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Una comunidad mundial de iglesias que buscan la unidad, el testimonio común y el servicio

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Informe provisional sobre procedimientos de toma de decisiones por consenso

02 de septiembre de 2003

Consejo Mundial de Iglesias
COMITÉ CENTRAL
Ginebra, Suiza
26 de agosto - 2 de septiembre de 2003

Informe provisional sobre procedimientos de toma de decisiones por consenso



1. Tras la decisión del Comité Central de adoptar un método de consenso para la toma de decisiones, el Secretario General, en consulta con los miembros de la Mesa, formó un pequeño grupo de referencia. El grupo empezó por analizar los temas y las cuestiones que se habrán de considerar con este método, teniendo en cuenta el informe de la Comisión Especial y en particular su Apéndice B. Se presentó un informe inicial al Comité Ejecutivo en febrero de 2003. La cuestión fue debatida de nuevo en la reunión de la Mesa de la Comisión Especial, reunida en Tesalónica del 4 al 7 de junio.

2. El punto de partida del análisis fue el actual reglamento de los debates (artículo XVI). La comparación con el manual utilizado por la Iglesia Unida de Australia llevó a concluir que debería reconsiderarse y simplificarse la actual distinción de tres categorías de sesiones: generales, deliberativas y administrativas. Para dar más cabida al diálogo genuino y al intercambio de opiniones sobre un tema particular podría ser aconsejable introducir sesiones de "información y debate". Se estimó además que se precisaba mayor claridad en el proceso de establecimiento del programa y en la distribución de los puntos entre los diversos órganos rectores. Los actuales procedimientos del CMI prevén la introducción de temas para debate y decisión en sesión plenaria seguida del examen detallado y la redacción de las recomendaciones en comités de referencia; la mayoría de los marcos para la toma de decisiones por consenso recurren a pequeños grupos para discutir una propuesta, encargándose un grupo de facilitación de presentar los resultados en la plenaria. Hay que considerar las ventajas y los inconvenientes de ambos métodos. Además, hay que revisar el orden de las intervenciones. Por último, hay que dejar en claro si el consenso ha de ser el método normal para la toma de decisiones sobre todos los temas administrativos o si –como propone la Comisión Especial– ciertas cuestiones han de decidirse por votación.

3. A partir de la opinión y las recomendaciones tanto del Comité Ejecutivo como de la Mesa de la Comisión Especial, el grupo de referencia continuó sus consultas y presenta ahora el siguiente informe provisional.

I. Objetivos de la adopción del método de toma de decisiones por consenso

A. Cuando se fundó el Consejo Mundial de Iglesias en 1948, la mayoría de sus miembros procedían de Europa y América del Norte. Desde el principio, las reglas administrativas del CMI recogieron básicamente los procedimientos parlamentarios occidentales tal como los practicaban las iglesias protestantes en esas partes del mundo. Al extenderse la composición del CMI hasta formar una comunidad de iglesias verdaderamente mundial, y al crecer con el tiempo la participación de mujeres y jóvenes como dirigentes de iglesias, muchos manifestaron su creciente frustración ante los procedimientos parlamentarios. Durante varios años, han surgido esperanzas y expectativas de que los métodos mediante los cuales el Consejo conduce su vida pudieran reflejar más adecuadamente los cambios que se han operado en la organización desde sus comienzos.

B. La Octava Asamblea recibió en Harare el documento sobre Entendimiento y Visión Comunes (EVC) y definió con más claridad al CMI como comunidad de iglesias que tratan de responder juntas a su vocación común. Ello suponía una modificación de la Constitución y del Reglamento. Sobre la base de EVC, la Comisión Especial sobre Participación Ortodoxa en el CMI recomendó, entre otros cambios, que el CMI adoptara el consenso para responder a las persistentes inquietudes de las iglesias ortodoxas que consideraban que, como minoría numérica en varios órganos rectores, seguirían tropezando con graves dificultades para hacer que se escucharan y atendieran sus preocupaciones y sus perspectivas. Esta recomendación encontró un profundo eco en las convicciones de otros de que había llegado el momento de un cambio en el sentido del consenso.

