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¿Cómo ha adaptado Bossey su enfoque educativo para responder a los desafíos actuales que enfrentan las comunidades cristianas?

P. Iwuamadi: Desde su fundación en 1946, el Instituto Ecuménico de Bossey ha reimaginado continuamente su misión educativa para responder a un mundo y a un panorama eclesiástico que han ido cambiando con el paso del tiempo hasta volverse irreconocibles. Lo que comenzó como un espacio de encuentro en la posguerra para la reconciliación entre tradiciones cristianas divididas se ha convertido en un centro mundial de formación intereclesiástica, intercultural e interreligiosa, orientada a la justicia. Las adaptaciones más importantes del enfoque educativo de Bossey reflejan tanto la fidelidad a su vocación original como la voluntad de afrontar los nuevos desafíos a los que se enfrentan hoy en día las comunidades cristianas.

Uno de los cambios más significativos ha sido la transición de un contexto principalmente europeo de la posguerra a una comunidad de aprendizaje verdaderamente global e intercultural. Asimismo, el instituto ha reorientado su enfoque ecuménico para integrar un compromiso interreligioso intencional.

Otra adaptación importante es el creciente énfasis del instituto en la teología contextual y orientada a la justicia. Las comunidades cristianas se enfrentan hoy en día a cuestiones complejas, entre las que se incluyen la migración, el cambio climático, los debates sobre género y sexualidad, la desigualdad económica y la crítica poscolonial.

Ahora que el Instituto Ecuménico de Bossey celebra su 80.º aniversario, ¿cuál considera que ha sido su contribución más significativa al movimiento ecuménico mundial?

P. Iwuamadi: Durante sus ochenta años de historia, el Instituto Ecuménico de Bossey ha realizado una contribución singular al movimiento ecuménico mundial: ha formado a generaciones de líderes que han aprendido a reconocerse, no en términos abstractos ni como meros representantes de sus tradiciones, sino como compañeros en el discipulado que comparten la vida, la oración y los desafíos cotidianos. El mayor don de Bossey ha sido su capacidad de trascender el ecumenismo doctrinal para convertirlo en una experiencia viva. Miles de antiguos alumnos —algunos de los cuales hoy son obispos, pastores, teólogos, activistas y educadores— han trasladado esta experiencia a sus propios contextos, articulando el compromiso ecuménico en todos los continentes. La contribución más duradera de Bossey no reside en un programa o publicación concreta, sino en su capacidad de formar a personas que encarnan la unidad, la humildad y la apertura en un mundo quebrantado. 

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En estos tiempos de polarización, conflicto y creciente diversidad religiosa, ¿qué papel puede desempeñar Bossey para fomentar el diálogo, la reconciliación y la unidad cristiana?

P. Iwuamadi: Pocas instituciones logran reunir a una comunidad tan diversa como Bossey, invitándola a compartir la vida, la oración y el estudio bajo un mismo techo. Esta convivencia no es meramente simbólica: se convierte en un laboratorio en el que los alumnos aprenden a superar los malentendidos, a gestionar las diferencias y a fomentar la confianza más allá de las fronteras. En un momento en el que muchas sociedades se repliegan en cápsulas identitarias, Bossey propone un modelo de comunidad contracultural, basado en el respeto mutuo y la humildad teológica.

¿Cómo conmemorará la institución este importante aniversario?

P. Iwuamadi: Con motivo de su 80.º aniversario, el Instituto Ecuménico de Bossey está preparando una celebración fiel a su identidad comunitaria, centrada en la oración, intercultural y nutrida en profundidad por las historias de las personas que han dado vida a su legado. La conmemoración comenzará la tarde del 6 de octubre con un encuentro entre las personas invitadas y la comunidad estudiantil actual. Es una apuesta deliberada por situar al Bossey del presente en el centro de la conmemoración.

La celebración principal tendrá lugar el 7 de octubre. La jornada comenzará, como no podía ser de otra manera, con la oración matutina en la capilla de Bossey. El culto compartido, piedra angular de la vida del Instituto, será el cimiento sobre el que repose este aniversario. El programa continuará con una sesión de saludos que rinde homenaje a los “rostros de Bossey” de estos 80 años: estudiantes, docentes, personal y colaboradores cuyas vidas y ministerios se han visto marcados por su paso por el Instituto. A continuación tendrá lugar el discurso inaugural del secretario general del CMI, el Rev. Prof. Dr. Jerry Pillay, quien abordará el tema de “De la visión a la viabilidad: reafirmando la misión de Bossey en un mundo en constante cambio” (“From Vision to Viability: Restating Bossey’s Mission for a Changing World”), que ofrece tanto una reflexión teológica como una hoja de ruta con visión de futuro para el instituto.

Una mesa redonda reunirá a representantes de la Comisión de Educación y Formación Ecuménicas del CMI, antiguos alumnos y antiguos colaboradores para reflexionar sobre la evolución del papel de Bossey en el movimiento ecuménico mundial.

La celebración concluirá con un acto simbólico, como, por ejemplo, la plantación de un árbol conmemorativo del 80.º aniversario, seguida de una foto de grupo. Este gesto simboliza el encuentro entre la memoria y la esperanza, asentándose en nuestro legado para nutrir el crecimiento del mañana.