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Luzia Wehrle
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¿Cómo surgió la oportunidad de trabajar en el CMI?

Wehrle: El Dr. Lukas Vischer, el conocido teólogo suizo que fue director de la Comisión de Fe y Constitución del CMI durante muchos años, conoció a Chiara Lubich en 1962 en Roma. A su regreso a Ginebra, relató su encuentro con una mujer católica romana que, según dijo, sentía un profundo anhelo de dedicar su vida a un movimiento por la unidad. Habló con sus colegas del CMI y, en 1967, decidieron invitarla a Ginebra para que compartiera con ellos esa espiritualidad de la unidad. En esa reunión, con el fin de facilitar, mantener y profundizar la relación con Chiara Lubich y el Movimiento de los Focolares, preguntaron si alguien del movimiento podría incorporarse al CMI. Así fue como empecé a trabajar allí en 1969.

¿Cuáles fueron algunos de los momentos más conmovedores que recuerda de ese tiempo?

Wehrle: Sin duda, las distintas asambleas del CMI en las que participé fueron ocasiones únicas, especialmente los momentos de oración. La alegría de celebrar la presencia de Dios, que nos une a todos, fue y sigue siendo una experiencia concreta e inolvidable que fortalece mi propia fe. 

Aunque en ocasiones, durante una conferencia, surgían opiniones diferentes que podían provocar tensiones, orar juntos ayudaba a mantener la presencia de Jesús entre nosotros y sanaba esas heridas, de modo que pudiéramos encontrar soluciones. Quizá uno de los momentos más tristes fue cuando una de las personas que trabajaba con nosotros falleció de forma muy trágica, pero, una vez más, poder vivir la experiencia de la familia ecuménica nos ayudó y nos permitió a muchos de nosotros sobrellevar aquella pérdida. 

Uno de los momentos más especiales de estos 40 años tuvo lugar a finales de enero de 2008, unas semanas antes del fallecimiento de Chiara Lubich. Como intérprete, acompañé al Dr. Sam Kobia, que en aquel momento era secretario general del CMI, quien, junto con Yorgo Lemopoulos y Martin Robra, visitó a Chiara en su casa de Roma. Querían darle las gracias por todo lo que había hecho para promover la unidad, no solo entre las iglesias, sino entre toda la humanidad; una unidad fundamentada ante todo en el Jesús Crucificado. Además, querían animar a Chiara a continuar. Esa visita fue un momento único de alegría, de profunda comunión.

¿Cuáles son sus esperanzas para el movimiento ecuménico hoy en día?

Wehrle: Soy muy optimista respecto al movimiento ecuménico, entre otras cosas porque durante mis 40 años de trabajo en el CMI, en los que pude participar en numerosas conferencias en todo el mundo, comprendí lo que significa la unidad de los cristianos: construir relaciones personales que no nos separen, sino que fomenten el interés por la diversidad de las confesiones cristianas y nos enriquezcan mutuamente. 

*Este texto es un extracto del artículo original. La versión completa está disponible en inglés.