World Council of Churches

Una comunidad mundial de iglesias que buscan la unidad, el testimonio común y el servicio

3. Declaración sobre la reforma de las Naciones Unidas

23 de febrero de 2006

El siguiente informe fue presentado ante la Asamblea y recibido por ésta.
Sus resoluciones fueron propuestas por el Comité de Cuestiones de Actualidad y aprobadas por la Asamblea mediante el método de consenso.
Disintieron algunos delegados en la Asamblea tal como se registra en las notas finales.

1. En muchas ocasiones anteriores los órganos rectores del Consejo Mundial de Iglesias han apoyado la función única de las Naciones Unidas y los nobles ideales incorporados en su Carta. El sexagésimo aniversario de las Naciones Unidas y el proceso de reforma emprendido antes de la reciente reunión en la cumbre ofrecen la ocasión para que esta asamblea del Consejo Mundial examine la situación actual del orden internacional y haga un llamamiento a las iglesias miembros para que renueven y fortalezcan su apoyo activo y comprometido a las Naciones Unidas en un momento crítico de su historia. Las iglesias, junto con la sociedad civil más amplia, tienen la responsabilidad de formar a la opinión pública y suscitar la voluntad política para la acción cooperativa multilateral que se necesita para que las Naciones Unidas desempeñen con éxito su misión.

2. Muchos de los "pueblos de las Naciones Unidas" siguen reclamando justicia y paz. Escuchamos este clamor especialmente de los pueblos que viven bajo regímenes de ocupación y opresión, de las víctimas de guerras y conflictos civiles, de los millones de personas desarraigadas, de las poblaciones indígenas desplazadas de sus tierras ancestrales y de quienes padecen el VIH y otras pandemias, el hambre y la falta de agua potable y de acceso a tierras de cultivo. Muchos se han sentido decepcionados ante las limitaciones de la capacidad de las Naciones Unidas para atender a sus reclamaciones. En medio de las sequías, inundaciones, huracanes y graves cambios climáticos, oímos también el clamor de la tierra que gime bajo los efectos de una voraz y brutal explotación de los recursos de la naturaleza.

3. Como cristianos, vivimos en la promesa y la esperanza de que Dios escucha los clamores de los pueblos y los librará de sus sufrimientos. Cuando oramos: "Dios, en tu gracia, transforma el mundo", confiamos en que Dios, por medio del Espíritu que da la vida de Dios, continúa ofreciendo la vida en toda su plenitud. A la vez que oramos, debemos estar dispuestos a actuar para convertirnos en colaboradores con Dios en la transformación de nosotros mismos, de nuestras comunidades y del orden internacional, y para construir una cultura de vida con dignidad en comunidades justas y sostenibles.

4. Cuando se fundaron las Naciones Unidas en 1945, estaban guiadas por el ideal de salvar a las generaciones venideras del azote de la guerra, reafirmar la fe en los derechos humanos fundamentales, establecer las condiciones básicas para la justicia y el imperio de la ley y promover el progreso social y mejores niveles de vida en una mayor libertad. Personas de fe inspiraron estos ideales que, a lo largo de sus 60 años de historia, han constituido la base del sólido apoyo prestado por el CMI a la labor y las aspiraciones de las Naciones Unidas y al principio del multilateralismo.

5. Después del final de la Guerra Fría y con la rápida difusión de la globalización, las Naciones Unidas se encuentran en una coyuntura crítica. Por una parte, los complejos problemas mundiales exigen una respuesta cooperativa y multilateral. Nunca antes de ahora se había visto tan claramente que cada uno de los Estados no puede, por sí solo, afrontar los desafíos de las enfermedades transmisibles y la degradación ambiental, la corrupción y el crimen organizado, la proliferación de armas y la amenaza del terrorismo. Por otra parte, esta misma situación ha dado lugar a nuevos temores, a sospechas mutuas e incluso a actos de violencia indiscriminada que inducen a refugiarse tras barreras de exclusión o a apresurarse en adoptar medidas unilaterales creyendo que es lo más eficaz.

6. Las Naciones Unidas se basan en el compromiso de los gobiernos de actuar unidos y de forma solidaria unos con otros. Las Naciones Unidas, a pesar de sus debilidades y de la falta de cooperación de los gobiernos a través de este foro, son todavía el mejor instrumento con que contamos para responder a los desafíos actuales. En sus 60 años de historia, las Naciones Unidas y sus organizaciones especializadas han sido capaces de fortalecer el imperio de la ley en el ámbito internacional, resolver muchos conflictos (p. ej. en Camboya, Timor Oriental, Namibia y Liberia), reasentar a millones de refugiados, elevar el nivel de alfabetización, introducir la atención primaria de salud y responder a innumerables emergencias, así como a catástrofes naturales y de origen humano. La adopción de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), así como los compromisos para la financiación del desarrollo y acuerdos recientes sobre la cancelación de deudas impagables e ilegítimas, son indicadores de que este compromiso en favor de la acción multilateral está todavía vivo.

