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H.E. Metropolitan Job of Pisidia of the Ecumenical Patriarchate, Photo: EP press

Su Eminencia el metropolitano Job de Pisidia  Photo: EP press

En los recientes acontecimientos que incluyeron el servicio ecuménico de oración en Nicea (ahora İznik) y la visita histórica de Su Santidad el papa León XIV al Patriarcado Ecuménico en Constantinopla, usted estuvo presente como una figura destacada del ámbito del diálogo entre cristianos. ¿Cómo describiría la importancia de esos días?

Metropolitano Job: Creo que lo más destacado de esos días fue la celebración conjunta del 1700º aniversario del Primer Concilio Ecuménico de Nicea en el mismo lugar donde sucedió. Aparte de la presencia de Su Santidad el papa de Roma y de la Iglesia Ortodoxa, representada por los primados y las delegaciones oficiales de los cuatro antiguos patriarcados ortodoxos (Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén), todas las iglesias ortodoxas orientales y las comuniones cristianas mundiales estuvieron presentes. Se trató de una presencia significativa: demostró una vez más que la fe nicena es el denominador común de todas las iglesias cristianas y la base sobre la que debe sustentarse la unidad visible.

Conviene recordar que, en la primera conferencia del Movimiento de Fe y Constitución en Lausana en 1927, este símbolo de la fe fue reconocido como un símbolo ecuménico. Con posterioridad, el documento de estudio de Fe y Constitución titulado "Confesar la Fe Común" afirmó claramente que "el Credo Niceno es un credo conciliar que, gracias a su amplia recepción, se convirtió en el símbolo ecuménico de la unidad de la iglesia en la fe".

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The Pope, The Ecumenical Patriarch and their delegations

Photo: Nikos-Giorgos Papachristou/EP press

Durante las últimas reuniones, los dirigentes cristianos proclamaron juntos el Credo Niceno-Constantinopolitano en su forma original. ¿Cómo debería comprenderse esta confesión común en el contexto más amplio del acercamiento eclesiológico contemporáneo?

Metropolitano Job: Resulta significativo que el Credo Niceno-Constantinopolitano fuera recitado conjuntamente sin añadir el Filioque. La adición del Filioque al credo fue el origen de controversias entre Oriente y Occidente en el pasado. En las últimas décadas, se ha llegado a un acuerdo en el seno del movimiento ecuménico a favor de la versión original griega, es decir, sin el Filioque. Esto se afirmó en 2003 gracias al importante documento de la Consulta Teológica Norteamericana Ortodoxo-Católica titulado: "El Filioque: ¿Un tema que divide a la Iglesia? Declaración de acuerdo". El año pasado la Declaración Común sobre el Filioque de la Comisión Conjunta Internacional de Diálogo Teológico entre la Federación Luterana Mundial y la Iglesia Ortodoxa reiteró lo mismo. Recientemente, en su última carta apostólica In Unitate Fidei en el 1700º aniversario del Concilio de Nicea, el papa León XIV citó el Credo Niceno-Constantinopolitano en su versión original, y señaló que el Filioque fue incorporado al Credo latino por el papa Benedicto VIII en 1014 y que, en la actualidad, es objeto de estudio en el seno de la Comisión Mixta Internacional para el Diálogo Teológico entre la Iglesia Católica Romana y la Iglesia Ortodoxa.

Su Toda Santidad el patriarca ecuménico Bartolomé ha promovido constantemente la causa de la unidad cristiana, a través del diálogo teológico y la diplomacia eclesiástica, incluyendo encuentros históricos con sucesivos papas de la Santa Sede. ¿Cómo describiría su particular contribución, visión e impacto a largo plazo en la labor ecuménica sobre la unidad?

Metropolitano Job: Para Su Toda Santidad el patriarca ecuménico Bartolomé, el diálogo teológico no es una opción, sino una obligación. Nuestro Señor Jesucristo oró para que "todos sean uno". La unidad visible es un prerrequisito para la eficacia de nuestro testimonio cristiano. La división entre las personas cristianas contradice el mensaje del Evangelio. Entre todos los diálogos bilaterales y multilaterales que existen, cada uno con su propio valor e importancia, el patriarca ecuménico está convencido de que el diálogo teológico entre la Iglesia Ortodoxa y la Iglesia Católica Romana es muy prometedor porque los católicos y los ortodoxos tienen mucho más en común que lo que realmente los divide. Los puntos de desacuerdo son, con frecuencia, el resultado de malentendidos del pasado y pueden superarse por medio de la honestidad y la objetividad académicas.

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The Pope, The Ecumenical Patriarch, lighting candles

Photo: EP Press

¿Cómo imagina la contribución del CMI en términos concretos a las próximas etapas del acercamiento cristiano?

Personalmente creo que la reciente Conferencia Mundial de Fe y Constitución fue un éxito. Algunos participantes me preguntaron por qué las conferencias de este tipo se celebran únicamente cada treinta años. Deberíamos celebrarlas con más frecuencia. Con respecto a asuntos prácticos, como la celebración conjunta de la Pascua, la Consulta de Alepo hizo algunas propuestas muy interesantes. Por desgracia, no se les ha dado mucho seguimiento. ¿Por qué no promover el trabajo que hemos hecho? El movimiento ecuménico tiene un siglo de antigüedad, y los estantes de las bibliotecas y los archivos están llenos de documentos muy interesantes y constructivos. Lamentablemente, la recepción de esos documentos por parte de nuestras iglesias es inadecuada. Debemos trabajar sin descanso para garantizar su recepción.

Vivimos en una época marcada por la policrisis y una amplia pérdida de confianza en los dirigentes políticos y, a veces, religiosos. En un mundo como este, ¿por qué sigue siendo importante la búsqueda de la unidad cristiana? ¿Cómo pueden las iglesias ofrecer una esperanza auténtica y un sentido renovado a los seres humanos que se enfrentan al miedo, la injusticia y la incertidumbre existencial?

Metropolitano Job: Frente a las numerosas atrocidades y amenazas, el mundo necesita hoy un mensaje de esperanza, amor y solidaridad. No necesita un consuelo efímero y fugaz ni promesas vacías. Necesita un mensaje poderoso: el Evangelio. Para que nuestro testimonio del Evangelio alcance una gran repercusión, debemos proclamarlo con una sola voz y un solo corazón. Si lo divulgamos a través de nuestras divisiones, pierde su credibilidad. "En esto conocerán todos que son mis discípulos: si tienen amor los unos por los otros", dijo Cristo a sus discípulos poco antes de su Pasión. Nuestro deber es promover el amor y la unidad, no el odio y la división.

 

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The Pope and the Ecumenical Patriarch during the Liturgy

Photo: EP Press