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Del 17 al 19 de mayo se celebró una consulta ecuménica inaugural de la Iniciativa de Mujeres Líderes de la Iglesia con la reunión de una docena de mujeres africanas en Ginebra y en línea para intercambiar experiencias y reflexiones críticas. Revda. Dra. Vicentia Kgabe, obispa de la diócesis de Lesoto, de la Iglesia Anglicana del Sur de África.

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“Me dijeron, ‘¿Cuándo has visto una sacerdotisa mujer?’ No podían entender por qué, entre todas las cosas, yo quería hacer esto”, recuerda Kgabe. “Dijeron ‘Quizá quieres ser monja’. Pero tenía claro que eso no era lo que yo quería”.

En el camino para convertirse en sacerdotisa, Kgabe aprendió la diferencia entre lo que ella llama un “sacerdote de domingo” y un “sacerdote de lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado”. “Puede sonar a cliché, pero la sacerdotisa en mí tuvo que aprender a amar a los hijos de Dios, porque las personas se atreven a hacerme y decirme cosas, y a hacérselas y decírselas a ellos mismos y a otros, pero estamos llamados a amarlos, incluso cuando no quieren amarnos a nosotros o amarse a sí mismos”.

De lunes a sábado, un sacerdote observa a las personas en su propio lugar, reflexiona Kgabe. “Con el que viene vestido de domingo tenemos un encuentro particular. Pero uno debe asegurarse que todos se sientan verdaderamente vistos, escuchados y amados”, dijo. “Ese fue un desafío que construyó y formó mi ministerio en ese tiempo”.

Camino al obispado

Ahora, Kgabe es la Rvdma. Dra. Vicentia Kgabe, obispa de la diócesis de Lesoto, de la Iglesia Anglicana del Sur de África, consagrada e instalada el 5 de diciembre de 2021. La obispa recuerda su incredulidad cuando escuchó por primera vez la noticia de que había sido elegida.

“Me eligieron un domingo en septiembre de 2021”, dijo. “No le dije a nadie que mi nombre estaba entre las candidaturas, porque no quería decepcionar. Ni siquiera mis amigos más cercanos sabían. Nadie sabía”.

Pero en su teléfono le esperaba un mensaje de la oficina del arzobispo. No solo uno, sino varios mensajes. Pensé, “algo va mal en la iglesia”.

Cuando finalmente se enteró de que había sido elegida, dije que oraría por la respuesta. “Me dijeron, ‘no puedes orar por ella porque necesitamos una respuesta ahora’. Inmediatamente después recibí la llamada de otros obispos para felicitarme”.

Mientras que se creaba un torbellino de comunicaciones, Kgabe dejó que el teléfono sonara, sin contestarlo, porque estaba procesando el momento.

“La primera persona a la que llamé fue mi madre” dijo. “Creo que pensó que estaba bromeando por algo en mi voz”.

Había sido elegida para ser obispa de Lesoto, el lugar donde sus padres se exiliaron durante el apartheid. “No me había dado cuenta de cuán emotivo era, hasta que mi mamá comenzó a hablar sobre ello”, dijo.

Casi inmediatamente, sintió el peso de una gran responsabilidad. “Las personas querían a alguien que viniera a reparar la diócesis, que trajera paz a la diócesis y que trajera esperanza a la diócesis”, dijo. “No entendí cómo podría yo traer todas estas cosas. Recuerdo decirle al arzobispo, ‘No creo que pueda hacer esto’”.

No solo se cuestionó a sí misma a veces, sino que también continuó el cuestionamiento de los demás. “Algunas personas me preguntaron por qué querría yo ser obispo de Lesoto en vez de directora del colegio de teología. Otras dijeron ‘¡ay Dios! Este será tu fin”. Una de las primeras cosas que hice fue andar por Lesoto en un proceso de escucha, conociendo a la gente y escuchando, porque las personas tienen mucho que decir”.

Kgabe está segura de que ha incomodado a algunas personas en el camino. “Soy una mujer en un puesto de liderazgo en un país que nunca ha tenido una mujer en el liderazgo de esta manera”. “Es muy desafiante. Estoy consciente de eso y no quiero fingir que no veo el elefante en la habitación”.

¿Qué le diría la Kgabe de hoy a su yo de 16 años? “Era una adolescente de 16 años. ¿Quién hubiera podido cambiar mi forma de pensar?” dijo. “Le diría, ‘Tomaste la decisión correcta. Fuiste valiente. Defendiste algo que no siquiera sabías qué era, ni lo que significaba. Solo fuiste inocente y confiaste en el proceso, e hiciste bien al no tener preconcepciones, al no ver esto como una fuente de prestigio.

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