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#WCC70: Una historia ecuménica de Australia: El establecimiento de un pacto nacional

#WCC70: Una historia ecuménica de Australia: El establecimiento de un pacto nacional

Manto elaborado para el servicio inaugural del NCCA en 1994. Foto: NCCA

12 de julio de 2018

Versión en español publicada el: 12 de julio de 2018

En 2018 celebramos el 70º aniversario del Consejo Mundial de Iglesias (CMI). Con el fin de crear un animado relato de primera mano de la comunidad ecuménica y de nuestro camino común, las iglesias miembros han aportado historias de las personas, los acontecimientos, los logros e incluso los fracasos que han acentuado nuestra búsqueda colectiva de la unidad cristiana.

Esta historia ha sido escrita por Ray Williamson Oam, cofundador del Centro de Estudios Ecuménicos de Australia.

Las opiniones y los puntos de vista expresados en este artículo son los del autor y no reflejan necesariamente las políticas del CMI.

La iniciativa ecuménica más importante en Australia, después de la formación, en 1994, del Consejo Nacional de Iglesias de Australia (NCCA, por sus siglas en inglés), fue la firma del Documento del Pacto Nacional (National Covenanting Document), en 2004.

Cuando se formó, el NCCA reemplazó al antiguo organismo ecuménico nacional, el Consejo Australiano de Iglesias, haciendo que la Iglesia Católica Romana fuera miembro por primera vez, y también estableciendo contacto con la Iglesia Luterana de Australia, con miras a incluirla como miembro (lo que logró en 1998).

En semejante momento de renovación ecuménica, la recientemente establecida Comisión de Fe y Unidad del NCCA, naturalmente, analizó a fondo la última declaración internacional sobre unidad –la declaración de Canberra–, así como sus implicaciones para la vida de las iglesias de Australia: ¿de qué manera se podía alentar y asistir a las iglesias a materializar en mayor medida el compromiso mutuo que habían adquirido al formar el NCCA?

Koinonia y pacto local

La Comisión también pudo aprovechar algunos conocimientos y experiencias de las alianzas ecuménicas locales de Inglaterra y de los pactos en que se basaban, y así, comenzó a elaborar una propuesta que presentar a las iglesias para formar un Pacto Nacional en Australia. Eso tendría dos efectos: en primer lugar, representaría el compromiso continuado de las iglesias a nivel nacional para dar nuevos pasos hacia expresiones de unidad más visibles, y avanzar hacia una experiencia de comunión (koinonía) más profunda. En segundo lugar, supondría “abrir la vía”, proporcionando un modelo para que las iglesias locales establecieran pactos entre ellas, dado que la naturaleza del acuerdo entre dos iglesias nacionales brindaría nuevas posibilidades, proporcionaría pautas y alentaría a sus congregaciones a pactar juntas a nivel local.

Preguntas para la reflexión

Se reconoció que la elaboración de un pacto nacional llevaría tiempo, y que la Comisión necesitaría el acuerdo de las iglesias para continuar con el proceso. Por lo tanto, la Comisión presentó un informe al Foro Nacional del NCCA de 1996 y solicitó su permiso para enviar preguntas a las iglesias miembros, a fin de que reflexionaran al respecto y aportaran sus respuestas, las cuales servirían como base sobre la que elaborar propuestas concretas para el pacto.

Las preguntas fueron las siguientes:

  • A la luz de la Declaración de Canberra, ¿qué se ha logrado desde la asamblea del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) de 1991?
  • ¿Qué medidas concretas adoptará su iglesia en los próximos cinco años para lograr una unidad más visible?
  • ¿Qué medidas concretas se planteará adoptar su iglesia para lograr ese propósito en los próximos trienios?
  • ¿Qué medidas concretas recomendaría a otras iglesias para alcanzar el mismo objetivo?

En las posteriores comunicaciones con las iglesias se procuró garantizar que esas cuestiones se debatieran al más alto nivel en cada iglesia y se pidió a estas que aportaran sus ideas y consejos, yendo “de lo concretamente práctico a lo más creativamente imaginativo”.

