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detail of the tapestry in the ecumenical center, Geneva
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Introducción

El metodismo surgió como un movimiento de renovación o de misión desde dentro de la Iglesia de Inglaterra. Por tanto, cuando los metodistas celebran el Día de la Ascensión, conservan fácilmente la tradición litúrgica anglicana o toman la liturgia de otras tradiciones protestantes. Sin embargo, algunas ramas de metodismo temprano toman una dirección más carismática o “primitiva” y, haciendo énfasis en la predicación evangélica y la oración improvisada, tienden a sospechar de las liturgias escritas, los leccionarios, el sacramentalismo y quizá incluso de la “tradición” misma. Una tradición que une a todos los metodistas es el canto de la fe, que confiere a los himnos un lugar importante para permitir el culto digno y articular el contenido de nuestra fe.

Los Hymns on the Great Festivals and Other Occasions de Charles Wesley de 1746 incluyen tres himnos sobre la natividad, cuatro sobre la crucifixión, tres sobre la resurrección, tres sobre la ascensión y tres sobre el Pentecostés. La cruz fue esencial para la fe y los himnos de Wesley pero, quizá sorprendentemente, tuvo una tendencia a tratar la resurrección de Cristo como secundaria en relación con la ascensión de Cristo – o tal vez consideró la elevación del Señor del sepulcro y hasta el cielo como dos aspectos de una procesión triunfal.

Aquí se presentan algunas líneas de Charles Wesley que expresan la fe y la teología en himnos de resurrección y ascensión que se cantan a menudo actualmente en iglesias metodistas:

Jesús salvador reina,
El Dios de verdad y amor.
Cuando expió nuestros pecados,
Tomó su trono en las alturas.
(Del himno “Rejoice the Lord is King”)

Volamos hoy a donde Cristo nos guía, ¡aleluya!
Siguiendo a nuestro líder exaltado, ¡aleluya!
Hechos como él, como él nos alzamos, ¡aleluya!
Son nuestros la cruz, el sepulcro y los cielos, ¡aleluya!
(Del himno “Christ the Lord Is Risen Today”)

Él, que recibe los altos cielos, que aún ama la tierra que deja;
Él, que regresa a su trono, clama aún que la humanidad es suya.
¡Miren! ¡Levanta sus manos! ¡Miren! ¡Muestra su diseño de amor!
¡Oigan! ¡Sus labios llenos de gracia bendicen la Iglesia abajo!
Aún ruega su muerte por nosotros. Imperante, intercede.
Cerca de Él prepara nuestro sitio, precursor de la humanidad.
(De “Hail the Day that Sees Him Rise”)

Pasaje de la Biblia: Efesios 4:1-16

Por eso yo, prisionero en el Señor, les exhorto a que anden como es digno del llamamiento con que fueron llamados: con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándose los unos a los otros en amor, procurando con diligencia guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como han sido llamados a una sola esperanza de su llamamiento. Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos quien es sobre todos, a través de todos y en todos.

Sin embargo, a cada uno de nosotros nos ha sido conferida la gracia conforme a la medida de la dádiva de Cristo. Por esto dice:
“Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad y dio dones a los hombres.”

Pero esto de que subió, ¿qué quiere decir, a menos que hubiera descendido también a las partes más bajas de la tierra? El que descendió es el mismo que también ascendió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, y a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos alcancemos la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, hasta ser un hombre de plena madurez, hasta la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Esto, para que ya no seamos niños, sacudidos a la deriva y llevados a dondequiera por todo viento de doctrina por estratagema de hombres que, para engañar, emplean con astucia las artimañas del error sino que, siguiendo la verdad con amor, crezcamos en todo hacia aquel que es la cabeza: Cristo. De parte de él todo el cuerpo, bien concertado y entrelazado por la cohesión que aportan todos los ligamentos, recibe su crecimiento de acuerdo con la actividad proporcionada a cada uno de los miembros para ir edificándose en amor.

Reflexión

Si usted está siguiendo este estudio en grupo (especialmente en grupo ecuménico) quizá tenga el deseo de proyectar y proteger su identidad o la identidad de su grupo, además de “tener la razón”. Esto sería resistirse y frustrar el mensaje de la escritura. No se precipite a leer lo que tengo que decir acerca de este pasaje antes de dedicar un tiempo a disfrutar y saborear lentamente la palabra de Dios con ayuda del Espíritu Santo. Existe el riesgo de precipitarse, queriendo respuestas o una comprensión intelectual, y de intentar definir o controlar la palabra de Dios. En cambio, con una apertura vulnerable al movimiento del Santo Espíritu de Dios, lea el pasaje lentamente, varias veces. Entonces, quizá, léalo de nuevo en una traducción diferente o en otro idioma, si habla una segunda lengua. Lea lo que viene antes y después de esta corta sección. ¿Qué palabras o frases resuenan en usted? ¿Dónde siente un movimiento en su espíritu? Pedimos a Dios que abra los ojos de nuestro corazón (Efesios 1:18) para que comprendamos el inmenso alcance de su amor y de su gracia hacia nosotros, y para que nos llene con la plenitud de Cristo. Debemos acercarnos con humildad y temor para entrar en este misterioso plan de dios, que surge del amor de Dios y se cumple en la unidad.

