental para la labor de D&S, no sólo para la realización del trabajo de diaconía, sino también para fomentar relaciones justas dentro de la familia ecuménica. La importancia de ello es tal que el CMI debería tener en cuenta también los sentimientos expresados por algunos de los encuestados en el sentido de que la Comisión Especial centraba demasiado la atención en la Koinonia desviándola de la diaconía y del testimonio profético.

Un instrumento para conseguir esto ha sido el establecimiento de la Comisión de las Iglesias sobre Diaconía y Desarrollo con el fin de que aborde el problema de la diaconía y el desarrollo con la participación de las iglesias, ministerios especializados y organizaciones ecuménicas. Sin embargo, es importante que se establezca un proceso para asegurar que la labor de la Comisión impregne otros niveles, especialmente poniéndose en contacto con la nueva generación de dirigentes ecuménicos de las iglesias. A este respecto, deberá asegurarse que se escuche claramente la voz de las comunidades.

Las oficinas regionales desempenan una función fundamental en la ejecución del programa. Aunque muchos apreciaron la variedad de métodos aplicados por las distintas oficinas regionales respondiendo a las necesidades de sus respectivas regiones, existe también el riesgo de crear una imagen de incoherencia en el conjunto del programa. D&S ha seguido apoyando a los Grupos Regionales en su proceso de evaluación y reflexión teológica. A través de las oficinas regionales se están realizando dentro de las regiones muchas iniciativas útiles emprendidas por el CMI. No obstante, existe también un elemento de vulnerabilidad para el Consejo, cuando se identifica en la región su imagen con una persona. La ausencia de estrategias regionales y la falta de claridad sobre lo que quiere hacer el Consejo en las diferentes regiones de forma institucional siguen siendo una cuestión abierta para muchas iglesias y otros miembros de la familia ecuménica, como las organizaciones ecuménicas regionales o los órganos mundiales confesionales. Otro problema fundamental, que el CMI y todas las Organizaciones Ecuménicas Regionales deberán resolver, es el de cómo replantearse y redefinir sus relaciones. Éstas no deben ser de competencia, como se ha observado en algunas de las regiones, sino de apoyo y acompanamiento mutuo.

Los exámenes externos realizados recientemente sobre la función del CMI en la canalización del apoyo financiero para la labor en las regiones[15] han planteado cuestiones importantes. La idea es que el CMI debe avanzar hacia nuevas esferas estratégicas de apoyo y centrarse sólo en unas pocas. Entre ellas deberán figurar las iniciativas basadas en las necesidades y la creación de capacidad. Fundamentalmente, el Consejo tiene que pasar progresivamente de la forma tradicional de las donaciones a la consecución de cofinanciadores a largo plazo. Este proceso se halla ya en curso desde el momento que los Ministerios especializados, que han solido utilizar el CMI como canal para sus fondos, están optando por la cooperación bilateral, reconociendo al mismo tiempo que el CMI seguirá teniendo que desempenar una función de coordinación y facilitación y afrontar preocupaciones generales como la creación de capacidad y las necesidades emergentes.

El tema del desarraigo sigue siendo pertinente y el CMI ha trabajado muy bien al respecto, como importante cuestión de defensa de derechos[16]. Existe una buena cooperación entre el CMI y las regiones, con el funcionamiento de una red mundial. Ha aumentado la visibilidad del CMI en la OACNUR y el Consejo ha sido reconocido como un interlocutor principal en el sector de la protección internacional de los refugiados. Las distintas comunidades aprecian mucho toda la labor relacionada con el desarrollo.

En general, la retroinformación sobre este programa fue contradictoria. Es evidente que ha perdido importancia en lo que respecta a las dimensiones de la financiación. Además, se lamentó que se perdiera la oportunidad de formar una Coalición Mundial de Ministerios Especializados, si bien también las reacciones sobre esto fueron diversas. Mientras muchos desean todavía que se fortalezca la D&S, otros la consideraron como una prioridad secundaria, ya que hay otras instituciones que desempenan muchas de las funciones, como la canalización de fondos y la gestión de proyectos, mejor que el CMI y con más recursos. Sin embargo, parece haber una convergencia sobre la importancia de la función que el CMI desempena con y dentro de las regiones, en relación con las iglesias, organizaciones ecuménicas regionales, organizaciones ecuménicas y ministerios especializados. Todas las partes reconocieron la importancia de esta función de facilitación y conexión, así como de arbitraje.

Conclusiones del equipo

  • Muchos apoyaron las Mesas Redondas, Grupos regionales, visitas de solidaridad, fondos estratégicos para iniciativas y creación de capacidad.

