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Una declaración conjunta del CMI y de las organizaciones ecuménicas regionales insta a mantener la unión para proteger la vida

Una declaración conjunta del CMI y de las organizaciones ecuménicas regionales insta a mantener la unión para proteger la vida

Fotografía: Albin Hillert/CMI, 2017

26 de marzo de 2020

Versión en español publicada el: 26 de marzo de 2020

En una histórica declaración pastoral conjunta publicada el 26 de marzo, el Consejo Mundial de Iglesias y las organizaciones ecuménicas regionales afirman la urgencia de unirse para proteger la vida, ante la pandemia del COVID-19.

Por primera vez, todas las regiones del movimiento ecuménico alrededor del mundo se unen en torno a un mensaje común que insta al mundo a orar y actuar al unísono para proteger la vida.

“Instamos a las personas de todas partes a conceder la máxima prioridad a hacer frente a esta situación y a contribuir de todas las maneras posibles a los esfuerzos colectivos para proteger la vida”, afirma la declaración.

“En nombre de ese amor, es importante y urgente que adaptemos nuestras formas de culto y de comunidad a las necesidades de este periodo de infección pandémica, a fin de evitar convertirnos en fuentes de transmisión vírica, más que en medios de la gracia”, declararon los dirigentes ecuménicos mundiales.

Quienes también recordaron que “Nuestra fe en el Dios de vida nos obliga a proteger la vida”. “Proclamemos el amor incondicional de Dios de maneras seguras y prácticas que protejan la vida, alivien el sufrimiento y velen por que las iglesias y los servicios públicos no se conviertan en focos de propagación”.

Los dirigentes de las organizaciones ecuménicas mundiales y regionales afirmaron que el distanciamiento físico no significa aislamiento espiritual, y exhortaron a las iglesias del mundo a revisar su función en la sociedad, a través de un ejercicio seguro del ministerio, de la prestación de atención y cuidados a los pobres, los enfermos, los marginados y los ancianos; sobre todo de aquellos que están expuestos al más alto riesgo ante el COVID-19.

Los secretarios generales afirmaron también que “las poblaciones de muchos lugares del mundo se encuentran confinadas en sus hogares. El confinamiento no implica que no podamos compartir una profunda solidaridad espiritual, en virtud de nuestro bautismo en el cuerpo de Cristo, que es uno solo”.

La declaración sugiere orar en casa, dar gracias a Dios y pedirle fuerza, curación y valor. “Podemos demostrar nuestro amor por Dios y por nuestro prójimo en la abstención de reunirnos físicamente para el culto público”, dice el texto. “Muchas congregaciones pueden difundir sus cultos en línea o de forma digital. Además, los miembros y pastores de las congregaciones pueden mantener el contacto y prestar atención pastoral por vía telefónica”.

La pandemia del nuevo coronavirus ha llegado a todas las regiones de nuestro planeta. “Hay miedo y pánico, dolor y sufrimiento, duda y desinformación, tanto sobre el virus como sobre nuestra respuesta como cristianos”, añade la declaración. “Entre los relatos de sufrimiento y tragedia, también surgen historias de pura bondad y de amor extraordinario, de solidaridad; y formas innovadoras y sorprendentes de infundir esperanza y paz”.

Los secretarios generales también instaron a todos a atender las necesidades de las personas más vulnerables del mundo. “En medio de esta grave crisis, elevamos nuestras oraciones a los dirigentes y a los gobiernos del mundo, y les instamos a atender de forma prioritaria a quienes viven en la pobreza, a los sectores marginados de la población y a los refugiados que viven entre nosotros”, concluye la declaración.

Lea la declaración completa

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