7. Sin embargo, la nueva situación mundial obliga a las Naciones Unidas y a sus Estados miembros a empeñarse en un profundo proceso de reforma con el fin de mantener su capacidad para responder al mandato fundamental de las Naciones Unidas y a las aspiraciones de los pueblos del mundo. El proceso de reforma debe seguir adelante trascendiendo el marco de la organización de las Naciones Unidas, para llegar a crear un marco viable de buen gobierno mundial basado en el principio del multilateralismo.

8. Un logro importante de la cumbre fue el reconocimiento de que la consecución de la paz y seguridad, el desarrollo y la justicia social y económica y la aplicación de los derechos humanos están inseparablemente unidos. Estos tres pilares deberían servir como marco fundamental y orientación normativa para el proceso continuo de reforma. De hecho, para la población de base siempre ha resultado evidente que no puede haber ninguna seguridad en una situación de privación absoluta; que el desarrollo económico a expensas del reconocimiento de los derechos humanos, en particular de los derechos de los marginados, las mujeres, los niños, las poblaciones indígenas y las personas con diferentes discapacidades, no contribuye a la causa de la justicia social; y que, sin una seguridad humana básica y sin la satisfacción de las necesidades humanas, la afirmación de los derechos humanos pierde todo su significado.

9. Este reconocimiento de la vinculación entre los tres pilares influye en la forma en que concebimos y enfocamos la acción en los sectores de la seguridad, el desarrollo y los derechos humanos. Reafirmamos la declaración de la asamblea del CMI en Vancouver (1983): "Ninguna nación puede pretender estar segura mientras se sigan desdeñando o negando los derechos legítimos de otros a la soberanía y la seguridad. Por ello, solamente se conseguirá la seguridad como una empresa común de las naciones, pero la seguridad es también inseparable de la justicia. Es preciso, pues, reforzar el concepto de ‘seguridad común' de las naciones con el concepto de ‘seguridad de las personas'. La auténtica seguridad de las personas exige el respeto de los derechos humanos, incluido el derecho a la autodeterminación, así como la justicia social y económica para todos dentro de cada nación, y un marco normativo que la garantice". (Gathered for Life, 134). Se volvió a subrayar esta posición en Harare (1998) en las declaraciones sobre derechos humanos y globalización. "Los derechos humanos constituyen el fundamento esencial de una paz justa y duradera. Su inobservancia conduce con frecuencia a conflictos y guerras… Es urgente aprender las lecciones del pasado y establecer mecanismos de intervención rápida cuando aparecen las primeras señales de peligro."(Juntos en el Camino 3.13).

10. El hecho de que el documento final de la Cumbre Mundial de las Naciones Unidas de 2005 reconozca el vínculo inseparable entre los tres pilares de la seguridad, el desarrollo y los derechos humanos, demuestra los esfuerzos decididos por fortalecer la coherencia orgánica y normativa del sistema de las Naciones Unidas a través de las fronteras y entre las distintas instituciones especializadas, intereses y sectores.

11. En comparación con las expectativas suscitadas y las necesidades percibidas, el resultado de la Cumbre Mundial de las Naciones Unidas de septiembre de 2005 fue decepcionante. Si bien se consiguieron logros importantes en el sector de la seguridad, con la aprobación del principio de la "Responsabilidad de Proteger" como obligación normativa, y con el compromiso de adoptar un enfoque más coherente en la prevención de conflictos y en el establecimiento de la paz después de los conflictos, mediante la creación de la Comisión de Consolidación de la Paz, no se llegó a ningún acuerdo sobre el desarme y la no proliferación de armas. Con respecto al terrorismo, la cumbre no fue capaz de llegar a un acuerdo sobre una definición internacional clara, que, de una vez por todas, impida poder justificar los ataques contra civiles por fines políticos, y limitó la cooperación a los servicios de información, policía y militares sin llegar a abarcar la cooperación en la erradicación de las causas radicales. También terminó en un callejón sin salida la propuesta altamente politizada de reforma y reconstrucción del Consejo de Seguridad.

