World Council of Churches

Una comunidad mundial de iglesias que buscan la unidad, el testimonio común y el servicio

1. Declaración sobre América Latina

23 de febrero de 2006

El siguiente informe fue presentado ante la Asamblea y recibido por ésta.
Sus resoluciones fueron propuestas por el Comité de Cuestiones de Actualidad y aprobadas por la Asamblea mediante el método de consenso.
Disintieron algunos delegados en la Asamblea tal como se registra en las notas finales.

1. La Asamblea del CMI se reúne por primera vez en América Latina y desearía, ante todo, expresar su profundo agradecimiento a las iglesias latinoamericanas por haber acogido la Asamblea, al Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI) por su labor en la construcción de la unidad entre las iglesias, y al Consejo Nacional de Iglesias Cristianas del Brasil (CONIC) que invitó generosamente al CMI a celebrar la Asamblea en este país. La presente declaración refleja los problemas y preocupaciones recibidos de las iglesias latinoamericanas. 

2. El tema de la Asamblea "Dios, en tu gracia, transforma el mundo" recuerda las diferentes transformaciones que ha experimentado la región en el transcurso de su historia. Una historia en la que, a lo largo de los siglos, predominan la esperanza, la vida y la alegría como características de la región y signos de la gracia de Dios. Una historia de transformaciones que siguen teniendo lugar incluso ahora. Las elecciones celebradas recientemente en países de América Latina han dado como resultado la elección del primer indígena como Presidente de Bolivia y la elección por primera vez de una mujer como Presidenta de Chile. Estos signos de novedad política en la región siguen a otros cambios que deben interpretarse en el contexto de la historia latinoamericana para discernir la presencia de Dios que renueva toda la creación (Ap. 21: 5).  

Recordando la historia de América Latina

3. Después de milenios de distintas culturas indígenas, en las que, como en las civilizaciones Inca, Maya y Tiwanacota, se alcanzaron altas cotas de desarrollo, la conquista realizada por las coronas de España y Portugal en el siglo XVI configuró una historia reciente común de este continente. Esta historia, con un reconocimiento especial de las matanzas de poblaciones indígenas y la introducción de la esclavitud por los colonizadores, fue recordada especialmente en 1992 durante la conmemoración de los quinientos años de colonización por los europeos. En el siglo XVIII las guerras contra españoles y portugueses abrieron el camino a la libertad para la mayoría de los Estados de América Latina. Posteriormente, durante la primera mitad del siglo XIX, la mayor parte de los países alcanzó la independencia. Sin embargo, esta independencia política dejó a las diferentes naciones en una posición de dependencia económica.  

4. Después de las guerras de independencia, muchos dirigentes políticos han propugnado la unidad de los diferentes Estados latinoamericanos y, durante los últimos doscientos años, se han hecho muchos intentos de desarrollar una unidad latinoamericana. Hoy en día, en el marco de las tendencias políticas mundiales que apoyan la integración regional esta unidad es vital. Las iglesias de la región han afirmado claramente que los actuales esfuerzos para construir puentes entre los Estados deberían basarse no sólo en acuerdos comerciales económicos, sino deberían responder también a las necesidades y derechos de las personas, principalmente de las débiles y vulnerables. De esta forma, el camino hacia la unidad puede ser un signo de la hermandad a la que Dios llama a todos los seres humanos. 

5. Varias voces de la Asamblea señalaron que la lucha por la vida y la dignidad ha sido una experiencia constante del pueblo latinoamericano. A lo largo de la historia han tenido que hacer frente a guerras dentro de los Estados y entre ellos, a confrontaciones, a regímenes autoritarios y a dictaduras, así como a políticas irresponsables aplicadas por gobiernos y empresas multinacionales que han dañado de forma irreparable el medio ambiente. Hay que rendir tributo al testimonio de miles de cristianos y otras personas de buena voluntad que han dado sus vidas por los derechos humanos, la dignidad y el cuidado de la creación. Monseñor Romero de El Salvador, Mauricio López de la Argentina, Chico Mendes del Brasil, Yolanda Céron de Colombia, son algunos de los miles de nombres, la mayoría de ellos desconocidos. La sangre de estos mártires ha contribuido a fertilizar las semillas del Reino de Dios que han dado frutos de solidaridad, vida y democracia.  

