World Council of Churches

Una comunidad mundial de iglesias que buscan la unidad, el testimonio común y el servicio

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P. Jorge A. Scampini - presentación

20 de febrero de 2006

 

Como católico romano, me sitúo ante "Llamadas a ser una Iglesia" de un modo particular. El texto se presenta como una "invitación" dirigida a las iglesias miembros del Consejo Mundial de Iglesias, carácter que no reviste la Iglesia católica, si bien ésta ha desarrollado una importante red de relaciones institucionales con el CMI, en cuarenta años de servicio del Grupo Mixto de Trabajo, y participando en Fe y Constitución y en Misión y Evangelización. No obstante lo peculiar de esta relación, todo lo que se afirma y realiza en el ámbito del CMI hace al "único" movimiento ecuménico, al que la Iglesia católica reconoce como una gracia de Dios y en el que se ha comprometido de manera irrevocable. Por lo tanto, esta invitación causa nostra agitur. Desde este marco de referencia ofrezco mis reflexiones.

  1. Si todo nombre procura expresar la realidad significada, el título -"Llamadas a ser una Iglesia"- expresa una visión de la Iglesia y, en consecuencia, un modo de concebir la meta del movimiento ecuménico. Sin olvidar que se trata de lo que "en este momento del camino ecuménico" es posible afirmar en común "sobre algunos aspectos de la Iglesia", esta visión es ya un criterio de discernimiento que debería permitir al CMI, al inicio de una nueva etapa institucional, evaluar logros, lentitudes e incertidumbres del tiempo transcurrido, y discernir desafíos y fijar prioridades para los próximos años.

  1. El texto de la invitación se ubica en el tiempo y en el espacio ecuménico, marcados ellos por la gracia de Dios, que "transforma el mundo", y la respuesta de las iglesias a ese don. Partiendo de la identidad institucional, expresada en la base doctrinal (n. 1), se recoge luego la comprensión de la unidad como koinonia, asumida en Canberra, y apreciada en ámbito católico por su densidad teológica. Esto se hace sin ocultar lo que queda por delante referente a la comprensión del significado de "la unidad, la catolicidad, así como del bautismo" (n. 2). De hecho, la tensión entre logros ecuménicos y cuestiones que esperan clarificación está presente en el desarrollo de los temas centrales de la invitación: la Iglesia (nn. 3-7), el bautismo (nn. 8-9), y el servicio de la Iglesia en el mundo (nn.10-11).

  2. Al abordar el tema de la Iglesia, la invitación comienza con una confesión de fe. Un modo de expresar que todo lo que se sostiene se inscribe en el dinamismo de una fidelidad al don recibido. En ese contexto aparecen las afirmaciones concernientes a la Iglesia. En cuanto convergencia, lo que afirma la invitación podría suscribirlo un católico. Es cierto que lo haría con la clara conciencia de que la simple enumeración de los elementos que expresan, en su conjunto y totalidad, el misterio de la Iglesia, puede traducirse en modos diversos de comprensión y articulación de esos mismos elementos, dando como resultado diferentes eclesiologías.

  3. Por eso, leyendo el texto y a modo de ejemplo, además de las formuladas en el n. 14, nos podríamos hacer otras preguntas:

  1. ¿Todos podemos afirmar sin más que "la Iglesia como comunión de creyentes es creada -sólo- por la Palabra de Dios" (n. 4)?

  2. ¿Qué entendemos cuando afirmamos que "cada iglesia es la Iglesia católica y no simplemente una parte de ella…" (n. 6)? ¿Nos referimos a cada iglesia "local" o a cada iglesia "confesional"? Y si se trata de cada iglesia local, ¿qué entendemos por tal?

  3. ¿Cuán lejos podremos llegar haciendo presente el ministerio reconciliador de Cristo, sin clarificar el fundamento de ciertas opciones éticas?

  1. En la comprensión de la Iglesia católica, la unidad de la Iglesia como misterio de comunión se expresa por un triple vínculo: el de la profesión de la fe (vinculum smbolicum), el litúrgico-sacramental (vinculum sacramentale) y el jerárquico-social (vinculum hierarchicum). Si los dos primeros vínculos constituyen, fundan y causan la Iglesia, el tercero ejerce un servicio de testimonio y garantiza la continuidad. Para la Iglesia católica esto pertenece a su visión de fe. Por eso las divergencias, a las que alude la invitación (n.14), son escollos reales para la realización de la unidad visible. Esto explica la importancia que la Iglesia católica ha otorgado a los temas referentes a sacramentos, ministerios e Iglesia en los diálogos teológicos.

  2. Quienes están en camino y confían en el Cristo resucitado, hacen memoria y viven en la esperanza. A nivel de la memoria ecuménica es importante señalar que los temas de la invitación -en forma sintética por la naturaleza del texto-, recuerdan estudios de Fe y Constitución -BEM (1982); Confesando la fe común (1991); Iglesia y mundo (1990); Naturaleza y misión de la Iglesia (1998.2005)-; y se relacionan con estudios del Grupo Mixto de Trabajo -La Iglesia: local y universal (1990); El diálogo ecuménico sobre cuestiones morales (1995); Implicaciones eclesiológicas y ecuménicas del bautismo común (2004)-. El reconocimiento del camino recorrido debería convertirse en un renovado compromiso de difusión y profundización de estudios que han sido fruto de un lento y cuidadoso trabajo teológico, con el propósito de favorecer su recepción por las iglesias. Ellos tienen todavía una palabra para decirnos acerca de algunas de las cuestiones que esperan respuesta.

  3. Esas mismas cuestiones me abren a la esperanza de que el don de Dios no será infecundo gracias a la acogida y disponibilidad de las iglesias y del CMI.

  1. De las iglesias, porque a ellas se dirige la invitación, al ser los verdaderos protagonistas en su marcha conjunta, respondiendo a la gracia de Dios; ellas deben reanudar "las conversaciones sobre la calidad y grado de su comunidad y comunión y sobre las cuestiones que aún las dividen", con franqueza y penetración, porque el mismo Dios, "en el amor, llama a su pueblo al discernimiento y a… la plenitud de la koinonía".

  2. Del CMI, porque en el servicio a la causa de la unidad no puede dejar de representar su papel de "instrumento privilegiado" (n.12), y esto de dos modos:

    • Afirmando entre sus prioridades el tratamiento de los temas teológicos que emergen de la presente invitación y apoyando eficazmente la continuidad de los programas que abordan las diferencias "que dividen a las iglesias", -concretamente los estudios de Fe y Constitución referentes a eclesiología, bautismo y antropología teológica-,

    • Asumiendo como Asamblea el presente texto como su propia palabra dirigida a las iglesias. Esto puede marcar un hito en la historia institucional del CMI, colocando las relaciones entre las iglesias miembros en un nuevo estadio, como ocurrió en Nueva Delhi, Nairobi y Canberra, y ofreciendo un servicio a todo el movimiento ecuménico.