·        Se expresó la necesidad de un esfuerzo unificado para erradicar la pobreza y combatir las injusticias sociales, pero se indicaron formas diferentes para conseguirlo. El CMI debe evaluar su función y definirse un perfil claro en este debate, sobre todo para volver a conectar la labor de diaconía ecuménica con las iglesias locales.

·        Es necesario volver a definir las relaciones entre el CMI y las OER y otros organismos que trabajan en las regiones. Aunque la relación entre el CMI y sus miembros, incluidos los Ministerios Especializados, deberá estar orientada por un claro código de conducta sobre las cuestiones relacionadas con la diaconía y el desarrollo, la relación entre el CMI y las OER deberá regirse por un claro mandato.

·        Deberá establecerse una estrategia de intervención clara y acordada mutuamente para afrontar las cuestiones que se plantean en el ámbito de las OER y a nivel regional, en general. Se aprecia la variedad de los métodos utilizados por las distintas oficinas regionales, pero se necesitará un claro memorando de acuerdo para orientar estas relaciones regionales.

  • Hay que elaborar estrategias regionales para contribuir a que el CMI esté situado institucionalmente de forma transparente.
  • Diaconía y Solidaridad ha sido una forma importante de expresar la solidaridad en todo el mundo pero ahora se necesitan cambios. Desde Harare, se empezaron a canalizar fondos fuera del CMI, práctica que probablemente continuará y exige que el Consejo adopte una función nueva y modificada.
  • Los elementos de esta función se relacionan con el acompanamiento, la creación de capacidad, la facilitación y la coordinación en los ámbitos regional y mundial.

2.12    Comunicar la comunidad y compartir la experiencia ecuménica

"Una de las razones por la que no se hacen propios los programas es la falta de información sobre ellos, por lo que es importante que la información llegue a la base"

 

Resultados principales

En este informe, la Comunicación abarca tanto la información pública como las publicaciones, si bien el CMI las considera como dos programas separados y funcionan como tales, además de prestar apoyo a otros programas.

Las tareas son múltiples, ya que se trata de comunicar el programa de trabajo a los miembros en general, pero también a otros protagonistas que no son estrictamente miembros de la comunidad ecuménica. Hay que realizar las actividades de información e imagen pública del Consejo y contribuir a algunas de sus funciones fundamentales, como hablar sobre cuestiones públicas y promover la justicia, por una parte, y desempenar funciones más pedagógicas o educativas, por otra. Además, estos programas desempenan funciones vinculadas con la gestión de la información interna del CMI. Por ello, el personal trabaja en actividades de información, producción de libros, artes visuales, traducciones, gestión de archivos y biblioteca.

En esta evaluación, la comunicación en general es el tema que más se menciona como problema que influye en toda la labor del programa. Las iglesias y otras comunidades conocen muy poco los programas y actividades y, si lo hacen, no los conectan con el CMI. Las razones de ello son múltiples. La información recibida no es adecuada (excesiva, demasiado poca, no se sabe con claridad quiénes son los destinatarios). La política de utilizar un único idioma (inglés) en libros, publicaciones periódicas y otro material impreso, aleja a una gran parte de los miembros que no conocen bien ese idioma. Sólo una parte muy limitada de la literatura está disponible para quienes no hablan inglés. Además, el lenguaje utilizado se percibe muchas veces como difícil y no accesible para quienes están fuera del círculo íntimo. En varios casos se destacó la importancia de disponer de un material didácticamente eficaz, breve y fácilmente legible.

La utilización de la web y el correo electrónico para las comunicaciones con los miembros es un sector en que se deberá trabajar y es el más divisivo. Europa, partes de Asia y América Latina, África y América del Norte se muestran favorables a la expansión y utilización de los medios electrónicos, mientras que muchos otros no tienen acceso a ellos. No obstante, incluso quienes procedían de zonas donde el acceso a internet no es fácil senalaron que este medio de comunicación es potencialmente el más importante y económico, y mejora la transparencia, la participación y las posibilidades de compartir entre los miembros de las iglesias.

Algunos de los actos fundamentales del CMI pueden comunicarse más intensamente por medio de imágenes, relatos y anécdotas transmitidos con ayudas visuales.

Como no se ha desarrollado la gestión de la información interna del Consejo, no hay ninguna forma realmente fiable y rápida de compartir la información en el seno del mismo. Se han realizado varios intentos en distintas partes del Consejo que han confundido a la gente y hacen que resulte difícil seguir la pista, por ejemplo, de las relaciones existentes o de las actividades que dan continuidad a los trabajos. Además, parece que no se percibe la comunicación como parte de la labor del programa, en el sentido de que los programas deberían estar concebidos para ser comunicativos. Algunos programas, como el Programa Ecuménico de Acompanamiento en Palestina e Israel y el DSV, que se han construido en torno a la comunicación, han sido creíbles y convincentes, han llegado a las comunidades y han podido ejercer un impacto mayor.

