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Luchar por la justicia en un mundo ambiguo

Estudio bíblico sobre 1 Reyes 21:1-22, por Sarojini Nadar, para el octavo día de la Asamblea, 6 de noviembre 2013: La historia del viña de Nabot pone en tela de juicio el concepto de justicia de nuestra sociedad. Introduce la justicia de Dios para afirmar la vida: una medida que no condecía con la lógica económica del Rey Ajab en nombre de la eficacia y la productividad. El texto nos puede guiar asimismo a la hora de responder a los problemas actuales referentes a la injusticia en el mercado global y de discernir la forma de vivir en la práctica la justicia de Dios para salvaguardar la vida.

15 de julio de 2013

Estudio bíblico 5

Sarojini Nadar

1 Reyes 21:1-22

Traducción: Reina Valera Contemporánea

1 Después de estos sucesos, resultó que un hombre llamado Nabot de Jezrel tenía una viña en Samaria, junto al palacio del rey Ajab. 2 Y Ajab habló con Nabot y le dijo: "Tu viña está cerca de mi palacio. Dámela, a cambio de otra mejor. Quiero plantar allí un huerto de legumbres. Si lo prefieres, te pagaré con dinero lo que valga." 3 Pero Nabot le respondió:"¡Que el Señor me libre de hacer eso! ¡Yo no puedo vender la herencia de mis padres!" 4 Ajab regresó a su palacio triste y decepcionado porque Nabot le dijo que no podía vender la herencia de sus padres. Y se fue a la cama sin comer y sin querer ver a nadie.

5 Entonces Jezabel, su mujer, entró en su alcoba y, y al verlo triste, le preguntó: "¿Por qué estás tan desanimado? ¿Por qué no comes?" 6 Y Ajab le respondió: "Fui a ver a Nabot de Jezrel, y le pedí que me diera su viña a cambio de otra mejor; o que, si quería dinero, yo se lo pagaría. ¡Pero me dijo que no me daría su viña!" 7 Entonces Jezabel le preguntó: "¿Y acaso no eres tú el rey de Israel? ¡Vamos, come y emborráchate! Yo me comprometo a darte la viña de Nabot."

8 Enseguida, Jezabel escribió cartas a nombre de Ajab, las selló con su anillo, y las envió a los ancianos y a los jefes que vivían en la ciudad de Nabot. 9 Las cartas decían: "Que se proclame ayuno, y que Nabot comparezca ante el pueblo. 10 Que sean presentados como testigos dos sinvergüenzas, que acusen a Nabot de haber blasfemado contra el Señor y contra el rey. Que sea arrojado a la calle y apedreado hasta que muera." 11 Y los ancianos, los jefes y el pueblo que allí vivía cumplieron las órdenes de Jezabel, tal y como las había puesto por escrito. 12 El ayuno se promulgó, y se hizo comparecer a Nabot ante el pueblo. 13 Luego llegaron los dos sinvergüenzas y, sentándose frente a Nabot, dijeron: "Nabot ha blasfemado contra el Señor y contra el rey." Dicho esto, lo llevaron fuera de la ciudad, y allí lo apedrearon hasta matarlo. 14 Luego enviaron un mensajero a Jezabel, para que le informara que Nabot había sido apedreado y estaba muerto.

15 Y en cuanto Jezabel lo supo, fue a decirle a Ajab: "Ve a tomar posesión de la viña que Nabot de Jezrel no te quiso vender. Nabot acaba de morir." 16 Al enterarse Ajab que Nabot de Jezrel había muerto, fue a la viña y tomó posesión de ella.

17 Pero la palabra del Señor vino a Elías el tisbita, y le dijo: 18 "Ve ahora mismo a Samaria, y busca al rey Ajab. Está en la viña de Nabot, pues ha ido a tomar posesión de ella. 19 Y vas a decirle lo siguiente: 'Así ha dicho el Señor: ¿No es verdad que asesinaste a Nabot para quitarle lo que era suyo? Pues así ha dicho el Señor: En el mismo lugar donde los perros lamieron la sangre de Nabot, lamerán también tu propia sangre.'"

20 Pero Ajab le replicó a Elías: "¡Al fin me has encontrado, enemigo mío!" Y Elías respondió: "Te he encontrado porque te has hecho esclavo de la maldad, en la presencia misma del Señor. 21 Pero el Señor te dice: 'Voy a castigarte. Voy a barrer hasta el último varón de tu palacio, sea libre o esclavo, como si fueran polvo'. 22 Lo mismo que hice con la familia de Jeroboán hijo de Nabat, y con Basá hijo de Ajías, lo voy a hacer con tus descendientes, porque te has rebelado contra mí y has hecho pecar a mi pueblo, para provocar mi enojo.

