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La fraternidad humana es un llamado divino, dice el secretario general del CMI

La fraternidad humana es un llamado divino, dice el secretario general del CMI

Foto: Carla Khijoyan/CMI

03 de febrero de 2019

Versión en español publicada el: 04 de febrero de 2019

Organizada por el Consejo Musulmán de Ancianos, la Conferencia Mundial sobre Fraternidad Humana (3 y 4 de febrero) reunió a prominentes personalidades religiosas, intelectuales y mediáticas internacionales de diversas tradiciones religiosas, entre ellos, además del Rev. Tveit, el papa Francisco y el Gran Imán de Al Azhar, el Dr. Ahmad Al-Tayyeb.

En un mundo marcado por el odio, la intolerancia y el conflicto, dijo Tveit, lo que las tradiciones religiosas del mundo deben ofrecer es el indispensable contrapeso del amor.

Haciendo alusión a las creencias cristianas, Tveit dijo que: “Como cristianos, creemos que el amor de Dios, tal como se manifiesta a través de Jesucristo, puede impulsarnos a vivir juntos como una única familia humana”.

Tampoco esto es un mero sentimiento, dijo. “El amor auténtico es más que sentimientos; es algo que se demuestra mediante una búsqueda común de justicia y paz.  Hemos sido creados juntos y llamados como gentes de fe para ser guardianes los unos de los otros, como hermanas y hermanos”.

Reconociendo que, con frecuencia, los propios grupos religiosos no han sabido llevar el amor a la práctica, el Rev. Tveit defendió que el amor es el antídoto contra el odio y, especialmente, contra el flagelo del racismo.

“La influencia perversa del racismo en el mundo actual nos plantea a todos, sea cual sea nuestra religión, el reto de averiguar qué implica realmente en la práctica amar a todas nuestras hermanas y hermanos humanos, y de luchar para que todos ellos vivan la justicia y la paz en sus vidas cotidianas, tal y como desearíamos para nosotros mismos”.

“El racismo es una realidad que degrada, discrimina y excluye a los otros. Es un pecado humano y uno de los venenos más peligrosos de nuestras vidas como una única familia humana”.

Haciendo referencia a los genocidios del siglo XX, particularmente el de los judíos en la Segunda Guerra Mundial, Tveit advirtió sobre los peligros actuales que plantean los exclusivismos.

Al establecer un vínculo entre un solo Dios y una sola humanidad, señaló, el papel de las comunidades religiosas es “inculcar el valor y el concepto de ciudadanía, sobre la base de la diversidad, de la promoción de la libertad de religión y de creencias, y de la solidaridad entre las diferentes comunidades religiosas”.

“Hoy necesitamos un nuevo discurso comunitario y un nuevo pacto social entre nosotros. En todas partes, también en Oriente Medio, la cuna de nuestras tres religiones abrahámicas. Especialmente, son los más vulnerables quienes deberían sentir un apoyo verdadero y la solidaridad de todos. Entre los que llevan más tiempo sufriendo la falta de una verdadera ciudadanía, la falta de igualdad de derechos y de una protección adecuada, destaca el pueblo palestino”.

Para concluir, Tveit dijo: “También sabemos que las convicciones religiosas pueden engendrar emociones fuertes, entre ellas la agresión, el odio e incluso la violencia hacia los demás. “Para nosotros, que estamos aquí, es nuestra responsabilidad, y la de todo el que represente a una religión en la actualidad, ser un reflejo del amor de Dios por la humanidad”.

 

 

Lea la alocución del secretario general (en inglés)

Más información sobre la Conferencia mundial (en inglés)

Consulte sobre la labor del CMI en materia de diálogo y cooperación interreligiosos (en inglés)