Multidimensionalidad

Las respuestas de las iglesias no fueron numerosas, pero su contenido fue relevante, interesante y, a veces, sorprendente. La Comisión se sirvió de esas respuestas y de otro documento titulado “Ser iglesia en el Queensland rural” como guía para formular un pacto nacional. Quedó claro a raíz de esas fuentes –así como del conocimiento extraído de la diversidad de los pactos locales ingleses– que un pacto para las iglesias australianas debía ser multidimensional. Debía permitir flexibilidad, ser realista en cuanto a las diferentes posibilidades de las iglesias en sus relaciones entre sí en ese momento, de manera que fuera posible que las iglesias entraran en el pacto en aquellas dimensiones de este en que podían estar de acuerdo en ese momento; y que, al mismo tiempo, mostrara a las iglesias la idea de “lo que sería posible si llegaran hasta los límites de lo permisible”.

Una amplia consulta

Por consiguiente, se llevó ante el Foro Nacional de 1998 una propuesta de pacto con esas características, reconociendo que el proceso sería “exigente, requería diligencia y sensibilidad”, pero también que “valdría la pena el esfuerzo dado su potencial para la renovación ecuménica”.  El Foro dio permiso para proceder, en consulta con las iglesias, y alentó a las iglesias miembros a entablar un diálogo entre ellas, respetando las limitaciones y disciplinas de cada una, a fin de producir un documento final a partir del pacto propuesto, para su aprobación por parte del Foro Nacional, tres años más tarde.

Debido a las muchas y variadas posibilidades de cooperación y compromiso entre las iglesias, se las instó a hablar entre sí de una en una durante los meses que siguieron, y para facilitar esos intercambios, se sugirió que el asunto se incluyera inmediatamente en el programa de los diálogos bilaterales nacionales. Por lo tanto, el período de transición estuvo marcado por una amplia consulta que buscaba ofrecer todas las oportunidades posibles a las iglesias para implicarse en el proceso de preparación del pacto. Y en 2001, la Comisión proporcionó otro documento, “La preparación para el pacto”, con objeto de facilitar el establecimiento de más conversaciones entre las iglesias.

Además, para apoyar el proceso de otra manera, la Comisión produjo un vídeo titulado 'Retratos de unidad', que contaba la historia de las alianzas locales existentes y daba otros ejemplos de cooperación en Australia, como un recurso para sensibilizar sobre las posibilidades de establecer pactos locales, y para estimular la imaginación en un momento en que las iglesias, tanto a nivel nacional como local, estaban respondiendo a la invitación de explorar las diferentes opciones para entrar juntas en un pacto multidimensional.

En consecuencia, a medida que se acercaba el Foro de 2001, había una gran expectación en torno al acuerdo sobre el Documento del Pacto nacional. Se consideraba un signo de esperanza, con un gran potencial, así como una forma de ampliar posibilidades para el futuro desarrollo del ecumenismo.

Obstáculos, debate y un punto de inflexión

Pero no era el momento. Muchos de los delegados de las iglesias parecían no saber nada al respecto antes del Foro. No estaban preparados para aceptar el tipo de compromiso que representaba el pacto –de hecho, se evidenció que varias iglesias miembros no habían hecho sus deberes para llegar a comprender plenamente lo que implicaba firmar el pacto. La experiencia destacó la frustración que se puede sentir fácilmente en un consejo de iglesias en cuanto a la comunicación con las iglesias miembros. Es difícil imaginar una forma más exhaustiva en que podría haberse llevado a cabo ese proceso, sin embargo, en el momento crucial, muchos de los que representaban a sus iglesias en el Foro Nacional del NCCA desconocían su existencia.

Aunque hubo momentos durante aquel Foro en que parecía que iba a perderse todo el camino andado hacia el pacto, el resultado fue finalmente mucho más positivo. Supuso un punto de inflexión a partir del cual los dirigentes de las iglesias se implicaron más activamente en el proceso; se aprobó la “Declaración de intenciones” –la primera parte del Documento del Pacto– tras un profundo y largo debate, mientras que el resto del documento fue objeto de una extensa, útil y compleja discusión que dio lugar a algunas enmiendas precisas; y las iglesias adquirieron nuevos compromisos maravillosos.

