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Man dressed in Orthodox religious garb speaking at podium.
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Este es un resumen del trabajo llevado a cabo entre febrero y abril:

 El 25 de febrero, Sauca declaró: “El CMI insta al presidente Putin a detener la guerra y restablecer la paz en Ucrania”. El Consejo Mundial de Iglesias afirmó y apoyó el llamado emitido el 24 de febrero de 2022 por Su Beatitud el metropolitano Onufry de Kiev y de Toda Ucrania (Patriarcado de Moscú). Este llamado debe ser escuchado, dijo Sauca. “El CMI hace la misma petición al presidente Putin: que ponga fin a esta guerra fatricida y que reestablezca la paz para el pueblo y la nación ucranianas”. 

Una delegación conjunta del CMI y ACT Alianza visitó en marzo Hungría, Ucrania y Rumanía, para solidarizarse con las iglesias, que siguen siendo las primeras en responder a esta grave crisis.

El secretario general en funciones del CMI, el Rev. Prof. Dr. Ioan Sauca, envió una carta abierta al patriarca Kirill, instándole a mediar para que se detuviera la guerra. Sauca también envió cartas a Vladimir Vladimirovich Putin, presidente de la Federación Rusa, y a Volodymyr Oleksandrovytch Zelensky, presidente de Ucrania, recordándoles que solo ellos podían alcanzar una solución pacífica.

Otra carta abierta de Sauca fue enviada a la primera dama ucraniana, Olena Zelenska, con oraciones por la prevalencia de la paz y el fin de la guerra, para poder celebrar la Pascua en Kiev.

Sauca también convocó una mesa redonda de consulta ecuménica sobre la situación en Ucrania, que tuvo lugar el 30 de marzo en el Instituto Ecuménico de Bossey.

Entre los asistentes, se encontraban altos representantes de las iglesias miembros del CMI de varios países europeos vecinos y directamente afectados por el conflicto actual. El objetivo de esta reunión era consultar, intercambiar perspectivas sobre el conflicto y sus causas, y discernir posibles caminos a seguir.

 

  1. Muchos piden al CMI que “expulse” al Patriarcado de Moscú del CMI por sus recientes posiciones sobre la guerra en Ucrania. ¿Es posible que el CMI tome esa decisión? ¿Cuáles serían las razones para no tomarla? ¿Y, en cambio, qué razones llevarían a una posible salida de Moscú del CMI?

Padre Ioan Sauca: La decisión de suspender a una iglesia miembro de la comunidad del CMI no compete al secretario general, sino al Comité Central, nuestro órgano rector. Los Estatutos del CMI estipulan claramente las condiciones de una suspensión en el artículo I,6 del Reglamento: El Comité Central puede suspender la condición de miembro de una iglesia: (i) a petición de la iglesia; (ii) porque la iglesia no ha mantenido la Base o los criterios teológicos para ser miembro o; (iii) porque la iglesia ha desatendido constantemente sus responsabilidades como miembro.

Y el Comité Central del CMI solo toma esa decisión después de un serio proceso de discernimiento, audiencias, visitas y diálogos con las iglesias interesadas, y debates. 

  1. ¿Puede darnos algún ejemplo de suspensión o exclusión del CMI?

Padre Ioan Sauca: El CMI se ha encontrado con casos similares en el pasado. El más conocido es el de la Iglesia Reformada Neerlandesa de Sudáfrica, que apoyó y defendió teológicamente el apartheid. Eso provocó encedidos debates y condenas por parte de otras iglesias miembros del CMI. Al final, fue esa iglesia la que se “excluyó” a sí misma del CMI, pues sentía que ya no pertenecía a su comunidad de iglesias; no fue el CMI quien la suspendió o excluyó. No obstante, con el paso del tiempo, fue readmitida.

Se han dado otros casos de enfrentamientos abiertos, sobre todo entre iglesias del bloque soviético y del mundo occidental, que amenazaban con ser excluidas o con abandonar el CMI durante sus asambleas de Nairobi (1975) y Vancouver (1983).

Los casos más claros, mucho más cercanos a nuestra era, se dieron en la Asamblea de Canberra, en 1991. Durante esa asamblea, la Guerra del Golfo se convirtió en uno de los temas más polarizadores. La gran mayoría de las delegaciones estuvo de acuerdo por unanimidad y declaró inequívocamente que la guerra “no es santa ni justa”. Sin embargo, la oposición a la demanda de un alto el fuego inmediato e incondicional provino de otras delegaciones, principalmente de las iglesias estadounidenses y de la Iglesia de Inglaterra. “¿Queremos sentirnos bien, o hacer el bien?”, plantearon los opositores al alto el fuego. Muchos advirtieron de que el conflicto amenazaba con avivar las tensiones entre cristianos y musulmanes en varios lugares del mundo y con desviar valiosos recursos que, de otra manera, estarían destinados a los pobres. Se plantearon cuestiones teológicas sobre las iglesias que defendían la guerra. La pregunta candente emergió tímidamente: “¿pueden las iglesias que defienden abiertamente una guerra ser miembros de nuestra comunidad?”; y algunos pidieron su exclusión. 