La comunicación no es sólo compartir información, ya que las iglesias piden también ser escuchadas y deben sentir que la comunicación es recíproca. Reconocen también la limitación de su capacidad en este sector, tanto en lo que respecta a la utilización y difusión de la información procedente del CMI, como a la aportación de una respuesta a la misma.

Las críticas relativas a la incoherencia y la falta de orientación específica de la información, por una parte, y a la necesidad de que los mensajes del Consejo sean claros y accesibles, por otra, indican problemas más profundos relacionados con la forma en que están estructurados los programas, como entidades bastante autónomas cada una de las cuales decide cómo relacionarse con los miembros.

Conclusiones del equipo

  • El tema de la comunicación es uno de los que las iglesias consideran fundamentales para fortalecer la conexión entre los distintos miembros de la comunidad.
  • La utilización de las nuevas tecnologías de la información de forma creativa es evidentemente un sector que se debe desarrollar, entendiendo que este desarrollo deberá ir acompanado de la creación de capacidad entre quienes actualmente no pueden acceder a tales medios.
  • Se reconoce que el CMI debería examinar toda su estrategia de comunicación. Sólo si dispone de una clara estrategia de comunicación, el CMI podrá suscitar el interés de sus iglesias miembros, de sus cofinanciadores y de los medios de difusión de las iglesias y seculares.
  • Hay que revisar la política de idiomas.
  • Todos los trabajos del programa deben incluir la comunicación como uno de los elementos fundamentales de los programas.
  • La comunicación es esencialmente un arte y el Consejo debe tratar constantemente de encontrar medios creativos para atraer y mantener la atención.

2.13    Programa Ecuménico de Acompanamiento en Palestina e Israel (PEAPI)

 

"El empeoramiento de la situación en el Medio Oriente es objeto de preocupación y el programa Ecuménico de Acompanamiento ha demostrado una capacidad real para cambiar cuando surge la necesidad"

Resultados principales

Esta iniciativa ecuménica, autónoma, ágil y flexible, vinculada al programa de Defensa y Promoción Ecuménicas de la Justicia y la CIAI, es un programa tanto del CMI como de varios colaboradores ecuménicos de Europa y América del Norte, que se ha hecho acreedor del aprecio de una comunidad mucho más amplia. Se trata de un típico programa de defensa y promoción de la justicia en cuanto que tiene una fuerte imagen pública, fomenta la creación de redes, la documentación y la información sobre los abusos y ofrece, a la vez, una posibilidad muy práctica de participación a los colaboradores, preparando y enviando voluntarios que se convierten ellos mismos en comunicadores. Cabe senalar que esta iniciativa lleva incorporada una política de comunicación, lo que no es común en otros programas.

Sobre el terreno, en Israel/Palestina, la tarea principal de los voluntarios es acompanar a la gente en una grave situación de conflicto y asegurar cierta protección a civiles vulnerables. Como senaló un encuestado, el PEAPI es un ejemplo de formas de poner en práctica la no violencia y promover la solución pacífica de los conflictos. Desde esta perspectiva, guarda una relación estrecha con el DSV.

Desde una perspectiva medioriental, el PEAPI es potencialmente muy importante. Sin embargo se expresó la preocupación de que el programa se conoce mejor en otros lugares y la gente de la región sabe muy poco sobre él. Por ello, es importante darlo a conocer ampliamente en las iglesias y fuera de ellas en el Medio Oriente, de forma que la gente, tanto cristianos como musulmanes, esté informada sobre lo que el CMI está intentando hacer en pro de la paz y la justicia en Palestina.

Desde una perspectiva mundial, es la expresión de una solidaridad de la comunidad hacia una región e iglesias y personas concretas que se hallan en una situación muy vulnerable. Aunque se reconoció esto como muy importante para mucha gente, se expresó también preocupación por la relación con el diálogo con los judíos, puesto que no se conocía la participación de la población judía en la iniciativa.

El programa tiene cierta vulnerabilidad financiera y humana, debida a su ubicación y especificidad regional, por una parte, y a la competencia de otras situaciones de defensa de derechos, por otra. Se evaluará el PEAPI en el primer semestre de 2005 y es de esperar que se incorporen algunos resultados en el informe final.

Conclusiones del equipo

  • Se mencionó el PEAPI cuando se senalaron programas con impacto, pero se reconoció que su ámbito es limitado. Un aspecto que se consideró importante fue el de una comunicación cuidadosa con vistas a la posible participación de las iglesias.
  • Las observaciones sobre las relaciones entre cristianos y judíos senalaban claramente la importancia de evaluar atentamente los efectos indirectos de determinados programas, así como la importancia de dar a tales iniciativas un fundamento teológico.
  • Este tipo de empresa conjunta piloto deberá evaluarse cuidadosamente para determinar la medida en que puede experimentarse con éxito en otras partes del mundo donde se registran casos similares.

