Entre los asistentes, se encontraba Gracia Violeta Ross, responsable del programa del CMI sobre VIH y Sida, Salud Reproductiva y Pandemias. También participaron Anton Basenko, de la Red Internacional de Personas que Consumen Drogas (INPUD); Amanita Calderón-Cifuentes, de Trans Europa y Asia Central, Berlín; Erika Castellanos, de la Alianza Mundial por la Igualdad Trans (GATE); Keren Dunaway, de la Organización Llanto, Valor y Esfuerzo; Mariana Iacono, de la Comunidad Internacional de Mujeres que Viven con el VIH; Doreen Moracha, de la Red Nacional de Empoderamiento de Yaundé para Personas que Viven con el VIH y el Sida en Kenia; y Ulrich Mvate Yemlet, de Humanity First Camerún.
Los dirigentes comunitarios estaban en Ginebra con motivo de la 58.ª reunión de la Junta Coordinadora del Programa ONUSIDA.
Tedros abrió el diálogo haciendo hincapié en que la OMS deseaba, ante todo, escuchar, reconociendo que las comunidades que están en primera línea de la respuesta al VIH aportan unos conocimientos, una experiencia y un liderazgo inestimables.
Los dirigentes comunitarios subrayaron la importancia de proteger los derechos humanos, abordar el estigma, la discriminación y la criminalización, y reforzar la colaboración en el seguimiento llevado a cabo por las comunidades para mejorar la rendición de cuentas y reflejar mejor las experiencias vividas.
Durante la 58.ª reunión de la Junta Coordinadora del Programa de ONUSIDA, Ross también se reunió con representantes de la Delegación de ONG y de los Estados miembros, en particular de Haití.
Abordar las desigualdades en materia de salud
Los participantes en la 58.ª reunión de la Junta Coordinadora del Programa de ONUSIDA escucharon las perspectivas de las comunidades sobre el futuro de la respuesta mundial al VIH y la transición del Programa Conjunto de ONUSIDA. Asimismo, deliberaron sobre las implicaciones de la disminución de la financiación, el incumplimiento de los objetivos sobre el VIH para 2025 y el difícil entorno político que rodea la aplicación de la Declaración Política de 2026.
En cuanto a la financiación a nivel del país y la movilización de recursos nacionales para el VIH, Ross compartió el ejemplo de Bolivia, donde se tardó siete años en conseguir recursos nacionales para el tratamiento del VIH y las pruebas de detección en mujeres embarazadas. “Con todo, incluso hoy en día, las actividades de prevención dirigidas a las poblaciones más afectadas, como las mujeres transgénero y los hombres gais, siguen dependiendo en gran medida de la financiación del Fondo Mundial”, afirmó. “Mi intervención se centró en el ámbito nacional, haciendo especial hincapié en el impacto sobre los programas de prevención”.
Ross señaló que movilizar recursos a nivel nacional resulta extremadamente difícil, ya que depende en gran medida de la voluntad política de los gobiernos. “Por ejemplo, es posible que algunos países no den prioridad al VIH, mientras que otros pueden incluso criminalizar a las organizaciones que prestan servicio a las poblaciones clave”, explicó. “Recalqué que en este momento no podemos dejar a los países solos”.
Ross reflexionó sobre la necesidad de que el mundo adopte un enfoque híbrido que combine la movilización de recursos nacionales con el apoyo internacional continuado de organizaciones como ONUSIDA y el Fondo Mundial. “También hice hincapié en que la movilización de recursos a nivel nacional no debe utilizarse como justificación para eludir la responsabilidad de la respuesta al VIH y dejar que los países se enfrenten solos a estos retos”, afirmó. “En una segunda intervención, señalé que avanzar hacia un modelo diferente de ONUSIDA, con puntos focales u oficinas más pequeñas, tiene tanto ventajas como desventajas”.
Puso como ejemplo a Bolivia, que nunca ha contado con una oficina nacional de ONUSIDA, sino con asesores especializados en el VIH. “Durante la reunión con el director general de la OMS, señalé que las comunidades acogen con agrado la oportunidad de transformación, ya que la propia epidemia del VIH ha cambiado significativamente con el tiempo”, dijo. “Sin embargo, dada la actual crisis de financiación que afecta a la respuesta al VIH, tememos que la participación comunitaria corra el riesgo de perderse, ya que, durante las emergencias o los períodos de escasez de recursos, suele ser lo primero que se recorta”.
Ross también destacó que uno de los modelos más sólidos de participación comunitaria existentes es el Mecanismo de Coordinación de País del Fondo Mundial, que incluye sistemáticamente a representantes de las comunidades y de la sociedad civil en los procesos de toma de decisiones.
“Insistí en que las comunidades no desean que la respuesta al VIH quede oculta dentro de un programa poco transparente de cualquier organismo concreto de las Naciones Unidas”, afirmó. “Las comunidades esperan una implicación que vaya más allá de la consulta y de la mera participación en reuniones”.
Según Ross, las comunidades esperan liderar, co-crear y poner en práctica conjuntamente las respuestas junto a los organismos de las Naciones Unidas y los Estados miembros.
“No podemos rendirnos simplemente porque el proceso de reforma ONU80 pueda dar lugar al cierre o la reestructuración de un organismo”, advirtió. “La respuesta al VIH sigue siendo crucial, las comunidades siguen siendo fundamentales y la lucha para acabar con el sida está lejos de haber concluido”.
Gracia Violeta Ross, responsable del programa del CMI sobre VIH y Sida, Salud Reproductiva y Pandemias, durante su intervención en la 58.ª reunión de la Junta Coordinadora del Programa de ONUSIDA.