Superación de la pobreza y la injusticia

6. La distribución injusta de la riqueza, de los recursos naturales y de las oportunidades ha creado un nivel de pobreza que afecta de forma trágica a la región. Según estadísticas de las Naciones Unidas, ahora, lo mismo que desde hace decenios, más del 40% de la población sigue viviendo en la pobreza, y un 20% vive en la pobreza extrema. No se puede considerar esto separadamente de la ejecución de programas de ajuste estructural, aplicados por los gobiernos por exigencia de instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. La privatización de compañías estatales trajo a corto plazo un alivio y cierto bienestar económico en unos pocos casos, pero en una perspectiva a plazos mediano y largo, muchos consideran que la aplicación de este tipo de políticas ha empeorado la situación de la región provocando enormes crisis económicas a fines del decenio de los noventa y primeros años 2000 en muchos países. Si bien, durante los últimos años, la región parece haberse recuperado de estas crisis al nivel macroeconómico, la pobreza sigue constituyendo un desafío para los gobiernos y las sociedades y un escándalo para las iglesias. Incluso en los países donde la pobreza es relativamente menor, la brecha entre ricos y pobres es enorme y la distribución de la riqueza sigue siendo injusta.  

7. La deuda exterior ha supuesto una pesada carga durante decenios. Las iglesias de la región han afirmado claramente que la deuda es injusta, ilegítima e inmoral, porque fue contraída durante dictaduras, con la complicidad de las instituciones financieras internacionales, y ha sido pagada ya. Sin embargo, la necesidad de continuar pagando el servicio de la deuda ha impedido aplicar políticas sociales eficaces en la mayoría de los países, lo que ha perjudicado gravemente a la educación, la salud y las condiciones de trabajo. Por otra parte, como consecuencia de las crisis económicas, ha aumentado la emigración y millones de latinoamericanos viven ahora en otros países de la región, en los Estados Unidos o en Europa, y las remesas de dinero que envían a los miembros de sus familias residentes en sus países de origen se ha convertido en uno de los ingresos más importantes en algunos países latinoamericanos.  

8. Esta situación económica empeora aún más la exclusión de grupos vulnerables como los pueblos indígenas, los descendientes de africanos y las poblaciones rurales. Los pueblos indígenas siguen luchando por el reconocimiento de derechos indígenas. Los descendientes de africanos, en Brasil, así como en otros países de la región, soportan todavía las consecuencias de la esclavitud que les ha impedido ejercer plenamente sus derechos, ya que siguen padeciendo el racismo, la violencia y la discriminación. En una región donde la pobreza se ha relacionado frecuentemente con problemas de posesión de la tierra, los movimientos de campesinos sin tierras de diversos países, especialmente del Brasil, han reclamado el acceso a la tierra. Las iglesias y el movimiento ecuménico no pueden hacer oídos sordos a la crisis de los pobres y excluidos de la región. La pobreza es inaceptable, tanto más cuanto que la región es extremadamente rica en recursos naturales. La tragedia es que estos recursos se han explotado de forma que se ha destruido el medio ambiente a causa, por ejemplo, de la contaminación de los ríos en extensas zonas. Es más, todo el planeta está amenazado por la deforestación de la región amazónica.  

Sanación de las heridas de la violencia 

9. La violencia sigue constituyendo uno de los principales problemas de la región. Algunos países continúan enfrentándose con las consecuencias de la violencia política. En Colombia, por ejemplo, el conflicto armado entre los protagonistas de la política ha perjudicado en gran medida a la sociedad civil. A causa de este enfrentamiento han muerto millares de personas, en su mayoría inocentes, y hay centenares de miles de desplazados dentro del país. El conflicto ha trascendido las fronteras nacionales y repercute gravemente en los países vecinos. Las iglesias colombianas han intensificado su labor en favor de las víctimas y han reclamado claramente al Gobierno de Colombia y a los grupos armados que busquen una solución negociada al conflicto que traiga la paz con justicia. 

10. Cerca de la región y de las preocupaciones de las iglesias de América Latina, se halla Haití, otro país que ha experimentado una violencia extrema a lo largo de los últimos años y una crisis política debida a factores internos y externos. Pese a la presencia de la fuerza de estabilización de las Naciones Unidas, persiste la violencia, especialmente en Puerto Príncipe. Las elecciones celebradas recientemente, tras muchos aplazamientos, aunque son importantes para el necesario restablecimiento de la democracia en el país, no han traído la paz. Se necesitan aún urgentemente un amplio diálogo nacional y un proceso de reconciliación para sanar las heridas del país. La comunidad internacional debería intensificar su apoyo al pueblo de Haití en su lucha contra la pobreza y para la reconstrucción de instituciones democráticas y el cuidado del medio ambiente. 

