La encíclica “Magnifica humanitas” (“Magnífica humanidad” en latín), aborda los rápidos avances tecnológicos en la era de la digitalización, que encuentran su expresión más avanzada en la inteligencia artificial.
“Este desarrollo ofrece grandes oportunidades, pero también conlleva grandes riesgos”, afirmó Bedford-Strohm. “El desarrollo tecnológico ha cobrado tal impulso que las normas que garantizan su uso responsable no han seguido el mismo ritmo”.
“Esto subraya la importancia de un debate público global sobre esas normas que se requieren con tanta urgencia”, señaló Bedford-Strohm. “Uno de los objetivos es establecer mecanismos eficaces para proteger la libertad y la dignidad humana frente a las grandes empresas tecnológicas cuyo poder de monopolio es hoy prácticamente incontrolable”, afirmó. “Especialmente en lo que respecta a la inteligencia artificial, la cuestión central es también la noción de lo humano”.
Bedford-Strohm añadió que es evidente que las iglesias, con su rico legado de reflexión antropológica, tienen algo importante que aportar en este campo. “Por eso, dentro del Consejo Mundial de Iglesias, hemos debatido este tema intensamente durante los últimos años”, señaló. “Estoy muy agradecido de que el papa León esté ahora dando un potente impulso a este debate con su nueva encíclica, que ojalá tenga un impacto tan grande en la opinión pública mundial como el que tuvo la encíclica “Laudato si” del papa Francisco en materia de ecología”.
Las iglesias tienen que alzar la voz
El secretario general del CMI, el Rev. Prof. Dr. Jerry Pillay, señaló que el Consejo Mundial de Iglesias reconoce desde hace tiempo los avances y beneficios de la tecnología y la inteligencia artificial en múltiples ámbitos de la vida, aunque advirtió también de los desafíos que plantean para los valores espirituales, morales y éticos si no se supervisan y controlan adecuadamente. “La tecnología debe utilizarse para mejorar y desarrollar la vida humana, y no para relegar el trabajo, el valor y la dignidad humanos a un segundo plano”, afirmó. “Estoy especialmente agradecido al papa León XIV por “Magnifica humanitas”, que es un documento muy relevante y oportuno en estos tiempos de expansión de la IA”.
Pillay señaló además que el enfoque teológico de la encíclica proporciona una base sólida para el argumento de por qué las iglesias deben alzar su voz llamando al discernimiento y la precaución ante los riesgos y consecuencias de la IA.
“Reconoce la creación de Dios de los seres humanos y la capacidad de los seres humanos para hacer el bien, pero también reconoce la presencia del mal y sus trágicas consecuencias sobre los seres humanos y la vida en el mundo”, dijo. “Es necesario cuestionar las guerras, los conflictos, la masacre sin sentido de miles de personas a diario y el uso de la tecnología que contribuye a tal destrucción”.
“Cuando la tecnología se utiliza para hacer el bien, al servicio del bien humano para aportar a la familia, la comunidad y el mundo, está en consonancia con el plan de Dios”, señaló Pillay. “Sin embargo, en manos de los ricos y poderosos, es una herramienta al servicio de sus propios intereses y con margen para el abuso, además de con escasos beneficios para las personas pobres y marginadas”, afirmó. “La tecnología sin responsabilidad social está reconfigurando las relaciones de poder y empobreciendo las relaciones humanas”.
Pillay concluyó que la encíclica nos ayuda a comprender el llamado al amor, la gracia y la paz. “Plantea la pregunta que debería estar siempre en nuestro pensamiento, nuestro corazón y nuestras palabras: “¿qué tipo de mundo queremos construir?”, dijo. “El CMI celebra la encíclica “Magnifica humanitas” y la encomienda a todas las personas, no solo a las personas religiosas, para su estudio, reflexión y acción, y para que acompañe nuestros esfuerzos para construir un mundo mejor para todas las personas y la creación”.