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La gran predicadora del Evangelio de Groenlandia

La gran predicadora del Evangelio de Groenlandia

La obispa Sofie Petersen, miembro del Comité Central del CMI, celebra veinticinco años como obispa de la Diócesis de Groenlandia. Todas las fotografías: Claus Grue/CMI

07 de febrero de 2020

Versión en español publicada el: 11 de febrero de 2020

*Por Claus Grue

Aunque le encanta lo que hace, hay momentos en los que la obispa Sofie Petersen siente el fuerte deseo de estar en un lugar distinto a su acogedora oficina diocesana de Nuuk (Groenlandia). Preferiblemente al aire libre, inhalando el frío aire del Ártico ante un paisaje asombrosamente bello donde vagan imponentes osos polares y enormes ballenas se abren paso lentamente a lo largo de la costa entre las aguas cubiertas de casquetes de hielo.

El estilo de vida occidental establecido, con horas de trabajo programadas de manera estricta y agendas apretadas, se ha enfrentado siempre a la fuerte competencia de los instintos y las tradiciones culturales de los inuit. La profunda dedicación a la Madre Naturaleza corre por las venas de los groenlandeses nativos.

“Aquí estamos acostumbrados a salir a navegar cuando el tiempo nos invita a hacerlo, no cuando el reloj nos permite salir del trabajo. Por ese motivo, a veces me pregunto por qué estoy sentada aquí cuando podría estar fuera disfrutando de nuestra bella naturaleza”, dice Petersen.

Disko-Bay

Disko Bay en primavera.

En su opinión, tales anhelos no dependen solo de las diferencias culturales, sino también de los genes.

“Por ejemplo, la naturaleza nos ha enseñado a acumular reservas de energía comiendo alimentos más pesados en el invierno”, ejemplifica.

Estar ahí para la gente

La imposición de las tradiciones y la gobernanza danesas ha tenido un grave efecto en la cultura y los valores inuit que predominan en Groenlandia. Los siglos de dominación colonial han generado alienación e inactividad, que se consideran en gran medida la causa fundamental del alcoholismo y de otros problemas sociales que siguen plagando la isla. Aunque la Iglesia de Groenlandia hace mucho para dar esperanza a las personas marginadas y ayudarlas a salir de la miseria, a Petersen le gustaría hacer más para promover iniciativas locales donde se debatan los asuntos sociales desde una perspectiva bíblica.

“Contamos con un programa diaconal integral para apoyar y facilitar el trabajo voluntario en las congregaciones locales de toda la isla. Intentamos estar ahí para la gente cuando y donde nos necesiten. Sin embargo, la constante escasez de clero, y de otros miembros del personal y voluntarios, hace algunas veces que sea difícil para nosotros utilizar plenamente nuestras asignaciones diaconales. Eso constituye un desafío, especialmente en las zonas rurales”, explica Petersen.

Operar en grandes distancias en un clima ártico, donde no hay carreteras ni vías férreas que conecten los asentamientos, plantea desafíos para los tres decanatos que cubren la isla. A menudo, los helicópteros y los trineos de perros, además de toda clase de barcos, son el único medio de transporte que permite llegar a zonas remotas.

Predicar el Evangelio es, en muchos lugares, tarea de los catequistas, que reciben una formación completa y la autorización de la Diócesis de Groenlandia para realizar tareas pastorales cotidianas que no requieren ordenación. En los lugares donde no hay catequistas, los decanatos emplean a los llamados catequistas-lectores para presentar textos preparados por un pastor ordenado o un catequista en otro lugar. Estos arreglos hacen posible que la Iglesia de Groenlandia cumpla su obligación de reunir a las personas para las oraciones y los cultos de forma periódica, también en zonas poco pobladas.

“Las circunstancias geográficas y demográficas aquí permiten a los pastores ordenados visitar las congregaciones remotas quizá dos o tres veces al año, normalmente para confirmaciones y bodas”, explica Petersen.