11. La dramática situación que se vive en estos países no puede considerarse de forma aislada. Refleja un fenómeno más amplio que afecta a toda la región. La nueva dinámica que el militarismo ha desarrollado durante los últimos años en la región puede llegar a ser más patente con el establecimiento de nuevas bases militares de los Estados Unidos de América en distintos países, como Ecuador y Paraguay. Sin embargo, la influencia de los Estados Unidos en la región no es algo nuevo. Durante decenios, este país ha influido en los procesos de toma de decisiones en la política, la economía y la cultura, ha apoyado dictaduras y regímenes autoritarios y, bajo el pretexto de garantizar la seguridad en el hemisferio, ha formado a militares latinoamericanos.  

12. Dentro del programa de los Estados Unidos de América hacia esta región, Cuba ha constituido un objetivo especial. El bloqueo impuesto en los años sesenta por el Gobierno de los Estados Unidos de América ha continuado afectando gravemente a la población cubana. Este bloqueo, condenado varias veces por el CMI, se ha endurecido durante el actual Gobierno estadounidense. No obstante, Cuba ha conseguido aplicar políticas eficaces en materia de salud, educación y cultura. Se necesita mejorar aún más los derechos civiles y políticos para que el país pueda responder al proceso de transformación económica que se está produciendo. Se necesitan urgentemente espacios para el diálogo entre los distintos sectores de la sociedad y el gobierno. 

13. La violencia se experimenta también diariamente en América Latina en forma de violencia urbana, doméstica, étnica, de género o de la juventud. Las bandas juveniles ("maras") proliferan en la mayoría de los países de América Central. Las iglesias se han enfrentado especialmente con el problema principal de la proliferación de armas ligeras. El Decenio para Superar la Violencia durante 2006 ofrecerá la oportunidad de hacer frente en la región a algunas de las formas de violencia y de aunar los esfuerzos de las iglesias para construir una cultura de paz.  

Lucha por la vida y la dignidad 

14. Los pueblos de América Latina han luchado duramente para construir la paz con justicia y establecer regímenes democráticos. Las víctimas y las organizaciones de derechos humanos, junto con las iglesias, han formado en muchos países la vanguardia de esta lucha. Se debería reforzar el sistema interamericano para contribuir a aplicar el imperio de la ley y afrontar con mayor eficacia las violaciones de los derechos humanos y a la impunidad en varios países. 

15. Asimismo, durante los últimos años muchos países han introducido cambios significativos por medio de elecciones presidenciales, como expresión de una democracia participativa de los pueblos. En muchos casos han sido elegidos candidatos y partidos que han demostrado mayor sensibilidad a las necesidades y los derechos de los pueblos. Nuevos gobiernos se han posicionado de forma más decidida frente a las instituciones financieras internacionales, los acuerdos comerciales y las subvenciones a la agricultura en los países del norte. Se han elaborado políticas internas más respetuosas con los derechos humanos y que afrontan la pobreza y el hambre y otras necesidades sociales. Estos gobiernos han suscitado esperanzas en la región y fuera de ella, si bien no hay que dejar de tener en cuenta las fuertes limitaciones con que se enfrentan y las contradicciones y la corrupción que amenazan a algunos de ellos.  

Acompañamiento de las iglesias a los pueblos de América Latina 

16. El cristianismo fue llevado a la región junto con los colonizadores durante el siglo XVI y los siglos siguientes y no ha estado exento de controversias. En muchos casos, la persecución de quienes no aceptaron la fe cristiana causó miles de muertes durante esos siglos. Pero a lo largo de la historia, la experiencia de fe de los indígenas, los africanos, los mestizos y los descendientes de europeos ha desarrollado un rostro latinoamericano del cristianismo. 

17. Durante mucho tiempo, América Latina ha sido conocida como el continente católico romano Pero la composición del cristianismo ha cambiado con el paso de los siglos. En el siglo XIX, por ejemplo, llegaron a trabajar en el continente las iglesias protestantes y anglicanas y se estableció la iglesia ortodoxa, lo que ha contribuido a construir el tejido social de diferentes comunidades. En los últimos decenios, las nuevas iglesias evangélicas, principalmente las pentecostales, han ido creciendo sistemáticamente y, en algunos países, han llegado a constituir porcentajes importantes de la población. Respondiendo a la necesidad de conceder igual trato a todas las religiones, planteada por muchas iglesias miembros del CMI, se han introducido mejoras en algunas legislaciones nacionales para reconocer todos sus derechos. 

