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“Fue profético para el CMI centrarse en el cambio climático ya en 1990”

“Fue profético para el CMI centrarse en el cambio climático ya en 1990”

Photo: WCC

09 de marzo de 2020

Versión en español publicada el: 12 de marzo de 2020

Por Martin Robra*

Culto de clausura en el anochecer del 13 de marzo de 1990: Los participantes de todos los continentes y sus anfitriones de las iglesias de la República de Corea celebran los resultados de la Convocación Mundial sobre Justicia, Paz e Integridad de la Creación que tuvo lugar en Seúl durante una semana. En ese culto se congregaron en torno a una cruz y un gran globo que representaba el planeta Tierra, hogar vulnerable de la humanidad.  Luego, pusieron las manos en el globo como señal de reconciliación, sanación y bendición, sosteniéndolo juntos en un equilibrio frágil.

Días antes, habían trabajado duro en la redacción del mensaje final que contenía cuatro pactos y diez afirmaciones, fruto de un proceso plenamente participativo. A pesar de todas las diferencias y tensiones que reflejan la injusticia, la violencia y el quebrantamiento del mundo, lograron llegar a un texto común y en el culto de clausura se comprometieron juntos con esos pactos y afirmaciones.

La convocación mundial fue el evento culminante del “proceso conciliar de compromiso mutuo (pacto) sobre justicia, paz e integridad de la creación” (JPIC) iniciado por la Sexta Asamblea del CMI que tuvo lugar en Vancouver, Canadá, en 1983. Al abordar el tema de justicia, paz y creación como preocupaciones interrelacionadas, en dicho proceso se empezaron a explorar los efectos de la violencia estructural y de la concentración de poder económico, político y militar sobre las personas y la tierra. Las iglesias respondieron a los mayores peligros para la vida que son inherentes al mundo moderno y que se ven aún más agravados por el proceso de la globalización económica que empezó a cobrar forma en el último cuarto del siglo 20.

Al congregar a quienes en las iglesias luchaban por la justicia social, la paz, la ecojusticia, la justicia de género y los derechos humanos, el proceso de JPIC encontró eco en grupos ecuménicos e iglesias del mundo entero. La Primera Asamblea Ecuménica Europea, celebrada en Basilea, Suiza, en 1989, marcó un punto de inflexión en la historia europea. El proceso conciliar infundió energía a la cooperación ecuménica a través de la “cortina de hierro” que dividió el mundo durante la Guerra Fría. También contribuyó a los cambios operados en la ex República Democrática Alemana (RDA) que condujeron a la caída del muro de Berlín meses después de ese mismo año.

Así pues, el éxito de Basilea apoyó las expectativas de que los representantes de las iglesias en Seúl propondrían un llamado a la paz claro e inequívoco. La visión de un consejo ecuménico de la paz remonta al famoso discurso que el teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer pronunciara en 1934 en Fano, Dinamarca. Ahora bien, entonces, el contexto mundial era muy distinto en comparación con aquel del encuentro de Basilea. En Seúl, muchos insistieron en el testimonio común de las iglesias en pro de la justicia. La convocación mundial tuvo que abrazar esa situación y responder a ella.  De ahí que los pactos de Seúl tuvieran por objetivo cuatro preocupaciones vitales para la vida y la supervivencia de la humanidad y de la tierra en formas muy concretas:

-      un orden económico justo y la cuestión de la deuda,
-      cambio climático,
-      racismo y
-      paz y seguridad.

Fue profético para el CMI centrarse en el cambio climático ya en 1990, a pesar de las cuestiones críticas que se planteaban: el foco en el cambio climático no tendría que debilitar el compromiso de combatir la pobreza y la injusticia. La convocación mundial funcionó como una plataforma de diferentes movimientos y luchas sociales por la vida. El Foro Mundial Social –que se reunió por primera vez en 2001, en Porto Alegre, Brasil– representa un enfoque similar a mayor escala. Las diez afirmaciones aunaron las preocupaciones en materia de: I) poder en la política y la sociedad; II) justicia social para los pobres; III) justicia racial para todos; IV) justicia de género; V) verdad y libertad; VI) paz; VII) ecojusticia; VIII) pueblos indígenas, IX) la generación más joven IX) y, por último pero no menos importante, X) derechos humanos. Algunos las consideraron un catecismo social para el nuevo milenio.

El pensamiento y el quehacer ecuménico social se vieron desafiados profundamente por el cambiante contexto geopolítico de los años 90 del siglo pasado. Después de la Séptima Asamblea, celebrada en Canberra, Australia, en 1991, se encargó a la Unidad III Justicia, Paz y Creación del CMI seguir adelante con el proceso de JPIC. Dicha unidad exploró los pactos y afirmaciones de Seúl en el marco de la labor que estaba realizando a través de 22 casos de estudio del Programa de teología de la vida. El impulso de la convocación mundial de 1990 continuó e inspiró el Decenio para Superar la Violencia (2001-2011) y el llamado a la Peregrinación de justicia y paz que hizo la 10a Asamblea del CMI, celebrada en 2013, en Busan, una vez más en la República de Corea. Hasta el día de hoy, el proceso de JPIC sirve como una visión de acción común para aquellos que están preocupados por el futuro de la humanidad y de la tierra.

* Rev. Dr. Martin Robra, ex asesor superior del secretario general del CMI

Más información sobre la labor del CMI en Cuidado de la creación y la justicia climática