2.14    Iniciativa Ecuménica sobre el VIH/SIDA en África (IEVSA)

 

"El VIH/SIDA es quizás la mayor oportunidad ecuménica de nuestro tiempo"

Resultados principales

Este programa trata de ayudar a las iglesias y asociados ecuménicos de África a conocer mejor la gravedad de la pandemia del VIH/SIDA y a colaborar en su solución. Los encuestados mencionaron importantes realizaciones en la prestación de asistencia a África para elaborar una estrategia colectiva encaminada a movilizar recursos morales y materiales con el fin de responder a la pandemia.

La IEVSA ha fomentado la colaboración mundial en la lucha contra la pandemia del VIH/SIDA, al tiempo que ha estimulado a distintos actores a empenarse en la recaudación local de fondos. La pandemia del VIH/SIDA ha ofrecido una nueva oportunidad, un nuevo Kairos, a las iglesias africanas, las cuales se han reunido, han hablado al unísono y se han enfrentado cara a cara con la verdad de la pandemia. Es evidente que la lucha contra la pandemia debe tener un enfoque multidimensional.

La IEVSA ha contribuido en las iglesias a un cambio de cultura sobre cómo se ve a las personas que viven con el VIH/SIDA y ha mejorado en ellas el conocimiento técnico de la pandemia. Está orientada principalmente a los dirigentes de las iglesias y fue importante la consulta mundial de dirigentes de las iglesias africanas que se celebró en noviembre de 2001, ya que dio confianza a muchos de ellos para hablar abiertamente y autoritativamente sobre cuestiones difíciles relacionadas con la discriminación y la sexualidad.

La evaluación externa de la IEVSA, terminada recientemente, indica que se aprecia la buena calidad de los trabajos, pero que existe el riesgo de que la iniciativa se difunda demasiado poco. El informe ha puesto de relieve importantes cuestiones estructurales y de relaciones entre el CMI y la AACC, que es preciso tener en cuenta. Todas las regiones deben considerar la iniciativa no sólo como un proyecto para África, sino como una oportunidad que tiene el CMI de empenarse en la movilización mundial de recursos y como un instrumento para una acción educativa y unificada.

Conclusiones del equipo

  • La evaluación externa realizada recientemente destaca la buena calidad del trabajo y senala que la IEVSA ha contribuido a cambiar la cultura de las iglesias en relación con las cuestiones del VIH/SIDA.
  • Debería hacerse, dentro de las iglesias miembros y los consejos de iglesias, una cartografía para determinar cuáles son las estrategias de promoción y defensa existentes.
  • Deberán buscarse medios locales para movilizar los recursos, entre ellos, nuevos métodos de atención de salud y medidas preventivas, basados en el uso de recursos locales. La salvación no vendrá de fuera, sino de la propia África.
  • Los resultados de la evaluación indican la necesidad de que se facilite a las iglesias el acceso a fuentes de financiación no tradicionales.
  • Son fundamentales los planes para hacer que el coordinador de la AACC en cuestiones de VIH/SIDA sea el coordinador a jornada completa del equipo de la IEVSA.
PARTE 3: Evaluación general de los programas y recomendaciones

3.1 Evaluación general de la labor programática

Aunque nuestro equipo ha reconocido la existencia de limitaciones en este proceso de evaluación, su examen de los programas del CMI ha aportado mucha información de las iglesias sobre la imagen del CMI, la forma en que perciben sus programas, las cuestiones que son más acuciantes para ellas y las metodologías que consideran más útiles. Muchos encuestados elogiaron al CMI por la realización de esta evaluación, que se consideró como el deseo del Consejo de ser transparente y buscar mejoras en diversos sectores. Nuestro equipo reconoce la participación activa y autocrítica del Grupo de Dirección y de los Equipos Encargados de los Programas, a este respecto.

 

Nuestro análisis de los resultados de las encuestas y entrevistas indica la necesidad de formas nuevas y diferentes de concebir y estructurar la labor programática. Tiene que haber una visión claramente establecida que sea el elemento fundamental en la configuración de la labor programática. La imagen del CMI es borrosa. Fue sorprendente comprobar que, aunque el CMI se refiere al Entendimiento y Visión Comunes (EVC) como a una visión orientadora, para la mayoría de los encuestados el EVC es o algo desconocido o ha quedado como un documento histórico.