12. Aunque, en relación con el desarrollo, el documento final de la cumbre reforzó los compromisos para con los Objetivos de Desarrollo del Milenio y los objetivos de pleno empleo y trabajo decente, no se contrajeron nuevos compromisos sobre la ayuda, el alivio de la deuda o el comercio. Al no hacerlo, los dirigentes mundiales desaprovecharon la oportunidad de reconocer la urgencia de la acción en esta esfera. El CMI fue la primera organización en proponer la cifra del dos por ciento de la renta nacional como objetivo para la asistencia oficial al desarrollo. Es vital que las iglesias miembros de países donantes continúen defendiendo decididamente ante sus gobiernos y su público la necesidad de mantener o elevar la ayuda para alcanzar el objetivo del 0,7 por ciento del PIB fijado por las Naciones Unidas, sin exigir condiciones económicas perjudiciales. La aplicación de políticas comerciales más justas y una reducción más rápida y sustancial de la deuda oficial permitirán avanzar en el desarrollo y la reducción de la pobreza para alcanzar los ODM e incluso superar estos objetivos que, aunque importantes, son limitados.

13. El acuerdo de duplicar los recursos y aprobar un nuevo plan de acción para la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos es un paso importante. El nuevo Consejo de Derechos Humanos, si se le asigna una función preponderante en la estructura de las Naciones Unidas y se le dota de instrumentos apropiados, ofrece la posibilidad de mejorar los Mecanismos de Derechos Humanos. Aunque la Comisión de Derechos Humanos desempeñó una función eminente en la elaboración de normas fundamentales sobre los derechos humanos, ha fracaso en gran medida en lograr su aplicación, fracaso que se acentúa en el contexto actual de la "Guerra al terror", que ha minado gravemente el imperio de la ley en el ámbito internacional y, en particular, el respeto de las normas sobre derechos humanos. La resistencia de algunos países a ratificar el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional es otro ejemplo del menoscabo progresivo del imperio de la ley en el plano internacional.

14. Las organizaciones no gubernamentales desempeñan una importante función proporcionando a las Naciones Unidas información fundamental, vigilando los procesos de adopción de decisiones, creando oportunidades para hacer oír la voz de la base, frecuentemente de víctimas de políticas internacionales, y contribuyendo a superar actitudes de raquítico egoísmo y a promover el espíritu del multilateralismo. Las iglesias están llamadas a continuar e intensificar sus esfuerzos encaminados a desempeñar su papel en esta tarea decisiva de interpelar a las Naciones Unidas y hacer que ellas y sus estados miembros rindan cuentas de sus decisiones y políticas. Las religiones y las organizaciones religiosas no cumplen todavía plenamente la función única que pueden desempeñar para resolver conflictos y trabajar en favor de la paz, los derechos humanos y la terminación de la pobreza. Es urgentemente necesario que las Naciones Unidas y sus estados miembros fortalezcan la capacidad de aprovechar la interacción creciente entre religión y política. También es urgentemente necesario que las iglesias y el CMI refuercen sus propias capacidades para mantener y mejorar su colaboración con las Naciones Unidas.

15. La prueba real de cualquier avance en este proceso de reforma será si contribuye o no a que, para la población de base, aumenten las probabilidades de vivir con dignidad en comunidades sostenibles. Es éste el contexto privilegiado en el que pueden trabajar y dar testimonio las iglesias. Se les encomienda un mensaje de vida y esperanza que puede disipar sospechas y conjurar temores y liberar a las personas para que cobren fuerzas y confianza en su capacidad de transformar sus propias vidas en comunidad.

Resolución:

La Novena Asamblea, reunida en Porto Alegre, Brasil, del 14 al 23 de febrero de 2006:

a) Aprueba la declaración sobre la Reforma de las Naciones Unidas, para lograr el objetivo de unas Naciones Unidas más eficaces dedicadas a la consecución de la paz mundial con justicia.

b) Reafirma la dedicación del Consejo Mundial de Iglesias y sus iglesias miembros a los principios y fines de las Naciones Unidas, su Carta y su función de implantar el imperio de la ley y elaborar normas y reglas de comportamiento de los Estados que contribuyan a la seguridad y bienestar de todas las personas. La eficacia de las Naciones Unidas depende de una adopción de decisiones democrática, responsable y sin exclusiones, que no margine a los miembros pequeños, menos poderosos y económicamente desposeídos, mientras que el éxito de la reforma de las Naciones Unidas se juzga en términos de su capacidad para cambiar la situación de las personas de la base, promover cambios positivos prácticos y mejorar su bienestar integral. Reafirma asimismo la voluntad del CMI por estar presente y visible en las Naciones Unidas.

c) Alienta a las iglesias a que insten a los Estados miembros a cooperar activamente con las Naciones Unidas y a cumplir sus compromisos para la financiación de la Organización asegurando que la Organización y sus organismos cuenten con personal y fondos adecuados para cumplir su mandato.