C. La forma en que las iglesias conducen su vida común en el Consejo Mundial de Iglesias afecta profundamente la calidad de la comunidad a la que aspiran. Los medios a través de los cuales las iglesias buscan un pensamiento común son tan importantes como las decisiones que toman. Los procedimientos importan tanto como los productos finales. Lo mejor del CMI es que llama a iglesias de diversas tradiciones confesionales y de las más variadas procedencias geográficas a relacionarse más estrechamente entre sí, a edificarse recíprocamente dentro del cuerpo de Cristo, a escuchar atentamente las tradiciones y experiencias de cada cual, a interceder las unas por las otras, a hablar claramente y a dialogar sobre convicciones comunes y sobre diferencias profundamente sentidas, y a crecer así en la fe y en los vínculos de la comunidad. Una imagen significativa de la iglesia en el Nuevo Testamento es la del Cuerpo de Cristo, diverso pero único. En I Corintios 12:12-27, Pablo habla de las partes del cuerpo que se necesitan unas a otras. Un cuerpo que funciona bien integra las capacidades y aportes de todos los miembros. El objetivo del CMI debe ser la adopción de un conjunto de procedimientos que hagan el mejor uso posible de las capacidades, la historia, la experiencia, la voluntad de servicio y la tradición espiritual de todos los miembros.

D. Utilizar el método del consenso significa buscar el pensamiento común de una reunión sin decidir las cuestiones por votación. Se alcanza un consenso en los siguientes casos:

    • todos los participantes están de acuerdo (unanimidad) ;
    • la mayoría está de acuerdo y los que no lo están consideran que la discusión ha sido exhaustiva e imparcial y que la propuesta expresa la "opinión general de la reunión"; la minoría da, entonces, su asentimiento;
    • los participantes reconocen que hay varias opiniones y convienen en que se hagan constar todas ellas en el texto de la propuesta ( y no sólo en las actas);
    • los participantes convienen en aplazar el examen de la cuestión;
    • los participantes convienen en que no es posible adoptar decisión alguna.

E. Ningún método de gestión tiene probabilidades de funcionar a la perfección en todo momento. Alegría y dolor seguirán manifestándose probablemente durante las deliberaciones del CMI al igual que en otras dimensiones de la vida de la organización. Muchos desean apartarse de los estilos parlamentarios, sin embargo, porque por su naturaleza promueven interacciones antagónicas. Se debaten las propuestas ‘a favor y en contra’, y a menudo no es posible explorar una gama más amplia de opiniones. La adopción del consenso refleja la esperanza de que todas las partes en el diálogo sean tratadas en pie de igualdad, ya se trate de tradiciones minoritarias, de iglesias pequeñas o de iglesias mayores. Se pretende así asegurar que todas las partes puedan participar más plenamente. El consenso aspira a promover una mayor apertura y sinceridad en la comunicación cuando las iglesias se enfrentan con las dificultades y las oportunidades derivadas de su voluntad de permanecer juntas.

F. El consenso debería ser la norma para todos los niveles de deliberación en la vida del Consejo, tales como las reuniones del personal, los subgrupos de los órganos rectores, el Comité Central y la Asamblea. El consenso debería ser también la norma para escoger los temas y las cuestiones que han de ser objeto de debate y la forma en que han de tratarse, es decir, para establecer el orden del día. Los debates y los proyectos de informes deben tratar de presentar y dar cabida a todos los puntos de vista durante la totalidad del proceso, desde el principio hasta el fin. En los órganos rectores más numerosos, el consenso será más fácil cuando todos los subgrupos y comités adopten el procedimiento, es decir, cuando den cuenta de resultados que reflejen convicciones comunes donde puede llegarse a un acuerdo y la gama de opiniones cuando dicho acuerdo no es posible. El empeño en formular un acuerdo cuando éste no existe inhibe a menudo la participación y el verdadero diálogo. La formulación del acuerdo cuando realmente existe es un fuerte testimonio común de la comunidad.

