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El CMI está muy preocupado por la prohibición de viajar a Israel

El CMI está muy preocupado por la prohibición de viajar a Israel

Una iglesia en Belén. ©Albin Hillert/CMI

09 de marzo de 2017

Versión en español publicada el: 13 de marzo de 2017

El Consejo Mundial de Iglesias (CMI) expresó hoy su profunda preocupación por la nueva ley aprobada el lunes por la Knéset (Parlamento israelí), que según se informa prohíbe conceder visados de entrada a los ciudadanos extranjeros que llaman a boicots económicos, culturales o académicos de Israel o de los asentamientos israelíes en los territorios palestinos ocupados. La ley de entrada a Israel (“Denegación de Visados a los No Residentes que Llaman Deliberadamente al Boicot de Israel”) aparentemente no hace distinciones entre boicotear a Israel en el sentido estricto y boicotear los productos de los asentamientos, que en general se consideran ilegales según el derecho internacional.

“Si son ciertas las noticias sobre su contenido e intención, esta ley es una ley escandalosamente regresiva”, dijo el secretario general del CMI, Rev. Dr. Olav Fykse Tveit. “Supondría una clara violación de la libertad de expresión, que es fundamental para quienes quieren visitar Israel, para quienes tienen que vivir bajo la ocupación, y para quienes quieren acceso a los territorios palestinos. También se trata de una violación significativa de la libertad de religión. Precisamente debido a nuestros principios y enseñanzas cristianos, en el Consejo Mundial de Iglesias encontramos inmoral la compra y el consumo de bienes producidos en los asentamientos israelíes de los territorios ocupados, y es por esta misma razón que muchas iglesias y cristianos de todo el mundo deciden retirar sus inversiones de empresas que se benefician de la ocupación ilegal”.

Tveit observó que, si se aplican de manera estricta las disposiciones de esta ley tal y como se han dado a conocer, “esta nueva legislación tendría como efecto prohibir a representantes de muchas iglesias de todo el mundo entrar en Israel, acompañar a sus iglesias hermanas y a otros cristianos en la región, y visitar los lugares sagrados para los cristianos. Esto puede repercutir en la libertad de religión de muchos cristianos de todo el mundo, y perjudica a los cristianos de Israel y Palestina. Podría significar que yo mismo, como secretario general del CMI, ya no pueda visitar a nuestras iglesias miembros en Israel y Palestina, ni ir a los lugares sagrados”.

El CMI –cuyas 348 iglesias miembros representan a más de 560 millones de cristianos a nivel mundial– ha animado a sus iglesias miembros a que estudien en sus contextos las medidas no violentas adecuadas para oponerse a la ocupación y trabajar por la paz justa en Israel y Palestina según sus propias enseñanzas y principios morales. El CMI mantiene desde hace tiempo la política específica de invitar a las iglesias miembros a que boicoteen los productos de los asentamientos israelíes y reconsideren sus inversiones desde la misma perspectiva, y muchas de ellas han formulado declaraciones y tomado medidas en esta línea.

“El CMI afirma y apoya el derecho de Israel a existir, rechaza categóricamente la violencia como medio para resolver el conflicto, y ha descrito el antisemitismo como un pecado contra Dios”, enfatizó Tveit. “Pero, al igual que las Naciones Unidas y la inmensa mayoría de la comunidad internacional, consideramos ilegal la ocupación de los territorios palestinos por parte de Israel que dura ya cincuenta años. Y, sobre esta base, el CMI ha alentado el boicot de los productos de los asentamientos israelíes en los territorios ocupados, la retirada de inversiones en empresas que se benefician de la ocupación y la inversión en empresas palestinas que pueden estimular la economía local, pero no el boicot general de Israel ni las sanciones en su contra”.

“El CMI persigue la justicia y la dignidad en igual medida para todas las personas, con paz justa tanto para los israelíes como para los palestinos”, prosiguió Tveit, “pero esta ley representa una forma de aislacionismo que no puede beneficiar en nada los intereses de Israel como miembro de la comunidad internacional, y mucho menos los de los habitantes de la región. Es un cambio trascendental de la manera en que Israel se relaciona con el resto del mundo. Espero y oro por que no resulte ser la política y práctica real del gobierno”.

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