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Photo: Iskandar Majlaton

La suya es una historia de resiliencia, resistencia y sufrimiento, marcada por desplazamientos forzosos, amenazas diarias y una rotunda negativa a desaparecer.

“Quieren una tierra sin sus habitantes”

En el corazón de Khan Al Ahmar, el líder comunitario Abu Khamis recibe a los visitantes no sin amargura, pero con clarividencia y diligencia y, por supuesto, con café beduino. “Si nos vamos”, dice, señalando las colinas alrededor de su casa, “al día siguiente se habrá construido un asentamiento”.

Sus miedos no son meras especulaciones. Hace solo unos días, la comunidad de Al Hathroura, integrada por 25 familias beduinas originarias de Khan Al Ahmar, fue desplazada a la fuerza por los cuerpos de seguridad israelíes. Las familias se vieron obligadas a abandonar la tierra que sus antepasados habían pastoreado y cultivado durante siglos, e instalarse en la Ribera Occidental.

“La gente lloraba”, explica Abu Khamis. “No solo por sus casas, sino por su dignidad. No somos mendigos. Somos los herederos de esta tierra”.

Vivir asediados

La lucha no es solo por la tierra, sino por la supervivencia. Con la expansión inminente del bloque de asentamientos de Maale Adumim, Khan Al Ahmar podría verse pronto rodeada de vallas y carreteras que convertirían la comunidad en un enclave cerrado.

“¿Qué pasará si una mujer debe dar a luz?”, preguntamos. Abu Khamis responde con calma, pero con gravedad: “La subiremos a un asno y la llevaremos al hospital. Pero no hay garantía de que Israel le permita regresar con su recién nacido”.

Cada día es un reto a nivel logístico y emocional. La única escuela de la zona, un edificio modesto pero vital, ofrece enseñanza a 26 comunidades beduinas. Todo el cuerpo docente es de Jericó. Si se completa el muro, se cortará el acceso a la educación. Pero aún así, cada mañana, niños y niñas van caminando a la escuela bajo la atenta vigilancia de los colonos, soportando el acoso como parte de la rutina diaria.

“Gracias a la presencia internacional y, en particular, de los acompañantes ecuménicos que solían venir dos veces por semana, sentimos cierta protección. Pero necesitamos algo más que visitas”, dice Abu Khamis. “Necesitamos apoyo: cestas de alimentos, matrículas escolares, medicamentos. Así es cómo podemos mantenernos firmes”.

El Programa Ecuménico de Acompañamiento en Palestina e Israel (PEAPI) del CMI estuvo trabajando en la zona hasta que los acompañantes tuvieron que ser evacuados en junio.

Jabal Al Baba: reconstruir a partir de los escombros

No lejos de Khan Al Ahmar, en Jabal Al Baba, Abu Basel, en medio de los escombros de las casas demolidas, hace un recuento no de las pérdidas, sino de las reconstrucciones. Su comunidad se enfrenta a demoliciones una y otra vez. Y cada vez, se levantan y reconstruyen.

Ahora, una nueva carretera de circunvalación recién anunciada —que irónicamente se llama “Carretera de la Vida”— amenaza con aislar completamente la comunidad, impidiendo el suministro de servicios básicos y la circulación. “No habrá alimentos ni agua ni doctores ni escuela”, advierte Abu Basel. “La llaman carretera de la vida, pero es una carretera que lleva a nuestro aislamiento”.

No obstante, sigue teniendo esperanza. Nos muestra numerosas fotos de diversos grupos del Programa Ecuménico de Acompañamiento en Palestina e Israel que han visitado a la comunidad a lo largo de los años. Con una sonrisa, dice: “No solo nos ofrecieron protección, sino también esperanza”. Cada acompañante, explica, aportó algo único: habilidades, solidaridad y el consuelo de que la comunidad no estaba sola.

“Sigo creyendo que podemos parar todo esto”, afirma. “Si se ejerce suficiente presión internacional, Israel tendrá que abandonar estos planes. Pero necesitamos que el mundo nos vea, no como cifras, sino como personas”.

Olvidados del mundo

Ambas comunidades comparten una verdad dolorosa: se sienten abandonadas.

“El mundo nos ha dado la espalda”, dice Abu Khamis. “No queremos compasión, queremos acción. Protección. Presión. Presencia”.

Los beduinos de Jerusalén Oriental no solo quieren conservar sus tiendas y casas de chapa, también quieren afianzar su identidad, su memoria, la justicia. Su presencia en esta tierra es una forma de resistencia, el testimonio vivo de una historia que se niega a ser borrada.

Al ponerse el sol sobre las colinas de Khan Al Ahmar y Jabal Al Baba, una cosa queda clara: estas comunidades no solo están tratando de sobrevivir, están desafiando las circunstancias. Ante las excavadoras y la burocracia, se aferran a su tierra, a su dignidad y a su inquebrantable sentido de pertenencia.

Porque, como dice Abu Khamis: “Nacimos aquí. Moriremos aquí. Pero no nos iremos”.

 

Programa Ecuménico de Acompañamiento en Palestina e Israel