"Tales actos privan a los niños y niñas de sus familias, idioma, cultura y tierra natal, infligiendo un profundo daño psicológico y espiritual", dijo Pillay. "Estas acciones suponen una terrible violación de la dignidad dada por Dios a cada niño y de la santidad de los lazos familiares".
Pillay hizo hincapié asimismo en que el traslado y la reubicación deliberados de niños y niñas por motivos políticos o ideológicos son fundamentalmente incompatibles con el derecho internacional, la moralidad y los valores cristianos. "Tal y como ha afirmado el CMI de manera sistemática, la agresión armada y el sufrimiento que inflige –sobre todo a los niños y niñas– son fundamentalmente incompatibles con la voluntad de Dios para la humanidad", dijo. "El CMI expresa su profunda solidaridad con todos los niños y niñas afectados y sus familias. Instamos a las autoridades de la Federación Rusa a que garanticen la transparencia y la rendición de cuentas que un informe de esta gravedad exige, poniendo en primer lugar el interés superior de cada uno de los niños y niñas".
Según el informe de la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre Ucrania al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, miles de niños y niñas han sido trasladados fuera del territorio ucraniano bajo ocupación rusa; muchos han sido sacados de instituciones y familias sin el consentimiento exigido por el derecho internacional humanitario y siguen sin ser devueltos años después.
Se informa de que las autoridades rusas, en vez de facilitar la reunificación, han dado prioridad a la colocación a largo plazo de estos niños y niñas dentro de la Federación Rusa, sobre todo a través de cambios de ciudadanía y procesos de adopción o acogimiento familiar.