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Una comunidad mundial de iglesias que buscan la unidad, el testimonio común y el servicio

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06-02-01 Informe del comité de examen II

06 de febrero de 2001

Observaciones Preliminares

1. El Comité empezó por recordar que su función es reflexionar y remitir al Comité Central las cuestiones que hayan surgido en el marco de las deliberaciones de la reunión del Comité Central y que se consideren importantes para el orden del día ecuménico y para nuestra peregrinación permanente como iglesias, unidas y por separado.

2. En esta ocasión, incumbían al Comité seis tareas específicas:
(i) Resumir la respuesta de los miembros del Comité Central a los problemas de nuestro tiempo, tal como se haya expuesto en los grupos, las reuniones regionales y en otros foros;
(ii) Examinar el proyecto del mensaje redactado con ocasión de la inauguración del Decenio para Superar la Violencia;
(iii) Examinar la nueva función y el lugar de las plenarias regionales en las reuniones del Comité Central y asesorar sobre la manera en que podrían enfocarse esas plenarias a fin de que contribuyan a ver el orden del día ecuménico con los ojos de las iglesias miembros de las distintas regiones;
(iv) Prestar asesoramiento sobre las respuestas ecuménicas adecuadas a las plenarias temáticas sobre la economía y la superación de la violencia;
(v) Examinar un proyecto de nota sobre el cambio climático remitida por el Comité Ejecutivo;
(vi) Responder a la petición del Comité Central para que manifieste la expresión de reconomiento de la labor de ACT.

3. Dos cuestiones en relación con el proceso y el calendario de la reunión del Comité Central, preocupaban al Comité: (i) El hecho de que los Padares, importante elemento para discernir y determinar nuevas cuestiones y tendencias, tuvieran lugar tras los dos días dedicados a las reuniones de los Comités;
(ii) La organización de las plenarias sobre el DSV el sábado, con lo que se privaba al Comité de la posibilidad de tener en cuenta los puntos de vista expresados a la hora de formular recomendaciones sobre el contenido del mensaje del DSV: en particular, y habida cuenta de las prioridades señaladas en el informe del Moderador y del interés que generó ese informe, es evidente que organizando las plenarias sobre el DSV un poco antes hubiera contribuido en gran medida a la buena marcha de la reunión y a una mayor eficacia en los trabajos del Comité.

Decenio para Superar la Violencia

4. El Comité Central recibió el sábado el mensaje elaborado por el Comité tras un examen minucioso de un proyecto preparado por el moderador del grupo de examen del DSV. Se adjunta una copia del mensaje.

Informes del Moderador y del Secretario General

5. El Comité encomió los informes presentados por el moderador y el secretario general y destacó las numerosas y útiles cuestiones suscitadas. Los debates se centraron en particular, en la cuestión del uso de la violencia como "último recurso". En el Comité se intercambiaron diferentes puntos de vista a ese respecto así como sobre la posibilidad de llegar a un acuerdo en relación con la definición de violencia. El Comité dijo que existían vínculos entre el llamamiento a la unidad (ser iglesia juntos) y la labor de superar la violencia. El testimonio de la iglesia y de los cristianos consiste en resistir a la cultura de la violencia, y la noviolencia debería ser la norma de los cristianos; en los lugares en los que reina la violencia, debería darse prioridad a las actividades de reconciliación antes que a la formulación de teorías abstractas: es indudable que esas experiencias son instructivas y transformadoras. No hay duda de que los procesos de construcción de la paz y de edificación de la comunidad entrañan exigencias y a menudo costos, y en los lugares en donde la situación es particularmente apremiante, por ejemplo, en las situaciones de violencia interreligiosa y de violencia en la vida de las propias iglesias, se impone un enfoque proactivo.

6. Por consiguiente, y a fin de proseguir la labor sobre el DSV en el CMI y en las iglesias, en los planos regional, nacional y local, el Comité considera que es necesario ayudar a las iglesias a ser fieles en sus contextos respectivos. Reconoce además, que con ese fin es necesario vivir con una cierta ambigüedad, reconocer que la violencia es estructural y plurifacética y que hay veces que incluso los cristianos pueden tener la impresión de que "ya no les quedan más mejillas", situaciones en las que los que no tienen opción alguna sino el compromiso no deberían ser juzgados. El único camino es la cruz y la promesa de una nueva vida en Jesucristo. Además, las iglesias no deben olvidar nunca su vocación de transmitir su mensaje distintivo y de encarnar el Evangelio, puesto que están facultadas e inspiradas para ser agentes de reconciliación. Incluso en las sociedades secularizadas, la autoridad moral de las iglesias se sigue respetando cuando dan pruebas de integridad, pero las iglesias también tienen la responsabilidad de estar bien informadas en la esfera de la política pública, que es donde se plantean los problemas de violencia estructural, y a menudo, la mejor contribución que pueden hacer los cristianos es plantear cuestiones críticas.

