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“Tras haber soportado durante muchos años complejos desafíos políticos, económicos y sociales, la población de Irán, que supera los 92 millones de personas, se enfrenta ahora a las amenazas inmediatas del conflicto actual y a un futuro muy incierto”, señala la declaración. “Los riesgos humanitarios y el sufrimiento se incrementarán de manera inevitable cuanto más se prolongue este conflicto”.

La declaración expresa también una profunda preocupación por el hecho de que  se estén reportando cada vez más casos de graves violaciones del derecho internacional humanitario durante las operaciones militares en curso. 

“Reiteramos que, por obligación moral y legal, todas las partes en el conflicto deben proteger a la población civil de cualquier daño y abstenerse de dirigir operaciones que afecten a zonas e infraestructuras civiles”, subraya. “Por otra parte, tememos que el conflicto dé lugar a un nuevo periodo de violencia prolongada e inestabilidad en la región en su conjunto”.  

Pone de relieve además que el conflicto ya está teniendo repercusiones sobre las vidas y los medios de subsistencia de personas, comunidades y sociedades en toda la región.  “Al igual que el resto de la sociedad en Irán y en la región, las iglesias y comunidades cristianas se enfrentan a los riesgos que esta guerra plantea para su futuro”, prosigue. “Es importante subrayar que los ataques conjuntos de Israel y Estados Unidos son claramente contrarios al derecho internacional”.

La declaración pide que no se permita que Israel y Estados Unidos vuelvan a causar desolación y la presenten como paz. “Deben responder por las consecuencias de sus actos, incluidas las que afectan al futuro del pueblo de Irán, cuya libertad dicen promover”, afirma. 

Enfatizando que, como personas cristianas, no reconocemos autoridad divina alguna que justifique matar, destruir, desplazar u ocupar, la declaración señala que “la guerra es incompatible con la propia naturaleza y voluntad de Dios para la humanidad, y contraria a nuestros principios cristianos fundamentales”.

Lamenta también la ausencia de moralidad y legalidad, la arrogancia y las ideologías de poder predominantes, y la sustitución de la conciencia por la conveniencia política. “Proclamamos la dignidad humana otorgada por Dios y los derechos de todas las personas, de manera igualitaria y sin discriminación”, añade. “Rechazamos la lógica brutal de la guerra y la dominación. Aspiramos al don de la paz”.

Lea la declaración completa