Una vez más, el CMI no optó por una solución radical, ni decidió excluir a esas iglesias. El deseo de continuar el diálogo con los demás tuvo más peso. Por un lado, no prosperó la moción que sugería lo siguiente: “Pedimos [a las iglesias] que renuncien a cualquier justificación teológica o moral del uso del poder militar, ya sea en la guerra o mediante otras formas de sistemas de seguridad opresivos, y se conviertan en defensores públicos de una paz justa”. Por otro lado, no solo se hizo hincapié en la emisión de una declaración pública, sino también en una vigilia por la paz durante toda la noche.

Se impuso la postura espiritual. La frase más citada en Canberra fue la del secretario general del Consejo de Iglesias del Oriente Medio (MECC). Al preguntarle de qué lado de la guerra está Dios, la respuesta fue: “Dios está del lado de los que sufren”.

Posteriormente, se dieron casos similares con iglesias implicadas en el genocidio de Ruanda, en 1994, y en la Guerra de los Balcanes, en el mismo periodo.

Concretamente, durante la guerra de Yugoslavia se ejerció una fuerte presión para suspender la condición de miembro de la Iglesia Ortodoxa Serbia. Inicialmente, el patriarca Pavle había dado su apoyo a los líderes políticos y a la mayoría del pueblo que veía la guerra como una forma legítima de defender la identidad nacional y la patria histórica. Sin embargo, cuando se dio cuenta de que había dado pasos en falso en el ámbito político, tuvo la delicadeza de pedir disculpas públicamente. Se arriesgó a participar en las masivas protestas antigubernamentales en Belgrado. Tuvo la valentía de declarar públicamente que: “Si una Gran Serbia se sostuviera cometiendo crímenes, nunca la aceptaría; que desaparezca la Gran Serbia, pero sostenerla mediante el crimen: no (...) Que desaparezcamos, pero hagámoslo como seres humanos, porque así no desapareceremos, estaremos vivos en las manos del Dios vivo”. ¡Un pastor ejemplar, un santo hombre de Dios! El suyo es un costoso y audaz testimonio de los valores de nuestra fe cristiana en una situación difícil y delicada que podría servir hoy de pauta y ejemplo para el discernimiento. 

La única iglesia que ha estado suspendida durante muchos años, pero fue visitada muchas veces y con la que el CMI entabló un diálogo —aunque no fue fructífero—, fue la Iglesia Kimbanguista. La causa del desacuerdo ha sido una clara postura teológica que ya no se correspondía con el fundamento trinitario del CMI. Tras largos debates y diálogos, con la propia iglesia y con las demás iglesias miembros del CMI de la región y con la Conferencia de Iglesias de toda el África, esta iglesia dejó de ser miembro del CMI recientemente.

  1. Padre Ioan, ¿cuál es su opinión personal y qué resultado prevé para el próximo Comité Central de junio de 2022?

Padre Ioan Sauca: No puedo predecir la decisión del próximo Comité Central, pero veo que será uno de los temas más candentes sobre la mesa.

¿Mi opinión personal? Las cosas son muy complicadas hoy en día y vivimos en un punto de inflexión de la historia. Como tantos otros, sufro mucho, especialmente como sacerdote ortodoxo, pues soy consciente de que tanto en Rusia como en Ucrania las iglesias ortodoxas tienen un gran número de fieles. Y los trágicos acontecimientos, el gran sufrimiento, la muerte y la destrucción están en profunda contradicción con la teología y la espiritualidad ortodoxas, con lo que nos han enseñado nuestros antecesores a lo largo de la historia, a través de sus vidas personales.

Como han visto, he hecho todo lo posible por ser firme y profético: condené la agresión rusa a Ucrania. Al expresar mi apoyo a la declaración del metropolitano Onufry, la califiqué de “guerra fratricida” y expresé mi preocupación por las víctimas, los refugiados y por tanto sufrimiento y destrucción. Escribí al patriarca Kirill, insté a los dos presidentes a detener la guerra y una delegación del CMI visitó las fronteras de Ucrania con Hungría y Rumanía y se reunió con los refugiados.