7. Aunque conviene destacar que el DSV es un proceso que deben impulsar las iglesias en los planos regional, nacional y local, y no un programa del CMI, se recomienda que el CMI incluya en su labor los siguientes objetivos:
(i) Servir de centro de coordinación, para determinar y poner de relieve situaciones y experiencias y facilitar el intercambio de modelos, estudios de caso y perspectivas para una inspiración mutua;
(ii) Coordinar las actividades que haya que organizar en los planos mundial o transregional, por ejemplo, aprovechando las oportunidades para la reflexión teológica creativa (centrada en la persona de Cristo) y para el análisis contextual;
(iii) Llevar a cabo una labor de acompañamiento, a fin de aumentar el alcance y el potencial de las iniciativas tomadas en determinadas iglesias y regiones, dando prioridad a un proceso verdaderamente centrado en las personas, que enlace con otros grupos y movimientos comprometidos con la construcción de la paz en el lugar de que se trate.

8. El Comité ha remitido al Comité de Examen III una serie de observaciones sobre los temas de "ser iglesia" y de "espacio ecuménico", que se plantearon durante el examen del informe del secretario general y en las reuniones de los grupos.

Alianza Ecuménica de Acción Común

9. El Comité solicitó más información sobre la Alianza Ecuménica de Acción Común creada en diciembre y coordinada en el marco del CMI. Se expresó particular interés en cuanto al estilo de trabajo que adoptaría la Alianza, es decir, ¿sería una ONG semiautónoma o daría cabida a la participación de las iglesias? El Comité recomienda que se tomen las medidas necesarias a fin de fomentar un proceso de colaboración directa y regular entre la Alianza y las iglesias.

Mundialización de la economía: Enfoque crítico y visión alternativa

10. La Asamblea de Harare pidió al Consejo Mundial de Iglesias que abordara el problema de la mundialización como cuestión central del orden del día ecuménico. Esta labor debería basarse y fortalecer las iniciativas que llevan a cabo las iglesias, los grupos ecuménicos y los movimientos sociales; fomentar su cooperación y alentarlos a movilizarse y a formar alianzas con otros participantes en la sociedad civil que trabajan en cuestiones relacionadas con la mundialización. La mundialización es un proceso histórico que se desarrolla en diferentes fases. Algunos, como los pueblos indígenas, consideran que la mundialización de la economía no es sino la segunda fase del colonialismo. Su expresión más reciente se centra exclusivamente en los valores económicos. La permanente mundialización de la economía desestabiliza radicalmente a las comunidades, socava los valores espirituales y amenaza la base ecológica de la vida. Y concentra el poder y la riqueza en manos de unos pocos.

11. Dos años después de la celebración de la Asamblea, el proceso de mundialización de la economía se ha intensificado, y otro tanto han hecho las voces de protesta. Las iglesias miembros del CMI y los movimientos de la sociedad civil están hoy llamados a redoblar sus esfuerzos a fin de hacer frente a las crecientes injusticias causadas por la mundialización de la economía y sus efectos destructivos para los pueblos y la creación. Durante el intercambio de experiencias que tuvo lugar en plenaria, los miembros del Comité Central tuvieron oportunidad de conocer de cerca las consecuencias locales que ha tenido la mundialización económica y de informarse sobre las alternativas creativas que han propuesto las comunidades locales. Los oradores afirmaron que las respuestas basadas en la fe ayudan a enfrentarse con las fuerzas de la mundialización economica y que sería eficaz formular una respuesta coordinada. La plenaria sobre la economía y el ulterior debate que tuvo lugar entre los miembros del Comité Central reunidos en Potsdam puso de relieve la necesidad de una acción inmediata, coordinada y reflexionada.

12. La lógica de la mundialización se opone a la visión del Movimiento Ecuménico de la unidad de la humanidad y la creación de Dios, a toda la comunidad de vida. Se ha perdido el enfoque en el que primaba la dignidad de la persona humana a imagen de Dios, que adquiría significado en la comunidad. La antropología subyacente en la mundialización considera a los seres humanos como individuos y más que como personas de la comunidad, seres humanos más competitivos que cooperativos, seres humanos materialistas y desprovistos de dimensión espiritual. La mundialización amenaza la diversidad de culturas. Y afecta a las iglesias, por cuanto ha introducido una religión basada en el consumismo y un estilo de ministerio empresarial.