El texto en su contexto

El libro de los Reyes deja constancia de que a Jezabel, princesa de Fenicia cuyos antepasados eran cananeos, la llevaron al reino del Norte de Israel para casarse con el rey Ajab, hijo de Omri (1 Reyes 16:31). El padre de Jezabel era Etbaal de Tyro. Baal era la divinidad de los cananeos de la agricultura y la fertilidad, en tanto que Yahvé era la divinidad de los israelitas y del rey Ajab, con quien se casó Jezabel. A diferencia de Rut, quien decidió quedarse con Noemí, y le dijo: "Tu Dios será mi Dios", Jezabel trajo consigo a su Dios Baal y a su consorte Asera. En el texto de 1 Reyes 16:3-33 se explica que Ajab aceptó a Baal, y que incluso construyó un altar para su culto.

31 Se le hizo fácil seguir los malos pasos de Jeroboán hijo de Nabat y tomar por esposa a Jezabel, la hija del rey Etbaal de Sidón; además, adoró y sirvió a Baal, 32 y hasta le construyó un altar y le dedicó un templo en Samaria. 33 Además, hizo una imagen de Asera, con lo que su maldad superó a la de los reyes anteriores a él y provocó la ira del Señor, Dios de Israel.

Los eruditos nos instan (y el redactor deuteronomístico con ellos) a que entendamos la historia de la viña de Nabot dentro de ese contexto (un contexto de creencias religiosas opuestas): o sea, que Jezabel actúa de conformidad con sus creencias religiosas "idólatras", y se apropia de tierras por medios perversos y asesinos. En otras palabras, es posible más de una interpretación del texto, dependiendo del punto de vista desde el que uno considere la narrativa. Quizás nos sintamos interpelados a imaginar las circunstancias en las que un lector con diferentes presupuestos puede entender el texto.

En 1 Reyes 21:2, Ajab solicita a Nabot que le dé su viña, y le dice que él le pagará como corresponda, sea con otro viñedo sea con dinero por el valor de la tierra. Nabot no acepta ni vender ni negociar: "El Señor prohíbe que venda la herencia de mis padres". El Rey Ajab, quien, según relatos anteriores, se "había convertido" al culto de Baal, parece, sin embargo, convencido, por la insistencia de Nabot en que Yahvé le había dado esa tierra de sus antepasados, que él no podrá hacerla suya. La idea de que es Yahvé quien distribuye la tierra, y que la familia debe mantenerla, la encontramos en Números 27:5-11.

Al afirmar que Ajab podría aún adquirir la tierra en virtud de ser el rey, Jezabel demuestra que no respeta la ley de Yahvé y, por el contrario, alega el "derecho" del rey de apropiarse de esa propiedad. Además, como Francis Anderson lo ha hecho notar, aunque el propietario muriese, la herencia -de acuerdo con la Ley- correspondería a la familia. Sin embargo, en este caso, la tierra es simplemente dada al rey. Y es paradójico que Jezabel invoque la ley de la blasfemia para poder matar a Nabot con acusaciones falsas. Nabot es lapidado de conformidad con la ley que se encuentra en Levítico 24:13-16.

Anderson afirma que "los lectores de la historia del asesinato judicial de Nabot en 1 Reyes 21 comparten la indignación del historiador ante esta cobarde atrocidad, y rápidamente suscriben la sentencia de Elías contra Ajab". Llega a decir que "Algunos comentaristas han interpretado con razón el episodio como una confrontación de ideas entre israelitas y cananeos respecto de la realeza, la ciudadanía y la propiedad. Nabot se negó a renunciar a su patrimonio (v. 3); Jezabel pensaba que el rey podía hacer lo que se le antojase (v. 7).”[1]

El texto en nuestro contexto

En este pasaje, el Rey Ajab, con el apoyo de la Reina Jezabel, trata de lograr que Israel se adecue al mundo del mercado, donde la tierra puede ser comprada y vendida en lugar de pertenecer para siempre a una sola familia. Uno de los súbditos del rey, Nabot, le resistió, no ya porque el precio era demasiado bajo ni porque quería quedarse con la viña. La tierra le fue asignada a su clan en el pasado como parte del pacto de los israelitas con Dios en su calidad de comunidad de liberación. Aquí hay dos sistemas económicos que compiten uno con otro: la economía de Yahvé y la economía de Baal. El rey Ajab estaba introduciendo su plan de modernización en nombre de la eficacia, la productividad y la prosperidad. La economía de Baal recomendada por su mujer originaria de Tiro, era una ideología perfecta para impulsar ese plan. Sin embargo, para Nabot, la justicia, la igualdad y la descentralización comunal en la economía de Yahvé, heredada de la comunidad del Éxodo, era una cuestión de fe no negociable.