II. Principios procedimentales

A. Todo sistema procedimental en el CMI debería tender a:

1) ser lo más sencillo posible y no más complejo de lo que sea necesario;

2) ser transparente;

3) promover la participación y el diálogo en todo el grupo;

4) excluir la posibilidad de dominación por cualquier participante o pequeño grupo;

5) dirigir con cortesía, respeto y delicadeza los debates cuando los participantes mantienen con firmeza perspectivas contrapuestas sobre cuestiones que están en el centro de sus convicciones cristianas;

6) propiciar deliberaciones ordenadas y toma de decisiones en el momento oportuno;

7) explorar alternativas creativas;

8) evitar que el poder de unos pocos participantes pueda bloquear las decisiones cuando la gran mayoría está dispuesta a avanzar;

9) controlar al poder de un moderador que pretenda dirigir las deliberaciones en direcciones distintas a las deseadas por los participantes;

10) reforzar la capacidad de la comunidad de iglesias en el CMI para el testimonio y el servicio comunes.


III. Establecimiento y distribución del programa entre los diversos órganos rectores

A. Cuando la Comisión Especial se refirió al establecimiento del programa del CMI pensaba no tanto en el orden del día específico para tomar decisiones durante una reunión determinada de un órgano rector, sino, mucho más, en el proceso a través del cual ciertas cuestiones y temas se incluyen en el programa de trabajo del CMI. Deberíamos distinguir pues entre el "programa" y el orden del día "de trabajo" del Consejo. Las direcciones básicas de las actividades programáticas del CMI son determinadas en primer lugar por el Comité de Directrices del Programa de una Asamblea, y desarrolladas después por el Comité del Programa en el intervalo entre las Asambleas. Además, se han hecho esfuerzos mediante la introducción del Comité de Examen II para permitir que el Comité Central pueda tomar iniciativas sobre el programa dirigiendo propuestas al Comité del Programa o a órganos asesores específicos. Las comisiones y los grupos asesores contribuyen a la formación del programa del Consejo en calidad de órganos consultivos. Será importante aclarar las formas en que el "comité paritario" participará en el proceso de preparación y supervisión de este "programa".

B. Se entiende comúnmente que el "poder de decisión" se refiere al orden del día "de trabajo" de los órganos rectores del Consejo. Para una mejor comprensión, es importante distinguir los diferentes niveles de competencia y asignar a cada nivel los correspondientes puntos del programa:

      Asamblea: elecciones del Comité Central y los Presidentes; revisión de la Constitución y el Reglamento; recepción del informe del Comité Central y aprobación de las Directrices del Programa.

      Comité Central: elección del Comité Ejecutivo y de su Mesa, incluido el Secretario General; designación de Comisiones y Grupos Consultivos; nombramientos de altos cargos del personal; política presupuestaria y financiera; política programática.

      Comité Ejecutivo: decisiones administrativas; nombramientos de personal.

C. Todos los órganos rectores, incluidos los altos cargos y el Secretario General, pueden hacer declaraciones públicas. Las declaraciones de la Asamblea o del Comité Central se centran en cuestiones públicas de actualidad, por lo menos a plazo medio.

D. En la revisión de los procedimientos para establecer el orden del día, el objetivo debe ser aumentar la transparencia del proceso. Normalmente, el establecimiento del orden del día "de trabajo" es supervisado y dirigido por la Mesa de la Asamblea y por el Comité Ejecutivo. La práctica de preparar un orden del día anotado para todas las reuniones en que han de tomarse decisiones ha tenido buena acogida. Para las reuniones de los órganos rectores sería conveniente que se enviara a los miembros, 4 ó 6 semanas antes de la reunión, un orden del día anotado con la documentación de apoyo.

E. Muchos puntos de menor importancia del orden del día no se presentan primero en la plenaria para remitirlos después a subcomités o comités de examen. Se incluyen desde el principio en el orden del día del subcomité; la documentación de apoyo se distribuye al subcomité y se pone a disposición de la plenaria para información. Para una mayor transparencia del proceso, se propone enviar el orden del día anotado de los diversos comités de examen o subcomités a todos los miembros del Comité Central o a todos los delegados de la Asamblea. Como las recomendaciones sobre las que ha de tomarse una decisión se examinarán en los comités de examen o los subcomités, esta distribución anticipada del orden del día permitirá a los miembros comunicar al subcomité sus inquietudes sobre cuestiones urgentes distintas de aquella que les ha sido asignada, o pedir una transferencia. Además, debería pedirse a los subcomités que lleven actas de sus debates, las cuales estarían disponibles para todos los miembros de los órganos rectores que las solicitaran. De esta manera, el informe y las recomendaciones que se someterían a la plenaria para examen y decisión podrían concentrarse en unos pocos temas sustantivos.