13. La urgencia de esta cuestión exige que el CMI, aprovechando la experiencia de las iglesias miembros, se movilice a nivel mundial a fin de exponer su testimonio profético. El Comité es consciente de que la labor sobre la mundialización, que en Harare se consideró una prioridad, exige un esfuerzo más coordinado por los equipos del sector de estudio y acción, en colaboración con los equipos que forman parte del sector de relaciones.

14. El Comité recomienda que:
(i) Las iglesias miembros y el CMI lleven a cabo un detenido análisis ecuménico y teológico de la mundialización económica y sus consecuencias para las iglesias. Sienten las bases teológicas para la búsqueda de alternativas, en coordinación con el sector sobre estudio y acción. Esa labor debe consistir en estudios, intercambio de información y seminarios de formación. El Comité Central exhorta a continuar la colaboración con los asociados ecuménicos en este ámbito, por ejemplo, con el sector encargado de la justicia económica en la Alianza Mundial Reformada.
(ii) El CMI refuerce su capacidad, y haga participar a representantes de las iglesias afectadas por la mundialización, las organizaciones ecuménicas, los movimientos sociales, los centros de investigación y los expertos en este ámbito. El CMI debe contribuir a formular una respuesta mundial frente a los problemas de la mundialización de la economía, una respuesta que debe tener sus raíces en las iniciativas locales, de modo que sus representantes pueden intervenir con eficacia en el plano mundial. Esta labor entraña, entre otras cosas:

(a) la definición de directrices para las iglesias a fin de formular una respuesta coherente de las iglesias miembros y las organizaciones ecuménicas a las instituciones que promueven la mundialización; y
(b) el intercambio de información a fin de promover una toma de conciencia sobre los efectos adversos de la mundialización.

(iii) El CMI dé prioridad a la búsqueda de alternativas a la mundialización, sobre la base de los valores cristianos, en las tres esferas siguientes:

  • La transformación de la actual economía de mercado de modo que se tengan en cuenta la equidad y los valores que reflejan la enseñanza y el ejemplo de Cristo.
  • El desarrollo de un comercio equitativo

La promoción de un sistema financiero equitativo, libre de la esclavitud de la deuda, las prácticas corruptas y los beneficios logrados mediante la especulación. (iv) El CMI denuncie la violencia de origen económico, en el marco del Decenio para Superar la Violencia. Se insta al CMI y a las iglesias miembros a realizar estudios sobre la violencia económica y actividades de defensa en este ámbito.

Plenaria sobre Europa

15. El Comité reflexionó en la plenaria sobre Europa sobre el tema "Reconciliación, Verdad y Justicia", y recomienda a la ulterior consideración del CMI y de las iglesias las cuestiones siguientes:
(i) los problemas de la secularización y el consumismo, y la búsqueda de una mayor espiritualidad, incluido el lugar de las iglesias en la sociedad y las relaciones entre iglesia y Estado;
(ii) cuestiones de identidad, incluidas la diversidad, el racismo, la soberanía nacional, y los problemas que enfrentan los pueblos migrantes y desarraigados;
(iii) la división entre ricos y pobres en Europa, y las relaciones de Europa con el resto del mundo;
(iv) el lugar que ocupan el arrepentimiento y el perdón en el logro de la reconciliación, con inclusión de:

(a) la aclaración del distingo entre justicia retributiva y restaurativa;
(b) la necesidad de que las iglesias se ocupen de su legado histórico (por ejemplo en lo que respecta al colonialismo, antigua discriminación religiosa e intolerancia, y la aparición de regímenes totalitarios extremistas en las culturas cristianas) al hacer frente a los problemas actuales y futuros.


16. El Comité recomienda que al abordar estas cuestiones se tengan en cuenta el valor de compartir experiencias, modelos y enfoques relativos a los procesos de reconciliación. Ese diálogo puede devolver la dignidad y la humanidad a todos los participantes, sean víctimas o perpetradores.

Plenarias regionales

17. El Comité afirma el valor de las plenarias regionales, tanto para proporcionar información acerca del contexto como para subrayar las cuestiones que tienen un alcance mucho mayor que para la mera región interesada. Recomienda al Comité Central que lleve adelante los planes para celebrar una plenaria sobre Asia en la próxima reunión del Comité Central, pero que
(i) se preste más atención a los vínculos entre las cuestiones subrayadas y los intereses de otras regiones;
(ii) se busquen y formulen medios para el seguimiento de las cuestiones suscitadas;
(iii) en el proceso y disposiciones para la plenaria regional deberá haber más posibilidad de diálogo e interacción y, en particular, para la expresión de puntos de vista y enfoques de otras regiones;
(iv) además de la presentación, debe prepararse un documento que sirva de antecedente y análisis (como se hizo para la plenaria de África en la reunión de Ginebra de 1999).