Actualmente, dado que no se dispone de mecanismos para hacer sistemáticamente una planificación, seguimiento y evaluación de los programas,  y como sus objetivos son poco claros o demasiado generales y no se han establecido indicadores ni actividades específicas para su continuidad, es difícil evaluar si es duradero y significativo el impacto de los distintos programas.

Salvo notables excepciones[17], se percibe actualmente que la labor programática tiene una pertinencia y un impacto limitados, por lo que las comunidades la hacen suya en medida limitada.

Los programas que se han calificado como más pertinentes y significativos y que las iglesias los han hechos suyos en mayor medida son aquellos en los que las cuestiones planteadas son oportunas. Las cuestiones fundamentales mencionadas por los miembros con mayor frecuencia fueron la construcción de la comunidad de iglesias tanto dentro como más allá de los límites del actual ámbito de influencia del CMI, la superación de la violencia en sus diferentes formas, la globalización y, en concreto, la justicia económica, la formación ecuménica y el VIH/SIDA. También la comunicación y una gestión eficaz y eficiente se consideraron fundamentales para el éxito de los trabajos del programa. En general los encuestados sabían que el CMI estaba afrontando muchas de estas cuestiones, como la violencia, la injusticia económica, el VIH/SIDA, asuntos interreligiosos y la unidad de las iglesias, pero muy pocos supieron nombrar programas concretos aprobados por la Asamblea de Harare o mencionar sus objetivos y logros específicos. Los programas que se elogiaron con mayor frecuencia fueron los que se habían podido interconectar con iniciativas regionales, nacionales o locales. Algunos de ellos tenían una base regional y otros una estructura muy ligera.

Aunque hemos mencionado algunos de los elementos que parecen contribuir al éxito de determinados programas, se necesitaría un análisis más en profundidad para determinar por qué algunos programas han tenido impacto y han sido hechos suyos por los miembros. Podrían obtenerse así importantes ensenanzas.

Un elemento importante de la labor programática es la forma en que contribuye al crecimiento y la profundización de la comunidad o, por el contrario, es contraproducente para ello. Pocas veces se menciona o documenta esto en los programas y esto requeriría una atención mayor.

Teniendo esto en cuenta, se necesita una estructura de programas flexible para afrontar un entorno que cambia rápidamente. Para ello, es necesario iniciar, reformular y terminar los programas de forma transparente y con rendición de cuentas. El CMI tendrá que desempenar muchas funciones diferentes en la labor programática, tales como las de facilitar, coordinar, convocar, conectar, escuchar, acompanar y crear capacidad. Las clásicas divisiones entre los programas que se encuentran todavía en el Consejo no están en consonancia con el sentir de muchas iglesias, especialmente del Sur, las cuales desean que el CMI las acompane en la misión, educación y diaconía, de forma integral, como lo hacen ellas mismas. Los miembros reconocen actualmente las funciones fundamentales que el conjunto de la comunidad debe realizar en el ámbito mundial, y se han destacado en este informe algunas de las cuestiones críticas.

 

El establecimiento y fomento de relaciones y la comunicación se senalaron como elementos decisivos que deben incluirse en todos los programas, con el fin de superar la distancia entre los miembros y el CMI. El lenguaje apareció frecuentemente como factor limitativo en la utilización de los recursos, debido al empleo predominante del idioma inglés, así como a lo que se denominó un lenguaje y metodologías ‘eurocéntricos'.

 

Muchos de los encuestados eran conscientes de la reducción de los recursos humanos y financieros que había experimentado el Consejo durante el período que se evaluaba, especialmente en los dos últimos anos, y reconocían ampliamente la dedicación de su personal. En repetidas ocasiones, se pidió al CMI que, teniendo en cuenta la situación real de la financiación, haga menos cosas y las haga bien y establezca prioridades basándose en criterios fundamentales y se proponga objetivos más realistas y alcanzables. Esto pone de relieve la importancia de filtrar y concentrar las funciones del Comité Central al definir los programas y la división del trabajo dentro de los objetivos más amplios. Es imprescindible que se dé una clara orientación programática a la Novena Asamblea, a fin de que el Consejo tenga un conjunto de iniciativas programáticas alcanzables y apropiadas para el siguiente período después de la Novena Asamblea.

 

Resumiendo, la presente evaluación subraya la necesidad de que el CMI construya su labor programática en torno a cinco funciones fundamentales. A lo largo de todo el informe hemos senalado la necesidad de un buen estudio sobre los fundamentos y la base teológica para la labor emprendida; la importancia de la labor de promoción y defensa de derechos que permite escuchar la voz profética de las iglesias; la necesidad de creación de capacidad expresada por los miembros; y la necesidad manifestada repetidamente de que el Consejo establezca y fomente relaciones con las iglesias y la comunidad más amplia y entre ellas. El Consejo debe administrar con sabiduría y prudencia los recursos humanos, financieros y físicos que se le han encomendado. Todo esto se debe comunicar de forma oportuna e imaginativa.