Todos estamos desesperados, enfadados, frustrados, decepcionados; y como seres humanos y emocionales, tendemos a tomar decisiones radicales e inmediatas. 

Sin embargo, como seguidores de Cristo, se nos ha confiado el ministerio de la reconciliación; y el tema de la 11ª Asamblea del CMI nos recuerda a todos que el amor de Cristo lleva al mundo entero a la reconciliación y la unidad. No puedo negar mi fe y nuestra vocación, ni siquiera en los momentos difíciles. Sería muy fácil utilizar el lenguaje de los políticos, pero estamos llamados a utilizar el lenguaje de la fe, de nuestra fe. Es fácil excluir, excomulgar, demonizar; pero estamos llamados, en calidad de Consejo Mundial de Iglesias, a hacer uso de esta plataforma libre y segura de encuentro y diálogo, para encontrarnos y escucharnos unos a otros, incluso cuando no estamos de acuerdo. Eso es lo que ha sido siempre el CMI. Sufriría mucho si durante mi mandato se perdiera esa vocación y cambiara la naturaleza del CMI.

Creo en el poder del diálogo en el proceso hacia la reconciliación. La paz impuesta no es paz; una paz duradera debe ser una paz justa. La guerra no puede ser justa ni santa; matar es matar, y eso hay que evitarlo mediante el diálogo y las negociaciones. Y para llegar a eso, no basta con detener los conflictos. Hay que tratar de entender sus raíces y causas, y eso solo puede lograrse a través del diálogo: escuchando primero a la víctima y luego al agresor. Y sigo creyendo que incluso los agresores pueden cambiar, ser transformados por el poder del diálogo y por la obra de la gracia de Dios, reconociendo sus faltas y errores, reparando los daños causados y avanzando hacia el camino de la paz justa. Puede sonar idealista y utópico cuando tenemos ante nosotros claros indicios de crímenes de guerra, pero nuestras Sagradas Escrituras y nuestra historia brindan muchos ejemplos en ese sentido. Tenemos que seguir el camino de nuestra fe con esperanza.    

Algo que admiro es la sabiduría de nuestros predecesores. Visser 't Hooft hizo esfuerzos tan importantes para incorporar a las iglesias del bloque soviético al CMI, a pesar de su “apoyo” a la fea ideología comunista y a los regímenes totalitarios. Se les pidió que se unieran a la comunidad internacional en calidad de iglesias. Y las iglesias que vivieron bajo esa opresión han ganado mucho.

Para concluir: No dejaré de pronunciarme en contra de cualquier agresión, invasión o guerra; seguiré siendo profético, pero haré todo lo posible para que el CMI siga siendo lo que debe ser y para mantener el diálogo abierto. Porque si excluimos a quienes no nos gustan o con quienes no estamos de acuerdo, ¿con quién vamos a hablar?, ¿cómo vamos a avanzar hacia la reconciliación y la paz justa y duradera?

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Unos refugiados ucranianos disfrutan de una comida caliente, en un centro de ayuda de AIDRom, junto al paso fronterizo de Sculeni, que conecta Rumanía y Moldavia. El paso fronterizo de Sculeni, cerca de Iasi (Rumanía), sirve de punto de entrada para los refugiados ucranianos que huyen de las atrocidades de la guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania, iniciada en febrero de 2022. Por este paso, situado en la frontera oriental de Rumanía, entran los refugiados ucranianos en Rumanía, tras pasar por Moldavia.

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  1. También hay un “conflicto” entre las iglesias ortodoxas. ¿Qué piensa hacer el CMI para evitar el desgarro?

Padre Ioan Sauca: El Consejo Mundial de Iglesias trata de alentar a sus iglesias miembros a abordar sus desacuerdos y divisiones orando unas por otras, entablando diálogos teológicos y trabajando juntas, siempre que sea posible. Aunque el CMI no tiene autoridad legal sobre sus iglesias miembros, brinda espacios ecuménicos donde estas pueden tratar los asuntos que las separan, si así lo desean. El diálogo teológico que contribuyó al acercamiento entre las iglesias ortodoxas (orientales) y las iglesias ortodoxas (bizantinas) se inició a principios de la década de 1960, cuando las dos familias ortodoxas se reunieron en uno de los espacios del CMI: la Comisión de Fe y Constitución.  