Niveles de compromiso

El documento, tal como estaba entonces, constaba de tres partes: la Declaración de intenciones; las Cinco dimensiones del compromiso; y el Compromiso futuro de seguir buscando expresiones de unidad más visibles.

La sección central del documento brindaba la oportunidad a las iglesias de entrar juntas en uno o más de los cinco niveles de compromiso:

  1. orar con las demás iglesias y por ellas, y analizar juntas cuestiones de fe;
  2. compartir recursos físicos y no lanzar nuevas iniciativas sin antes discutirlo con las demás;
  3. examinar problemas y estrategias para la misión de forma conjunta y para responder juntas a las necesidades de la comunidad local;
  4. [a] reconocer el sacramento del bautismo administrado en las demás iglesias y materializar ese reconocimiento mediante el uso de un certificado de bautismo común, e [b] invitar y dar la bienvenida a los miembros de otras iglesias a la Eucaristía, en función de las necesidades pastorales; y
  5. seguir trabajando hacia el objetivo de compartir con las demás iglesias un ministerio ordenado mutuamente reconocido.

Segunda revisión por parte de las iglesias

Posteriormente, se volvió a enviar la versión revisada del Documento del Pacto a las iglesias miembros pidiéndoles que examinaran cuidadosamente las partes del documento en que podían aparecer sus respectivos nombres.

Las respuestas, al recibirse de forma gradual, no fueron todas directas. Algunas iglesias necesitaron seguir negociando incluso hasta la víspera del Foro Nacional de 2004. Algunas requirieron que se agregara una nota explicativa en las partes en que había algún asunto que aclarar en relación con una iglesia concreta. Para una de las iglesia, el problema era la noción de 'pacto' ; pero eso se resolvió reconociendo el hecho de que durante un tiempo el documento no se había llamado “Pacto” sino “Las iglesias australianas pactan juntas” (Australian Churches Covenanting Together), lo que pone de relieve la naturaleza continua del proceso y evita toda percepción de que se trata de un acuerdo definitivo y cerrado.

La celebración

Por lo tanto, para cuando el NCCA se reunió en 2004, la aprobación del Documento del Pacto era una formalidad. Los dirigentes de cada delegación de las iglesia miembros (en ese momento eran 15) firmaron la siguiente declaración final en el documento:

“En nombre de nuestras iglesias, afirmamos nuestro compromiso con este proceso de establecimiento de un pacto. En este punto de nuestro viaje hacia la unidad visible, confirmamos las partes de este documento donde aparece el nombre de nuestra propia iglesia, como una señal de lo que podemos acordar hacer juntos”.

La única respuesta posible era una celebración litúrgica, lo que tuvo lugar solo unas horas más tarde. Fue la celebración de un momento muy significativo en la historia australiana del ecumenismo. También fue una buena forma de celebrar el décimo aniversario de la formación del NCCA.

Fue un momento de entusiasmo, pero también, un momento para ser realistas. Algunos aspectos del documento del pacto no hacían más que reflejar iniciativas existentes. Por ejemplo, el reconocimiento mutuo del bautismo no fue una nueva iniciativa; tuvo su origen casi 20 años antes cuando cuatro iglesias, y más tarde seis, alcanzaron tal acuerdo.

Pero otros aspectos sí representaron pasos significativos. Sirviéndonos una vez más del ejemplo del reconocimiento mutuo del bautismo, otras iglesias, concretamente la Iglesia Apostólica Armenia, la Federación Congregacional y dos Iglesias Ortodoxas Bizantinas más, se unieron a ese acuerdo; y la Iglesia Presbiteriana, que aunque no es una iglesia miembro del NCCA y, por lo tanto, no es signataria del documento, es una de las seis iglesias que establecieron el acuerdo en 1988, y aceptó seguir participando en ese reconocimiento mutuo del bautismo. Por lo tanto, de seis iglesias, en la década de 1980, se pasó a diez.

Una señal de esperanza

Fue también un momento de satisfacción, ya que constituyó una señal muy clara de la seriedad con que las iglesias tomaban su membrecía en el NCCA y su aceptación del desafío de buscar expresiones más extensas de su unidad en Cristo. También fue una señal de que el NCCA estaba haciendo bien su trabajo: lo que mide a cualquier consejo de iglesias es lo que es capaz de lograr entre las iglesias para estrechar sus relaciones a fin de expresar su unidad de manera más visible.