Gobernanza en el marco del autogobierno

Como obispa, es la líder espiritual de casi la totalidad de los 56 000 habitantes de Groenlandia. En torno al 98% de sus compatriotas son miembros de la Iglesia de Groenlandia. Desde 2009, cuando Groenlandia obtuvo una considerable independencia de Dinamarca gracias a un referéndum, la Diócesis de Groenlandia se rige por el Gobierno autónomo de Groenlandia, que también la financia en su totalidad. Una nueva ley aprobada en 2010 estableció la oficina diocesana del obispo en Nuuk como el órgano rector y administrativo central de la Iglesia de Groenlandia. A Petersen le complace este acuerdo, que cree que facilita que los procesos de toma de decisiones se desarrollen sin problemas y hace que resulte fácil resolver con rapidez toda clase de asuntos.

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Oficina diocesana en la capital de Groenlandia, Nuuk.

En comparación con Escandinavia, la historia de Groenlandia como sociedad cristiana es más bien corta. El próximo año, se cumplirán solo trescientos años desde que Hans Egede, misionero danés luterano, llegara a las costas para colonizar la isla, encomendado por el rey Federico IV de Dinamarca. Y no fue hasta 1953 cuando se permitieron iglesias de denominaciones distintas a la luterana.

Hacer frente a las diferencias culturales

Las diferencias culturales entre Groenlandia y Dinamarca han tenido impacto en la fe cristiana.

“De donde yo vengo, ser cristiano es universal. En Dinamarca, donde fui a la escuela, estudié Teología y viví diecisiete años en total, ser cristiano es lo mismo que ser danés. Existe una diferencia enorme en nuestra forma de pensar porque el cristianismo siempre se ve influenciado por el contexto en el que está. La cultura está integrada en la fe y la evangelización depende de la teología que sigamos. En Groenlandia, el cristianismo ha reprimido nuestra cultura”, concluye Petersen.

En cierta medida, Petersen cree que todavía sucede hoy en día. Un ejemplo es la indignación que en ocasiones causa entre los cristianos más conservadores que se toque en la iglesia un instrumento inuit tradicional como es el tambor.

“Para algunos, el tambor, y también la flauta, representan el paganismo”, afirma Petersen.

Aun así, la fe cristiana se ha convertido en una parte vital de la vida cotidiana de Groenlandia, a pesar de que la haya introducido la colonización. Las iglesias suelen estar llenas los domingos y la gente disfruta reuniéndose como una comunidad cristiana, orando y cantando himnos en su idioma materno.

“Los groenlandeses suelen relajarse con más facilidad y se reúnen más a menudo. Nuestro estilo de vida es más relajado en comparación con los modos de vida occidentales”, dice Petersen.

Nacida en Maniitsoq en la costa oeste de Groenlandia, y enviada a Dinamarca a los once años para ir a la escuela, se siente afortunada por tener dos patrias.

“Aunque echaba muchas veces de menos mi hogar, vivir en el extranjero me hizo independiente a edad temprana. Me aportó asimismo nuevas perspectivas y me permitió ver las cosas desde ángulos diferentes. Aprendes mucho sobre tu herencia de esa manera, lo cual me ha fortalecido en mi propia identidad”, dice.

Escuchar la llamada de Dios a edad temprana

A los once años, también sabía que quería seguir los pasos de su padre y hacerse pastora cuando creciera. Y que definitivamente quería vivir en Groenlandia. Desde que escuchó la llamada de Dios, ha apreciado cada momento como sierva suya. Predicar el Evangelio y formar parte de una comunidad cristiana en lo bueno y en lo malo ha sido una bendición para ella. Y sigue siéndolo.

“Se trata de ser mirada con el amor de Dios. Se trata de atreverse a compartir algo que nos toca en lo profundo de nuestros corazones. Se trata de reconocer que como seres humanos somos vulnerables y que necesitamos a alguien ahí, a Dios todopoderoso, eso es, para que esté siempre de nuestro lado. Es por eso por lo que llevamos a nuestros hijos al bautismo”, explica Petersen.

En su opinión, la iglesia debe hablar de cosas que importan en la vida cotidiana de las personas. Debe preguntar y desarrollar las preguntas clave, como: ¿qué es realmente lo más importante en la vida?