Los diversos espacios ecuménicos creados por el Consejo Mundial de Iglesias contribuyeron a tender puentes y a alimentar la confianza entre las iglesias ortodoxas, que estaban aisladas entre sí por circunstancias históricas. Puede decirse que las décadas de preparación previas al Santo y Gran Concilio de la Iglesia Ortodoxa, en 2016, a través de las conferencias preconciliares celebradas en Chambésy, coincidieron con la intensificación de las relaciones interortodoxas facilitadas por el Consejo Mundial de Iglesias.

La próxima consulta interortodoxa previa a la asamblea, que continúa una costumbre iniciada hace cuarenta años, tendrá lugar el mes de mayo en Chipre y reunirá a representantes de todas las iglesias ortodoxas orientales y bizantinas para reflexionar sobre el tema principal de la 11ª Asamblea y los temas que se abordarán durante esta. Los participantes tendrán la oportunidad de compartir sus expectativas para la asamblea y el periodo posterior a esta, pero también de abordar los desafíos y temas acuciantes del momento, así como las cuestiones críticas a las que se enfrentan las iglesias y el mundo en la actualidad.  

Para ser aún más claros: si el CMI no hubiera convocado esa reunión, las iglesias ortodoxas no habrían podido unirse. Ahí tenemos otro ejemplo de la bendición que representa el CMI para la reconciliación de las iglesias.

  1. Muchos hablan de “la muerte del ecumenismo” debido a la incapacidad de las iglesias ortodoxas para hablar entre ellas. ¿En qué medida afecta la guerra al diálogo ecuménico entre las iglesias?

Padre Ioan Sauca: No estoy de acuerdo con quienes hablan de “la muerte del ecumenismo” por la incapacidad de algunas iglesias ortodoxas de hablar entre ellas. La familia ortodoxa no es la primera ni la única que se enfrenta en la actualidad a tensiones y divisiones internas. Prefiero defender la tesis de que uno de los retos más serios a los que se enfrenta actualmente el movimiento ecuménico es el de tratar las tensiones y divisiones “dentro” de la misma familia de iglesias, en lugar de “entre” familias de iglesias. Hay una diferencia metodológica seria —yo diría que fundamental— entre iniciar y fomentar un diálogo entre familias eclesiásticas divididas (lo que el movimiento ecuménico estaba llamado a hacer) y entre iglesias de la misma familia (lo que el movimiento ecuménico afronta hoy, en varios casos). Sorprendentemente, la mayoría de las solicitudes que llegan al CMI para mediar en procesos de sanación y reconciliación provienen de iglesias divididas pertenecientes a una misma familia confesional.  

Los desacuerdos entre dos iglesias, por muy graves que sean, no acabarán con el movimiento ecuménico. La búsqueda de la unidad de los cristianos proviene de la confesión de que la Iglesia de Cristo es una sola, a pesar de nuestras divisiones humanas (y a menudo pecaminosas). Estamos comprometidos con el movimiento ecuménico no porque dé muchos resultados, sino, sobre todo, porque es un imperativo evangélico.

Las iglesias ortodoxas —tanto bizantinas como orientales— siempre pidieron que el CMI se centrara más en la búsqueda de la unidad de los cristianos, a pesar de todas las crisis y de la falta de interés en el objetivo ecuménico expresada por algunos grupos. El hecho de que los representantes de estas iglesias hayan acordado reunirse para una consulta previa a la 11ª Asamblea del CMI demuestra un gran compromiso con esta causa y con permanecer unidas, consultándose y aprendiendo unas de otras. Por supuesto, hay crecientes desafíos ecuménicos, muchos de ellos causados por perspectivas divergentes sobre cuestiones morales y éticas.

Por lo tanto, no veo este momento como la “muerte del ecumenismo”. Todo lo contrario: veo, más que nunca, la relevancia y la importancia de un organismo como el CMI. Sigue siendo el único espacio libre que reúne a iglesias de todo el mundo para dialogar y encontrar juntas la comunión. Si no tuviéramos el CMI hoy en día, tendríamos que haberlo inventado. Es el único camino hacia la reconciliación y la unidad.

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17 de marzo de 2022, Siret, Rumanía: Trabajadores humanitarios proporcionan ayuda a los refugiados que llegan de Ucrania por el paso fronterizo de Vama Siret (Rumanía). El paso fronterizo de Vama Siret conecta el noreste de Rumanía con Ucrania. Situado al norte de Siret y más al sur de la ciudad de Suceava, el paso conecta Rumanía con el pueblo ucraniano de Terebleche y más al norte con la ciudad de Chernivtsi. Tras la invasión militar rusa en Ucrania, que comenzó el 24 de febrero de 2022, cerca de medio millón de refugiados han huido a través de la frontera ucraniana hacia Rumanía. En las últimas 24 horas, las cifras del gobierno indican que más de 50 000 personas han cruzado la frontera en busca de refugio, de las cuales se estima que el 20% se quedará en Rumanía, en lugar de transitar hacia otros países europeos.