 

Algunos de los problemas administrativos senalados en la evaluación de mitad de período de 2002 no se han resuelto, aunque algunos se están tratando. La rápida solución de los problemas administrativos senalados por la evaluación de mitad de período es esencial para establecer las bases de la aplicación de los resultados y recomendaciones de este informe previo a la Asamblea. Se ha facilitado un informe separado al Grupo de Dirección del Personal para ayudarle a garantizar que se adopten las medidas oportunas en relación con las cuestiones planteadas.

 

Es preciso que el Consejo continúe cultivando una cultura de trabajo de apoyo que facilite la comunicación recíproca de ensenanzas entre los equipos y dé lugar a un impacto concreto y visible. Aunque los trabajos exigen una buena dosis de iniciativa individual, existe el aspecto negativo del individualismo que puede dar lugar a una cultura de la supervivencia y el proteccionismo, que la dirección debe controlar. Hace falta fortalecer aún más la cooperación/fertilización entre los distintos programas, si bien se ha registrado una notable mejora en este sector desde Harare.

 

Esta cultura de trabajo implica necesariamente que el Grupo de Dirección asegure que los coordinadores de equipos tengan confianza para desempenar su mandato con facultades delegadas claramente. Además de la coordinación y supervisión de los equipos, los coordinadores de equipos se encargan actualmente de determinadas carteras de programas, pero es preciso evaluar el impacto. Asimismo, hay que examinar el cometido de muchos ayudantes administrativos que de hecho desempenan actualmente funciones de programa, lo que debe reconocerse debidamente.

 

Esencialmente, el examen de las funciones del personal no deberá limitarse a las funciones de administración, sino abarcar a todo el cuadro del personal. Habrá que buscar formas de trabajar más eficaces en función del costo. Se necesita una nueva cultura del modo de trabajar que reconozca y recompense a las personas debidamente cualificadas para administrar la organización tanto al nivel de programas como de dirección. Resumiendo, el personal y los miembros deben asumir una cultura de transformación. Una renovación de este tipo tiene que abordar cuestiones fundamentales de la cultura de la organización en sus formas de pensar, actuar y relacionarse.

3.2  Orientaciones programáticas recomendadas para la Asamblea

3.2.1        Que se termine el actual marco del programa en la Asamblea de 2006 y se adopte el nuevo marco propuesto (véase el párrafo 3.3 de este informe). Por consiguiente, todos los programas actuales deberán eliminarse progresivamente o reafirmarse o reconfigurarse en 2006 y la primera mitad de 2007.

3.2.2         (Re)estructurar la visión general de la labor del programa del Consejo.

3.2.3         Asegurar que los programas nuevos o confirmados están en consonancia con la nueva función del CMI aprobada por la Asamblea y orientada por el mandato constitucional y la visión establecida.

3.2.4        Construir los programas en torno a 5 tareas fundamentales basadas en la nueva función del organismo mundial y guiadas por su mandato y visión constitucionales:

-         Profundizar la comunidad basándose en un claro fundamento teológico (estudio y reflexión)

-         Fortalecer la voz profética de la iglesia (promoción y defensa de derechos)

-         Acompanar a los miembros (creación de capacidad y apoyo para fortalecer a las iglesias en sectores de importancia estratégica)

-         Escuchar a los miembros (fomentar las relaciones entre las iglesias miembros y la comunidad más amplia en el ámbito de la visión de EVC)

-         Administrar los recursos del Consejo (considerar los recursos humanos, financieros y físicos como parte integrante del éxito de toda labor programática)

3.2.5        Definir claramente las cuestiones que a) tienen un carácter a largo plazo, b) están ligadas a un período y son específicas/urgentes.

3.2.6        Hacer una elección documentada de las prioridades basándose en

-         la competencia básica

-         la escucha a los miembros

-         lo que se hace mejor en el ámbito mundial

-         los fondos disponibles realmente.

3.2.7        Incorporar en el diseno de todos los programas una clara estrategia o plan para poder eliminarlos progresivamente, reconfigurarlos o reestructurarlos.

3.2.8        Crear un mecanismo claro y eficaz de planificación, seguimiento y evaluación, consistente principalmente en un instrumento para realizar conjuntamente el aprendizaje, autoanálisis, reflexión y mejora y para garantizar que cada programa concreto sea objeto de una evaluación externa, al menos, una vez durante el período de su ejecución.

3.2.9        Asegurarse de que se ha elaborado una estrategia de comunicación en relación con cada programa y se aplica en las distintas iglesias.

3.2.10    Dar prioridad a la participación de las iglesias en las distintas fases del diseno de los programas a fin de que los hagan propios, se comprometan más y aumente la eficacia.


