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Mitri Raheb stands by a window

Rev. Dr. Mitri Raheb.

Fotografía:

Por Claus Grue*

Con el cierre de la temporada de cosecha de la aceituna, la vida en los territorios ocupados vuelve a la “normalidad”, para los palestinos de las comunidades de la Ribera Occidental. Bajo esa “normalidad”, que implica desplazamientos forzosos y el temor permanente a las amenazas y el acoso, ahora también se perfila en el horizonte la amenazante anexión de grandes extensiones de tierras fértiles, propiedad de agricultores palestinos. Un paso que “socavaría la paz y la justicia, y constituiría una violación directa del derecho internacional”, tal y como lo expresaron el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) y otras organizaciones ecuménicas en una declaración ecuménica conjunta emitida este año.   

“Esta tierra ha sido cultivada por palestinos desde hace siglos. El olivo siempre ha tenido un papel importante, por el rendimiento de su cosecha y por ser el sustento de los agricultores, pero también por ser un símbolo de esperanza y resiliencia”, explica el Rev. Dr. Mitri Raheb, líder eclesial, emprendedor social y presidente de la Universidad Dar al-Kalima, en Belén. 

Veterano defensor y perseguidor de lo que llama “resistencia creativa”, Raheb es el impulsor de varias redes y movimientos cristianos que buscan dotar de autonomía a todos los sectores de la sociedad civil palestina, y concientizar al mundo sobre el sufrimiento y las injusticias que soportan los palestinos.

“Plantar nuevos olivos donde otros han sido arrancados, en los territorios ocupados, es un ejemplo de una medida pacífica que demuestra que nunca abandonaremos la esperanza de vivir dignamente. En esta tierra hay 6,5 millones de palestinos, tantos como israelíes. Y aquí nos quedaremos”, afirma Raheb.

La verdadera esperanza implica acción creativa

Para él, la esperanza siempre depende de acciones concretas para lograr los cambios a los que se aspira. Por ello, insta a cada persona y a cada grupo de personas a promover activamente el cambio dentro de su propio contexto y capacidad.

“Hace dos mil años, Dios dijo e hizo lo que debía decirse y hacerse; y nos enseñó que quienes hacen la paz son bienaventurados, no quienes hablan de la paz. Ahora está de nuestra mano ser los pacificadores y emprender el cambio. Todos estamos llamados a hacer algo, no podemos sentarnos a esperar a que Dios o Joe Biden cambien las cosas. En lugar de limitarnos a gestionar el conflicto bajo la ocupación, debemos pensar de forma creativa y encontrar formas innovadoras de lograr cambios reales, en el terreno, para el pueblo palestino”, explica el doctor Raheb, quien también destaca que la guerra nunca es una opción creativa. 

Una y otra vez, subraya la relación entre la esperanza y la acción: la segunda emana de la primera. 

“Tener esperanza está bien, siempre que lleve a algún tipo de acción, a pesar de todas las dificultades y adversidades que afrontemos. Sin acción, no haremos mas que alimentar vanas esperanzas”, añade.

La fe, la esperanza y la desesperanza como impulso

Habiendo vivido bajo la ocupación desde los cinco años, Raheb ha sido, toda su vida, un adalid de la libertad, la justicia y la paz para el pueblo palestino. Tras licenciarse y obtener su doctorado en teología, en la universidad de Marburg (Alemania), en 1988, regresó a su Belén natal para servir como pastor en la Iglesia Evangélica Luterana de Navidad. Ahí comenzó su interminable viaje, transformando la esperanza en acción creativa.

Tres decenios más tarde, los infatigables esfuerzos de Raheb se han traducido en varias organizaciones no gubernamentales e iniciativas sociales reputadas, concebidas para dotar a los palestinos de autonomía y satisfacer una serie de necesidades urgentes en sus comunidades; especialmente en el ámbito de la educación superior y las artes, a través de la Universidad Dar al-Kalima. Además, desde hace años, se le conoce bien en los círculos ecuménicos internacionales, donde todos admiran su energía y su persistencia.

Todos estos logros han sido impulsados por la fe y la esperanza; aunque, a veces, también por la desesperanza, que él considera, en sí misma, impulsora de fuerzas y resiliencia renovadas. “A veces es importante perder la esperanza, porque nos recuerda el significado real de tener una esperanza orientada a la acción, en lugar de una esperanza pasiva y sin valor”, cuenta. 

No es un conflicto religioso

Aunque las perspectivas no parecen mejorar para los palestinos, la esperanza no le ha abandonado; Raheb la considera el ingrediente esencial para la lucha por la justicia y la paz. Pero eso no significa que vea el futuro con optimismo. 

“Debemos distinguir entre la esperanza y el optimismo. La esperanza es una inversión en el largo plazo que nada tiene que ver con el optimismo. ¿Cómo podríamos ser optimistas ante un imperio tan poderoso?”,  plantea.

En calidad de cristiano devoto, Raheb ve en la Biblia una herramienta para la liberación, no un libro de texto para la ocupación y el colonialismo de los colonos, tal como, según él, se usa en la actualidad: “Este no es un conflicto religioso, es un conflicto entre la igualdad, la libertad y la justicia para todos y la supremacía blanca israelí. Lo que estamos viendo es la utilización de la Biblia como arma, con fines políticos. No es así como se debe leer la Biblia”.

Sus esperanzas futuras en el cambio creativo están depositadas, en gran medida, en los jóvenes palestinos, quienes, a su juicio, están bien equipados en cuanto a formación, y son mucho más conscientes que sus padres.

“Igual que los olivos, hemos resistido y hemos sobrevivido a todo tipo de adversidades. Ahora vemos surgir una nueva generación de líderes creativos en Palestina, que se prepara para transformar la esperanza en un cambio real. Eso, sin duda, es esperanzador”, concluye Raheb. 

*Claus Grue es asesor en materia de comunicación para el Consejo Mundial de Iglesias.