IV. Categorías de las sesiones

A. El Reglamento actual dispone: La Asamblea se reunirá en sesión general [véase el artículo XVI.4], en sesión administrativa [véase el artículo XVI.5], o en sesión deliberativa [véase el artículo XVI.6]. El Comité de Dirección determinará la categoría de la sesión según las cuestiones que hayan de considerarse. En la práctica, no siempre se ha respetado esta distinción y la categoría de la sesión ha cambiado durante su propio transcurso sin que mediara una clara decisión o disposición, lo que ha creado confusión entre los miembros.

B. La principal distinción ha de establecerse entre las sesiones reservadas a debates, diálogo e intercambios y aquellas otras en que se han de tomar decisiones. Las sesiones de diálogo pueden celebrarse con fines generales o ceremoniales, para actos de testimonio público, para información, para deliberación o simplemente para escuchar distintos puntos de vista. Durante tales sesiones solo deberán permitirse decisiones de procedimiento, como considerar un informe para proseguir la deliberación o remitir una cuestión a un subcomité, para lo cual puede bastar una votación por simple mayoría.

C. La otra categoría principal son las sesiones decisorias. Estas sesiones tratarían de elecciones y nombramientos, propuestas referentes a la estructura, organización, presupuesto o programa del Consejo Mundial de Iglesias y cuestiones teológicas o de política general. Normalmente, una sesión decisoria de una Asamblea o del Comité Central debería celebrarse sobre la base de un informe, recomendación o propuesta que hayan sido debidamente considerados anteriormente y cuenten con el apoyo por consenso del grupo o subcomité que los presenta. Los moderadores deberán indicar claramente la categoría de la sesión. Para pasar de una categoría a otra durante la consideración del mismo punto del orden del día puede ser necesaria la aprobación del órgano de que se trate.

D. Durante las sesiones de diálogo, especialmente en plenaria, el moderador debe dar suficiente tiempo para que se escuchen todas las opiniones. Deben darse frecuentes oportunidades para intercambios en grupos separados o reducidos. De esta manera puede aumentarse la participación y pueden desenmarañarse cuestiones complejas. Sin embargo, hay que encontrar maneras de reintegrar al diálogo en plenaria las conversaciones en grupos separados. La experiencia de las iglesias que han empezado a aplicar procedimientos de consenso ofrece diversas metodologías con ese fin.

V. Procedimiento

A. El consenso debería ser utilizado por defecto para la adopción de todas las decisiones en las reuniones de los órganos rectores del CMI. No hay razón alguna para dividir cuestiones que están estrechamente interconectadas. Las decisiones presupuestarias y financieras afectan a las decisiones programáticas y de personal, y viceversa. No parece congruente con la tendencia hacia un cambio de cultura recurrir al método de votación en algunos casos y al consenso en otros.

B. La Mesa de la Comisión Especial estimó que la recepción de nuevas iglesias miembros debería también decidirse por consenso. Ya que ello supondría una modificación de la Constitución (Artículo II), se requiere una instrucción clara del Comité Central.

C. Parecería necesario o razonable mantener el sistema de votación por mayoría o por mayoría cualificada en los siguientes casos específicos:

    • Cambios constitucionales (que requieren una mayoría cualificada);
    • Elecciones (según reglas específicas en cada caso);
    • Aprobación de cuentas anuales y del informe del auditor financiero (mayoría simple);
    • Cierto número de cuestiones menores de procedimiento (mayoría simple).

Los tres primeros casos tendrían que especificarse en el Reglamento.