Sobre la seguridad

d) Apoya los cambios en la composición del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que lo harían geográfica, política y culturalmente más representativo del mundo de hoy y fomentarían métodos de trabajo y procesos de adopción de decisiones que permitan dar respuestas justas, eficaces y oportunas a las necesidades de las personas vulnerables y eviten el estallido de conflictos violentos. Todos los miembros actuales del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y los que aspiren a serlo deberían observar cabalmente el Tratado de No Proliferación Nuclear.

e) Acoge con satisfacción el establecimiento de la Comisión de Consolidación de la Paz como medio para desarrollar medios nuevos y apropiados de responder a conflictos civiles. La Comisión de Consolidación de la Paz debería adoptar y hacer suyos unos principios y prácticas de consolidación de la paz que pongan de relieve el protagonismo local en los procesos de pacificación y mantenimiento de la paz. Deberán promover también la plena participación de las mujeres (de conformidad con la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas), los grupos marginados, las poblaciones indígenas, las personas con diferentes discapacidades y los jóvenes. Al mismo tiempo, es preciso fortalecer los actuales foros y mecanismos de desarme y hacerlos más eficaces para avanzar hacia el logro de los objetivos mundiales ya acordados de la eliminación de las armas nucleares y del control de las armas convencionales y las transferencias de armas.

Sobre el desarrollo

f) Subraya la importancia de foros elegidos democráticamente, abiertos y responsables, para el debate de cuestiones económicas, sociales y ambientales mundiales y pida que se incremente su importancia en comparación con los foros exclusivos, desequilibrados y reservados. El Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas debería poder celebrar reuniones de ministros de finanzas sobre la gestión macroeconómica mundial, para afrontar más activamente los problemas ambientales integrados en los problemas sociales y económicos y para invitar a las instituciones financieras internacionales a que rindan cuentas. Los compromisos contraídos por los gobiernos para financiar el desarrollo, alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, la cancelación de la deuda y el desarrollo sostenible deberían considerarse obligatorios y debería dotarse a las Naciones Unidas de los instrumentos necesarios para asegurar su cumplimiento.

g) Alienta a las iglesias a trabajar junto con los Estados miembros para hacer de las Naciones Unidas un supervisor mundial de la gestión de los recursos naturales y los bienes públicos mundiales y fortalecer los mecanismos para garantizar que las empresas transnacionales rindan cuentas del cumplimiento de las normas mundiales.

Sobre los Derechos Humanos

h) Recalca que la reforma del ordenamiento de las Naciones Unidas en materia de derechos humanos debe dar lugar a una mejora de la capacidad de las Naciones Unidas para emprender e introducir cambios positivos prácticos en las vidas de las víctimas de la injusticia, la discriminación y la opresión en todo el mundo. Hay que apoyar activamente al sistema de procedimientos especiales elaborado por la Comisión de Derechos Humanos y a los órganos internacionales de derechos humanos establecidos en virtud de tratados, así como a la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y a su oficina, y respetar su independencia y reforzar sustancialmente su capacidad.

i) Insta a los Estados miembros a que eviten la politización de la composición del nuevo Consejo de Derechos Humanos y asignen a éste, dentro del sistema de las Naciones Unidas, un rango que refleje la importancia central de los derechos humanos como uno de los pilares del sistema de las Naciones Unidas. Los miembros del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas deberían demostrar, por medio de sus políticas, acciones y realizaciones en relación con los derechos humanos nacionales e internacionales, un auténtico compromiso en favor de la promoción y protección de los derechos humanos, incluidos los derechos económicos, sociales y culturales. La condición de miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no garantiza, por sí misma, el cumplimiento de este criterio.3

Sobre la participación de la sociedad civil

j) Pide a todos los Estados que garanticen la participación creciente de las organizaciones de la sociedad civil y las comunidades de fe en la labor de las Naciones Unidas a nivel local e internacional, como medio de fomentar la transparencia y rendición de cuentas, y para aprovechar sus valiosas experiencias e información. Debería destacarse esto en particular con respecto a la función de las religiones y organizaciones religiosas en la solución de los problemas de seguridad, derechos humanos y desarrollo y en la creciente interrelación entre la religión y la política.