Además, ha habido varios indicios del reconocimiento de este documento australiano por parte de la iglesia en general: por ejemplo, durante su visita a Sídney por el Día Mundial de la Juventud en 2008, se señaló a la atención del papa Benedicto, quien le dio el debido reconocimiento público; los consejos ecuménicos de Escocia y de los Estados Unidos han buscado información al respecto; y también ha recibido el reconocimiento del CMI.

Pero lo más importante es que el gran potencial de este Documento del Pacto es el permiso inherente otorgado a las comunidades de las iglesias locales de todo el país para que establezcan sus propios pactos juntas. Por esos motivos, el documento, “Las iglesias australianas pactan juntas” sigue siendo un signo de esperanza en la existencia de una mejor forma de hacer las cosas.

Recepción

Después del Foro, la pregunta clave sobre el documento era en torno a su 'recepción'. ¿De qué manera y en qué medida estaban 'recibiendo' las iglesias el documento? ¿De qué manera y en qué medida estaba incidiendo en la vida de las iglesias miembros, en todos sus aspectos? Se dio por hecho que la Comisión de Fe y Unidad debía asumir la responsabilidad de impulsar y alentar a las iglesias en este proceso de recepción.

Con tal fin, a través del Ejecutivo del NCCA, la Comisión dirigió varias preguntas a las iglesias:

  • ¿Qué medidas están adoptando las iglesias miembros para velar por que el Documento del Pacto se conozca, se adopte y se lleve a cabo en todos los niveles?
  • ¿Qué objetivos ha establecido su iglesia para implementar las dimensiones aprobadas del documento?
  • ¿Cómo han evolucionado las relaciones entre su iglesia y otras iglesias desde julio de 2004?
  • ¿De qué manera pueden las iglesias miembros, reunidas en el NCCA, rendir cuentas entre sí en relación con la aplicación del Documento del Pacto?

Un documento vivo

Muchos se propusieron que el documento no se llenara de polvo en las estanterías del secretario general, sino que siguiera siendo una entidad viva.

Esa determinación estaba clara en la Comisión de Fe y Unidad, que fue perseverante recordando a las iglesias el desafío del compromiso que habían adquirido entre ellas. Hizo presentaciones al Ejecutivo del NCCA y moderó sesiones sobre el establecimiento de pactos y el proceso de 'recepción' en los Foros Nacionales de 2007 y de 2010.

Estas oportunidades se crearon para que los representantes de las iglesias hablaran sobre las consecuencias que había tenido la firma del documento, para animarse los unos a los otros compartiendo informes sobre las distintas respuestas de las iglesias a la invitación de establecer pactos entre ellas a nivel local.

Otra señal de que el documento sigue siendo estando vivo ha sido su crecimiento. Desde 2004, las cuatro nuevas iglesias miembros del NCCA también se han convertido en iglesias 'pactantes', adquiriendo el compromiso como signatarias del documento.

Entonces, ¿cómo debe entenderse “Las iglesias australianas pactan juntas”? Está lejos de ser un acuerdo que podría ser la base para una fusión de dos o más iglesias; y tampoco es el tipo de acuerdo que proviene de la resolución de diferencias teológicas complejas. Más bien, es un instrumento a través del cual las iglesias pueden redefinir sus relaciones mediante una acción mutua decisiva, lo que lleva a una mayor participación en la vida eclesial de las demás iglesias.

El documento ha permitido a las iglesias observar de cerca sus relaciones y sigue ofreciéndoles posibilidades de una acción mutua que marcará las nuevas etapas en el camino ecuménico.

Oración

Dios eterno y amoroso,

nos llamas a establecer un pacto,

para forjar relaciones fiables y duraderas,

contigo y entre nosotros:

por tu gracia, que seamos

constantes en nuestro compromiso con Cristo,

aventureros en nuestra búsqueda de la unidad entre nosotros, y

auténticos en nuestro testimonio de las buenas nuevas de tu amor.

Oramos, en nombre de Jesucristo.

Amén.

 

Más información sobre el 70º aniversario del CMI: http://www.oikoumene.org/es/wcc70

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