18. El ecumenismo ha contribuido con aportaciones decisivas a la historia de América Latina, sobre todo en tiempos recientes. Las iglesias y organizaciones ecuménicas de la región han desempeñado una función decisiva en la lucha contra regímenes dictatoriales y autoritarios y en la defensa de los derechos humanos en toda la región. El CMI, por medio de diferentes programas, y en particular a través de su Oficina de Recursos de Derechos Humanos para América Latina, y juntamente con el CLAI, ha acompañado de cerca y apoyado a las iglesias y a las organizaciones ecuménicas, de derechos humanos y de víctimas en su labor encaminada a combatir la impunidad, alcanzar acuerdos de paz después de las guerras civiles, fortalecer la democracia y conseguir la reconciliación.  

19. La lucha de las iglesias en favor de la dignidad humana puede remontarse a la defensa ferviente de las poblaciones indígenas realizada por cristianos como Fray Bartolomé de las Casas en el siglo XVI. La lucha por la dignidad humana ha sido uno de los fundamentos de la teología latinoamericana desde siempre. Esta consideración especial de los pobres, los marginados y los excluidos en las distintas sociedades a lo largo de la historia ha sido el fundamento de un enfoque teológico diferente conocido como la Teología de la Liberación. Profundamente encarnada en las luchas sociales de los decenios de 1960 y 1970, esta teología ha ampliado su enfoque más recientemente hacia las dimensiones económicas, ecológicas, de género e interreligiosas. Por ello, el cristianismo latinoamericano, sustentado en esta metodología teológica enraizada en una profunda experiencia espiritual, ha llegado a involucrarse profundamente en la defensa, el cuidado y la celebración de la vida en sus múltiples manifestaciones, reconociendo la presencia de Dios en cada expresión de vida y especialmente en la vida humana. Esta experiencia ha sido un don de Dios a toda la Iglesia.  

Resolución

La Novena Asamblea, reunida en Porto Alegre, Brasil, del 14 al 23 de febrero de 2006: 

a) Aprueba la declaración sobre América Latina. 

b) Aplaude a las iglesias latinoamericanas por su trabajo para superar la pobreza y la injusticia, sanar las heridas de la violencia y luchar en favor de la vida y la dignidad, conceder un trato igual a todas las religiones en la legislación nacional, y les pide que sigan desarrollando su trabajo y reflexión sobre cuestiones como la gracia, la economía, el género, la juventud, la discapacidad, la etnicidad, la ecología y la violencia, como parte de su contribución al movimiento ecuménico y en preparación de la Asamblea del CLAI en 2007.

c) Invita a las iglesias, organizaciones ecuménicas y otros grupos de la sociedad civil a que participen activamente en el "Decenio para Superar la Violencia: las Iglesias en pos de la reconciliación y la paz", que este año se centra en América Latina. 

d) Insta a las iglesias miembros y al personal del CMI para que fomenten el intercambio con las iglesias y organizaciones ecuménicas de América Latina y busquen formas nuevas de interacción con las iglesias y pueblos de la región. 

e) Alienta a los pueblos de América Latina a que sigan luchando para construir nuevas sociedades en las que se respete la dignidad de toda la creación y se preste especial atención a las personas más vulnerables y excluidas, incluidos los pueblos indígenas y los descendientes de africanos, y a que compartan sus visiones, preocupaciones y experiencias con los pueblos de otras regiones. 

f) Pide a los gobiernos latinoamericanos a que intensifiquen su labor encaminada a lograr una integración más eficaz de la región para afrontar los desafíos del mundo actual; busquen políticas eficaces para superar la pobreza, la injusticia y la degradación del medio ambiente; fortalezcan el imperio de la ley y el respeto y promoción de los derechos humanos y la dignidad humana, y continúen buscando formas de reforzar la democracia en sus países.  

g) Apremia a la comunidad internacional, los Estados y las instituciones financieras internacionales a que reconozcan la ilegitimidad de la deuda exterior que pesa sobre la región y a que revisen los fundamentos de los acuerdos de libre comercio, para responder eficazmente a las necesidades de la población y a las preocupaciones expresadas recientemente por las iglesias de la región con respecto a las consecuencias para los derechos de los campesinos, los trabajadores y las comunidades, el medio ambiente y la participación de los ciudadanos.