Desde que la doctrina cristiana ya no es una parte obligatoria del programa de educación de las escuelas de Groenlandia, el conocimiento de la Biblia y del Evangelio entre los niños y los adolescentes ha disminuido. Ese es uno de los múltiples desafíos a los que se enfrenta la iglesia en la actualidad que preocupan a la obispa.

“La comunidad cristiana consiste en entender que eres quien eres por los otros, no por ti mismo. Trata del prójimo. Hoy en día, se cría a los niños para que sean la atalaya en torno a la cual todo lo demás gira. Esa individualización es mala para ellos y mala para la sociedad”, afirma Petersen, que tiene cuatro nietos.

Una vida de compromiso y pasión

Este año, Petersen celebra su 25º aniversario como obispa de la Diócesis de Groenlandia. Su personalidad cálida, su mentalidad abierta, su falta de prestigio y sus genuinos rasgos inuit la han hecho sumamente popular en su país, donde la “obispa Sofie” lleva décadas siendo muy conocida.

Su compromiso de larga data con el movimiento ecuménico la ha convertido en una cara familiar y una dirigente religiosa respetada en el marco internacional, donde es una voz de gran interés en el debate sobre el cambio climático y una firme defensora de un enfoque integral basado en la fe de esa cuestión.

Desde 2006, Petersen ha sido miembro del Comité Central del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), que se reúne cada dos años en calidad del máximo órgano rector del CMI entre asambleas.

“Me siento bendecida por haber tenido la oportunidad de aprender toda clase de cosas diferentes y de participar en una amplia variedad de asuntos pertinentes: todo lo que va de los problemas del calentamiento global a las nuevas traducciones al groenlandés de la Biblia, los rituales y los himnos, de las que estoy especialmente orgullosa. He tenido el privilegio de visitar cada rincón de mi amado país, siendo testigo de lo mucho que significa la fe para los habitantes de Groenlandia. Eso me ha fortalecido en mi propia fe”, explica Petersen.

Después de veinticinco años como obispa, sigue echando de menos trabajar como pastora de una parroquia. Predicar el Evangelio y formar parte de una comunidad cristiana es lo que siempre le ha importado más.

“Predicar el Evangelio siempre es nuestra prioridad como iglesia. Si llega el día en que piensa que puede ir al trabajo y realizar el culto de manera rutinaria para quitárselo de encima, entonces es el momento de retirarse”, dice Petersen.

La sinceridad y la dulzura con las que comparte sus conocimientos y su experiencia ante una taza de café y pastas danesas en su acogedora oficina diocesana, y la alegría con la que habla de predicar y rendir culto, hacen que resulte difícil creer que algún día pueda perder su pasión y su compromiso. Puede que se retire como obispa a finales de año, pero nunca se retirará de la comunidad cristiana.

Este es el último reportaje de nuestra serie especial sobre Groenlandia, producida y publicada desde mayo de 2019.

Un enfoque holístico del cambio climático (comunicado de prensa del CMI del 3 de diciembre de 2019)

Una maestra y predicadora con raíces profundas (comunicado de prensa del CMI del 10 de septiembre de 2019)

Una animada vida eclesial en el entorno ártico (comunicado de prensa del CMI del 5 de agosto de 2019, en inglés)

“Un humilde siervo del rebaño de Dios” (comunicado de prensa del CMI del 10 de julio de 2019, en inglés)

“Un hombre preocupado, pero esperanzado” (comunicado de prensa del CMI del 26 de junio de 2019, en inglés)

“No hay piezas de repuesto para las ballenas” (comunicado de prensa del CMI del 13 de junio de 2019, en inglés)

“Tratar los traumas y sanar las heridas” (comunicado de prensa del CMI del 4 de junio de 2019)

“La vida de la iglesia en Groenlandia y los retos climáticos recogidos en una nueva serie de reportajes” (comunicado de prensa del CMI del 24 de mayo de 2019, en inglés)

*Claus Grue es consultor del Consejo Mundial de Iglesias en materia de comunicación.