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  1. La guerra llena los corazones de odio, ¿cómo se puede construir la paz?

Padre Ioan Sauca: Permítame evocar un ejemplo concreto de la península de Corea. El Comité Central del CMI, en 2018, se inauguró con un sermón de la Rev. Dra. Sang Chang (presidenta del CMI para Asia), en el que narró su viaje junto a su madre, desde Corea del Norte hacia el sur, durante la Guerra de Corea. Gracias a la oración y a su honestidad con los soldados norcoreanos, ella y su madre no fueron asesinadas. La Rev. Chang dijo: “La honestidad de mi madre creó confianza entre nosotras y los soldados norcoreanos, haciendo que estos se ablandaran. A través de esta experiencia, me convencí de que la honestidad genera confianza, y la confianza genera milagros”.

El proceso de reconciliación y construcción de la paz requiere una confianza mutua que nos ayude a comprender que la construcción de la paz implica dejar de demonizar, y dejar de ser tan escépticos y desconfiados. Sin duda, la guerra llena nuestros corazones de odio, pero nuestro viaje de construcción de la paz llena nuestros corazones de amor, porque está profundamente arraigado en la confianza.

La paz no se determina simplemente con acuerdos; requiere un gran esfuerzo y un compromiso de confianza. Los esfuerzos ecuménicos por la paz y la reunificación en la península de Corea deberían ser un buen ejemplo. Cuando el CMI convocó su primera reunión de cristianos entre el Norte y el Sur, en Glion (Suiza), en 1986, cada parte puso a prueba a la otra, confesando abiertamente su desconfianza. Sin embargo, al final, fue la celebración de la Eucaristía –ese poderoso símbolo de la unidad y la confianza de todos los hijos de Dios– la que derribó los muros invisibles de la división. Los cristianos del Norte y del Sur se deshicieron en lágrimas y abrazos. Ese es el comienzo del proceso de construcción de la paz, y desde entonces el CMI ha sido el único canal que convoca este encuentro ecuménico anual para promover la confianza mutua en la península de Corea.

En 2020, cuando se cumplió el 70º aniversario del inicio de la Guerra de Corea, el CMI lanzó la Campaña Mundial de Oración por Corea, como expresión ecuménica de lamento y esperanza: “¡Oramos por la paz ahora, pongamos fin a la guerra!”. Durante la campaña, el CMI difundió relatos de familias separadas y víctimas de la guerra de Corea, disculpas de los soldados, historias de los esfuerzos ecuménicos de las iglesias por la paz y la reunificación en la península coreana, y oraciones de todo el mundo. Lo hicimos porque creemos que la oración puede ayudarnos a transformar nuestros corazones, a cambiar en ellos el odio por amor, el miedo por confianza y la desesperación por esperanza.

Parte de la entrevista publicada en el medio italiano SIR Agenzia d'informazione

El CMI expresa su repulsa ante las atrocidades denunciadas en Ucrania (4 de abril de 2022)

El CMI convoca una mesa redonda sobre Ucrania e insta a la diplomacia y el diálogo, en vez de a las amenazas y la confrontación (comunicado de prensa del CMI del 30 de marzo de 2022)

La respuesta de la iglesia a los refugiados: “Veo la imagen de Dios en ustedes” (comunicado de prensa del CMI del 24 de marzo de 2022)

Una delegación de ACT Alianza y del CMI visita Hungría, Ucrania y Rumanía centrándose en las necesidades humanitarias y la respuesta de las iglesias (comunicado de prensa del CMI del 18 de marzo de 2022)

Las iglesias responden a las crecientes necesidades humanitarias en Ucrania y los países fronterizos (comunicado de prensa del CMI del 11 de marzo de 2022)

Consternación en el CMI ante el creciente impacto del conflicto de Ucrania sobre la población civil (comunicado de prensa del CMI del 11 de marzo de 2022)

El patriarca Kirill responde a la carta del secretario general en funciones del Consejo Mundial de Iglesias que le instaba a ser portavoz de la paz (comunicado de prensa del CMI del 10 de marzo de 2022)

El secretario general en funciones del CMI pide al patriarca Kirill de Moscú que “alce su voz para que se detenga la guerra (comunicado de prensa del CMI del 2 de marzo de 2022)

El CMI insta al presidente Putin a detener la guerra y restablecer la paz en Ucrania (comunicado de prensa del CMI, 25 de febrero de 2022)