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Nora Carmi portrait photo

Nora Carmi.

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Para muchos palestinos, los esfuerzos para combatir la COVID-19 han generado dificultades sin precedentes, ya que el cierre de las tiendas les ha privado de sus medios de subsistencia. Ello ha venido a sumarse a las profundas injusticias que soportan, desde hace ya mucho tiempo, a raíz de la ocupación ilegal israelí.

“La situación en Palestina es preocupante. En lo económico, la gente está desesperada. Muchos están sin trabajo y tienen dificultades para alimentar a sus hijos. Se acerca la Navidad, y en Belén la mayoría de las tiendas están cerradas por la pandemia”, cuenta Nora Carmi.

Carmi es una palestina cristiana que ha trabajado por la paz y la justicia toda su vida.

Nació en 1947 en Jerusalén, en una familia de armenios sobrevivientes del genocidio perpetrado por el imperio turco.

Vivió la experiencia de ser refugiada y, desde entonces, ha sido testigo del empeoramiento de la situación de los palestinos, desde la ocupación ilegal de los territorios en 1967. 

“A temprana edad, aprendí la importancia de la fe y el valor de la tierra donde Dios y la humanidad se habían encontrado. Heredé el don del servicio a todos los seres creados a imagen y semejanza de Dios”, dice.

Durante más de cuatro decenios, Carmi ha trabajado como educadora y creadora de comunidad con miembros de la sociedad de todas las edades y condición: niños, adolescentes, hombres, mujeres, miembros del clero y personas con discapacidad.

También ha trabajado para varias organizaciones, como la Asociación Cristiana de Mujeres Jóvenes (YWCA, por sus siglas en inglés), Sabeel y Kairós Palestina. Aunque ahora está jubilada, Carmi sigue activa; es miembro de varias juntas y defiende la paz y justicia para Palestina e Israel, y para el mundo entero. 

Una paz justa

“Un obstáculo importante para la paz justa en Palestina es la ausencia de dirigentes valientes en el mundo”, afirma. “Muchos tienen miedo de defender la justicia por temor a ofender a Israel, lo que también es un impedimento para muchas iglesias del mundo”.

A lo largo de los años, Carmi ha contribuido al crecimiento espiritual y al desarrollo concreto en Palestina e Israel, estableciendo vínculos culturales entre distintos grupos, más allá de las diferencias religiosas. Siempre ha vivido en Jerusalén, aunque hoy, en calidad de residente permanente, su situación es completamente incierta. 

“La Autoridad Palestina no tiene, en la práctica, control alguno en Jerusalén o en las distintas zonas de la Ribera Occidental. Israel controla las aguas, las fronteras y el aire. La división de las zonas A, B y C no cambia gran cosa, ya que Israel puede entrar en los territorios palestinos, arrestar a cualquier persona y disponer de ella sin rendir cuentas”, dice Carmi.

En la década de los sesenta, alrededor del veinte por ciento de la población era cristiana. Hoy, la población cristiana de Palestina representa el uno por ciento. Sin embargo, los cristianos que aún viven en Palestina, a menudo desempeñan funciones importantes en la sociedad, dirigen escuelas e instituciones, y ocupan otras posiciones eminentes en sus comunidades.

“A pesar de las cifras, no me siento parte de una minoría. Este es el lugar del planeta donde nació nuestra religión. Tenemos una rica tradición de trece familias religiosas en Palestina, y todas hacen una labor excelente”.

Carmi recalca que, en contra de lo que muchos creen, nunca ha habido un conflicto equitativo entre Israel y Palestina, a pesar de lo que ha demostrado el derecho internacional. Hay una ocupación ilegal que dura ya cincuenta y tres años, y el silencio y la apatía del mundo hacen que sea aun más difícil para los palestinos lograr que se haga justicia. 

“El terror que causan los colonos a los palestinos, la usurpación de las tierras, la demolición de las casas, la destrucción de los olivos de los agricultores y la restricción al movimiento. Todo ello lleva a la gente a la desesperación, y muchos ya han perdido la esperanza”.

Lo que la ayuda a seguir creyendo en la humanidad y a mantener una actitud positiva es su fe, que la ha guiado por la vida. 

“En cada aspecto de mi vida, y en todas las situaciones posibles, por difíciles que sean, trato de hacer la voluntad de Dios, recordando el mensaje de Jesucristo en Lucas 4:18: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos”.

Artículo de Anne Casparsson, periodista independiente especializada en la justicia y la paz.