Cambio climático

18. Esta cuestión ha sido presentada por el Comité Ejecutivo. El Comité, al reconocer los 12 años de historia del trabajo del CMI sobre el cambio climático y la participación cada vez mayor de las iglesias miembros en esta cuestión, y considerando que la labor relativa al cambio climático es una dimensión importante del espectro más amplio del CMI sobre ecología y teología en el marco de la "Tierra Ecuménica", recomienda al Comité Central del CMI que:
(i) manifieste su decepción por el fracaso de las negociaciones intergubernamentales patrocinadas por las Naciones Unidas en La Haya, del 13 al 25 de noviembre de 2000, a fin de llegar a un acuerdo para la aplicación del Protocolo de Kyoto y alentar la continuación de las negociaciones en mayo de 2001 tal como se necesitaba con el fin de llegar a un acuerdo que sea eficaz para abordar el problema del cambio climático;
(ii) reafirma que la posición del CMI es que la principal responsabilidad moral de precipitar el cambio climático recae en los países industrializados, y como consecuencia, deben ser los primeros en tomar medidas reales para reducir las causas;
(iii) afirma que en las negociaciones que se vuelvan a convocar, los gobiernos deberán "centrar las negociaciones relativas al cambio climático en las opciones que reúnan los criterios de eficacia ambiental, equidad, responsabilidad, y eficiencia económica dando prioridad a estrategias de reducción de las emisiones en los países responsables de un alto nivel per cápita de contaminación" (tomado de la declaración del CMI a la Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático celebrada en La Haya en noviembre de 2000). El centro de las prioridades de las negociaciones se ha apartado recientemente de las acciones para proteger el medio ambiente y los pueblos amenazados y se ha desplazado más hacia la creación de oportunidades empresariales acordes con el más amplio proceso de mundialización de la economía;
(iv) pide a las iglesias miembros del CMI, y sobre todo a los países industrializados, que refuercen las iniciativas para fortalecer a sus gobiernos regionales a fin de que adopten posiciones de negociación que produzcan reducciones considerables en las emisiones de los países industrializados. El Comité Central del CMI aprecia los esfuerzos realizados por las iglesias miembros con anterioridad a la COP6 para dialogar con sus propios gobiernos y confía en que esas actividades se podrán intensificar;
(v) encomia y alienta las iniciativas de las iglesias miembros destinadas a que las congregaciones y los individuos hagan un mejor uso de los recursos;
(vi) alienta al CMI a que continué su labor sobre el cambio climático, inclusive el seguimiento de las negociaciones intergubernamentales, apoye las actividades regionales en las naciones en desarrollo, las vinculaciones con otros trabajos sobre mundialización, y el establecimiento de redes con organizaciones de pueblos indígenas cuyas actividades se centran en el cambio climático y la biodiversidad.

Acción Conjunta de las Iglesias

19. ACT es un instrumento eficaz de las iglesias para cumplir el ministerio diaconal que el Evangelio pide a las iglesias y a los cristianos. ACT es parte de la vida y forma parte integrante de las estructuras ecuménicas y de sus organismos; es la expresión del compromiso diaconal de las iglesias y del Movimiento Ecuménico.

20. El Comité Central elogia la labor de la Oficina de Coordinación de ACT, a su jefe Thor-Arne Prois y a sus colegas del personal de Ginebra y sobre el terreno. No solamente han aumentado de alcance las respuestas de emergencia de ACT, sino que se están fortaleciendo las relaciones ecuménicas y las asociaciones. Señalamos en especial las consultas regionales convocadas por el coordinador de ACT en los últimos meses y ratificamos enérgicamente la continuación del proceso de consulta. Es para nosotros motivo de gran satisfacción que la alianza ACT, creada en 1995, haya actuado con tanta responsabilidad y eficacia en el ministerio diaconal.

21. El Comité recomienda que, ahora que la estructura de gobernanza y gestión de Acción Conjunta de las Iglesias es objeto de revisión y cambio, con el acuerdo de los órganos superiores, la Federación Luterana Mundial y el CMI (como se señala en el informe de la mesa del reciente Comité Ejecutivo), el Comité Central afirme y ratifique la labor de ACT.