D. En cuanto a las cuestiones menores de procedimiento, éstas se podrían mencionar caso por caso o se podría incluir en el Reglamento una formulación general que las remita al discernimiento del grupo moderador. La idea es agilizar el procedimiento de la reunión sin causar pérdidas de tiempo. Algunos ejemplos serían: la adopción de un orden del día sin oposición, la elección de escrutadores y las decisiones de cambiar el horario de una jornada.

E. Todos los procesos preparatorios de una decisión por un órgano rector del CMI, incluidos los preparativos para la toma de decisiones por votación según lo mencionado más arriba, deberían regirse por el método del consenso. Esto se refiere por ejemplo a todos los comités y subcomités de la Asamblea, del Comité Central o del Comité Ejecutivo. Si no se alcanzara el consenso durante las deliberaciones de un comité o subcomité (de Examen, de Finanzas, de Candidaturas, etc.), las voces discrepantes deben mencionarse en el informe al órgano rector.

VI. Orden de las intervenciones

A. El orden de las intervenciones en cualquier deliberación puede condicionar de manera importante el curso de un debate. El actual sistema en grandes reuniones (p.ej. del Comité Central y de la Asamblea) autoriza y faculta a los moderadores a escoger entre los que hayan presentado peticiones escritas para el uso de la palabra. Este método permite al moderador ordenar las intervenciones según apoyen o impugnen las propuestas, formulen preguntas o planteen propuestas alternativas. Este método permite también a la presidencia dar la palabra a determinados participantes, importante cuestión de cortesía en algunas tradiciones.

B. Pero con arreglo a este sistema, pese a los sinceros esfuerzos de los moderadores, algunos de los que no hayan llegado a tomar la palabra pueden sentirse frustrados porque el debate no ha reflejado sus inquietudes básicas o los oradores han sido seleccionados con criterios no enteramente evidentes para todos.

C. Otro método para poner orden en las intervenciones es disponer de tres o más juegos de micrófonos detrás de los cuales podrían formar una fila quienes deseen intervenir. Un micrófono podría ser para quienes estén de acuerdo en general con una propuesta, otro para los que la critiquen, otro para quienes formulen preguntas o presenten propuestas diferentes, etc. El moderador podría ordenar el debate alternando entre los micrófonos para facilitar un pleno intercambio de puntos de vista. Sistemas similares se han probado con algún éxito en ciertas grandes reuniones del CMI.

D. Sin embargo, este procedimiento requiere que los participantes que deseen tomar la palabra o ser reconocidos tomen la iniciativa de formar una cola, práctica que podría inhibir la participación de personas tímidas o desalentar a quienes prefieran la cortesía de ser invitados por el moderador a tomar la palabra.

E. Una tercera alternativa es combinar ambos métodos en una o varias sesiones en las que se considere un tema o una propuesta. Puede haber otras alternativas que necesiten explorarse.

F. Cualquiera que sea el método escogido, deberían seguirse los siguientes procedimientos generales:

    • cada participante puede hablar sólo cuando el moderador le da la palabra;
    • todo participante puede plantear una cuestión de orden en cualquier momento;
    • todos los oradores deben decir su nombre y el nombre de su iglesia;
    • debe fijarse un límite de tiempo a cada intervención para garantizar una participación lo más amplia posible

G. Las personas que deseen participar en el diálogo pero que no tengan derecho a participar en el proceso decisorio, como es el caso de representantes de iglesias en asociación con el Consejo y de delegados u observadores ecuménicos, podrán intervenir únicamente si son reconocidas por el moderador previa presentación de una solicitud escrita para el uso de la palabra, y sin el permiso del moderador no podrán ponerse en la cola en una parte de sesión con micrófono abierto.

VII. Asistencia al Moderador

A. El papel del moderador es obviamente decisivo en los procedimientos de toma de decisiones por consenso. Todos los manuales de iglesias que trabajan con el método de consenso insisten en la importancia de una buena formación de los moderadores. En el contexto del CMI, en el que confluyen diversas tradiciones eclesiales y culturales, es necesario desarrollar un estilo apropiado de moderación que facilite el consenso en las deliberaciones y en las decisiones. Convendría redactar un manual con directrices específicas para los moderadores en las reuniones del CMI.

