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Nigerian Christian and Muslim women standing together arm in arm

Nigerianos cristianos y musulmanes se reunieron el 19 de agosto de 2016 para inaugurar el Centro Internacional Interreligioso para la Paz y la Armonía.

 

Fotografía:

Por Fredrick Nzwili*

“Están matando a mi gente. Están quemando mis iglesias”, dice Hayab, que también es el presidente de la rama regional de la Asociación Cristiana de Nigeria.

“No puedo estar contento con lo que está sucediendo en el estado de Kaduna, cuando los pastores son las principales víctimas de los secuestros. No puedo estar contento habiendo perdido pastores y habiendo sido testigo del secuestro de estudiantes, pastores o mujeres de pastores, sabiendo de violaciones y del pago de rescates que han costado millones”, añade.

El clérigo explica que los bandidos han estado exigiendo rescates a los líderes religiosos a través de las redes generales de telefonía móvil. Los líderes se han dirigido entonces a las congregaciones para ayudar a recaudar el dinero de los rescates, aunque no hay garantía de que al pagarse la víctima aparezca viva, explica Hayab. “A veces, los bandidos han recibido el rescate y han indicado a la familia adónde ir para recoger el cuerpo de la víctima”, afirma.

El cristianismo es una de las dos principales religiones en el estado de Kaduna. No obstante, en la capital, Kaduna City, existe una división demográfica: los cristianos residen en el sur y los musulmanes en el norte. En las zonas rurales meridionales del estado, la población es agraria y vive principalmente de las actividades agrícolas y ganaderas. Es en las zonas cristianas donde tiene lugar el mayor número de ataques de bandidos.

“Las condiciones de seguridad han ahuyentado a la gente del campo en una época en que Nigeria hace frente a muchas dificultades económicas”, observa Hayab. La inseguridad en Kaduna ha evolucionado en fases, según el clérigo. Entre 1987 y 2015, los cristianos fueron objeto de ataque en disturbios religiosos producidos en sus comunidades, escuelas y lugares de culto.

Pero en 2015 se dio un nuevo giro y las actividades delictivas, como el bandolerismo, el robo de ganado, los ataques y secuestros en las comunidades cristianas, pasaron a ser más frecuentes. Entre enero y julio de 2020, en el estado de Kaduna, más de 300 personas, en su mayoría cristianas, fueron asesinadas (80 fueron asesinadas en solo el mes de julio), y en los dieciocho meses transcurridos entre 2020 y la mitad de 2021, más de 620 personas han muerto a manos de bandidos.

En 2019, 500 cristianos fueron secuestrados, entre los cuales figuraban 18 pastores. Cuatro de ellos fueron asesinados y se pagaron más de 300 millones de nairas (unos 730 000 USD) en rescates, según las conclusiones de un informe de la Asociación Cristiana de Nigeria.

“La situación es tan patética que pone en peligro la existencia de toda la población, ya que aumenta la pobreza, el hambre, los efectos psicológicos y conlleva una gran probabilidad de incrementar la delincuencia, si no se hace nada”, advierte.

Hayab teme que el Gobierno no ponga fin al problema en un futuro próximo y exhorta a las organizaciones cristianas internacionales a llevar a cabo investigaciones o misiones de determinación de hechos en el estado de Kaduna para ayudar a cambiar la situación y lograr justicia para el pueblo.

“Es necesario que el mundo cristiano preste atención al problema en el estado de Kaduna con miras a ayudarnos, pues lo que está ocurriendo aquí es... un genocidio y una persecución religiosa”, señala.

El clérigo insta a contraer un firme compromiso con el Gobierno y otros órganos de seguridad a fin de adoptar un enfoque adecuado para resolver el problema de la inseguridad. A tal efecto, propone que las iglesias elaboren estrategias de seguridad, sistemas de apoyo y redes a nivel local, regional y nacional para cooperar en la recopilación de hechos y la interacción con las autoridades.

*Fredrick Nzwili es un periodista independiente residente en Nairobi (Kenia). Este artículo forma parte de una serie de reportajes sobre Nigeria.