Racismo: nota de inquietud

22. El Comité examinó la siguiente nota de inquietud recibida de una reunión conjunta de los miembros de África y Asia del Comité Central.

(i) A raíz de la plenaria sobre Europa, los miembros del Comité Central de África y Asia, en su reunión regional conjunta, estimulados por la preocupación de la Asamblea de Mac Charles Jones de Africanos y Africanos en la Diáspora (MAC-ADD) acerca de sus experiencias de racismo, respondieron lo siguiente:

(ii) Con ocasión de la designación de 1997 como el Año contra el Racismo por la Unión Europea, el presidente de la UE, el primer ministro de los Países Bajos, Wim Kok, dijo que el "racismo era el problema más importante que tenía planteado Europa." El CMI ha sido uno de los principales combatientes de la lucha contra el racismo. La lucha contra el mal del racismo se basa en su firme convicción teológica de la dignidad e igualdad de todos a los ojos de Dios. Esa convicción se basa en la afirmación de que todos los seres humanos han sido creados a imagen de Dios; que al asumir nuestra humanidad en Cristo, Dios ha santificado la vida humana. Por consiguiente, el racismo es una afrenta al mensaje de base del Evangelio. Esa convicción se encuentra en el centro de la decisión del CMI de iniciar un programa para combatir el racismo y de su convicción de la dignidad y humanidad de todas las personas, que es la base de la vida de la iglesia como comunión.

(iii) Las burocracias europeas imponen hoy controles a los inmigrantes y a los que buscan asilo. Siguiendo políticas de "Europa, fortaleza", esta cuestión se aborda como un problema de seguridad nacional. La entrada en Europa se restringe incluso a los auténticos turistas y visitantes, que son hostigados, humillados y tratados como posibles refugiados. Acogemos complacidos el estudio que está llevando a cabo el CMI sobre las iniciativas de las iglesias para superar el racismo, la xenofobia y la violencia racial en Europa. Es alentador observar que las iglesias de Europa han apoyado activamente las leyes humanitarias que con tanto esfuerzo desarrolló el Continente para proteger y salvaguardar a los demandantes de asilo y a los refugiados. Es para nosotros motivo de aliento la enérgica demostración de solidaridad del pueblo de Noruega, que protestó por el reciente asesinato de Benjamín Harmonsen, un adolescente negro.

(iv) Sin embargo, es lamentable que los gobiernos de Europa estén desmantelando esas mismas leyes que habían sido destinadas a proporcionar asilo a los perseguidos. Hoy es una triste realidad que los africanos, los africanos de la diáspora y los asiáticos, incluso cuando viajan por los aereopuertos europeos con documentos perfectamente en regla, son objeto de discriminación, interrogados y maltratados. Obtener visados para asistir a reuniones y viajar por Europa se hace cada vez más difícil para los trabajadores de las iglesias procedentes de Asia y de África. Ante los ataques cada vez más frecuentes contra los extranjeros en Europa, provocados por elementos de la extrema derecha, cada vez es mayor el temor por la seguridad de los asiáticos y africanos y africanos en la diáspora que visitan Europa. Algunos miembros del Comité Central del CMI que viajaron para asistir a la presente reunión fueron sometidos a esta clase de trato.

(v) En septiembre de 2001, el CMI y sus iglesias miembros participarán en la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las formas conexas de Intolerancia, que se ha de celebrar en Sudáfrica. Agradecemos al CMI que se esté implicando en esta importante cuestión. La iniciativa del Decenio para Superar la Violencia nos exhorta a todos a oponernos a la inequidad, la discriminación, la injusticia y la brutalidad. Hoy tenemos obligación de expresar nuestra vergüenza e irritación, y nuestra profunda preocupación a causa del racismo. Respondamos al racismo en términos claros e inequívocos. Hacemos un llamamiento a las iglesias para que aumenten sus esfuerzos para promover la justicia social en sus respectivos contextos.

(vi) Hacemos un llamamiento al CMI para que incremente su lucha contra el racismo y la violencia racial y considere la posibilidad de realizar una exposición en plenaria sobre esta cuestión en su próxima reunión del Comité Central.

23. El Comité reconoce que los problemas de discriminación descritos en la nota de inquietud los sufren los pueblos de otras muchas partes del mundo y recomienda al Comité Central que tenga en cuenta esas preocupaciones al proyectar arreglos para la próxima reunión del Comité Central, con miras a permitir que los miembros del Comité reflexionen útilmente sobre la experiencia de la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas contra el Racismo y la Discriminación racial.