El mensaje de Efesios se puede resumir de manera muy simple en dos partes principales. Los primeros tres capítulos exponen el misterioso plan de Dios para traer la reconciliación y la unidad, terminar con la división y la alienación, y unir todas las cosas en Cristo. La segunda mitad de la epístola nos exhorta a vivir su llamado. Contiene un llamado para cada cristiano a reconciliarse y unirse, pero también para toda la iglesia a mostrar al mundo una encarnación de esta reconciliación y unidad. La ascensión de Cristo es un signo central y dinámico de la unidad del cielo y la tierra por la que Cristo “eleva” lo humano y lo terrestre al corazón de Dios e induce el movimiento prometido de lo celestial hacia “abajo”, a los corazones humanos, a través del envío del Espíritu Santo.

El ascenso y el descenso figuran como movimientos de Dios y del pueblo de Dios en la Biblia. Para el pueblo de Dios, estos pueden ser movimientos físicos (hacia arriba o abajo de una montaña), litúrgicos (subir al propiciatorio) y espirituales (la visión que Pablo tuvo del paraíso [2 Corintios 12:4]). No obstante, estos movimientos son primeramente de relación, y no tanto espaciales, e indican alienación o reconciliación, exclusión o aceptación. Se anhelaba el Mesías y apareció Jesús como el que cerraría esta brecha de una vez por todas.

En vez de comprender la ascensión como el clímax de la misión de expiación de Jesús, y como signo visible de esta reconciliación entre el cielo y la tierra, algunos han rechazado una interpretación muy literal de la ascensión (como Jesús volando hacia las estrellas). Los racionales escépticos tienen a sentirse condescendientemente superiores, pero sin la humildad adecuada ante el misterio de la creación de Dios. La cristiandad occidental ha recibido algunos golpes “de cabeza” por abundar en argumentos en pugna (¿vientos de doctrina?) mientras evitan la sabiduría espiritual y el discernimiento del corazón. En paralelo, puede existir la sospecha inútil de todo lo “corpóreo” y con ella nos perdemos de la buena noticia de que Jesús tiene una resurrección corpórea y una ascensión corpórea. Lo celestial y lo terrestre son dos aspectos o dimensiones distintas de la buena creación de Dios.

En la Isla de Man, tenemos la tradición celta de “espacios delgados”: lugares en donde no parece haber distancia alguna entre el cielo y la tierra; lugares donde el velo o el muro entre dos dimensiones es tan delgado que percibimos la consumación de esta unión entre el cielo y la tierra. Estos lugares están a menudo a los márgenes o lugares de transición, donde la tierra se encuentra con el mar (acantilados o costas), donde la tierra se encuentra con el cielo (colinas y montañas) o donde el agua brota de la tierra (manantiales, cascadas y quizá también pozos). En algunos de estos lugares podemos sentir los restos de los keeill: capillas pequeñas, celdas o ermitas.  Los keeill, en su mayoría aislados o inaccesibles, se construyen para una vida de oración y no para recibir o atraer multitudes. Por ejemplo, Lag ny Keeilley (Hondonada de la Capilla) está anidado en una cornisa donde la “Colina del Día Naciente” (Cronk-ny-Irree-Laa) cae al mar. Se dice que los manes antiguos pegaban sus oídos al suelo para escuchar los sonidos del infinito (Sheean-ny-Feaynid).

Esto me hace preguntar si los humanos pueden convertirse en “espacios delgados” ya sea individualmente, como “cuerpo” o como iglesia. Quizá se haya dado cuenta mientras lee el Nuevo Testamento que los discípulos habitan los evangelios y la iglesia temprana en Actos, pero en las epístolas, los discípulos desaparecen y se convierten en “hermanos y hermanas” con un llamado a ser  “santos”. La ascensión es, de nuevo, un punto de inflexión. Los creyentes ya no pueden seguir a Jesús porque está ausente de la tierra y ha sido entronizado como Señor. Jesucristo es el Señor, pero no está lejos de nosotros porque llena todas las cosas (Efesios 4:10), incluyendo los santos (nosotros) por obra del Espíritu Santo. Estamos llamados a edificar juntos la espiritualidad en una morada para Dios (Efesios 2:22) y a alcanzar la medida de la estatura de Cristo (Efesios 4:12-14). Me parece que, entonces, si encontramos la unidad en Cristo, la “unicidad” que se describe en los versos 4 a 6, nosotros mismos podemos convertirnos en “espacios delgados” donde las dimensiones chocan y el cielo besa la tierra.