ANEXO 1: Recolección de información

Se enviaron cuestionarios generales, adaptados a cada grupo destinatario, a todas las iglesias miembros del CMI, miembros del Comité Central, Consejos Nacionales de Iglesias, Comisiones y Grupos Consultivos y Ministerios Especializados. El equipo de evaluación recibió 131 respuestas: 13 de África, 25 de Asia, 3 del Caribe, 46 de Europa, 7 de América Latina, 3 del Medio Oriente, 20 de América del Norte, 11 del Pacífico y 3 mundiales o de origen desconocido. Más de la mitad (72) respondían a los cuestionarios de los Dirigentes de las Iglesias o del Comité Central y un 25 % aproximadamente, a los de Comisiones o Grupos Consultivos. Las restantes respuestas procedían en cantidades iguales de los Consejos Nacionales de Iglesias y Ministerios Especializados. Se utilizaron todas las preguntas de las diferentes encuestas para construir una planilla electrónica en la que se introdujeron todas las respuestas sin modificación alguna, tal como se devolvieron las encuestas. Para las preguntas que podían cuantificarse, se asignaron parámetros a fin de crear una base que permitiera hacer cualquier análisis numérico en el futuro.

Se hizo el análisis de quienes respondieron para determinar los porcentajes de respuestas representados en el análisis por regiones, tipo de cuestionario y Comisión/Grupo Consultivo.

Se analizaron las respuestas para encontrar tendencias: generales, por regiones y ortodoxas/no ortodoxas. Cuando fue posible, se utilizaron análisis estadísticos básicos para trazar gráficos que permitieran visualizar mejor estas tendencias. Se resumieron las principales tendencias y cuestiones planteadas a fin de poder mejorar el análisis final, y se incorporaron los resultados en el nuevo componente de entrevistas de la evaluación. Reacciones adicionales de los encuestados permitieron también determinar las esferas problemáticas y aclarar y orientar el proceso de entrevistas, lo que ayudó a redactar hojas de trabajo para las entrevistas y a centrar las preguntas y tener en cuenta el "silencio" de algunas regiones. Se tuvieron también en cuenta las observaciones sobre el carácter de las preguntas (falta de información de antecedentes, forma de plantearlas, superficialidad/profundidad de las preguntas). Todo esto constituyó el trasfondo general que orientó la aportación de información de las entrevistas.

Las entrevistas se realizaron principalmente entre agosto y noviembre de 2004, salvo que la mayor parte de la aportación de América Latina se recogió a comienzos de diciembre. Todas las entrevistas tenían el mismo material básico de antecedentes, la misma serie de preguntas y el mismo formato para la presentación de las respuestas. Se trascribió cada entrevista y se compartió con todo el equipo de forma confidencial.

Las personas entrevistadas fueron elegidas colectivamente con arreglo a las primeras indicaciones de los resultados de la encuesta. Las categorías entrevistadas y la distribución regional y confesional se determinaron tratando de compensar algunos problemas de las encuestas y para garantizar un equilibrio entre las personas relacionadas con programas específicos y las que habían sido elegidas como representantes del "promedio" de la iglesia miembro. Otra elección deliberada consistió en entrevistar sobre todo a personas que no habían respondido a la encuesta y comprobar así las diferencias y los resultados iniciales. El grupo de ministerios especializados constituyó una excepción, ya que fue el que más activamente respondió a la encuesta y deseó ser entrevistado.

Se realizaron en total 59 entrevistas, 4 de las cuales eran colectivas, con más de 3 personas. Los entrevistados fueron dirigentes de iglesias y personas relacionadas con programas específicos, consejos nacionales de iglesias, organizaciones ecuménicas regionales, comuniones cristianas mundiales y ministerios especializados. Se interpretó el ámbito de influencia de las iglesias en sentido amplio. La división por regiones fue: 11 África, 7 Asia (incluida una colectiva), 3 Caribe, 14 Europa, 4 mundial, 6 América Latina (incluida una colectiva), 2 Oriente Medio, 11 América del Norte (incluida una colectiva) y una colectiva en el Pacífico. En total se consultó a más de 70 personas en el proceso de entrevistas. La mayor parte de las entrevistas se hicieron por teléfono. Además, se asistió a varias reuniones de comisiones, grupos consultivos y otras reuniones pertinentes y se informó por escrito al equipo acerca de los correspondientes debates. Esto tuvo una importancia especial para evaluar el contexto general.

Además, el equipo tuvo la ventaja de poder utilizar el material y la cartografía del proceso de reconfiguración, algunas evaluaciones de determinados programas/actividades programáticas, autoevaluaciones e informes de comisiones y grupos asesores, y varios documentos de programas.