Aunque esto parece ser una opinión de "sentido común" de la narrativa, basada en una lectura sociohistórica del texto -por ejemplo: Jezabel es "mala" y Elías es "bueno"- Phyllis Trible ha complicado esta polarización al proponer una lectura literaria de este pasaje. Ella indica que aunque los deuteronomistas trazaron líneas muy claras entre los dos personajes contrapuestos, el texto propiamente dicho sigue siendo "maleable..., abierto a nuevas configuraciones”.[2]

Quizá una lectura adecuada del texto nos exigiría que oscilemos entre dos posiciones académicas. Por un lado, Jezabel es la "reina mala" que mata a un hombre inocente para que su marido pueda apropiarse de la tierra que no le pertenecía. Por otro lado, tenemos que ser conscientes de los lentes a través de los cuales leemos el texto. Trible afirma que:

En un contexto en favor de Jezabel, Elías habría sido censurado por matar profetas, por imponer su teología sobre el reino, por incitar a los reyes a hacer lo que ordenaba, y por sembrar la discordia en el país. El epitafio para él podría ser: "Ocúpense ahora de este hombre maldito..." En cambio, Jezabel gozaría de alta estima por haber permanecido fiel a sus convicciones religiosas, por defender las prerrogativas de la realeza, por apoyar a su marido y a sus hijos y por oponerse a sus enemigos hasta la muerte. El epitafio en su caso sería: "Madre mía, madre mía!...". Los opuestos convergen. Género, clase, identidad étnica, religión y tierra: las diferencias producen similitudes que unen lo incompatible.[3]

Así pues, es posible considerar el texto como más complejo de lo que parece ser cuando lo abordamos por vez primera. Debemos examinar nuestras propias ideas en relación con las diversas luchas por tierra y justicia que actualmente tienen lugar en Palestina, en Zimbabwe, en Iraq, y en otros lugares, incluso allí donde los pueblos indígenas tratan de reivindicar su derecho a la tierra que les ha sido usurpada por medios legales "legítimos". Nuestras ideas sobre propiedad, adquisición, necesidad, y derechos de acceso a la tierra, merecen un examen profundo a la luz de este texto. Cualquier conclusión a la que lleguemos deberá evaluarse a la luz de puntos de vista alternativos de nuestros prójimos, de otras comunidades, tradiciones, clases o género. Al fin de cuentas, gracias a la intervención profética de Elías, el rey Ajab impugnó sus propias acciones, se arrepintió de ellas (1 Reyes 21:27) y buscó justicia en la tierra.

Preguntas para reflexión y debate

1.  Lea el texto en su grupo en voz alta. Designen voluntarios que lean las partes del texto que les han sido asignadas (invite a los voluntarios a que se pongan en la piel del personaje).

  • Narrador
  • Ajab
  • Nabot
  • Jezabel
  • Jezrelitas
  • Dios
  • Elías

2. Reflexionen sobre lo que piensan de los temas del texto y describan los rasgos de cada uno de los personajes.

3. ¿En qué forma, en tanto personas o comunidades, actuamos en consonancia con Jezabel, con Elías y con los israelitas en los contextos actuales?

4. ¿Cómo podemos arrepentirnos de forma palpable como individuos, iglesias y naciones por haber confiscado el patrimonio y los derechos de otros pueblos?

5. ¿Es necesario que el movimiento ecuménico sea profético, incluso en el mercado? ¿Qué diferencia existe entre la justicia de Dios y la "justicia del mercado"?

Oración

Dios de vida,

en quien vivimos, nos movemos y somos:

Háblanos con claridad, para que podamos vivir con sabiduría.

Abre nuestros oídos, para que podamos escucharnos unos a otros.

Perdona nuestra confusión y nuestras muchas opciones equivocadas;

Haz que nos arrepintamos cuando nos equivocamos

y danos los medios para renovar nuestra lucha por tu justicia. Amén

La autora:

Sarijini Nadar es profesora asociada y directora del Programa sobre Género y Religión de la Universidad de Kwazulu Natal, Sudáfrica.



[1] Francis Andersen, "The Socio-Juridical Background of the Naboth Incident," Journal of Biblical Literature  (1966),  46.

[2] Phyllis Trible, “Exegesis for Storytellers and Other Strangers,”Journal of Biblical Interpretation 114/1 (1995). 3.

[3] Ibid., 17 -18.