Preguntas para seguir reflexionando

  1. El pasaje comienza exhortando a soportarse en amor los unos a los otros (v. 1) y termina con la edificación del cuerpo en amor (v. 16). La psicología social nos dice que la mente humana trabaja para categorizar a las personas y cosas en grupos. De manera inconsciente acentuamos las diferencias entre grupos y comparamos y completamos para sentirnos bien con nosotros mismos. Esto está en las raíces de muchos de los conflictos del siglo XXI y motiva todas las formas de discriminación y explica el fracaso de honrar la igualdad del valor y la dignidad de todos los humanos. ¿Nuestros conflictos confesionales nos descalifican para señalar la viga en el ojo de los demás?
  2. Si este llamado a la unidad es tan fundamental en nuestro llamado y nuestras aspiraciones, ¿por qué Dios no es glorificado con la unidad visible y real del cuerpo de Cristo en la tierra? Obviamente no falta nada en el amor desbordante y los dones de gracia que ya hemos recibido en Cristo. Entonces ¿qué impide la unidad de la iglesia?
  3. El verso 12 habla acerca de capacitar a los santos para la obra del ministerio; un ministerio de unidad. Este es en gran medida un trabajo en comunidad. Podemos interpretar en el verso 11 una jerarquía de dones, pero el propósito y objetivo de todos los dones es capacitar y edificar santos juntos para la unidad y la madurez en Cristo. Esto nos invita a reconocer el ministerio de cada cristiano y a reconocer un ministerio compartido. A cada uno se le da la gracia (v. 7). ¿Cómo motiva su tradición el ministerio de todo el pueblo de Dios? ¿Quiénes son los apóstoles, maestros/as, etc.? ¿Pudieran ser personas que no son sacerdotes, pastores o teólogos? ¿Los maestros que necesitamos pudieran ser, por ejemplo, personas indígenas? ¿Podemos escuchar las profecías de santos pasados por alto que están en las bancas?
  4. El cuerpo de Cristo es una gran imagen de unidad y diversidad. ¿Puede usted jugar con esta imagen y explorar su significado no solo para su comunidad cristiana congregada específicamente, sino para toda la casa de Dios? En este pasaje vemos el primer esbozo de una comprensión de la naturaleza trina de Dios; la unión y diversidad de Dios. ¿Podemos experimentar la trinidad de Dios (del alemán Dreifaltigkeit) como invitación a unirnos al círculo de la danza de Dios (del griego Perichoresis) y no como una invitación a la argumentación doctrinal? Como dijo la bailarina Isadora Duncan “Si pudiera decirle lo que significa, no tendría sentido bailarlo”.
  5. La elevación de lo humano y lo material al cielo, y el anhelo de la consumación final del cielo y la tierra, tiene importantes implicaciones para nuestra relación con el planeta y todo el orden creado. Si Dios va a incinerar el mundo al final de los tiempos, ¿qué sentido tiene cuidarlo ahora? Si los cuerpos son “desechables” podemos tratarlos con menosprecio. Pero ¿qué pasa si Dios está “en todo” y Cristo ascendido “llena todas las cosas”? ¿Qué diferencia hace si sabemos que cada cicatriz que provocamos a la tierra será incorporada en la nueva creación?

Oración

Por esta razón doblo mis rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra.

Oro a fin de que, conforme a las riquezas de su gloria, les conceda ser fortalecidos con poder por su Espíritu en el hombre interior para que Cristo habite en sus corazones por medio de la fe de modo que, siendo arraigados y fundamentados en amor, ustedes sean plenamente capaces de comprender, junto con todos los santos, cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa todo conocimiento para que así sean llenos de toda la plenitud de Dios.

Ahora a él, quien por el poder que obra en nosotros puede lograr mucho más que todo lo que pudiéramos pedir o imaginar, a él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús para todas las generaciones, por siempre y para siempre. Amén. (Efesios 3).

Himno: “Una familia humana que Dios ha creado”

Una familia humana Dios ha creado,
para cuidarnos unos a otros.
Un mundo, que es hogar de todos,
con toda su riqueza por compartir.
Un Cristo para mostrar en la tierra
el último diseño de amor.
Una Iglesia para conocer el misterio
del pan y el vino repartidos.

Una carrera, un mundo, aunque separado,
Rechazamos el camino del amor.
Pero Cristo dirige siempre adelante,
Y llama a su Iglesia a moverse
Del amor del poder al poder del amor,
Para dar el mundo a todos,
y confiar en el amor que venció la muerte,
Fuera de las murallas de la ciudad.

Y con valentía suficiente para unirnos,
Con aquella gran compañía –
El costo es todo lo que poseemos,
Y somos o esperamos ser –
A la copa amarga del pecado humano,
Para beber con él, que falleció,
Y llevar su amor fuera del muro,
A todos los crucificados.

Clamen por él que nos clama para sí mismo,
Para compartir su dolor y pena,
Para portar las cicatrices que nos impone,
El sello de la creencia.
Como colaboradores del Cristo vivo,
Arriesgándose por el camino que él recorrió,
Con amor milagroso compartimos,
El gozo eterno de Dios. 

Rosemary Wakelin [b. 1932]; Singing the Faith, 687
Publicado con permiso de la autora

Acerca de la autora
Janet Corlett es presbítero de la Iglesia Metodista de Gran Bretaña y vice-moderadora de la Comisión de la Misión Mundial y Evangelización del CMI. Ha trabajado como científica agrícola en India y Zimbabue y como asociada de misión en Honduras. Es originaria de la Isla de Man y su fe tiene sus raíces en la espiritualidad celta de la isla.