ANEXO 2: Glosario

AACC

Conferencia de Iglesias de toda el África

ACT

Acción Conjunta de las Iglesias

AEAM

Alianza Ecuménica de Acción Mundial

CC

Comité Central

CMME

Confederación Mundial sobre Misión y Evangelización

CWC

Comunidades Cristianas Mundiales

D&D

Diaconía y Desarrollo

D&S

Diaconía y Solidaridad

DSV

Decenio para Superar la Violencia

EDAN

Red de Defensa Ecuménica de los Discapacitados

EF

Formación Ecuménica

EVC

Entendimiento y Visión Comunes

F&C

Fe y Constitución

ICR

Iglesia Católica Romana

IEVSA

Iniciativa Ecuménica sobre el VIH/SIDA en África

IRRD

Relaciones y Diálogo Interreligiosos

JWG

Grupo de Trabajo Mixto (CMI & la Iglesia Católica Romana)

M&E

Misión y Evangelización

MUR

Misión Urbana y Rural

NCC

Consejos Naciones de Iglesias

OACNUR

Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados

OER

Organizaciones Ecuménicas Regionales

PEAPI

Programa Ecuménico de Acompanamiento en Palestina e Israel

PSE

Planificación, Seguimiento y Evaluación

SM

Ministerios Especializados

WCRP

Conferencia Mundial sobre Religión y Paz



[1] Las citas que en todo el informe aparecen en cursiva y negrita se han tomado de las entrevistas realizadas por el equipo de esta Evaluación previa a la Asamblea.

[2] En dos reuniones mundiales sobre la reconfiguración, celebradas en noviembre de 2003 y diciembre de 2004, interlocutores ecuménicos examinaron la posible nueva configuración del Movimiento Ecuménico. El título de la segunda reunión fue "Ecumenismo en el siglo XXI".

[3] Nuestro equipo ha entendido estos términos en un sentido amplio, en el espíritu del entendimiento y visión comunes (EVC). La recolección de la información, aunque se centró principalmente en las iglesias miembros, abarcó también a los consejos de iglesias nacionales, los miembros de las comisiones y los grupos consultivos, algunos de los cuales no eran iglesias miembros, las comuniones cristianas mundiales (CCM) y las organizaciones ecuménicas regionales (OER).

[4] Actualmente hay seis Comisiones: Fe y Constitución, Misión Mundial y Evangelización, Comisión de las Iglesias para Asuntos Internacionales, Educación y Formación Ecuménica, Justicia, Paz y Creación, y Comisión de las Iglesias sobre Diaconía y Desarrollo. El DSV tiene un Grupo de Referencia; el Instituto Ecuménico de Bossey, una junta y Comunicaciones, un órgano asesor.

[5] El Grupo de Dirección del Personal está integrado por el Secretario General, el Secretario General Adjunto, la Directora de Programa, el Director de Gestión y el Secretario Ejecutivo de la Secretaría General.

[6] Véase el documento programático del CMI "Trabajemos juntos por el cambio".

[7] Por ejemplo, el VIH/SIDA es una actividad del programa Misión y Evangelización.

[8] Véase 2002 Mid Term Evaluation, secciones 3.1 y 3.2.

[9] Órganos rectores: el Comité Central, con el asesoramiento de su Comité de Programa, se encarga de iniciar y terminar los programas. El Comité Ejecutivo es el responsable del seguimiento de los programas y actividades.

[10] El EVC es una declaración de política general adoptada por el Comité Central en 1997.

[11] En las dos reuniones mundiales sobre reconfiguración, celebradas en noviembre de 2003 y diciembre de 2004, participaron interlocutores ecuménicos para examinar una posible nueva configuración del Movimiento Ecuménico. El título de la segunda reunión fue "Ecumenismo en el siglo XXI".

[12] Examen del fondo "Strategic Iniciatives Fund", 2003 y examen de "Multilateral Sharing", 2004

[13] Los títulos y las descripciones de los programas, así como el orden en que aparecen en nuestro informe, se refieren al documento resumido de los programas del CMI "Working  Together, Making a Difference" (Trabajar juntos por el cambio).

[14] El Grupo de Acción para África está integrado por miembros del personal del CMI de origen africano, que son miembros de los distintos equipos del Consejo.

[15] Tales exámenes son  Strategic Initiatives Fund Review 2003 y Multilateral Sharing Review 2004, ninguno de los cuales pudo evaluar el impacto de estos instrumentos.

[16] Hasta 2003 se incluía en el mandato de la Comisión de las Iglesias para Asuntos Internacionales.

[17] Para más detalles, véanse las secciones 1.2 y 1.3, así como las evaluaciones de los distintos programas, en la Parte 2 de este informe.