B. Debería procurarse aprovechar experiencias como la de la Iglesia en proceso de unión (Uniting Church) en Australia. Podría invitarse a consultores de dichas iglesias a una reunión de la Mesa antes de utilizar por primera vez los procedimientos de consenso para informar a los miembros de la Mesa sobre los cambios en su papel que implica el nuevo método. Dichos consultores podrían también ser invitados a acompañar a la Mesa durante la primera sesión del Comité Central en que se utilicen los procedimientos de consenso, y durante la Asamblea en 2006 para supervisar la marcha del procedimiento y asesorar a la Presidencia.

C. El otro aspecto que requiere especial atención en los procedimientos de consenso es la forma en que se registran las actuaciones. En muchos casos el diálogo recogido en las actas será más importante que la redacción final de la resolución o recomendación. Deberían establecerse por consiguiente directrices para los encargados de redactar las actas. Podría ser útil colocar a un redactor o redactora de actas junto al moderador para que pueda intervenir si no le queda claro el contenido exacto o la redacción del acuerdo alcanzado. El redactor del acta debería ser considerado como parte del "grupo moderador" de la correspondiente reunión.

VIII. Propuesta de comoderadores

A. La consideración de las posibles maneras de aplicar el principio de "paridad" llevó también a la idea de tener en los órganos rectores del CMI dos moderadores y dos vicemoderadores. Aunque la lógica –y, por extensión, la legitimidad– de esta posibilidad ha encontrado general aceptación, sus implicaciones prácticas suscitan serias objeciones.

B. He aquí algunos puntos de este debate que requieren cuidadosa consideración:

    • el "simbolismo" de una persona que preside un órgano rector (como es el caso en la práctica totalidad de los órganos eclesiales conciliares);
    • las dificultades técnicas para que dos personas "representen" simultáneamente a la comunidad (especialmente en situaciones de emergencia);
    • las incertidumbres propias de un posible sistema "rotativo" (dentro de un mandato limitado en el tiempo);
    • las altas expectativas del moderador en un momento de transición al método de consenso;
    • la probabilidad de que los comoderadores refuercen el poder del Secretario General.

C. Varios intentos de encontrar una solución han quedado inconclusos, entre ellos el reciente debate de la cuestión por la Mesa de la Comisión Especial (Tesalónica, junio de 2003). Es preciso, pues, continuar el debate. Algunas preguntas podrían servir para iniciarlo:

    • ¿Es la paridad a nivel del moderador o moderadores lo único que interesa, o podría considerarse en el plano más amplio de la "mesa"?
    • ¿Podría contemplarse la paridad –al menos en este período de transición y experimentalmente– para todos los comités de examen del Comité Central?
    • ¿Cómo podría conciliarse (armonizarse) el principio de paridad con el imperativo de los equilibrios por razón de procedencia regional y de sexo?

IX. Continuación del proceso

A. La continuación del proceso ha sido considerada tanto por el Comité Ejecutivo como por la Mesa de la Comisión Especial. Ambos órganos convienen en que el Comité Central en su reunión de agosto/septiembre de 2003 debería establecer las directrices básicas para proseguir el trabajo sobre la base de este informe provisional preparado por el pequeño grupo de referencia.

B. Tras la reunión del Comité Central en 2003 debería organizarse una consulta especial con representantes de las iglesias que practican procedimientos de consenso, antes de la reunión del Comité Ejecutivo en 2004. El objetivo principal de esta reunión sería redactar el primer borrador de nuevo reglamento y preparar un manual para su presentación.

C. Después de la reunión del Comité Ejecutivo en febrero de 2004, se comunicaría el borrador de reglamento a las iglesias miembros y a los miembros del Comité Central para su información y para la formulación eventual de observaciones. A la luz de las observaciones recibidas, el pequeño grupo de referencia revisaría el borrador para que el Comité Ejecutivo pudiera ultimar el nuevo marco en su reunión de otoño de 2004.

D. En la reunión del Comité Central de febrero de 2005 se utilizarían por primera vez los nuevos procedimientos de consenso, con lo que se pondría a prueba el método. En vista de la experiencia de esa reunión podría revisarse una vez más el marco, es decir el Reglamento y el manual, antes de su adopción final para usarlo en la Novena Asamblea.